Este es un artículo en respuesta a uno de los intervinientes habituales de Batiburrillo. Originalmente debía ser un comentario de respuesta a una extensa nota de Vetton, con quien he venido manteniendo una polémica bastante civilizada en el artículo denominado “La doble conspiración (Paralelismo histórico)”. Si alguien está interesado en sumarse a la polémica, bienvenido sea, si su interés es relativo, que sepa que este asunto es cosa de Vetton y mía. Muchas gracias y disculpadnos nuestras largas intervenciones.
Policronio, cuando me referí a meterte en un berenjenal lo dije por que algunas comparaciones me parecieron bastante forzadas. Tal vez en mis siguiente intervenciones no me exprese adecuadamente (son las fiestas y uno se encuentra bastante espeso).
Y yo te contesté, más o menos, que el grado de forzamiento dependía en buena medida del conocimiento histórico que uno tuviese. Que en tus siguientes interpretaciones no te expresaste adecuadamente, es una realidad del mismo tamaño que tus propias contradicciones. Ahora bien, si estabas en fiestas, pues pelillos a la mar. Ya sabes, si bebes no “conduscas” ni “escribuscas. Je y je (onomatopeya de carcajada semi contenida).
Al iniciarse la conquista musulmana el reino visigodo vivía una guerra civil. Un grupo de la nobleza visigoda había elegido a Rodrigo, posiblemente dux de la Betica, como rey, mientras que otro grupo, especialmente el asentado en Cataluña, Septimania y el valle del Ebro, se negaba a reconocerle y eligieron a Agila II como rey. No era una situación nueva en el reino visigotico, con grupos aristocraticos favorables a una monarquia electiva y otros a favor de una hereditaria.
Al iniciarse la conquista musulmana el reino visigodo ya había padecido la guerra civil. En la nota anterior, destinada a otro interviniente, he citado una importante batalla entre Requesindo (mentor de Akhila) y el rey Rodrigo (se desconoce el lugar, pero según diversas fuentes pudo ser en las proximidades de Zaragoza), batalla tras la cual se produjo el sometimiento de la facción vitizana, que juró lealtad al nuevo rey a cambio de que Akhila conservase el ducado de la Tarraconense y el condado de la Septimania. Es evidente que los vitizanos fingieron esa lealtad al rey, como la fingieron los nacionalistas en el 78 respecto a la Constitución española.
Una vez asentados en el poder de sus respectivos territorios (vitizanos y nacionalistas) iniciaron una doble vía hacia la caída del régimen al que debían lealtad: Los vitizanos prefirieron la conjura y el comprar el apoyo de otras fuerzas (nada nuevo en unos clanes godos que poseían antecedentes de haber comprado tiempo atrás ejércitos mercenarios francos o bizantinos); los nacionalistas de este siglo, como cree un amplio sector de la sociedad, han usado el adoctrinamiento mediante la educación y los medios periodísticos controlados por ellos, a fin de inculcar el mayor desprecio posible (podría usar la palabra odio) a cuanto representase la Nación española.
Rodrigo no es que posiblemente fuese duque de la Bética, es que era duque de la Bética, entonces con capital en Córdoba. A la muerte de Witiza, Rodrigo se apresuró a llegar a Toledo e influyó muchísimo en su propia elección como rey. Akhila, por su parte, no acudió a la Ciudad Regia, como los visigodos denominaban a Toledo. El joven hijo de Witiza envió una delegación encabezada por sus tíos, Oppas y Sisberto. Recordemos que la monarquía visigoda no era de carácter hereditario. Salvo en los casos de reyes que asociaron al trono a uno de sus hijos, situaciones bastante numerosas en los últimos tiempos, el rey debía ser elegido por el Senado y ungido forzosamente en Toledo.
Witiza no pudo asociar al trono a su hijo Akhila (o Agila o Águila) por ser éste menor de edad. Cuando hables del valle del Ebro o Cataluña, mételo todo en el mismo paquete: Tarraconense. No así el condado de la Septimania, que si bien dependía del duque de la Tarraconense no se consideraba como tal provincia, puesto que sólo era una parte de la antigua Narbonense romana. Akhila, efectivamente, fue elegido rey por su facción (que es como si mi padrino me elige sobrino del año), e incluso llegó a emitir moneda (se conoce una de ellas), pero eso fue hasta la batalla que te indico al principio, presentada por Rodrigo como consecuencia de la auto proclamación de Akhila. Por cierto, una proclamación totalmente inválida, puesto que nunca se acercó a Toledo para ser ungido como obligaba la tradición visigoda y al mismo tiempo sí había otro candidato que había cumplido con la normativa: Elección por el Senado y unción en Toledo.
