El nacionalismo, por vociferante y pendenciero, aparenta siempre ser más de lo que es. El separatismo, por encubrir a menudo hechos criminales, nos ofrece la falsa impresión de que su causa puede llegar a ser justa si tomamos como cierta la dedicación “generosa” de sus militantes. El terrorismo, por inmoral y asesino, es la gran coartada de unos y otros para jugar al papel de demócratas. Pero envolviendo a esa tríada del mayor embrutecimiento humano posible, como es el nacionalismo-separatismo-terrorismo, y ofreciéndole una presentación vistosa, de objeto putrefacto envuelto en papel de regalo, se encuentra lo peor y lo más rechazable de su ideología: El personaje que teoriza, encabeza o defiende a la corriente totalitaria, xenófoba y liberticida, pues no de otro modo debe ser considerado el nacionalismo a poco se ahonde en él.
Los teóricos del nacionalismo son, con mucho, lo más execrable de esa ideología. A tales personajes se debe cuanta falsa justificación, amparada en la supuesta libertad de decisión de colectivos muy concretos y moldeados, se nos quiere vender como algo decente. Me refiero a los teóricos de primera o de segunda fila, no al pobre desgraciado que sigue las consignas sin pestañear y forma parte de los “escamots” atolondrados y camorristas, tan necesarios para crear la atmósfera inestable y reivindicativa que todo nacionalismo precisa.
Un teórico, quizá de segunda fila, podría ser Maragall, a quien le hemos visto criticar recientemente a Ibarreche, no sin falta de razón en este caso, por no ayudar a las comunidades con menos renta, mientras que en su proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña aspira a conseguir a medio plazo un marco fiscal semejante al de las regiones con régimen foral, según reza en la base novela, apartado 6 del mecionado proyecto. De modo que el teórico precisa, ante todo, ser desvergonzado, manipulador y demagogo. Maragall es todo eso y mucho más, pero se le nota demasiado, de ahí que no acceda al primer grado del ejercicio de la teoría nacionalista y quede como un segundón marrullero e indecoroso.
Pujol, por ejemplo, sí fue un primer espada del nacionalismo teórico, hasta el extremo de que hay mucha gente que aún piensa de él que ayudó a la gobernabilidad del Estado, cuando en realidad no hizo otra cosa que socavarlo con todos los resortes y artimañas del poder autonómico que ostentó durante 23 años, sobre todo mediante su infame sistema educativo y su control férreo de la Televisión, la radio y la prensa. El teórico de primera fila es, pues, el que vende la burra ciega a las multitudes sin que se advierta demasiado su infame proceder o una felonía política basada usualmente en el odio adquirido durante la juventud.
Un odio que Pujol intensificó al sentirse despreciado, por pequeño de talla y regordete, cuando efectuó las milicias universitarias como oficial de complemento. Para Pujol fueron tres largos veranos de campamentos en los que tuvo que soportar las maldades de sus compañeros de promoción y la rigidez de sus mandos. Tres años, en la década de los cincuenta, en los que el uso del idioma catalán, verdadera patria del ex honorable, estaba prohibido dentro del Ejército. En resumidas cuentas, que el rencor debe sumársele a la condición desvergonzada, demagógica y manipuladora del teórico nacionalista.
A propósito de Jordi Pujol, un personaje al que aún falta por conocérsele muchas de sus mezquindades, el gran Josep Pla nos cuenta lo siguiente en una de sus notas autobiográficas: “En un momento determinado, Josep Vergés, en uso de su perfecto derecho vendió “Destino” [la revista para la que Pla escribió durante 36 años] a un milhombres, de gran ambición política, llamado Jordi Pujol, de la Banca Catalana. Este señor, riquísimo, que primero propugnó en este país la implantación del socialismo sueco y después ha demostrado tener una ambición desmesurada y pública propia del típico político ignorante, prohibió la publicación de un artículo mío sobre Portugal, que ha hecho la revolución más bestia e ignorante de Europa en el siglo que vivimos".
Escrito por Policronio en: 17 de Enero 2005 a las 05:45 PM Archivado en Artículos de fondo | Cataluña
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