“En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.”
San Agustín
El primer mandamiento del decálogo que recibió Moisés, define el concepto cristiano de la caridad como el amor a Dios y al prójimo. Benedicto XVI afirma que caridad y verdad van juntas de la mano de forma indisociable y que no puede existir una sin la otra, si es que ambas han de ser auténticas. Luego afirma que en Cristo, coinciden verdad y caridad. Ergo, el amor Divino se trasmite y llega a los demás a través de nuestra caridad. Este esquema top-down (relación vertical), a mi juicio difiere en gran medida de la interpretación puramente social de la caridad, que los laicos prefieren llamar solidaridad (relación horizontal), aparte de su confusión habitual con la filantropía.
Siempre me digo que la verdad (Dios), si existe, por definición ha de ser única (único). Para el buscador de la verdad, el cristianismo predica las virtudes teologales como medio de llegar a ella. En efecto, puede tenerse fe en la existencia de la verdad, esperanza en poder alcanzarla y caridad para hacer que se manifieste.
Aunque las tres virtudes tienen que ver con lo emocional, sólo la caridad implica acción. Precisamente este rasgo es el que la hace más difícil de comprender y practicar. Las dos primeras requieren fidelidad y recuerdo permanente, la caridad requiere obras, pero las tres requieren esfuerzo. Sin este esfuerzo, sin sacrificio personal, sin que nos cueste, no hay caridad, pues falta la verdad. Si pensamos que existe la hermandad entre los hombres, podemos creer en la existencia de un padre común de todos ellos. Amor filial y fraternal.
Los que andan escasos de fe (o directamente no creen que exista una única verdad (Dios)) tienden a interpretar intelectualmente estos conceptos “irracionales” intentando enunciar la Ley Divina cual fórmula matemática. Objetivo “cosmológico” loable si se quiere, pero totalmente fuera de alcance para el hombre. Observaremos, calibraremos y hasta haremos un mapa del Big Bang, pero no nos acercaremos ni de lejos a su causa, a la verdad que hay detrás. Tengo para mí, que contando únicamente con nuestro intelecto “racional” no disponemos de herramienta suficiente para desentrañar tal misterio. Las cosas del espíritu no son mesurables con escalas físicas. Además, la caridad (el amor, la verdad) hay que sentirla, no sólo pensarla.
Para no convertir esta bitácora en una hoja parroquial, recordaré desde una escala más terrena el método investigador otorgado por Conan Doyle a Sherlock Holmes: “Una vez descartado lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Siguiendo este método por eliminación (más a nuestro alcance), podemos determinar al menos, qué no es caridad.
Escrito por Perry en: Septiembre 2, 2005 6:59 PM Archivado en Moral y Religión | Un gramo de Metafísica
Todo lo contrario a la caridad: es mala fe, sadismo, crueldad, terrorismo... todo eso sí, bajo el sagrado manto de la fe en Mahoma.
De mis tiempos de agustinito recuerdo todavía a San Anselmo y su argumento ontológico: " ... Y ciertamente aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado, no puede existir sólo en el entendimiento. Pues si existe, aunque sólo sea también en el entendimiento, puede pensarse que exista también en la realidad, lo cual es mayor. Por consiguiente, si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existiese sólo en el entendimiento, se podría pensar algo mayor que aquello que es tal que no puede pensarse nada mayor.
Luego existe sin duda, en el entendimiento y en la realidad, algo mayor que lo cual nada puede ser pensado."
Según el esto demostraba la existencia de Dios. Yo prefiero las matematicas, lo cual no me impide practicar la caridad.
Smith: Ni compasión, ni piedad, ni misericordia.
Me alegra saberlo, Jinete. "En las dudosas, la libertad"
Perry, te veo tan interesado en estos temas que me voy a permitir recomendarte una antigua pelicula que creo que te gustará, quizá ya la hayas visto:
"Ordet. La Palabra" de Dreyer.
Apabullante y sobrecogedora. En serio.
Jinete: Intentaré encontrarla. Gracias por tu consejo. Aparte te diré que, aún sin una formación exquisita, la ontología y la metafísica son para mí lo que las matemáticas son para tí: Simples herramientas. Espero que no nos hagamos "pupa" con el serrucho y el martillo :-)
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