Una nación puede llegar a malograrse de muchas formas:
1. Al borbónico modo, como cuando Carlos IV y Fernando VII cedieron sus derechos sobre la corona española al autoproclamado emperador francés, Napoleón I.
2. Al modo franquista, régimen dictatorial que al prolongarse durante décadas dejó dos generaciones huérfanas de democracia y sentó las bases para el reflujo nacionalista de nuestros días.
3. Al zapateresco modo, cuyo año escaso de mal gobierno mueve a pensar que los separatismos catalán y vasco tienen su oportunidad de oro y que tras un período de cesiones continuas, único medio posible para que Zapatero se mantenga en el poder, algunas regiones quedarán asociadas a España sólo por vínculos más virtuales que ciertos, con gobiernos soberanistas simplemente interesados en las cuestiones comerciales y alejados cada día más de la idea de conservar cualquier sentimiento compartido.
1-a. Napoleón quiso regir desde la nación francesa el todavía importante Imperio español. Tras el pariré de la Constitución de Bayona, el emperador situó en el trono de España a su hermano mayor, José Bonaparte, quizá como paso previo a anexionarse la totalidad o gran parte de nuestro territorio. Pero lo máximo que consiguió el rey José fue controlar a medias y efímeramente (ocho días) una corte madrileña en la que no faltaron españoles afrancesados que le secundaran, unos por ver en el nuevo rey ciertas intenciones reformistas que enlazaban con el espíritu de la Ilustración, otros por allegarse a la sombra del poder y que les alcanzara alguna de esas prebendas que los nuevos monarcas suelen repartir con generosidad. En cualquier caso, José I, al que le acompañó un ejército de 58.000 franceses, tuvo que huir a Vitoria y situar allí su corte después de la derrota francesa en la batalla de Bailén, donde el ejército galo tuvo 2.000 muertos y 18.000 prisioneros.
1-b. Más tarde, al amparo de 270.000 bayonetas, el propio emperador Napoleón se puso al frente de sus hombres y logró dominar, mediante ríos de sangre, la mitad norte de nuestra nación. Pero el pueblo español, traicionado por su soberano legítimo y por cierta clase noble, supo unirse firmemente ante una situación ignominiosa y decidió luchar. La lucha continuó durante seis años a partir de 1808, organizándose guerrillas cuando el ejército regular cosechó algunas derrotas, pero siempre con la intención de expulsar de nuestra patria a quienes se consideraba invasores. En esa lucha, además del ejército británico de Wellington, participaron voluntarios de casi todos los territorios peninsulares, destacando Cataluña, País Vasco, Andalucía, Aragón..., donde se produjeron episodios de valor y heroísmo que convirtieron la resistencia contra los franceses en una auténtica guerra de liberación. Finalizando ya esa guerra, la unidad de España se vio reforzada mediante la Constitución de Cádiz. Sólo la intransigencia de Fernando VII, que no dudó en volver al absolutismo en cuanto recibió el apoyo de la Santa Alianza y los Cien Mil Hijos de San Luis, evitó que el estado más antiguo de Europa conservase la condición liberal-demócrata que se había concedido a sí mismo mediante “La Pepa”, el 19 de marzo de 1812. Pero los regímenes cambian por más largas y duras que parezcan ciertas etapas. Y la unidad de España, conservada incluso en tiempos napoleónicos, fue esencial para que a partir de la Restauración, o un poco antes, tuviésemos otra oportunidad de convivir en libertad y armonía.
2-a. Una libertad y una armonía acordes a los tiempos alterados que se vivían en Europa y que, salvo períodos excepcionales como la crisis del 98 y las guerras del Rif (determinantes de la “dictablanda” de Primo de Rivera), fueron aniquiladas con la llegada de la II República, período en el que todo le valió a la izquierda con tal de lograr su propósito de alcanzar la dictadura del proletariado. Largo Caballero, Prieto y otros totalitarios, entre los que se contaba el recientemente homenajeado Carrillo, intentaron la revolución en varias ocasiones. Intentos empapados siempre en sangre y acompañados de desolación. Para ellos, para esos gobernantes sin escrúpulos, nada mejor que desestabilizar la patria y mirar hacia otro lado mientras los piquetes asesinaban o incendiaban iglesias y conventos. A la izquierda de entonces, cruel y traidora como pocas, puesto que se declaraba de obediencia soviética, la secundó un republicanismo igualmente de izquierdas encabezado por Azaña, padre de esa Ley de Defensa de la República que tantas libertades cercenó, y Esquerra Republicana de Catalunya, formación igualmente golpista y revolucionaria que pretendía la separación a toda costa del territorio catalán. Una Esquerra, recordémoslo, que con el beneplácito de Companys, otro homenajeado de este Gobierno socialista, no dudó en exterminar a miles de afiliados al POUM o al anarquismo catalán.
