14 de Agosto 2005

Memoria histórica para todos-8: Calvo Sotelo. 3ª Parte

En las entregas anteriores se han planteado paralelismos entre la situación vivida en el año 36 por el jefe de la Oposición parlamentaria, José Calvo Sotelo, y una hipotética situación similar en nuestros días. En esta ocasión no es posible practicar el paralelismo, ni la ucronía nos vale para relacionar a nadie con semejante destino. Así, pues, ante el asesinato del gran político español, sea la imaginación de cada lector la que perciba dónde encajarían hoy los émulos de los personajes que intervinieron en aquella noche de la infamia y la sinrazón desmedidas.

El atentado

“En las primeras horas de la madrugada del 13 de julio de 1936 sale del cuartel de Pontejos el autocar número 17, al servicio del Cuerpo de Asalto. Es conducido por el guardia Orencio Bayo Cambronero, y ocupan asientos al interior: Victoriano Cuenca, pistolero y persona de absoluta confianza de Indalecio Prieto; José del Rey Hernández, guardia del Cuerpo indicado, adscrito a la escolta personal del Diputado socialista Margarita Nelken, y los también guardias de Asalto Amalio Martínez Cano, Enrique Robles Rechina, Sergio García, Bienvenido Pérez Rojo, Ismael Bueso Vela, Ricardo Cruz Cousillos y Aniceto Castro Piñeira. El estudiante del último curso de Medicina, Federico Coello García, afiliado al partido socialista, persona de la intimidad de Indalecio Prieto, que por aquel entonces prestaba asistencia médica a Victoriano Cuenca, aquejado de enfermedad específica; Santiago Garcés y Francisco Ordóñez, de las juventudes socialistas, hombres de acción y de la confianza de Prieto. Al mando de todos, en el mismo vehículo, va, vestido de paisano, el Capitán de la Guardia Civil Fernando Condés”.

“Pocos minutos después parte detrás del autocar un coche de turismo, ocupado por los oficiales del Cuerpo de Asalto, Capitanes Antonio Moreno Navarro e Isidro Avalos Cañada, y los Tenientes Andrés León Lupión, Alfonso Barbeta y Máximo Moreno. Se dirigen directamente a la calle de Velázquez, llegando hasta la de Diego de León, para dar la vuelta y entrar por su mano derecha, parando el autocar frente a la casa número 89 de la calle de Velázquez, domicilio del SR. CALVO SOTELO”.

“Descienden del autocar el Capitán Condés, José del Rey, Victoriano Cuenca y algunos otros números de Asalto; franqueado el portal por el sereno, suben al piso; llaman al timbre de la puerta y acude una criada que, sin abrir, pregunta quién es, contestándosele que abriese a la Autoridad, que iba a hacer un registro. La criada se retira sin abrir y da cuenta de lo que ocurre al SR. CALVO SOTELO, que se encontraba descansando; se levanta, sale al recibimiento y abre la puerta de entrada, preguntando qué deseaban. Replica el Capitán Condés que, como se ha dicho, iba vestido de paisano exhibiendo su carné militar, «que tiene que hacer un registro». Se distribuyen por las habitaciones, fingiendo la práctica del mismo, inutilizan el teléfono y manifiesta el Capitán al SR. CALVO SOTELO que la Dirección General de Seguridad ha ordenado su detención”.

“Hace patente el SR. CALVO SOTELO su calidad de Diputado a Cortes, que prohíbe esa detención, salvo en casos de flagrante delito, que no existe; pretende hablar con la Dirección de Seguridad, notando entonces está inutilizado el teléfono; impiden a los familiares de CALVO SOTELO salir del domicilio en demanda de auxilio, siendo ineficaces las protestas del Jefe del Bloque Nacional, que no tolera, como Diputado, su detención, y cede ante la palabra de caballero que da el Capitán Condés de que dentro de cinco minutos se encontrará en la Dirección General de Seguridad, en la que podría alegar cuanto estimase oportuno. Penetra el SR. CALVO SOTELO en el dormitorio para terminar de vestirse, y allí le siguen Condés y Del Rey. Mientras, la señora de DON José consigue preparar un maletín con los útiles más precisos de aseo, unas cuartillas y una pluma, y ruega angustiosamente a su marido que no se marche”.

“Penetra el SR. CALVO SOTELO en el cuarto de sus hijos; da un beso a cada uno de ellos, que duermen. La mayor, Conchita, despierta y pregunta a su padre adónde va; la tranquiliza DON José, así como a su esposa, de la que se despide en el recibimiento prometiéndola que en cuanto llegue a la Dirección General de Seguridad hará por comunicar con ella, y mirando a los que le rodeaban, agregó: "si es que estos señores no me llevan a pegarme cuatro tiros". Baja rápido la escalera, y ya en el portal, encarga al portero que avise a sus hermanos, pero que nada digan a sus padres. Cuando sube al autocar número 17, se vuelve, buscando al Capitán Condés con la vista, preguntándole si subía, y al contestarle que sí, dijo: «Vamos a ver qué nos quieren», despidiéndose de los familiares, que estaban en los balcones, diciéndoles adiós con la mano”.

