Si uno busca en la Gran Enciclopedia Catalana a quien es considerado el primero de los condes de Barcelona, o al menos el más renombrado de entre los primeros, deberá escoger el tomo 12 y en la página 291 buscar el nombre de Guifré, a quien la misma enciclopedia le otorga también la posible variante Guifre, sin acento.
Si buscamos al mismo personaje en otra enciclopedia más importante pero que no se concede el autobombo de “grande” aunque sí de algo que demuestra: ser universal, que es la Espasa-Calpe, observaremos que en el tomo 70, página 231, al conde de Barcelona se le denomina Wifredo.
Luego, yéndonos a otras fuentes, siempre nos aparece el personaje con el nombre de Wifredo. Incluso el historiador catalán Marcelo Capdeferro, en su magnífica obra "Otra Historia de Cataluña", llega a decirnos en una nota al pie de la página 33: “...existen pruebas documentales fidedignas firmadas por el propio Conde con el nombre de ‘Wifredus’. Por ello entendemos que el nombre auténtico usado por el propio conde es Wifredo”.
Ignoro por qué la historiografía catalana se empeña en cambiarle el nombre a determinados personajes históricos, pero lo cierto es que el de Wifredo no es un caso único, sino uno más. Quizá el más aparatoso de todos es el de un pirata italiano, de origen alemán, denominado Ruggiero von Blume, subido a los altares del nacionalismo catalán bajo el nombre de Roger de Flor y convertido en patriota cuando, al parecer, jamás pisó Cataluña.
Pero volviendo a la pequeña historia que hoy nos ocupa, la del conde Wifredo, hay que recordar que el Conde fue un militar con gran carácter, que conquistó importantes territorios en lo que hoy es Cataluña y que fundó varias diócesis y monasterios a cuyo frente colocó a familiares, como es el caso del monasterio de San Juan de las Abadesas, para el que escogió como primera abadesa a su hija Emma.
A finales del siglo IX, en tiempos del emir de al-Andalus, Abd Allah, tanto los cristianos como los musulmanes practicaban incursiones en territorios enemigos, entre los cuales, con frecuencia, había grandes extensiones deshabitadas. De hecho, Wifredo realizó una importante labor de repoblación del espacio conocido como Cataluña central, es decir, las comarcas de Ausona, el Bergadá y el Bages, donde situó ciertos núcleos de población que importó de esa Septimania goda en la que, casi dos siglos antes, se refugiaron tantos hispanos huidos de la invasión islámica.
El visigodo Wifredo, puesto que tal era su origen y por lo tanto hispano, que es como se denominaban a sí mismos los primeros pobladores que crearon la Marca pirenaica o Marca hispánica, no siempre tuvo la fortuna de triunfar ante sus numerosos enemigos. El condado de Barcelona que regentaba Wifredo delimitaba una de sus fronteras con el territorio de los Banu Qasi (hijos de Casio), que fueron unos nobles hispanorromanos de la zona del actual Aragón convertidos al islam poco después de la entrada de los musulmanes.
Lo que quizá no sea muy conocido del personaje Wifredo es su lamentable final. En el año 897, el muladí Lope ben Muhammad ben Lope, miembro de los Banu Qasi, hizo una incursión por tierras de Barcelona, en la que efectuó varios saqueos y en la que acabó enfrentándose al conde Wifredo. Como consecuencia de las heridas recibidas en la contienda, Wifredo murió al cabo de pocos días. Es bien triste, pues, que una vez más la sangre hispana acabase con la sangre de un hermano.
Algunos historiadores catalanes, especialmente los del siglo XIX, momento cumbre del nacimiento del nacionalismo catalán, convirtieron al conde Wifredo en un héroe “nacional” forjador de la independencia de Cataluña. Lo más cierto es que Wifredo no fue el fundador de la nación catalana, al menos él no tuvo ni la menor conciencia de ello. El historiador catalán J. M. Salrach afirma: “La concepción que Wifredo tuvo sobre sus dominios no pasó de la que experimenta el nuevo propietario sobre unos bienes recogidos y heredados, y de los cuales dispondrá libremente, como si de bienes personales se tratase”. Wifredo dividió en su testamento los territorios que había logrado reunir.
Escrito por Policronio en: Julio 1, 2004 9:09 PM Archivado en Memoria histórica para todos
Supongo que el nombre de Guifré se traduce porque, normalmente, los nombres de personajes históricos se traducen.
¿Es verdad que a este Wifredo el Velloso lo traducen por Guifré el Peluo?
o el Piloso, no me acuerdo
Guifré el Pilòs, creo. Pero no sé catalán; disculpad la posible falta.
