Recuerdo que en mi niñez, cuando salíamos al recreo en el colegio —distante unos 80 o 100 metros de una magnífica playa—, se organizaban en la arena unos partidos de fútbol de máxima rivalidad, como si cada choque entre escolares fuese un derby tras otro. A menudo, según se tratase del maestro que debía vigilarnos, esos encuentros degeneraban en batalla campal a consecuencia de un “ha sido penalti” o “no, no lo ha sido”. De las palabras se pasaban a las manos, sobre todo si Don Antonio se había ido a tomar café a un bar próximo, y al final podía verse a una treintena de niños, de entre 9 y 12 años, que soltaban sopapos al aire (jamás conseguíamos atizarnos), proferían frases amenazantes capaces de herir la sensibilidad de un peón caminero o, como mucho, se organizaba una montonera de criaturas empujándose unas a las otras.
Todo aquello sucedía la mayor parte de las veces porque uno de los jugadores, un tal José Luis, además de ser un petardo para la cuestión futbolera no carecía de mala uva y era de los que buscaban la espinilla ajena con tal de llevarse el balón en los regates. Hasta tal punto era incompetente y malvado aquel chavalote, quizá el más grandullón de nuestra clase, que casi siempre, antes de los partidos, se oía alguna voz que decía: “Yo no juego si el “Rubio” (así le apodábamos) no se pone de portero”. Porque de portero, evidentemente, ofrecía menos peligro a pesar de sus salidas en tromba desde el área. Lo cierto es que al final todas las aguas volvían a su cauce, regresábamos al colegio con ganas de revancha y comentando las jugadas, los guantazos fallidos y las montoneras... Y en ese regreso, igualmente alguien acababa señalando al “Rubio” y acostumbraba a decirnos: “Ese tío es más malo que la carne de pescuezo”, una frase hecha y usada en mi pueblo (supongo que también en otros) para indicar que alguno, además de torpe, es un mal bicho.
Viene a cuento la historieta de mi niñez para dejar claro que en otro plano, en este caso el político, sólo veo a un personaje que reúna las dos condiciones necesarias, torpeza y maldad, para considerarle “carne de pescuezo”. Ese personaje no es otro, a mi parecer, que el ínclito y talantudo ZP, casualmente denominado José Luis como aquel chavalote mala uva de mi infancia. Con una diferencia, el “Rubio”, si no te atizaba era porque no te cogía. El actual “carne de pescuezo”, es más bien un tipo cobardón que sale huyendo de todas partes y no es capaz de acudir a Guadalajara si no es casi de madrugada, con fuerte escolta y, aún así, mostrándose incapaz de acercarse a dar la cara ante una reunión de lugareños que permanecía a unos 10 kilómetros.
Zapatero, el “carne de pescuezo” de la política, es un individuo que ha cedido en todo desde que gobierna, pero son cesiones sólo hacia un lado del campo. Porque esa forma de gobernar, caracterizada por la patada en la espinilla a los jugadores del equipo contrario, no es posible realizarla a coste cero para España. Así, mediante la dejadez, el desistimiento o la arbitrariedad manifiesta, más de la mitad de la nación, probablemente la más laboriosa, la que vive con los pies en el suelo y la que no piensa en patrias de diseño ni en arrebatarle a otros la posibilidad de expresarse en su idioma, está siendo machacada día tras día para que, hastiada, acabe por abandonar cualquier inquietud política y se refugie en el nihilismo. Veamos un pequeño resumen de las calamitosas actuaciones de este muchachote que no sirve ni para jugar de portero:
Al gobierno de Rodríguez Zapatero no le basta con haber paralizado, mediante sendos y pedestres decretos, varias leyes orgánicas muy consensuadas del Ejecutivo anterior, como por ejemplo la LOCE o el PHN. Tampoco parece colmarle su ansia infinita no de paz, sino de sectarismo, el hecho de haber aprobado, o encontrarse en vías de hacerlo, ciertas normas que atentan contra la razón y la ley natural, como son el matrimonio entre personas del mismo sexo (algo que podía haberse regulado perfectamente mediante un contrato civil), el divorcio ultrarrápido sin causa explícita que lo motive (lo que probablemente dejará abierta la puerta trasera a las nacionalizaciones de conveniencia) o la nueva Ley de Educación que se nos viene encima. Una ley elaborada con el mismo buen criterio educativo de quien recibe una pedrada en la frente y se gira a ver quién ha sido. Una ley que dejará en pañales, por extremadamente ineficaz y alienante, a la aún vigente LOGSE socialista. Un nueva ley educativa, recordémoslo, que de entrada despierta el rechazo de cuantas instituciones o asociaciones intervienen en el mundo académico.
Tampoco le basta a Rodríguez Zapatero haberse entregado con armas y bagajes (léase codicia, torpeza y apocamiento) a ese Tripartito catalán que a su vez ha renunciado a gobernar en Cataluña. Un Tripartito incapaz de asumir sus responsabilidades en el barrio del Carmelo y que tiene como único norte la elaboración de un nuevo estatuto (no la reforma como falsamente indican) que les conceda el más fastuoso plan de pensiones que pueda concebir la mente humana: “Todo lo que recaude será para mí, a pesar de que vivo de venderte a ti lo que produzco”. A los actuales ocupantes de la Generalitat, de haber tenido bemoles el “carne de pescuezo”, debería haberlos puesto firmes en lugar de permitirles la nueva vuelta de tuerca a su fechoría respecto a la imposición del idioma catalán, como es la creación del “Coordinador lingüístico de interculturalidad y de cohesión social del centro”, es decir, una forma rimbombante y vil de denominar el clásico chivato que todo régimen totalitario precisa.
Porque a estos tripartíticos, igualmente "carne de pescuezo", ya nada les basta y mucho menos les frena para acabar declarando por todo lo alto el nuevo estado nacionalsocialista. Es de esperar cualquier cosa de los que son capaces de darles tan sonoros títulos a los chivatos. Y es que el nazi-separatista Carod, vista la apatía rabiosa y la sonrisa perenne de quien debe velar por la igualdad ante la Ley en toda España, no se oculta en proclamar que el nuevo estatuto no es más que el principio y ya le ha puesto fecha de caducidad a lo que aún no se ha aprobado. Su argumento: “Considera una insensatez que Cataluña se autolimite”. Y digo yo, ¡conocerá este hombre el significado de la palabra lealtad!
Para no alargarme en exceso, y puesto que cada día surgen nuevas vergüenzas y desidias, concluyo con la noticia que hoy nos ofrece el diario La Razón, según la cual: “El Gobierno deja que las comunidades invadan bajo cuerda una veintena de competencias suyas”. Luego entra en detalles el diario y dice: “En quince meses de legislatura ha desistido de 27 litigios heredados de la etapa de Aznar contra normas autonómicas que afectan a facultades exclusivas del Estado. Según un informe jurídico, Cataluña y los «feudos» socialistas, son los más beneficiados”. Y siguen los detalles a cual más vergonzoso, con lo que se demuestra que el desistimiento de este gobierno socialista ha alcanzado ya niveles de escándalo. Y siempre en beneficio de unos pocos y en perjuicio del resto.
La pregunta es, ¿qué se le debe de llamar a un mandatario (he estado a punto de escribir gobernante) que lo hace con tanta incompetencia, con tanta cobardía y tanta maldad? En otras partes no lo sé, en mi pueblo a esos fulanos dañinos los llamamos: “Carne de pescuezo”.
Escrito por Policronio en: 25 de Julio 2005 a las 06:03 PM Archivado en ZP
En mi pueblo no serían tan generosos, Poli.
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