Que elementos witizianos buscasen el apoyo de los musulmanes es posible, pero estos ya estaban dispuestos a la conquista de Hispania. Las monedas halladas en Tanger y datadas entre el 709 y el 711 llevan la inscripción "paga para quien lucha por Dios". En la derrota de Guadalete seguramente hubo defecciones de parte de nobles contrarios a Rodrigo, pero con Rodrigo murieron muchos nobles, incluidos buena parte de los que le traicionaron.
Los musulmanes estaban dispuestos a la conquista no de Hispania, sino del mundo entero, su religión les obligaba y les obliga a ello. Ahí no te falta una buena parte de razón. Lo que sucede es que el episodio que nos ocupa no se corresponde en absoluto con el deseo de conquistar nuestra península, al menos inicialmente. Antes había que pacificar numerosas regiones magrebíes que siempre se mostraron de lo más díscolas, incluso en el aspecto religioso, pues no sé si conocerás que casi todo el norte de África contaba con numerosas tribus beréberes de religión judía, por ejemplo: Nefusas, ghiatas, jezawas, mediunas, feudelawas, bahlulas, etc.
Esas monedas que citas, cuya leyenda no sé en absoluto qué significa, a mi juicio no demuestra nada, sobre todo si consideramos que el reino visigodo poseía el condado de Ceuta al otro lado del estrecho, inicialmente ducado con idea expansionista tras la marcha de los bizantinos unos sesenta años atrás. Los musulmanes ganaron la plaza de Tánger y su área alrededor de dos años antes de la mal llamada invasión, si esa moneda refleja algún deseo de invadir tierra cristiana puede referirse perfectamente a Ceuta o a Tánger. No olvidemos que Ceuta fue asediada en varias ocasiones por los musulmanes, pero logró ser abastecida por el mar desde la península, hasta la llegada el trono de Rodrigo, que abandono a su suerte al conde Julián por ser cliente de Witiza y opositor a su elección, dando lugar a que el conde ceutí se entregase en manos de los vitizanos y se ofreciese como mediador ante Muza.
Otra cuestión que demuestra la falta de empeño entre los musulmanes para conquistar en ese momento el reino hispano-godo, fue que Tariq cruzó el estrecho al mando de unos 12.000 hombres, casi todos beréberes como el propio Tariq. No se trataba, pues, de un ejército que debía someter a una población cifrada en más de 6 millones de personas (recordemos que también comprendía Portugal y buena parte del sur de Francia), sino de desgastar a unas fuerza reales que luego serían rematadas por las tropas vitizanas procedentes de la Tarraconense y la Septimania, de un número algo menor al propio ejército real. Recordemos, al efecto, que Rodrigo esperó durante varios meses en Córdoba a que esas tropas vitizanas se le unieran. Jamás sospechó la defección ante un enemigo exterior, algo que más tarde se produciría en Guadalete cuando abandonaron el campo de batalla las alas vitizanas del ejército godo, al mando de Sisberto y Oppas, que dicho sea de paso no eran dignatarios originarios de la Tarraconense, sino visigodos toledanos que habían ejercido altos cargos eclesiásticos. Por ejemplo, Oppas fue durante varios años arzobispo de Sevilla, a la sazón la principal ciudad de Hispania.
No comparto en absoluto la idea de que en Guadalete muriesen también muchos de los nobles que traicionaron a Rodrigo. No sé de donde te sacas ese dato, que se contradice totalmente con los hechos contrastados de la tercera gran batalla ganada por Tariq, donde, esta vez sí, el valí de Tánger se enfrentó al ejército de la Tarraconense-Septimania, más numerosos voluntarios que llegaron de otras ciudades, y donde por primera vez el musulmán tuvo numerosas bajas y casi estuvo a punto de la derrota. Tariq, finalmente, consiguió ganar en Écija y los vitizanos pactaron la rendición. Muchos de los que se enfrentaron a Tariq acabaron sumándose a su bando, comenzando por el propio Oppas, a quien le vemos años más tarde negociando en Covadonga desde el lado musulmán, e incluso se le unieron no pocos judíos hispanos, cuyas fuerzas pasaron a custodiar algunas localidades que iban rindiéndose.
La derrota de Ecija contribuyo a una rápida conquista de la Betica y la toma de Toledo, pero Merida resistió hasta el 713. Poco despues fue tomada Zaragoza, y es probable que Tariq lanzase una ofensiva sobre Tarragona, aunque no es seguro. El periodo subsiguiente en la Tarraconense es confuso, pero es probable que en esa zona se produjese una fuerte resistencia a los musulmanes. Según el listado de reyes godos del monasterio de Ripoll, en el cual no aparece Rodrigo, Agila II se mantuvo tres años, a quien le siguió un tal Ardo, quien resistió las campañas de al-Hurr hasta el 719. Solo cuando Anbasa toma Nimes en el 725 podemos decir que el reino visigodo de Toledo ha dejado de existir. La resistencia de los godos de la Tarraconense y la Septimania no coincide con la de un foco de conspiradores witizianos.