“El SR. CALVO SOTELO se sienta en el tercer departamento del autocar, contando como primero el correspondiente al conductor, y ocupa el cuarto asiento del autocar en dicho departamento; a su derecha y a su izquierda se colocan un guardia de Asalto y un guardia del escuadrón de Caballería, también de Asalto, respectivamente. Inmediatamente detrás del SR. CALVO SOTELO se sienta Victoriano Cuenca; el Capitán Condés y José del Rey ocupan los asientos contiguos al del conductor, y distribuidas en los demás lugares las personas que antes se mencionaron, cuidando Condés de que no ocuparan los asientos inmediatamente anteriores al SR. CALVO SOTELO”.

“El vehículo se pone en marcha, recorre unos cuantos metros y al llegar a la altura del cruce de la calle de Ayala con la de Velázquez, Victoriano Cuenca empuña una pistola, que dirige hacia la nuca del SR. CALVO SOTELO, y sin que éste pueda darse cuenta de la agresión -está dando su espalda al agresor-, hace dos disparos consecutivos, tan inmediatos, que dan la impresión a los que van en el automóvil de que ha sido un solo disparo. Cae de bruces la víctima entre los asientos. El pistolero dibujó los dos tiros en la nuca, según puede apreciarse en la fotografía que se acompaña, obtenida y conservada en la Escuela de Medicina Legal de Madrid al practicarse la autopsia en el cadáver del SR. CALVO SOTELO”.

“El autocar, que no ha detenido su marcha, sigue por la calle de Velázquez hasta el cruce con la de Alcalá, en donde está parado un camión con guardias de Asalto, que, al comprobar que es el autocar número 17, le deja pasar, continuando calle de Alcalá arriba, en dirección al Cementerio del Este, ante cuyas puertas se detiene, descendiendo del mismo el Capitán Condés y José del Rey, dándose a conocer como agentes de la Autoridad a los empleados de guardia en el Cementerio, obligándoles a que abran las puertas, penetrando en el recinto sagrado con el vehículo, del que sacan el cadáver del SR. CALVO SOTELO, que dejan abandonado sobre el suelo, próximo al depósito, en el que es colocado después por los empleados del Cementerio. Parte el autocar con todos sus ocupantes, y a los pocos metros de marcha, exclama el conductor: «Supongo que no nos delatarán»; a lo que responde Condés: «No te preocupes, que nada pasará»; agregando José del Rey: El que diga algo de esto se suicida, pues le mataremos como a ese perro”.

“Llegan al cuartel de Pontejos, descienden los ocupantes del autocar, y Victoriano Cuenca echa el brazo por encima de los hombros al Comandante Burillo, subiendo así los dos las escaleras, hablando en voz baja, hasta la Comandancia, en la que penetran igualmente el Capitán Condés, José del Rey, el Capitán Moreno Navarro y los Tenientes Máximo Moreno, Lupión y Merino. A los pocos momentos llega también el Teniente Coronel Sánchez Plaza. El guardia Tomás Pérez limpia inmediatamente el autocar y hace desaparecer las manchas de sangre”.

“La señora de CALVO SOTELO, en cuanto éste montó en el autocar, procuró ponerse en relación con los familiares y amigos a fin de rescatar a su marido; unos y otros se encargan de hacer llegar a la Dirección General de Seguridad y al Ministerio de la Gobernación las noticias y detalles del secuestro. Ni por el Gobierno ni por sus subordinados, a quienes específicamente compete actuar, se toma medida alguna para averiguar en dónde se encuentra el SR. CALVO SOTELO. «A la Dirección General de Seguridad no ha llegado», se limitan a contestar, y en ninguna Comisaría tampoco se encuentra”.

PD: La responsabilidad de Indalecio Prieto en el atentado es manifiesta. Ese "socialista a fuer de liberal" no hubiese asignado a tanta gente allegada para integrar el comando homicida, autor material incluido, de no ser el verdadero inductor del crimen de Estado.

Escrito por Policronio en: 14 de Agosto 2005 a las 08:36 PM Archivado en Memoria histórica para todos

Comentarios

1 | Perry   14 de Agosto 2005 a las 10:14 PM

Espeluznante.

2 | Smith   16 de Agosto 2005 a las 08:16 PM

Varios de los implicados en el crimen eran amigos del criminal socialista José del Castillo. Este personaje, de infausto recuerdo era un radical jacobino, francmasón y aficionado a dscerrajar de variso tiros al antifrentepopulista que se le cruzaba en el camino.

Entre sus heróicas "actividades" destaquemos dos:

1) comandar a 120 matones socialistas que domeñaron la provincia de Cuenca durante la repetición de las elecciones de mayo de 1936 (deteniendo a contrarrevolucionarios, quemando y asaltando sedes derechistas, etc.). El vtante derechista más votado, José Antonio Primo de Rivera, ni siquiera salió elegido, gracias a la actuación de este exaltado ultraizquierdista que estaba conectado diariamente con Casares Quiroga.

