La figura de Manuel Azaña ha despertado varias valoraciones acerca de sus posicionamientos abiertamente antidemocráticos. Decía Miguel de Unamuno bastantes años de la llegada de la II República: "¡Cuidado con Azaña, que es un escritor sin lectores y es capaz de hacer una revolución para tenerlos!". Por seguir con los intelectuales, y en clara referencia al político alcalaíno, confesaba Pérez de Ayala a Gregorio Marañón en 1939: "Me entró un escalofrío de terror al observar su espantosa degeneración mental... Todo estaba perdido para España con aquella gente".
Varios historiadores, no muchos, la verdad -más bien son francotiradores- han tenido la valentía de analizar los vicios antiliberales de Manuel Azaña. Recojamos algunas opiniones al respecto:
- Ricardo de la Cierva: "Cayó sistemáticamente en la agresión contra sus enemigos personales y, lo que es más grave, contra sus enemigos institucionales".
- Pío Moa: "No era propiamente un demócrata. Llegó a la República jactándose de su sectarismo, descalificando la moderación, dispuesto a exaltar a los 'gruesos batallones populares', es decir, a hacer demagogia obrerista, afirmando que sólo él y sus correligionarios tenían derecho a gobernar la República"
- González Cuevas: "No comprendo que se pueda llamar 'integrador' aun político que quiso, desde el principio, precindir de un sector cualitativa y cuantitativamente importante de la sociedad, es decir, de las derechas".
- José Antonio Cepeda: "El fracaso de la II República se debe a él; animado por un talante jacobino de cacharrería de ateneo, que terminaría por situar a España al borde del suicidio colectivo. Azaña fue el que radicalizó el enfrentmiento de las dos Españas. Su desprecio a los demás le llevó a suponer que no existían compatriotas que pensaban y sentían de una manera distinta a él, y por tanto, con pleno derecho a participar en la política".
- Torcuato Luca de Tena: "Azaña fue uno de los más nefastos políticos que ha tenido España; uno de los más torpes. Por sus obras los conoceréis, dice la Biblia. Y ahí está su obra: hundió a su Gobierno, hundió a la Repúblca y hundió a España. La apología de este señor, en nuestros días, me parece simplemente un desvarío".
Dejémoslo aquí. No queremos aburrir a nuestros sufridos lectores. Sí que nos llaman la atención ciertos parecidos existentes entre este Presidente de la República y otro que ustedes ya sabrán quién es.
Escrito por Smith en: Octubre 26, 2005 11:08 PM Archivado en Liberalismo, neoliberalismo, capitalismo, constitucionalismo
En relación a tu último parrafo, la verdad es que los comentarios de Cepeda y Glez. Cuevas invitan a la comparación. Aunque es muy probable que Azaña fuera mucho más listo que ZP.
Yo solamente leí un libro de Azaña, propiamente literario, en el que comentaba otro de Ganivet y al hilo hablaba de España, el desastre del 98, etc.. La verdad es que no lo recuerdo muy bien.
Hombre, un caritativo lector del escritor sin lectores...
Buenos días, Smith. A mí, que te conste, me picó la curiosidad Aznar. Parecía que si no habías leído a Azaña no eras nadie. Pero ya digo que el libro es propiamente un ensayo literario sobre Ganivet y su visión de España, etc. No recuerdo ni el título.
Ganivet, precursor del 98, y Azaña, organizador del barullo del 36... Ganadores del concurso a Don Pésimo del siglo XX. Los dos se ahogaron con la propia España. El uno, se suicidó. El otro, casi.
A juzgar por sus Diarios, Azaña era una ególatra y megalómano de mucho cuidado. Buen escritor, que conste, de los de digna segunda fila, con más talento que genio. En este sentido, tuvo la desgracia de escribir en un momento en que en España había auténticos monstruos, y el pobre estaba destinado a quedar un tanto eclipsado. Cosa que no le impidió considerarse la única persona inteligente en el país y dedicarse a despotricar, en privado, de todos sus colaboradores y aliados circunstanciales. Dejaba a los políticos de izquierdas con los que tenía que pactar una y otra vez a la altura del betún. Complejo de superdotado incomprendido, o algo así. Con ribetes infantiloides, además, porque su capacidad para la autocrítica era nula: sus ideas siempre eran las acertadas, y si fracasaban se debía a la incompetencia de los demás.
El hecho de que un tipejo así haya conseguido convertirse en paradigma de centrismo es un misterio para mí, cuando parece claro que tenía una concepción mesiánica de la politica según la cual sólo ÉL estaba capacitado para regir el país. En mi opinión, cuando Aznar lo puso como modelo, metió la pata hasta el fondo en aras de un corrección política que ha sido siempre un lastre lamentable para el PP.
Saludos a todos.
Si a Aznar le gustaba tanto el centro, podía haber optado por Lerroux. Pero no. Maricomplejines eligió Azaña. Conste que el PP, sociológicamente sería: un 33% Lerroux, un 33% Gil Robles y un 33% Calvo Sotelo. Con ninguno de los tres se atrevió Maricomplejines.
Smith, perdona que te contradiga, y no es por justificar a Aznar, pero Lerroux está tan olvidado que citarlo a esas alturas sonaría rarísimo (me refiero al momento en que Aznar se autoproclamó heredero intelectual de Azaña). Y encima tiene el estigma de sus antiguas consignas anticlericales (ya sabes, lo de "levantar el velo a las novicias...").
Lerroux, simplemente, no es una figura reivindicable. Azaña, por lo menos, ha conservado cierto prestigio como intelectual, aunque como político fuera nefasto.
Tampoco estoy muy de acuerdo en lo de que el PP sería un 33% tal, otro 33% cual... en términos sociológicos. Me parece muy arriesgado intentar trasladar a 2005 unas categorías de 70 años atrás.
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