Junio 26, 2005

Respuestas a preguntas no formuladas

Es posible que más de un lector de Batiburrillo se haya preguntado: ¿Qué les habrán hecho a estos (Smith y Policronio) que casi siempre se meten con la izquierda radical y el nacionalismo? ¿Es que otros partidos políticos, como el PP, no tienen nada criticable desde el punto de vista de quienes se dicen liberales? ¿Es que otras instituciones, como la Iglesia católica, no enseñan la patita de vez en cuando? La respuesta, querido lector, es mucho más sencilla de lo que parece: Todo en la vida es cuestión de prioridades y aquí se denuncia con mayor esmero la contumacia en la maldad política y la usurpación de la voluntad del pueblo, caso, este último, que correspondería más descaradamente a los nacionalistas. Es preciso aclarar, además, que para la denuncia se usa como método combativo la exhibición detallada del abanico de fechorías políticas cometidas o inducidas por los totalitarios.

Otros partidos menos criticados en esta bitácora, de los que se denuncian más desidias que maldades, parece que incurren con menor frecuencia en aspectos censurables, ello quizá sea debido al hecho de que hoy no ostentan tanto poder político y a que sus miembros, salvo contadas excepciones, no suelen consagrar su vida a mantenerse en el cargo público. El militante de la derecha liberal suele contar con una profesión, a menudo ejercida durante años, que le evita atormentarse si su número de lista no sale elegido. Algo que determina que en tales partidos se practiquen menos zancadillas y codazos para llegar o para mantenerse en posiciones seguras. A cambio de esa menor angustia para no quedar excluido de los cargos que conllevan un sueldo, el político liberal o liberal-conservador suele ser menos vehemente y acostumbra a analizar los problemas con más sosiego e incluso displicencia, lo que muchas veces le incapacita para dar una respuesta tajante a ciertas ofensas que proceden de partidos rivales, muchos de cuyos dirigentes han hecho de la política su profesión y acostumbran a vivir obsesionados en desacreditar al rival: le van las habichuelas en ello.

Aunque también hay de todo como en la viña del Señor, el político de derechas suele ser más objetivo que sectario, más predispuesto a respaldar con sus acciones al conjunto de los ciudadanos que a reservarle a unos amigotes los puestos de responsabilidad para los que no están preparados. No sucede lo mismo en la izquierda radical y el nacionalismo, ya que por sistema actúan a favor de parte y contravienen, con cinismo desmedido, su propio discurso. Ese discurso donde la libertad y la equidad que proclaman, de las que siempre se ufanan a priori, no acostumbran a materializarlo si son ellos los que mandan. Para cerciorarse, basta con echarle un vistazo a los territorios donde haya gobernado la izquierda radical, y especialmente el nacionalismo. Se advertirá de inmediato que lo primero que pusieron en fuga fue a la libertad, que pasó a ser sustituida por la mano firme de numerosas leyes y reglamentos a medida de sus caprichos, más el adoctrinamiento falsario consistente en una enseñanza llena de inventos y adulteraciones sobre episodios históricos que sirvan a sus planes. Unos planes disfrazados de frases que cuando no son vacías o inviables, “alianza de civilizaciones”, son sectarias y vacías, “recuperación de la memoria histórica”.

Pocas dudas hay, para aquellos que hayan sentido la obligación de meditar sobre la época que les ha tocado vivir, de que la maldad política está encarnada desde hace más de un siglo por la izquierda radical y el nacionalismo, tan alejados una y otro del simple logro del bienestar que el ser humano desea y que suele cifrarlo en el trabajo, la salud y el respeto a sus semejantes. Un respeto que cuando se lleva a su máximo grado se convierte en amor. Si ambas ideologías se dan juntas, socialismo + nacionalismo, entonces se alcanza la vehemencia en la iniquidad política y se llega con frecuencia al crimen descarado, tal es el caso de la ETA o el de esos partidos legales que albergan en su interior a más de un antiguo terrorista que aún presume de ello. Se trata de partidos, conviene precisarlo, especialmente dañinos para cualquier tipo de convivencia y que, por desgracia para España, el azar los ha convertido en poseedores de la llave que abre, mejor dicho, que descerraja todas las decisiones políticas que se apartan de la dignidad. Luego es ahí, en el cáncer de la sociedad, donde la crítica debe priorizarse y fijar su atención con mayor empeño.

Así, pues, el fin de muchos artículos de esta bitácora no es otro que denunciar a unos partidos liberticidas o a unos dirigentes que se presentan en sociedad, y a menudo triunfan, como abanderados de la permisividad y la liberación de los pueblos. Esa postura tan farsante, que adoptan sistemáticamente a sabiendas de que no resiste un análisis en profundidad, les hace especialmente despreciables ante los ojos de cualquiera que ame la libertad real, una libertad sin menoscabo de las tradiciones más apreciadas y valiosas heredadas de nuestros padres. Una libertad que no hay que confundir con el radicalismo liberal, más propenso a juntar sus filas con los paladines del cambio por el cambio, a veces atolondrado y esnob y casi siempre utópico.