2-b. Fueron cinco largos años (14-4-1931—18-7-1936) de República sanguinolenta y opresora para más de la mitad de los españoles (“media España no se resigna a morir”, dijo Gil-Robles, el líder de la CEDA), o de intentos revolucionarios durante el bienio en el que gobernó la derecha. A ese negro período de cinco años, probablemente el más infame de nuestra historia a pesar de que hoy algunos desean recuperarlo a través de una “memoria histórica” tergiversada, le siguieron tres años de guerra civil, igualmente sangrienta y revanchista, que el PSOE deseaba provocar y que bastantes militares de la época acabaron concediendo, solo que en el bando opuesto. Los generales Mola y Franco, entre otros, decidieron que aquel horror republicano había que pararlo y lo hicieron con gran apoyo popular y ansias de vencer, como suele actuar la milicia española siempre que la dejan. Las circunstancias llevaron a Franco a la jefatura del Estado y ahí comenzó una nueva etapa inicialmente tiránica, con represiones y fusilamientos que jamás debieron darse, y una dictadura de cuarenta años a la que le sobró más de treinta.
2-c. El régimen del dictador Franco, en lugar de ir educando a la población en aspectos básicos como la libertad y la democracia, e intentar transferir el poder a la sociedad civil a la primera ocasión que tuviese, prefirió cerrarse a cal y canto y encastillarse en el odio a una izquierda que, si bien se lo había ganado con creces al dañar sobremanera a la patria, no merecía ni ciertas represiones patibularias ni esa marginalidad en la que tuvo que refugiarse durante la inagotable etapa de la dictadura. El general Franco, a su modo, desgració como el que más a la nación española y transmitió a la izquierda de hoy, prácticamente intacto, el mismo aborrecimiento que él había recogido. Pero los regímenes cambian por más largas y duras que parezcan ciertas etapas. Y la unidad de España en tiempos franquistas fue esencial para que a partir de la Constitución del 78 tuviésemos otra oportunidad de convivir en libertad y armonía.
3-a. Tres partidos políticos se alternaron en el poder a partir de la nueva democracia: UCD, nacida para disolverse como así ocurrió, puesto que desde el principio se produjo en su seno toda suerte de capillitas y codazos. Suárez demostró ser un hombre de predisposición democrática pese a su educación en el régimen anterior, pero le faltó talento político para prever que la España de las autonomías era volver a las andadas. Suárez quiso contentar a todos, un deseo compartido con el Rey, y prefirió creer en la lealtad de unos partidos nacionalistas que aceptaron los estatutos con la intención de exigir más y más en cuanto tuviesen adoctrinada suficientemente a la población de sus territorios. Y esos estatutos, que les concedió la llave de la educación, pusieron en manos del nacionalismo unas hojas de ruta cuyo punto de destino aún estamos pendientes de conocer, pero que intuimos muy aciago. Tanto el Rey como Suárez (o sus consejeros) fueron más crédulos que perspicaces, uno lo pagó de inmediato con el hastío y la dimisión y esperemos que el otro no lo acabe pagando con el trono. Porque la izquierda y el nacionalismo son, ante todo, antimonárquicos. Pero los regímenes cambian por más largas y duras que parezcan ciertas etapas. Y la unidad de España en tiempos de la UCD fue esencial para que, a partir del 82, tuviésemos otra oportunidad de convivir en libertad y armonía. El pueblo, mayoritariamente, le ofreció esa oportunidad a un socialismo que acababa de abjurar del marxismo.