La derrota de Écija, excepto para la ciudad de Córdoba (tomada por Mugait con 200 hombres y la ayuda interior de un contingente judío), no tuvo casi nada que ver con la conquista de la Bética, que corrió a cargo de Musa y su hijo Abd al-Aziz, llegados a la península un año y pico más tarde que Tariq. Tariq, desde Écija, se dirigió directamente hasta Toledo (ciudad que encontró casi vacía), Alcalá de Henares, Clunia, Amaya (Burgos) y León, regresando al cabo de casi dos años a Toledo para encontrarse con Musa. Musa, por el contrario, a su llegada a Hispania marchó hacia Sevilla y Mérida, capital de la Lusitania, donde se había refugiado una gran parte de las fueras reales supervivientes del Guadalete. El emir Musa marchó más tarde a Beja, en Portugal, y algún tiempo después envió a lo mejor de sus hombres, al mando de su hijo Abd al-Aziz, contra Iliberri (Granada) y contra las fuerzas de Teodomiro, en Lorca y Orihuela.
La campaña contra la Tarraconense no se produjo hasta el 713 (una vez controlado el resto de la península), de ahí que Zaragoza, igual que Huesca, Lérida, Tarragona y Barcelona cayesen ese mismo año, sin que la historiografía dé cuenta de ninguna resistencia especialmente enconada, sino más bien todo lo contrario. Era lógico, mientras Musa se acercaba hasta Salamanca y Lugo, Tarir fue quien se ocupó de conquistar la Tarraconense. Le acompañaron algunos nobles visigodos de esa zona, que habían resultaron derrotados en Écija. Esta frase tuya: “El periodo subsiguiente en la Tarraconense es confuso, pero es probable que en esa zona se produjese una fuerte resistencia a los musulmanes” o alguna otra frase que nos haga pensar en cierta resistencia en la Tarraconense, no aparece reflejada en la numerosa bibliografía que a lo largo de varios años he leído. De modo que te agradecería que me indicases alguna fuente documental que te mueva a pensar en esa resistencia a la invasión musulmana que reiteras una y otra vez. La lista de reyes godos del monasterio de Ripoll, espero que no te molestes que te lo diga así de claro, me merece la misma confianza que el Museo de Historia de Cataluña, donde no aparecen por ninguna parte los Reyes Católicos y, como dije en un artículo anterior, Josep Tarradellas tiene la misma importancia histórica que el conductor de tranvías que atropelló a Gaudí.
Lo que sí tiene más visos de ser cierto es que el teatro de operaciones del Nordeste quedó paralizado como consecuencia de la llamada del Califa a Musa y Tariq, obligados a viajar de regreso a Damasco en septiembre del 714. A Musa le sucedió su hijo como primer emir de Spanía. Abd al-Aziz consideró pacificado casi la totalidad del reino godo y prefirió dedicarse a una vida más relajada. Como se ha apuntado en el artículo objeto de esta polémica (bienvenidas sean siempre), se casó con Egilona, viuda de Rodrigo. Abd al-Aziz, desde su palacio de Sevilla, se dedicó a la buena vida y se reservó para sí la misión de pacificar la actual Andalucía y el levante mediterráneo, hasta Gerona, dejando para sus generales las incursiones en la Septimania.
No te parece un poco extraño que no quedase constancia de algún tipo de enfrentamiento entre Agila II (al que yo denomino Akhila, que es lo mismo) o Ardo con los ejércitos musulmanes. Dónde se ha visto que dos reyes, nada menos, deban ser considerados así a pesar de su clandestinidad. De nuevo disculpas si te sientes ofendido, pero la Historia de Cataluña en muchos casos es pura ciencia-ficción. El Ardo que tú citas, catalogado como rey por el monasterio de Ripoll, probablemente se corresponde con el Ardabasto que el gran arabista e hispanista Levi Provençal (francés), entre otros, cita como avenido con los conquistadores, exactamente igual que su hermano Akhila, a quien tu relación de reyes denomina Agila II. Ambos recibieron de Musa numerosas fincas en Toledo y Andalucía y, de ambos, nunca más se supo. Unos prefieren mitificarlos en una lucha despiadada contra los invasores, lucha de la que no hay constancia por ninguna parte y otros, como son los casos de Sánchez-Albornoz o el catedrático catalán de historia medieval, Salvador Claramunt, que igualmente confirma, citando al historiador árabe al-Razi, que “Akhila renunció a [sus posibles derechos] la corona sobre la antigua monarquía visigoda a favor del calida de Damasco (714), a cambio de recibir mil alquerías en la región de Toledo.
De modo, amigo mío, que mi comparación histórica la ratifico a todos los efectos.
Escrito por Policronio en: 5 de Octubre 2005 a las 01:27 AM Archivado en Históricos
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