2) Asesinar al tradicionalista Luis Llaguno y a Andrés Saénz de Heredia durante una manifestación antigubernamental en el mes de abril, durante el entierro del alférez Anastasio de los Reyes.

Todavía hay quienes siguen equiparando la muerte de Calvo Sotelo con la de este matón socialista. Así es la izquierda sectaria y la derecha vainilla. ¡"Aviaos" vamos!

Bueno, saludos a todos desde el Puerto de Santa María.

3 | Rogelio Latorre Silva   2 de Diciembre 2005 a las 11:42 AM

Cuando el entierro del alférez de la G.C. D.Anastasio de los Reyes, la excitación era tremenda, tanto entre los manifestantes como entre la fuerza pública. Desde la salida del cadáver del cuartel de la G.C. del Hipodromo, fue un continuo tiroteo, iniciado desde la ventana de un chalet en le esquina dela calle Abascal con la Castellana, (Embajada del Uruguay?), seguido desde los andamios de una obra situada en la confluencia de la calle Miguel Ángel con la Castellana; desde los andamios de la obra de revoco que estaban efectuando en el edificio de La Aurora y así todo el camino. En O'Donnell, los de asalto lograron desviar la cabeza por esta calle, que intentó regresar a Alcalá por una zona de Madrid no bien conocida, entonces, por mi pero que creo identificar en las proximidades del actual Palacio de los Deportes. Estabamos Llaguno y yo juntos, él a mi izquierda y frente a nosotros, a escasos tres o cuatro pasos, el teniente Castillo, con la pistola empuñada, que agitandola, vociferaba, fuera de si:".- ¡Disolver, disolver". En esto, la pistola se disparo, alcanzando a Llaguno. Yo le dí una patada en los testiculos a Castillo, que cayó al suelo. Un guardia de asalto me dió un terrible puñetazo en el pecho y alli se acabo para mí el entierro de de los Reyes. Me sentia morir, entre jadeos y estertores, silbandome el aire al pasar por la garganta. Y que me duró largo tiempo. no se cuanto, pero a mi me pareció una eternidad. Nunca he sido fuerte y entonces, con 16 años, pesaba 55 kg y medía 166 cm. Llaguno no murió del disparo y, si no estoy equivocado, sobrevivió a la guerra. Siempre he creido, y sigo creyendo, que Castillo (por el que no sentí, ni siento, la menor simpatía) no disparo a idea.Que fue un accidente fortuito, consecuencia de la desesperación y odio que a todos nos inundaba, inculcados por los políticos de turno (los Zapatero de entonces). Esto es lo que, desde primera fila ví y lo relato en honor a la verdad, no con animo de disculpar a Castillo.
Saludos, Rogelio Latorre Silva

4 | Policronio   2 de Diciembre 2005 a las 12:09 PM

Gracias por su comentario, señor Latorre. Le invito a que nos cuente siempre que quiera sus experiencias de aquella época. Si lo prefiere, puede contactar conmigo para posibles colaboraciones en el siguiente correo: policronio@gmail.com

