24 de Septiembre 2004

Las otras víctimas del nacionalismo

Camino de Levante.jpg

Todos sabemos que la palabra diáspora (del griego “dispersión”) hace referencia a las comunidades judías que viven o han vivido fuera de Israel. Pues bien, hay una nueva diáspora, más soterrada y casi tan frustrante como la del antiguo pueblo judío, que nos habla de los miles de compatriotas españoles que se ven forzados a abandonar sus territorios de origen porque allí, donde han nacido, no desean malvivir ni padecer las consecuencias de unos gobiernos nacionalistas empeñados en trocar la condición de ciudadano por la de adicto.

He explicado alguna vez que vivo en un pueblo costero. La novedad más llamativa de este pueblo es que en los últimos años, sobre todo de unos meses para acá, están comenzando a abundar los vascos y catalanes que nos visitan. Ocurre tres cuartos de lo mismo en otras localidades próximas a esta, según me comentan quienes conocen la zona y se mueven por ella, puesto que alguno de mis informantes es agente inmobiliario y sabe de dónde proceden los visitantes con los que trata.

Quizá el asunto aún no se advierta demasiado porque quienes realmente destacan por su aspecto no son los vascos o los catalanes, sino esos miles de nórdicos rubios a los que con cierto desprecio llamamos guiris, entre los que predominan británicos, alemanes y holandeses que se instalan en esta tierra con intención de regalarse una soleada vida de jubilados. Paradójicamente, la palabra guiri es de origen vasco y abrevia a Guiristino o Cristino, es decir, los vascos denominaban así a los partidarios de la reina María Cristina en las guerras carlistas del XIX.

Convendría aclarar que los que ahora vienen al pueblo no son los antiguos emigrantes que en su día se marcharon a ciudades industriales como Bilbao o Barcelona. De esos, de los jubilados emigrantes, también llegan unos cuantos, pero yo me refiero a auténticos oriundos vascos o catalanes, con los cuatro apellidos (ocho en el caso vasco), que aparecen por aquí a pasar algunos días, diríase que a probar el ambiente, y que a menudo acaban comprando inmuebles sobre planos, a veces varios apartamentos o villas en una misma tacada, como si temiesen que alguna extraña ley en ciernes les fuese a impedir más adelante la opción de compra.

He llegado a pensar que en Cataluña o el País Vasco el ladrillo debe de estar mucho más caro que en el levante, de ahí que prefieran comprar un par de casas en esta zona, por ejemplo, efectuando la misma inversión con la que allí comprarían sólo una. Pero resulta que he contrastado precios en Internet y he comprobado que la diferencia no parece que sobrepase el 20 o el 30%, ya que en la costa mediterránea peninsular, al sur de Cataluña, hay una elevada demanda por parte de ciudadanos de la Unión Europea o de los habitantes de la España interior, que buscan su segunda residencia. Luego esa ansia de los vascos y catalanes por comprar en una tierra tan alejada de la suya parece que obedezca a otras razones, como pueda ser la diferencia de clima, que aquí es mucho más benigno y luminoso que en el norte.

Analizando finalmente el asunto desde una óptica política, algo obligado cuando se habla de Cataluña y el País Vasco, podría decirse que hay bastantes personas que se sienten intranquilas con la situación nacionalista que se da en ambos territorios. Una situación cada vez más radicalizada que les mueve a desconfiar en que el asunto acabe bien. Creo que la inquietud afecta a personas alejadas de las influencias del poder político, las cuales disponen en su tierra de pequeños o medianos negocios y sospechan con algún fundamento que, de implantarse la soberanía en sus comunidades, pasarían de un modo casi automático a convertirse en carne de cañón de un nacionalismo ya incontrolado, de ahí que inicialmente procuren trasladar algo de su patrimonio a un lugar seguro, convirtiéndolo en ladrillo levantino para, llegado el caso, comenzar una nueva vida sin extorsiones y en libertad.

Así, pues, los compatriotas del norte que pululan por la costa levantina, entre otras zonas, puesto que sólo hablo de lo que veo a mi alrededor, parece que intentan buscar cierto amparo. Bienvenidos sean todos por lo que a mí respecta. Los nacionalistas no son gente de fiar y muchos de los que aquí acuden lo saben. Desgraciadamente no he contado nada nuevo puesto que los primeros indicios de la nueva diáspora se remontan como poco a una década, solo que aún hay demasiados políticos empeñados en mirar hacia otra parte y en no enterarse de que se sigue expulsando a ciertos españoles de sus hogares.

Escrito por Policronio en: 24 de Septiembre 2004 a las 01:48 PM Archivado en Artículos de fondo

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