28 de Noviembre 2004

Un tipo vil

No culpemos al tifus de habernos envenenado con su aliento, puesto que el mal se limita a ejecutar instintivamente su labor patógena, está obligado a ello. Sepamos ver las causas de la infección y tratemos de aislar la ponzoña para que no se reproduzca. Las frases precedentes suenan a retórica de virólogo, que es esa especialidad de la microbiología que estudia los virus y nos alerta sobre determinadas enfermedades, como puedan ser la fiebre amarilla o el separatismo periférico, ambas mortales de necesidad, tanto para el cuerpo como para la mente.

Porque si hay un padecimiento muy extendido en España, padecimiento en el que sufrimos daños de todo tipo, es el producido por el virus al que con mucha hipocresía o ingenuidad, según se mire, se le denomina nacionalismo y no es otra cosa que la ponzoña del separatismo, que se cebó en nuestra patria hace más de un siglo, se ha vuelto endémico y nos tiene a todos enfermos de odio, de ira, de envidia o... de aburrimiento. Incluso hay un grupo de afectados por esa grave enfermedad, denominados a sí mismos dialogantes y progresistas, que sufren el peor de los cuadros clínicos posibles: Considerar que la cepa del nacionalismo tiene derecho a reproducirse a cualquier precio, a condición, por supuesto, de que no se extienda hacia el lado que ellos ocupan y acepte compartir el tubo de ensayo para mineralizarse juntos.

Si damos por hecho que el nacionalismo es un mal que corroe el espíritu de quien lo inhala (dar por hecho algo así no requiere esfuerzo alguno) y que además contamina cuanto a su alrededor se encuentra, el agente transmisor de la causa nazi debería quedar catalogado de inmediato como un germen dañino e incluso maligno. Quienes tratan abiertamente de frenar o combatir la actividad perniciosa, reciben a su vez el nombre de demócratas o liberales, que tanto da, salvo en algunas ocasiones en las que son denominados fachas por quienes paradójicamente practican el despotismo étnico. Pero quienes miran para otro lado, o se posicionan a mitad de camino entre los gérmenes y los demócratas, sin importarles que el país entero se rasque las ronchas de una infección tan intensa, entonces su actitud, a la que ellos llaman talante, debería ser tildada de vileza, que es la cualidad de vil y el DRAE define como: “Aplícase a la persona que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone”.

ZP es un tipo vil conforme a la definición del DRAE y si consideramos además las omisiones de lo que prometió en su programa electoral para el conjunto de los españoles. En el corto plazo de tiempo que hace que nos desgobierna (aquí, ni con la Espasa de 115 volúmenes encontraría un sinónimo más suave) son casi setenta los incumplimientos de su programa y otros tantos más en puertas. Eso sin contar la saña de todo tipo que ha utilizado contra las regiones gobernadas por el PP. Luego sus votantes, esa media España que tanto quería saber la noche de “trenes”, harían bien en preguntarse si ZP es para ellos un tipo vil. Porque el conocimiento, según se mire, comienza por interrogarse a uno mismo.

No hace falta que aclare que quien esto escribe fue uno de los que no votó al tipo vil, entonces ya no me merecía confianza alguna y ahora habría que buscarla en una de esas escalas con cero absoluto. Y a pesar de ello me sigue pareciendo un tipo vil, porque ZP, desde un cargo en el que nos representa a todos, ha correspondido mal, tremendamente mal, a su obligación de velar por la estabilidad de la nación española. Pero no sólo eso, con su actitud vil, faltando a la confianza que debe generar quien asume tan altas responsabilidades, ZP ha permitido que se robustezca el tifus, se propague a sus anchas y esté casi a punto de acabar con el tubo de ensayo.

Rajoy, que es uno de esos demócratas encargado de velar para que no se expanda la actividad perniciosa, ha acusado a Zapatero de permitir que Carod sea un foco de crispación permanente. En mi caso, que no cuento con la mesura ni la mano izquierda (con perdón) del jefe de los populares, afirmo a las claras que existe un sujeto vil que interesadamente mira para otro lado y prefiere ignorar que Carod-Tifus y Maragall-Cólera, venenosos ambos, no paran de contaminarlo todo con la intención de extender la ponzoña del separatismo. Zapatero, bobo y espantadizo además de vil, ni se atreve a mirar un tubo de ensayo que comienza ya a agrietarse.

Escrito por Policronio en: 28 de Noviembre 2004 a las 06:37 PM Archivado en Hitos | ZP

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