Un saludo cordial

5 | Rogelil Latorre Silva   3 de Diciembre 2005 a las 09:52 PM

Me congratulo que le haya parecido interesante mi nota sobre la muerte del teniente Castillo. Si cree puede interesarle, puedo remitirle, también, información sobre la muerte de Joaquin de Grado, Jefe del Radio Comunista de Cuatro Caminos, pues presencie los hechos desde el balcón de mi casa, entonces señalada con el número 3, de la calle de María de Guzmán, de Madrid. En cuanto a la presente nota, tiene por objeto ampliar la información sobre el asesinato de Don Vicente Espallargues Sospedro, que aparece en una de estas páginas, páginas que tal vez procedan de V. Puedo relatar lo siguiente: Mi tia, Eloisa Latorre Uribe, hermana de mi padre, era maestra nacional, con destino, el 18 de julio de 1936, en Parla, entonces pequeño pueblo de la provincia de Madrid. A la llegada de las tropas nacionales, fue obligada por los milicianos al servicio del gobierno de Madrid, a evacuar el pueblo y, tras varios meses inactiva, fue destinada a Miraflores de la Sierra, cabecera de la unidad que guarnecía el frente de Somosierra. Allí fue alojada en una casa, requisada a un vecino sospechoso de desafecto al regimen (RIP), en unión de diversas personas pertenecientes a las fuerzas del gobierno de Madrid. Entre ellas, un teniente, jefe de una sección que actuaba a modo de "factotum" del Estado Mayor de la unidad que guarnecía el frente de Somosierra. Entre las misiones de este teniente, estaba la de fusilar a los reclutas que, al incorporarse, figuraba en sus fichas facilitadas por el Ayuntamiento de origen: ".-Desafecto al régimen". A este teniente le acompañaba su mujer y los cuatro, (Mis tias, Eloisa y su hermana Adela; el teniente y su mujer), compartían cocina y cuarto de estar en la casa, con lo que el roce dio lugar a cierta confraternidad entre ellos. El teniente, sobre todo su mujer, eran muy parlanchines y no se recataban de contar a mis tias "las hazañas del teniente", si bien lo hacian en tono compungido, como un penoso deber que no le quedaba otro remedio que acatar. No obstante su misión, mis tias me contaban que el teniente era buena persona. Malamente sabia leer y escribir y su escasa formación no le permitia discernir que lo que realmente hacia era asesinar, pues las víctimas eran muertas por la sola orden de un capitán del Ejército del Gobierno de Madrid, sin juicio, defensor y con el pretexto oficial de que habian sido muertos por el fuego enemigo o por los centinelas al intentar pasarse. De quien afirmaban ser malo, ¡muy malo! (yo creo era el protagonista de sus pesadillas), era de un capitán jurídico del Cuerpo de Ejército que guarnecía aquel frente y del que partia la orden de muertes, bajo su sola decisión. Decían: ".- Ese sí que es malo. Guapín, de unos treinta y cinco años, siempre va escoltado por dos milicianos armados con naranjeros y no vacila en dar la orden de fusilar a los que considera desafectos, orden que era cumplida sin la menor vacilación por el compañero de alojamiento de mis tias". Ese capitán se llamaba Gregorio Peces Barba del Rio. Del teniente no supe el nombre o, al menos, no lo recuerdo. Esto, contado repetidas veces por mis tias al reunirnos al final de guerra y relatar cada uno sus aventuras y desventuras, quedo confirmado, años más tarde, cuando leí la Causa General. Si lo desea, puedo enviarle ampliación a esta nota y fotocopia de los documentos oficiales en que, bajo la presidencia de Gregorio Peces Barba del Rio, se justifica, en forma tan burda que parece una burla, (perdóneme el pareado) la muerte de Espallargues Sampedro. El teniente coalojado con mis tias, es posible que sea el que en la nota que he leido denominan Esteban Cerezo, pues, como le he dicho, nunca supe o no lo recuerdo, su nombre. Por cierto, su mujer no hacía más que quejarse: ".- Fíjense, mi marido, de la UGT de toda la vida, y ya ven: ¡Simple teniente!" Mis tias, nietas, hijas y hermanas de militar, se hacian cruces, a escondidas claro, comentando entre ellas: ".- ¿Pero que pensará esta gente que es un teniente"?. Mi saludo, Rogelio Latorre Silva.- Como lógicamente habra supuesto, mi fuente de informaciones no es inagotable, pero alguna más puedo contarle.

6 | Policronio   4 de Diciembre 2005 a las 02:55 PM

Señor Latorre. Gracias por enviarnos la información. Como su nota está insertada en un artículo del mes de agosto, al que ya acceden pocos lectores, con su permiso voy a pasarla a la primera página y haré una pequeña introducción a la misma.

Siempre que le apetezca, no dude en enviarnos su comentarios o la narración de sus vivencias familiares. Le consideraremos a partir de hoy como si fuese un colaborador externo, algo que a nada le obliga.

7 | Smith   4 de Diciembre 2005 a las 08:35 PM

Mis informaciones sobre las bajas de aquel terrible sepelio son las siguientes:

- Andrés Saénz de Heredia (+)
- Marcial Rodríguez Jiménez (+)
- José Rancel (+)

Luis Llaguno, al parecer de las juventudes trdicionalistas, según toda la bibliografía que he manejado, murió a manos de Castillo. Ahora bien, si a este mozalbete le acompañaba Rogelio y lo vio todo de primera mano, entonces lo pongo en cuarentena. Suele pasar que la bibliografía referida a este acto repetirá lo que los primeros libros escriben al respecto. Y si uno dice que Llaguno murió, los demás lo copian y sanseacabó. Ahora bien, con cojer un periódico de la época, se podría conocer con exactitud si Llaguno murió o no.

En cualquier caso, Castillo fue uno de los personajes más nefastos del Frente Popular. Provocador, instigador de crímenes, instructor de las MAOC, etc. Estaba en permanente contacto con Azaña para reprimir la violencia derechista y facilitar la izquierdista. Buena manera de acelerar una guerra. Una joyita, vamos.