3-b. Llegó el socialismo de Felipe González, con dos mayorías absolutas consecutivas y otras dos de resultados bastante holgados, sobre todo el penúltimo. Felipe, al que el pueblo conocía por su nombre de pila incluso antes de la muerte de Franco, en aquellas vísperas de la transición llegó a ser un político con gran carisma y muy deseado. Era la “gran esperanza blanca” de una izquierda aparentemente honrada que nada tenía que ver con los delincuentes socialistas de la II República. Una foto de Felipe en la portada de Cambio16, cuando la revista era secuestrada una semana sí y otra no en la época de Arias Navarro, hacía que la publicación agotara los más de 500.00 ejemplares de su tirada inicial. Recuerdo que el librero de mi calle en Barcelona se negaba a reservar la revista, la demanda era mucho mayor que los ejemplares recibidos, y había quien esperaba a pie firme, cada jueves, la furgoneta de reparto. Felipe había sido bendecido por los dioses de la política, su figura encarnaba la libertad y la integridad frente a un régimen franquista moribundo, con el dictador recién enterrado, y simbolizado en el marqués de Villaverde, ese yernísimo que la revista Interviú de la época aseguraba que se había llevado de contrabando a Filipinas, para vendérselas a bajo precio al déspota Marcos, buena parte de las medallas de oro que hasta el más pequeño de los municipios españoles le había concedido a Franco.
3-c. Qué gran desilusión representó Felipe para los que éramos demócratas de corazón. La corrupción galopante y generalizada, los escándalos políticos como el de RUMASA, el crimen de Estado más inmoral y las arbitrariedades de todo tipo definirían un “felipato” que podía haber sido la edad de oro de la democracia española y que concluyó dejando una herencia de tres millones y medio de parados y las arcas del Estado no ya vacías, sino llenas de deudas. Estoy convencido de que Felipe González aún seguiría en el poder si hubiese poseído un mínimo de decencia, sentido de la economía y deseo de servir a su pueblo. Pero se volvió holgazán y descuidado casi de inmediato, se dedicó a jugar al billar en “La Bodeguilla”, confió demasiado en su buena suerte y en su poder de seducción política a base de labia dicharachera, con el Rey como primer embaucado, y a la postre bastantes de sus allegados acabaron en el muladar político o en prisión, salpicándole a él y arrojándole al vertedero de la Historia. Pero los regímenes cambian por más largas y duras que parezcan ciertas etapas. Y la unidad de España en la época de González no fue cuestionada. Sin embargo, como le sucedió a Suárez, Felipe González careció de visión de futuro respecto al problema nacionalista. Aunque esa unidad de la Nación, admitámoslo, fue esencial para que Felipe abandonase el poder y el PP llegara al Gobierno en el 96. Un abandono socialista cargado de rencor y dispuesto al uso de las malas artes, como fue demostrando año tras año durante el mandato de Aznar, puesto que la izquierda jamás deshecha la idea de poseer la única legitimidad para ejercer el gobierno. En cualquier caso, así tuvimos otra oportunidad para convivir en libertad y armonía.
3-d. En el año 96, de la mano de José María Aznar, la derecha hizo su entrada en escena. Una derecha acomplejada que se decía de centro y que, a instancias del propio Aznar, comenzó por cambiarle el nombre a la Internacional Demócrata-Cristiana para que sus votantes más recelosos con el cristianismo se sintiesen satisfechos. Aznar demostró ser un gran trabajador y un amante de su patria. La economía subió como la espuma, a toda velocidad, y al mismo ritmo se fue deteriorando la imagen de un Presidente verdaderamente honrado pero incapaz de dotar a su partido de los medios necesarios para neutralizar la enorme capacidad de manipulación que la izquierda y el nacionalismo ejercen siempre sobre las masas. Cualquier iniciativa de Aznar o de los populares en el ámbito autonómico, verdadero cáncer de la España de hoy, acabó tildándose en la prensa de proyecto fascista o reaccionario. Una prensa que supuso el más grande de los errores de la derecha, huérfana de medios a su favor tan pronto como dejó de controlar los que figuraban en manos del Estado. Pero los regímenes cambian por más largas y duras que parezcan ciertas etapas. La unidad de España en la época de Aznar fue respetada a conciencia y ello le valió el enfrentamiento con los partidos nacionalistas, muy envalentonados para entonces en sus respectivos feudos, con la mayoría de sus poblaciones adoctrinadas o en fuga (se habla de 383.00 vascos no nacionalistas en el exilio) y decididos a quemar sus últimos cartuchos en favor de quien parecía una ovejita que les daría, lana, leche y sonrisas para sus proyectos disgregadores. En cualquier caso, comenzó para los españoles otra oportunidad que debía servir, teóricamente, para alcanzar mayor nivel de libertad y armonía.
