La semana que viene se inicia la recta final que nos llevará hasta las próximas elecciones vascas. Esta Semana Santa hemos compartido viaje por el Pirineo Francés con unos amigos, entre los que se encontraban dos chicas vitorianas que nos decían: la última vez no ganaron PP-PSE, porque la imagen de Mayor Oreja y el mensaje transmitido por el PP fue excesivamente duro y antinacionalista; parecía como si fueran a invadirnos con tanques y a cerrar las ikastolas. Bien, ante este y otro tipo de argumentos esgrimidos por nuestras amigas, nosotros contestamos que el enfoque dado por el PP y el PSE de Nicolás Redondo era el adecuado, pero las elecciones las gana el que partido que mayor número de papeletas cosecha el día de las elecciones. Desgraciadamente, el voto de la sociedad vascongada está ya de por sí muy fraccionado y atrincherado. Téngase en cuenta que en unas provincias tan pequeñas, acuden con opciones de representación: PNV, PP, PSE, EA, EB, UA, Aralar y, hasta ahora, Batasuna. Dado el enquistamiento político existente entre el mundo nacionalista y el constitucionalista, cosas muy graves tienen que suceder para que dentro de la sociedad existan sustanciales movimientos entre las bastante inamovibles bolsas de votos de cada uno de los partidos. Por eso, dijimos a las vitorianas, había que valorar mucho más de lo que entonces se hizo, el avance experimentado entonces por el Partido Popular del País Vasco, máxime con el torpedo lanzado en plena campaña electoral por Felipe González y las huestes de PRISA contra la estrategia de su propio candidato, Nicolás Redondo.
En cualquier caso, creemos que existe una clave en toda esta situación que impide el avance de la oposición en el mundo político vasco: la fuerte burocratización potenciada desde el Gobierno de Vitoria. Ésta ha sido desde siempre una vieja aspiración del PNV. Burocratizar para controlar; controlar para catequizar; catequizar para que todo siga igual: en sus manos. Cuantos más nacionalistas chupen de las ubres burocráticas, menos gente estará dispuesta a votar otra cosa que no sea PNV-EA. Si a ello añadimos los casi 400.000 exiliados que desde 1975 han optado por hacer las maletas y abandonar un lugar en el que sus vidas y haciendas peligran, ustedes mismos podrán analizar las dificultades que pueda tener María San Gil en esta situación para hacer frente a toda la avalancha nacionalista, amén de la mediática (ETB, Euskal Irratia…), en la que, por cierto, PRISA hace el caldo gordo al nacionalismo y al socialismo pro-nacionalista de Patxi López. Cada voto que coseche María San Gil ha de valorarse como lo que es: un milagro.
Existe una carta dirigida por Indalecio Prieto a José Antonio Aguirre durante la guerra civil de la que tanto gusta explayarse al mundo zapateril, en la que el primero escribía, entre otras cosas, lo siguiente:
“Lamento profundamente el escandaloso desarrollo que ha dado a su burocracia el Gobierno vasco. Usted recordará…mis artículos comentando el proyecto de Estatuto, que yo aspiraba a la sencillez administrativa, es decir, a todo lo contrario a la máquina monstruosa que Vd. ha montado y que…no servirá más que para embarazar la acción del gobierno, echar una carga sobre el país y posiblemente desacreditar la autonomía”.
Ahí lo tienen: el socialista superbolchevique que organizó la sangrienta Revolución de Asturias y Cataluña en 1934 con la ayuda del jacobino Companys, quejándose de la pesada burocracia instalada por el nacionalista Aguirre. El PNV, más intervencionista que el PSOE de los Largo Caballero, Indalecio Prieto, Margarita Nelken, Santiago Carrillo… Ver para creer. ¿Y acaso no es esto lo mismo que pretende el PNV del 2005? Se quejaban nuestras amigas de que la apariencia del PP en el País Vasco no es precisamente “democrática” dentro del mundo nacionalista. La única pregunta que les hice entonces fue: Si la alternancia política es uno de los pilares de la democracia, a esos nacionalistas ¿no les parece democrático que, de cuando en cuando entre aire nuevo en el Gobierno de Vitoria? No se puede estar apelando al victimismo, al centralismo de Madrid, a la opresión del Estado y a otras zarandajas por el estilo para seguir perpetuándose en el Poder in aeternum. Y si ello sucede es porque en el País Vasco no se respira el ambiente democrático mínimamente imprescindible para que las cosas funcionen como en el resto del planeta: hoy perdemos, pero mañana ganaremos; hoy ganamos, pero un día perderemos.
Escrito por Smith en: Marzo 28, 2005 7:13 PM Archivado en Liberalismo, neoliberalismo, capitalismo, constitucionalismo
Si es que no aprendemos ni de la propia historia, Smith. No "semos nadie".
Lo más triste de todo ello es que desde el Gobierno Central, desde todos los gobiernos centrales de nuestra democracia, se haya permitido que los gobiernos peneuvistas minaran -desde dentro- la sociedad vascuence. Si hace sólo cuatro años se produjo un milagroso cambio en el pensamiento politicamente correcto, por el que se empezó a hablar de la igualdad entre ETA y BATASUNA, ¿no parece razonable empezar a decir abiertamente que el gobierno autonómico vasco del PNV no está velando por el bien común de todos los vascos y de los españoles? ¿ No parece razonable que, precisamente por ello, se deba suspender la autonomía vasca? Espero que no falte el coraje político para decirlo, explicarlo y adoptar las medidas previstas en nuestro ordenamiento constitucional.
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