8 | Rogelio   5 de Diciembre 2005 a las 10:41 PM

Tengo la certeza que Llaguno no murió aquel día. Cuando Castillo cayó al suelo, la gente se arremolinó sobre él, patelandole, pero Llaguno quedó aparte, vivo. En un tiempo verdaderamente admirable, un grupo de guardias rodeó a su teniente, que pataleaba en el suelo (tengo la imagen de sus leguis agitandose en el aire) y uno de aquellos guardias me dió aquel terrible puñetazo. Llaguno era, efectivamente, tradicionalista, de aquel heróico grupo de la TYRE. Yo no soy, ni fui, tradicionalista, pero desde el momento en que conocí a aquel puñado de verdaderos heroes que actuaba sin vacilar, senti por ellos admiración, admiración y cariño que perdura. Por las personas, pero no, respetándolas, con las ideas. Tengo de Castillo el mismo concepto que Smith, pero creo poder asegurar que Sanz de Heredia murio de un disparo de los francotiradores que pululaban alrededor del entierro y que tampoco es imputable su muerte a Castillo, que era un ser envenenado, como estaba la mayor parte de los españoles. Su cara, cuando agitaba la pistola vociferando ".- Disolver, disolver", reflejaba odio y desesperación, pero si me pidieran que jurase, reiteraria que no fue deliberado, pues en ella claramente se advirtió la sorpresa, al salir el disparo. He leido algunas versiones que estan de acuerdo con la mía, sin duda de personas del grupo que actuó. Despues de la guerra intenté recabar información sobre Llaguno y, por varias fuentes, me aseguraron que había sobrevivido a ella, pero desde luego no puedo asegurarlo terminante.

9 | Beleguino   17 de Diciembre 2005 a las 08:09 PM

Se ha hablado mucho de que grupo "derechista" participó en el asesinato del Teniente Castillo en julio de 1936 en la calle de Augusto Figueroa.
Unos dicen que fueron los tradicionalistas, en venganza por la herida de bala que causó a uno de ellos el Teniente Castillo al disolver una manifestación; otros dicen que fue un grupo de falangistas. La verdad es que nunca se ha llegado a una aclaración de los hechos, por ninguno de los historiadores que se interesaron por el tema.
Yo voy a poner mi granito de arena, en relación con este suceso, que directamente fue uno de los principales causante de la Guerra Civil Española de 1936.
Yo nací en 1944, o sea: que soy hijo de la posguerra. Por lo que no viví aquellos acontecimientos, pero desde joven, siempre me interesé por la Historia, y muy principalmente, por la de la Guerra Civil; y por supuesto, conocía por haberlo leído en muchas ocasiones, el suceso que me ocupa.
Muchos años después, sobre el año 1968, mi profesión me llevó a conocer e intimidar con un grupo de clientes, entre los cuales figuraban dos o tres que habían sido miembros de Falange Española antes de la guerra, y que pertenecieron a los que ellos denominaban "Primera Línea"... Una noche había quedado con este grupo para cenar y hablar de negocios (por cierto que ellos, eran desde hace años ajenos a la política, y sólo se dedicaban a los negocios); después de cenar nos fuimos a una Cafetería, conocida por ellos --y que me reservo su nombre--,y estuvimos tomando café y "unas cuantas copas"... NO sé el porqué salió el tema de la Guerra Civil, del asesinato del Teniente Castillo y del posterior del Diputado de Renovación Española, José Calvo Sotelo... Cuando llegamos a este punto, uno de ellos, dijo: "El Teniente Castillo, era un cabrón, y se merecía que lo matasen" Yo entendí que este comentario lo hizo, porque militaba en Falange en aquella época tan conflictiva para España, y recordaba su tiempo de joven falangista... Pero se conoce que, alentado por las copas que nos estábamos tomando, continuó y dijo: ¡Estoy hasta los cojones de ocultar y aguantar la Verdad! "Yo fui uno de los que tomaron parte en el atentado del Teniente Castillo"... Yo me quedé atónito, y los otros dos compañeros le hicieron un gesto al que hablaba para que se cayase (sin duda ellos también sabían toda la historia)... Pero él, ni corto ni perezoso, y dado la confianza que tenía todos conmigo, continuó diciendo... "Sí, sí, yo fui de los que preparé el atentado, y de los que estuve con otro grupo en un portal de enfrente de donde vivía Castillo, para cubrirlos en caso de que las cosas vinieran mal dadas; aunque no fui de los que disparó contra él..." Después de unos segundos de receso, continuó diciendo..."En este grupo había varios falangistas, y varios requetés de la Comunión Tradicialista... Y tengo que decir que, todo lo preparmos por nuestra cuenta sin que se enterasen nuestros Jefes...¡Estábamos hasta las narices de que, desde el Gobierno del Frente Popular estuviesen acribillándonos con toda impunidad! También intervino un camarada que había estudiado la carrera militar, y que acababa de ser graduado de Teniente; este fue el que nos facilitó varias armas, entre las cuales figuraba un pistola- ametralladora... Sorteamos los puestos y se realizó el atentado que fue relativamente facil; luego salimos huyendo, unos hacia la calle de Fuencarral, otros hacia la Castellana, y otro y yo por calle de Santa Engracia arriba""
Siguió la conversación sobre este tema, pero sería muy largo de contar. Al salir de aquella cafetería, sus acompañantes, también falangistas, me rogaron que no contara nada de esto; que eso pertenecía al pasado; y que era un pasado en el que se vieron involucrados muchos españoles.
YO seguí tratando con ellos, comercialmente hablando, muchos años más, pero hasta ahora, nunca había escrito esto; aunque he de reconocer que a algún amigo íntimo se lo he contado, pero nunca lo hice hasta que la muerte se llevó al que me conto su participación en el atentado del Teniente Castillo.
Nunca he dudado de que lo que me descubrieron aquella noche fuera verdad, (aunque realmente la historia puede tener muchas versiones); y he pensado en ello muchísimas veces, y tambien he pensado en la coincidencia de que, la Falange, El Requeté y el Ejercito, estuvieran unidos en este atentado; cosa que después sucedió con la unión de las fuerzas franquistas.
Hasta otra.