3-e. Tras ocho años de gobierno de los populares, con un Aznar que acusaba cada día más su pérdida de prestigio entre los ciudadanos como resultado de la ingeniería mediática socio-polanquista y nacionalista, desprestigio en el que influyó no poco su veleidosa afirmación de limitarse la carrera política a dos mandatos y su tosquedad de modales, se produjo el vuelco electoral de última hora en ese 11-M que acabó dándole una mayoría muy justita al PSOE de Zapatero. Un PSOE que no se sabe en absoluto qué es como partido ni lo que quiere hacer de España, pero que de momento se aferra con uñas y dientes al poder y está dispuesto a pagar el mayor precio político que un mortal pueda imaginarse: La pérdida de la patria, de las libertades y del honor. Los socios de este PSOE que ahora gobierna son independentistas declarados o comunistas confesos, es decir, antidemócratas. Junto a esa caterva de sectarios, sumándose a ellos y a la espera de nuevos estatutos disgregadores, se encuentran nacionalistas de otras varias formaciones, como puedan ser el PNV-EA y CiU, a las que Zapatero ofrece diálogo sin tregua, que es una forma de decirles que acabará cediendo en buena medida a sus reivindicaciones.
3-f. De todas las formas posibles en las que un gobernante puede influir para malograr España, un admirable proyecto que cuenta con más de cinco siglos de historia y dos milenios de tradición, sin duda la más ominosa es la zapateresca, por cuanto implica, además de odio y partidismo entre españoles, una inseguridad total respecto al desenlace de su calamitosa etapa. Ni desistimientos borbónicos a favor de Francia, puesto que en caso de haber triunfado el bonapartismo simplemente contaríamos con otra dinastía o España formaría parte de un imperio. Ni etapas republicanas de sectarismo atroz, que en el peor de los casos nos hubiera llevado a formar parte (eso sí, durante décadas) de la órbita de Moscú. Ni actitudes dictatoriales del franquismo, período durante el cual la falta de libertad política asfixió a muchos españoles pero no alteró el territorio. Dicho de otro modo, ninguna de las más conflictivas etapas de nuestra historia contemporánea consiguió doblegar lo esencial de la nación: Su unidad jurisdiccional.
3-g. Nadie puede negar ahora que las cesiones de Zapatero a los nacionalistas no acaben por conducirnos a la fractura territorial del Estado. Pero si no fuese así, si determinadas comunidades conservasen nominalmente la asociación a España mediante vínculos más virtuales que ciertos, algo perfectamente aceptable para quien se muestra dispuesto a aprobar lo que surja del Parlamento catalán, y por ende del vasco, no cabe duda de que ZP se habría convertido en el único político capaz de crear una España de hermanastros interesados, con regiones ricas que fijan un cupo insuficiente de impuestos que no alcanzan a pagar los servicios que les presta el Estado y cuyo déficit debemos costear los demás. Y eso, en román paladino, equivale a llamarlos hijos espurios de la patria. Tan espurios como el padre político que los habrá engendrado y consentido sus “gracias”.
Escrito por Policronio en: 23 de Marzo 2005 a las 01:45 PM Archivado en Artículos de fondo | Hitos | Memoria histórica para todos
ESPAÑA, esta comenzando un proceso de "BALCANIZACION". Si Zapatero, consigue 4 años más, comenzarán las acciones de limpieza etnica en las nuevas naciones que surgiran.
Lo que queda absolutamente claro es que nuestra democracia no garantiza en absoluto los derechos de los españoles, si cualquier "traumatizado" o "iluminado" que llegue al poder es capaz de variar por su cuenta lo que convenga a su negocio y al de sus socios. Porque de eso va, de negocio, que no de país. Lo de nación lo dejaremos para otro día. Que extraordinaria sensación de ridículo ser el único país europeo empeñado en desaparecer por decisión propia. ZP tiene la inciiativa, pero los españoles tragan lo que sea con tal de seguir saliendo de semana laíca. Enhorabuena buena por el post, Policronio.