Estoy más bien de acuerdo con Kuiper: los nombres de personajes se han traducido toda la vida. Recuerdo que siendo yo chico, hace cosa de 30 años, Roger de Flor era Roger de Flor, y no
en Cataluña (ah, aquel cómic de "Los Almogávares" en ¿La Trinca?), y Roger de Flor es en la Wikipedia ( http://en.wikipedia.org/wiki/Roger_de_Flor ) y en la Britannica ( http://www.britannica.com/eb/article?eu=35234 ). Seguramente le llamarían así (o el equivalente en el romance de la época) en vida; entonces se traducía todo.
O se adaptaba. Por ejepmlo Juan de Gante (¡traducido!), duque de Lancaster, que estuvo en España en la guerra de los dos Pedros si mal no recuerdo, figura en las crónicas de aquí como duque de Alencastre.
Cuando yo estudiaba (in illo tempore) se decía Roger de Lauria, por el sitio donde nació (http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/personajes/5493.htm).
Me temo que he confundido a los dos Rogers. Es cierto, en mi época, que debe de ser más o menos la de Marzo, se decía Roger de Flor. Roger de Lauria es otro.
Los nacionalistas no pierden ni en colada. A Wifredo el Velloso le llaman Guifré el Pelos, pero que a nadie se le ocurra llamar Jorge Pujol a "Jordi".
Se traduce Guifré el Pelòs.
Unamuno, tampoco nadie llama a Chirac Jaime, ni a Bush Jorge. Normalmente sólo se traduce el nombre de personajes históricos no recientes y a los reyes.
Policronio, por favor, no nos martirices con tu incultura. Podríamos discutir largo y tendido si en la época de Guifré/Wifredo/Wifredus existía una verdadera nación catalana (lo más probable es que no), pero lo que sabe cualquier aprendiz de romanista es que en tiempos del venerable conde (probablemente un tipo barbudo y piojoso que iba por el monte dando hachazos a los sarracenos)en Catalunya el castellano era todavía una lengua extranjera a todos los efectos, y que el bueno del conde no debía de hablar castellano en la intimidad. "Wifredus", por si no te habías dado cuenta, es un nombre latino, que se traduce como "Wifredo" en castellano y "Guifré" en catalán. En cambio, sí que podría considerarse aberrante llamar San Vicente Ferrer a un hombre que no utilizó ese nombre en toda su vida. Es cierto que por parte catalana también se han cometido aberraciones (como "Francesc" Pi i Margall), pero, por favor, no quieras ponerle un nombre en castellano a un señor que ni era español (España aún no existía) ni debió de hablar en castellano en toda su vida.
Ah, la Espasa es una gran obra, pero, centralismo español aparte, pertenece todavía a la época de "Julio Verne", "Juan Jacobo Rousseau" y "Jorge Washington". Y no sé si encontraríamos también por ahí a "Teodoro Dostoyevski" (lo he visto en algún libro antiguo, pero no recuerdo dónde).
Venga, muchacho, si pides respeto para el castellano en Catalunya, empieza tú por respetar el catalán (que es una lengua marginada en muchos sentidos, aunque os empeñéis en negarlo, cuadrilla de españolitos resentidos).
Oye Oriol, lo que tu llamas españolitos resentidos es buena gente a la que se ha tratado en Cataluña de la forma menos acojedora de que una tierra puede ser capaz.
Si esa buena gente hubiese necesitado un pasaporte para ir a vivir a Cataluña también habrían entendido vuestra convicción de ser una nación.
Venga, que no se puede tener todo. España no puede ser el territorio sin fronteras con Cataluña al que vender vuestras mercaderías sin gravámenes aduaneros y a la vez escupir en la cara de los que llegan a Cataluña con la convicción de que no pasaron una frontera.
Policronio. Felicidades por tu artículo y gracias por tus reflexiones.
Estoy de acuerdo con Oriol. Tiene todo mi apoyo. Sólo quiero remarcar que el carácter de este texto no es neutral, sinó que ataca directamente a la historia de Catalunya. Es cierto que Guifré el Pilós o el Pelós no fundó la nación catalana; si se cogen textos de historiadores del periodo nombrado "La Renaixença" es lógico que se les puedan tachar de parciales, pero se tiene que tener en cuenta el contexto de la època de exaltación nacionalista. Actualmente, ningún historiador serio mantendrá dicha afirmación. Sólo pedimos ser respetados. Gracias.
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