10 | Rogelio Latorre   7 de Enero 2006 a las 08:46 PM

Más sobre el entierro del alférez de la G. C. Don Anastasio de los Resyes.

He leido varias citas, entre ellas una de Smith, donde se relata que en el entierro del citado alférez, murió el falangista Marcial Rodriguez Jiménez. Aunque no puedo asegurarlo, como sí lo hice en los casos de Saenz de Heredia y de Llaguno, pienso que puede haber error. En aquellos días era tal el cúmulo de falangistas y de personas de derechas que eran asesinados por miembros de las Juventudos Socialistas y de las MAOC, que es muy difícil discrimir unos hechos de otros. Por tanto, no se tome lo que relato a continuación como dogma de fé. Yo creo, al menos creía, que quien murió ese día, en la misma forma que Saenz de Heredia, por el disparo de un francotirador, fue Cándido Jimeno, de unos 20 o 22 años, que era jefe de una falange (unidad similar a la sección del Ejército) de la Tercera Centuria de la Primera Línea de Madrid. Vivía en la calle del Barquillo, en la casa numero 27 o alguna inmediata. Es fácil averiguarlo por medio de la Hemeroteca, pues su familia hizo publicar una esquela en ABC que, poco más o menos, expresaba: "Cándido Jimeno, Alférez de la Primera Linea de Falange Española, murió por la Patria el día . . ". Y este día depende de la ocasión en que sucedió: si lo fue en el entierro de de los Reyes, sería entre el 16 y el 18 de abril; si lo fue en el de Calvo Sotelo, entre el 15 y 17 de julio de aquel año. Su madre, valerosa mujer de admirables patriotismo y entereza, supo afrontar el dolor. Siento no poder ser más concreto pues, a pesar de tener memoria afortunada, eran tantos los falangistas asesinados que es posible haya sufrido error. Desde luego que el Gobierno del Frente Popular, nada más tomar posesión, a partir de su triunfo en las elecciones del 16 de febrero, se dedicó a armar con pistolas y revólveres a sus correligionarios, principalmente a los miembros de las Juventudes Socialistas, sin dejar de lado a los comunistas y a las MAOC. Con el arma, les facilitaba una autorización para su uso, distinta de la oficial, pero que los policias reconocían y acataban. No había miembro de esas organizaciones políticas que no poseyera un arma de esa clase, jactándose todos ellos de tenerla. Las armas largas les fueron entregadas a partir del 18 de julio. Saludos, Latorre. 06-01-05

11 | beleguino   8 de Enero 2006 a las 10:40 PM

Queridos contertulios:

Esta es la segunda vez que intervengo en este chat...La primer vez fue para aportar datos sobre el asesinato del Teniente Castillo; todo ello sacado de una historia que me contó un falangista hace más de 35 años, en relación con aquel día de julio del ya lejano año 1936, y que yo nunca he dudado de que fuera cierta.
Ahora, mi intervención va a estar relacionada con las aportaciones del Sr. Latorre y del Sr. Smith, sobre el nombre de uno de los jóvenes falangistas que murieron a manos de los Guardias de Asalto capitaneados por el Teniente Castillo.
Como ya dije en mi intervención anterior, soy muy aficionado a la Historia, y sobre todo a la historia de nuestra segunda República y de nuestra Guerra Civil, y conseguí hace tiempo hacer una especie de diario que ocupaba las fechas entre el 16 de febrero y el 18 de julio de 1936, sacado de libros históricos, de memorias políticas, de periódicos, de historias personales...
El Sr. Smith, dice que uno de los falangistas que murió en aquel entierro del Alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes, se llamaba Marcial Rodríguez Jimenez, y el Sr. Latorre dice que se llamaba Cándido Jimeno.
No quiero entrar en decantarme por ninguna de las dos opiniones, pues mis datos tampoco son los mismos...aunque son muy similares... Simplemente escribiré las anotaciones que de este hecho tomé en su día:
----"En el entierro del Alférez de la Guardia Civil, Anastasio de los Reyes,al que asistieron más de 50.000 personaas, se produce una batalla campal, porque miembros del Frente Popular asaltaron el entierro en las calles de Miguel Angel, Lista, y en la Plaza de Manuel Becerra.Los disparos de los asaltantes, matan en la plaza de Castelar al joven Andrés Sáen de Heredia, y heridas de gravedad al tradicionalista José L. Llaguno, sobre el que hizo una descarga el Teniente Castillo para disolver la manifestación, causando la muerte también al falangista MANUEL RODRÍGUEZ JIMENO. Hubo seis muertos. El Gobierno prohibió la esquela del alférez asesinado"
Mi intención es la de aportar mis datos...Que por supuesto no quieren decir que sean los auténticos.
Lo que si me causa una ligera impresión, es cuando me doy cuenta de que, la división de los españoles (por culpa del Gobierno actual del sr. Rodríguez Zapatero)está tomando una senda que puede llevarnos a situaciones similares a las de aquellos años tan trágicos para España... Y no me valen los comentarios de muchos "pasotas irresponsables" que opinan: "aquella época es distinta; no son los mismo años; estamos más civilizados.etc.etc."... Para muestra, la de que algunos militares empiezan a presentir la división de España... Hace dos días, el discurso del Teniente General Mena en Sevilla, ha dado la alarma... Pero el ministro de Defensa, el Sr. Bono, ha dado una muestra de severidad al arrestarle domiciliariamente 8 días, y proponer su distitución... Lástima que esa severidad no la tenga con otras personas que insultan a España y que luchan políticamente por separarse del Estado-Nación más antiguo de Europa.