1. Quien dijo que los ocho años de Aznar (a pesar de sus muchos errores, especialmente el segundo cuatrienio) ha sido el mejor gobierno español en 400 años no se equivocó. No hay más que hacer un repaso y cae por su propio peso. Y quizás no es tanto mérito. No era tan difícil. Es más, quizás los primeros años de Felipe, con la excepción de la cagada de Rumasa, podrían ser considerados el segundo o tercer mejor gobierno.
Si analizamos los dos últimos siglos nos damos cuenta de que fue un desastre detrás del otro, alternado con pequeños éxitos sin continuidad.
La 1ª república fue un fracaso total con 4 presidentes en su único año de duración.
4 jefes de gobierno asesinados en solo unas decadas!! Prim, Cánovas, Canalejas y Dato, algo no acontecido en ningún otro país. Los anarquistas catalanes implicados en casi todos los asesinatos. El gobierno de Maura tumbado como consecuencia de la semana trágica ( otra vez catalanes...), el hundimiento del Maine y los desastres de Filipinas y Cuba. El horror de la 2ª república, la dictadura de Franco. Y me dejo muchas cosas..
¿¿¿ Hay quien dé más???
2. Por eso jode tanto que las cosas esten como están ahora cuando se consiguió que todo fueese bien unos cuantos años seguidos y por eso jode tanto el 11M, que rompió un ciclo de gobierno histórico , se pongan como se pongan, de la derecha democrática española.
3. Sin el menor atisbo de duda Zapatero ha hecho buenísimo a Felipe Gonzalez. Sólo queda saber como acabará este(ZP) personajillo. La perspectiva de que pueda gobernar ocho años me pone los pelos como escarpias.
4. División del país y crispación. El otro día escuché a alguien la expresión "putos rojos". La última vez que escuché eso en ese tono tenía quince años. Creo que eso lo dice todo.
Como bien dice Alex, aparte de la disgregación períferica, o balcanización, se está fomentando insensatamente una división igualmente profunda en la esencia de la nación, los buenos y los malos. Si la primera puede obedecer a los embates nacionalistas y la necesidad de mantener las pactos de gobierno, la segunda es totalmente irresponsable y mentecata.
Interesante. ¿O sea que el PP sólo perdió prestigio por lo que decían desde la izqueirda y no por sus pésimas políticas?
Josif, la limpieza étnica de algún modo ya ha comenzado con el exilio de vascos y catalanes. Perry, desaparecer por decisión propia en todo caso de unas minorías que se ve obligado a respaldar un majadero y su partido de interesados en lo que tú bien llamas el “negocio”. Alexpalex, pues sí, este Gobierno cada vez actúa más al estilo de los “putos rojos” que ti citas. En efecto, Jinete, al parecer no tienen suficiente con contentar a sus socios separatistas que precisan resucitar la EXpaña de “buenos y malos”. Eso creo, Manu, que el PP fue víctima de su falta de picardía y de gente como tu jefe mediático, Don Polankone.
la limpieza étnica de algún modo ya ha comenzado <-----El apocalipsis está cerca! La Puta Babilónica que cabalga sobre el dragón de siete cabezas y descrita en el apocalipsis es Maragall! Arrepentios! Porque la ira del Señor pronto llegará! Así lo he dicho y que así quedará escrito!
Así los has dicho, anonymous, y así queda escrito, con esa misma sintaxis deficiente que usas y esas faltas de ortografía que te delatan como uno de los que el nacionalismo "sumergió" en la monolengua y en el analfabetismo funcional. Lo digo por esta anotación y por alguna otra que te he leído. Tus argumentos en contra de lo que aquí se dice, por supuesto que brillan por su ausencia. Lo tuyo es pura descalificación a partir de un trozo de frase sacada de contexto, lo que a su vez te califica a ti. Imprime cuanto sea preciso y repártelo en esas cenas pantagruélicas que los nazis os embauláis al mismo mismo tiempo que entre vosotros corre el vino y la conspiración paranoica.
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