De modo que la izquierda radical y el nacionalismo, a pesar de que proclamen a las masas lo contrario, nunca se sienten interesadas en la libertad colectiva y mucho menos en la individual. De hecho, son partidos creados y mantenidos entre las clases menos ilustradas, como sucedió especialmente a finales del siglo XIX o en el primer tercio del XX, con la intención de que sus fundadores o dirigentes alcanzasen el poder para siempre, sea en cargos públicos, sea en otras actividades pero siempre al amparo de los gobiernos amigos e influenciados. La ilustración de las masas es, en ellos, una inquietud profundamente sentida para hacerla inviable, innecesaria, realmente contrapuesta a sus intereses y poco ventajosa.

La izquierda radical y el nacionalismo no son, pues, agrupaciones donde hoy sobresalga la decencia entre sus dirigentes; de hecho, nunca lo han sido, sobre todo a la hora de intentar desalojar del poder a los partidos liberal-conservadores. Para ese desalojo les vale absolutamente cualquier método, desde episodios revolucionarios, si los ven posibles, hasta los atentados más inicuos, si las legislaturas en la oposición se van sucediendo en mayor medida de lo deseable. Cuando la izquierda radical o el nacionalismo se proponen alcanzar un alto porcentaje de sufragios, que impedirán sean emitidos libremente si son ellos los que finalmente acceden al poder, como norma general apelan a esos sentimientos que todo ser humano anida en su interior: Si se trata del nacionalismo, hablarán de la patria soñada, que permanece irredenta a causa de la opresión de otro pueblo vecino, al que incluso se le fijan fronteras. Si se trata del comunismo o el socialismo, la carnaza que se le ofrece al votante suele ser el reparto de la riqueza y el logro de la paz. Una riqueza, lo hemos visto a lo largo de la historia, que sus gestiones intervencionistas va destruyendo al dejar sin motivación ni iniciativa a la sociedad y que, a no mucho tardar, sólo les llegará a las clases dirigentes del partido único y sus afines. Una paz, proclamada con mayor o menor deseo de hacerla eterna, que se convertirá en acoso y agresiones, cuando no asesinatos, a sedes rivales e instituciones religiosas; eso sí, tan pronto se sientan seguros de su fuerza.

A estas alturas, es posible que el lector se pregunte de nuevo: ¿Y Zapatero, qué os ha hecho Zapatero para que os metáis tanto con él y con su gobierno? Nuevamente la respuesta es sencilla, amigo lector: Zapatero y sus más inmediatos adictos están demostrando cada día, con mayor y mayor empeño, que prefieren comportarse como izquierdistas radicales y como amigos entusiastas de los separatistas declarados. Luego como social-radicales debemos tratarlos. En definitiva, que hay razones más que sobradas, considerando todo lo expuesto, para la crítica reiterada, sin tregua, a pie de obra, una obra destructiva en el caso de los actuales usufructuarios del poder. Sí, usufructuarios, no lo olvidemos ni permitamos que ellos lo olviden.

Escrito por Policronio en: Junio 26, 2005 6:38 PM Archivado en Políticos

Comentarios

1 | Smith   Junio 26, 2005 11:19 PM

Desde la Revolución Francesa, la izquierda radical y el nacionalismo han sido los grandes perturbdores del normal fluir de la Historia. Las revoluciones de 1830, 1848 y 1871; los nacionalismos radicales italiano, ruso y alemán; los embates del comunismo desde 1917 (para antes de la II GM, muchas naciones habían sido ya subyugadas por Lenin y Stalin)... Se da la coincidencia de que en España, hay partidos políticos con los que ZP se siente muy agusto y que reúnen tales atributos (izquierda de barricada y nacionalismo extremo): p. ej. BNG, PNV, ERC.-------------------------------------------------Por otra parte, el actual PSOE tiene mucho del caballerismo republicanoide y del jacobinismo paramasónico que pensábamos, Felipe GonzALez, nos había hecho olidar para siempre. Pero no. ¡Qué va! Ahí está Don Tancredo para descomponer, disolver y triturar lo que haga falta. Al peor estilo Manuel Azaña.-------------------------------------------------"¿Qué os ha hecho Zapatero para que os metáis tanto con él y con su gobierno?". A mí, como español patriota y liberal mucho. Porque mucho ha hecho a las víctimas del terrorismo (humilladas - conversaciones con el MLNV), a los levantinos, murcianos y almerienses (disecados - retirada del PHN), a los salmantinos (atropellados - robo de documentos AHGC), a los gallegos (escamoteados - Plan Infraestructuras), a los vascos (desprotegidos - rehbilitación de Batasuna), a los madrileños (puteados - ataque a la CAM y a su presidenta Espernza Aguirre), a los españoles de áfrica (vendidos - nombramiento de quien en 2003 defendió por escrito y en un libro sus tesis entreguistas de Ceuta y Melilla a Marruecos)...------------------------------------------------- ¿Qué qué nos ha hecho? Nada hombre. Tampoco les ha hecho ZP nada, nada, nada, ni a Bush ni a Blair. Por eso España es, en este momento de decadencia francoalemana, la tercera potencia del mundo, y la gran aliada del triunfante eje atlántico. Zapatero no hace nada mal. Y si lo hace, son las pequeñas cosas de cualquier gobernante, por lo que no hay que molestarse, ¿verdad?------------------------------------------------- Se ha puesto de moda en ciertos mentideros de la política, de la mano del inefable mundo prisaico la siguiente tesis: atacar al nacionalismo radical, sólo lo exacerba. Esto lo hace también muy bien ZP. Desde que puso en prática su política contemporizadora, Batasuna, ERC y el BNG han pasado a mejor vida. Ya no se habla de ellos. El señor del bigote ésto lo hacía muy mal. Los envalentonó demasiado. Ahora las cosas están tranquilas... muy tranquilas...