Hasta otra

12 | Rogelio Latorre   8 de Febrero 2006 a las 01:06 AM

Un ministro del Gobierno de Madrid.
Desconozco si esta es la via adecuada, pero creo que puedo tener interés la información que, a continuación expongo, y no se de que otra forma puedo hacerlo.
Una mínima parte de los actuales políticos españoles, está aireando el drama de nuestra guerra 1936-39, que la mayoría no habiamos olvidado, pero que si relegado a segundo plano. (Hermano rojo. Hermano fascista). Son pocos, pero son los que tienen en sus manos la propaganda. Y son los que más tienen que callar. Los nacionales no actuaron en nuestra guerra como unos santos, pero fueron, en todo caso, los menos malos y a mucha distancia. Números y hechos cantan. El historiador de origen norteamericano Gabriel Jackson (escribo basandome en una cita, pero creo que no hay razón para pensar que puede ser falsa), admite que los rojos cometieron más asesinatos, pero que fue obra de incontrolados y, afirma, cosa que no sucedió en la zona nacional. Sería conveniente que lo acreditase con pruebas documentales.
LOS HECHOS.- Mi madre, Germana Silva Garrigos, nació, pasó la infancia y parte de la juventud, en Zamora. Como todo joven, tuvo su pandilla entre cuyos componentes se encontraba Ángel Galarza Gago, que años más tarde se haría notorio por sus actividades políticas, inicialmente en el partido radical socialista y, más tarde, en 1933, en el socialista. En septiembre de 1936 fue designado Ministro de la Gobernación en el Gabinete de Largo Caballero. Por razón de sus actividades políticas, era del único de los amigos de juventud de mi madre del que teniamos referencias. Incluso, no se en que grado de intimidad, mi tio Salvador, hermano de mi madre, seguia teniendo trato con él en 1936.
Despues de la guerra 1936-39, hojeando la "Causa General" (Avance de los delitos cometidos por los rojos durante la guerra), edición 1943, encontré unas fotografías de documentos, intercaladas a partir de la página 97, (anexo IV). Entre ellas, aparecía, en papel timbrado "Dirección General de Seguridad" (del gobierno de Madrid), fechada el 14-09-36, registro de salida 16506 (ó 56056), escrito donde se dispone el ingreso en la Prisión Celular de Madrid, de Luis Calamita Ruy-Wamba y Rosendo Calamita Ruy-Wamba, que lo son a disposición del Ministro de la Gobernación, que era Ángel Galarza Gago. En el mismo oficio figura que, con esa misma fecha, se comunica al ministro la detención. En el pie de la foto, aparece, como comentario de la "Causa General", que los hermanos Calamita Ruy-Wamba y Galarza habían sido enemigos políticos en Zamora. Al leerlo, pregunté a mi madre si conocia a los Calamita y me contestó: " Oh, si. Eramos de la misma pandilla. Ocurrió con ellos algo que dio que hablar en Zamora. Una de las jovenes era pretendida por uno de los Calamita y, también, por Galarza. La chica se decidió por Calamita y ahí, de momento, quedó la cosa. Pero una tarde, cuando saliamos del teatro el grupo, lo hacian por el patio de butacas los dos novios (independizados de la pandilla) y el resto, bajabamos por las escaleras del anfiteatro. Al ver Ángel Galarza a la pareja, hizo comentarios en voz alta de los "favores" que de la joven había obtenido. La respuesta fue inmediata: el otro Calamita, que iba detras, volvió a Galarza, abofeteándole. No se si Galarza no había advertido su presencia o habló así deliberadamente, con ánimo de insultar. Ángel encajo la lección sin rechistar". Pregunte a mi madre si los Calamita y Galarza habían sido enemigos políticos en Zamora y me dijo que no lo sabía, pues había salido de Zamora muchos antes de 1936. Volviendo a la "Causa General", en la página siguiente de dicha obra, aparece un volante, fechado el 6 de octubre de 1936, con el membrete "El Ministro de la Gobernación", escrito de puño y letra por Galarza, en el que dispone que el detenido Luis Calamita Ruy-Wamba quede a disposición del Director General de Seguridad. En la misma página, otro oficio con membrete de la Dirección General de Seguridad del Gobierno de Madrid, que dispone que el detenido Luis Calamita Ruy-Wamba, sea entregado a Don Vicente Rueda Fernández, encargado de "trasladarlo a la prisión de Chinchilla". Ese mismo día, seis de noviembre de 1936, Luis es asesinado por el citado Vicente Rueda Fernández, que "era un pistolero de la checa de García Atadell". Este último inciso es de la "Causa General".
Aqui termina la información procedente de mi madre y, respecto al caso,de la "Causa General".
Deducciones mías, que nada tienen de injustificadas. No hay duda que Galarza esperó los años que hiciera falta para devolver la lección sobre seguro, siendo Ministro de la Gobernación del Gobierno de Madrid. Y Galarza no era un incontrolado, un pobre miciliano analfabeto como el que, en Murcia, arrastró por las calles de la ciudad, ante la pasividad de las autoridades y la algaraza de la masa, al párroco Don Soteras, sujeto por los pies a un carro; paró ante una taberna; cortó una oreja a Don Soteras; la hizo asar y la se la comió, dándole muerte acto seguido, si es que tras semejante trato aun vivía. A Luis Calamita se le asesinó por orden directa del Ministro de la Gobernación del Gobierno de Madrid; del encargado de velar por el orden y la seguridad de los ciudadanos. Concediéndole el placer de hacerlo, a un amigo que tenía agravios personales que cobrarse de los Calamita.
En el mismo capítulo de la "Causa General" hay otra fotocopia de un escrito de Galarza, fechada el 14 de mayo de 1937, como Ministro de la Gobernación, dirigida al Director General de Seguridad, donde expresa su protesta porque un comisario de policia había detenido a Leopoldo Carrillo Gómez, miembro del partido Izquierda Republicana (el de Azaña), acusado del "paseo" de un desafecto al régimen de Madrid. Ocupa dos carillas y es pintoresca su redacción, donde justifica las muertes, sin juicio ni defensa posible, de los desafectos al régimen. Y exige que hechos semejantes no vuelvan a producirse pues los ejecutores lo hicieron como "una misión impuesta por sus partidos y el Gobierno, a requerimiento de la Dirección General de Seguridad". Ni que decir tiene, que los paseos continuaron impunemente.
EPÍLOGO.- Al pensar que sería conveniente escribir estas notas, contacté con la familia Calamita Ruy-Wamba, que fue fácil, por ser apellidos poco corrientes. Me llamó una sobrina carnal de Luis y aclaró que los Calamita poseían una imprenta, la mejor de Zamora, situada en una plaza de la ciudad, donde se tiraba el periódico de mas circulación de la provincia. Y que Vicente Rueda Fernández, el asesino de Luis Calamita, tenía una imprenta, mucho mas modesta, situada frente a frente a la de los Calamita, en la misma plaza y que Rueda estaba enemistado con los Calamita por razones de negocio.
Es patente que el gobierno legítimo de la nación era eficaz en su represión. Ni consejos de guerra; ni juicios;cni testamento, ni auxilios espirituales;ni última cena; ni despedida de la familia, etc. Eso eran pamplinas de los facciosos. Arreglaban su cuentas sin requisitos innecesarios. Galarza y Rued se cobraron,la bofetana y la competencia mercantil, de forma decisiva y contundente. Supongo que Luis, el asesinado, fue el que le dió la bofetada a Galarza, pues la sobrina me dijo que Rosendo había sobrevivido.
Saludos, Rogelio Latorre. 07-02-06

13 | Lana   14 de Marzo 2007 a las 11:57 PM

Señor Latorre

¿Conoció usted a Isidro Ávalos Cañada, de la Guardia de Asalto de Madrid?

14 | sorda   25 de Diciembre 2008 a las 11:39 AM

el artículo es estupendo salvo la invención de que responsabilidad de Prieto es "manifista". No existe prueba alguna , ni era el estilo de Prieto organizar tales operaciones. Hasta que no se demuestre no hay nada "manifiesto". Prieto ya tiene bastantes responsabilidades como la sublevación del 1934 como para endosarle cosas de las que NO existen pruebas.

15 | Policronio   25 de Diciembre 2008 a las 07:56 PM

No, sorda, los asesinos fueron los hombre de confianza de Prieto pero la culpa es de Aznar. ¡Por Dios, no hay mayor ciego que el que no quiere ver!


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