2 | Javi   Junio 27, 2005 2:52 PM

Durante el mandato de José María Aznar apenas se hablaba de política fuera de los círculos en los que esta interesa permanentemente.

La oposición pasó, en un principio, por una época de incertidumbres y terremotos internos, y vivía más preocupada por organizarse mínimamente que por hacer su papel opositor. Mientras el PP sacaba adelante al país sin grandes aspavientos, silenciosa pero eficazmente.

Cuando llegó ZP al poder de la secta se pasó a la ofensiva, para lo cual, a falta de verdaderos motivos de zozbra ciudadana, inventaron o magnificaron algunos sucesos.

El submarino inglés, el Yak42, La Guerra de Irak o el Prestige se convirtieron en la punta de lanza de un ataque bárbaro al Gobierno Popular. Cualquier cosa valía, incluso un accidente. Todo era responsabilidad del Gobierno.

A un tiempo se hacían gestos que luego se han demostrado como pura apariencia, como el de proponer la firma del Pacto por las Libertades y Contra el terrorismo, o el de la Justicia.

Y Polankone aumentaba su poder mediático y sentaba las bases para aumentarlo aún más, hasta la náusea.

Sea como fuere la política no era un asunto que se tratase en las conversaciones habituales del ciudadano medio.

Pero OH MILAGRO, ZP llegó al poder y, desde entonces, no hacemos otra cosa que hablar de política. Y la razón es sencilla: están politizando la sociedad. El poder político despliega sus tentáculos y trata de acaparlo todo. Todas las cosas que aparentemente a nadie importaban porque nadie se las plateaba siquiera pasaron a tener, de pronto, un brillo, una relevancia, que no cabía esperar de ellas.


¿La secesión de un par de regiones o tres?...¿Un archivo en Salamanca? ¿Una estatua de Franco en Madrid? ¿Que los gays se casaran?....¿que hubiera casas de protección oficial de 1 m2?...¿A quién le importaban , por ejemplo, esas cosas?....

Hoy todos hablamos de ellas.

ETC ETC

Y quien tiene una cabeza bien colocada sobre los hombros, como vosotros (Smith & Policronio), no solo ha de hablar de ello, sino que además se ve incapacitado para hacerlo en términos elogiosos, dada la sucesión masiva de despropósitos perpetrados por el Gobierno y sus compinches regionalistas.

Y es evidente que ante una avalancha tal de locuras y necedades gubernamentales, las pequeñas tonterías de la oposición (que ¿Quién no las comete?) parecen aciertos de sabios.

3 | Smith   Junio 27, 2005 3:29 PM

Un segundón de las filas psocialistas llegó a proponer el hundimiento de otro barco para echar a Aznar. Creo que era gallego, pero no me acuerdo muy bien. El "aznarismo", segun expresión del marxista-catalanista Manuel Vázquez Montalbán marró básicamente en no haber quitado de enmedio a Polanko. Los psocialistas hicieron mucho contra Rumasa. No se cortaron un pelo... y sin motivos. ¿No se puede hacer lo mismo con Polankia? Ahí hay que ir la próxima vez. La Libertad está en juego.

4 | ElJinetePalido   Junio 27, 2005 4:36 PM

Más preguntas sin repuesta: ¿es licito matar inocentes en la sharia nacionalista? ¿negociaría un elefante con el moscón que le pica? ¿puede ser un Estado, aparte de social, democratico y de derecho, cobarde? ¿que debe hacer la nación ante la cobardía del estado? ¿si al final como parece gana ETA, será la victoria más epica de la Historia, por la desigualdad de los combatientes? ¿si gana ETA podremos aguantar la mirada a Marruecos o venderemos a nuestros paisanos de Ceuta y Melilla? ¿es una obligación politica combatir a ETA, o lo es moral y etica? ¿descansarán en paz las victimas o habrán ido al matadero de la paz politicamente correcta? ¿quien quiere paz si no hay libertad? .... ¿verá ZP Barrio Sesamo?


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