Diciembre 27, 2005

Julián Marías: ser español

La apretada agenda prenavideña y navideña nos había impedido dedicar estas escuetas lineas a Julián Marías, gran liberal, defensor de las libertades y predicador de la búsqueda de la excelencia. La amplitud y profundidad de la obra del dicípulo de Ortega y Gasset es el mejor de los legados que nos ha podido dejar.

Varios han sido los libros que hemos leído de Marías y muchas las terceras de ABC que hemos devorado. Entre todas estas lecturas queremos traer aquí y ahora su libro Ser español. Ideas y creencias en el mundo hispánico, Editorial Planeta 1987.

¿Qué es ser español?, se preguntaba el autor. La cuestión nacional ha formado parte de la preocupación de los españoles desde el siglo XVI y el vocablo "las Españas" empezó a extenderse meridianamente desde el siglo XVIII. Entre las ideas y caracteres que Julián Marías recoge como tradicionales en la forma y el ser de los españoles, destacan los siguientes: Sobriedad, Misoneismo, Idealidad, Predisposición a la muerte, Religiosidad, Individualismo, Preocupación por la justicia...

Escribía Marías en este libro que la realidad nacional se estaba desdibujando de manera peligrosa; que los españoles estábamos empezando a no saber lo que es España; que de Castilla se habla poco, salvo para confundirla con España, identificarla con el centralismo, para compadecerla o para denostarla. "Hoy estamos -decía- en la amenaza de los reinos de taifas... Muchos parecen dispuestos a hacer almoneda de medio milenio de historia irreversible, inventar un pretérito que nunca existió y sustituir la realidad España por cualquier convención recién inventada".

Vaya desde aquí nuestro aplauso y nuestro homenaje a Julián Marías, el más grande de los filósofos españoles de los últimos cincuenta años.

Escrito por Smith en: Diciembre 27, 2005 10:24 AM Archivado en España | Un gramo de Metafísica

Comentarios

1 | ElJinetePalido   Diciembre 27, 2005 11:25 AM

Pues he de ser sincero y reconocer que nunca había leido nada de Julián Marías, y hasta no lo tenía muy bien ubicado. Espero en el futuro leer algo de su obra y hacerle en cierto modo justicia. Empezaré por el que recomiendas, Smith. Vaya también desde aquí mi respeto y mi homenaje. Quizá su muerte sea una siniestra metafóra, en esta España irracional la razón ya no tiene nada que hacer.

2 | Policronio   Diciembre 27, 2005 2:05 PM

El tema está claro, Biaeros. Marías ha sido siempre un liberal. La República y el franquismo fueron regímenes antiliberales. Ergo, Marías no llego a serle simpático a ninguno de los dos sistemas.

Se lo explicaré de otro modo aunque me consta que su mensaje no carece de ironía: En Red Liberal somos liberales, pero la izquierda en general nos cataloga de fachas. Por el contrario, si existiera un régimen neofranquista, nos consideraría rojos.

Y no le dé más vueltas, amigo. Estamos en el punto exacto en el que hay que estar cuando la libertad individual es el concepto más valorado: frente a todo tipo de liberticidas. Como lo ha estado Marías, un hombre capaz de compatilibilizar el amor a la patria y la libertad.

3 | Smith   Diciembre 27, 2005 2:27 PM

Para completar la contestación de Policronio, y en honor a Briaderos, copio literalmente algunas cosas que en ese libro, Ser español, dice Julián Marías acerca de la II República:

"Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra... Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes. Turbio suceso, cuyos orígenes nunca se han aclarado...

La República -sobre todo la palabra "República"- sucitó una oleada de entusiasmo, pero los republicanos fueron incapaces de mantenerlo. Sus partidos eran excesivamente "burgueses" -en el mal sentido de la palabra, quiero decir prosaicos-; eran también arcaicos, dependientes del siglo XIX, lastrados de viejos tópicos: anticlericalismo, vago federalismo, afición a las sociedades secretas (Lo dice Marías, no Smith), un tipo de "liberalismo" (entrecomillado por Marías) rancio, negativo y casi reducido a desconfiado del Estado, en una época en que la marea ascendente de su culto era a un tiempo el peligro más grave y la fuerza que había que orientar y aprovechar..."

4 | dagwood   Diciembre 28, 2005 12:40 AM

Confieso que el hecho de que a Julián Marías me lo hayan presentado siempre como "el discípulo amado de Ortega" me ha echado p'atrás a la hora de dedicar tiempo a leerle. Mea culpa.

Su hijo Javier parece tener una tremenda obsesión con airear la persecución que sufrió su padre bajo el franquismo. Más concretamente, ha convertido un tremendo espisodio en el que su padre fue falsamente acusado y "depurado" por el régimen franquista en materia novelística.

Copio y pego:

"Hay que reconocerle al señor Marías el buen gusto de haberse centrado en el hecho de que su padre fuera traicionado por alguien de su entorno, en lugar de destacar que el episodio se produjera bajo el franquismo, como podría haberse producido bajo cualquier régimen totalitario. Tal elección le ha permitido elevar la anécdota personal a una reflexión acerca de la fidelidad y la traición a un nivel que va más allá del ajuste de cuentas literario para llegar a... bueno, al nivel de otra de Javier Marías.

Que sí, que todos sabemos que sabe inglés,; ya no necesita demostrarlo en cada libro que publique; ya sabemos todos que su acento es Oxbridge total y que la pobre lady Di era una palurda si comparamos su pronunciación con la del Gran Javier. Pero, Javier, por favor: aprende a pintar a un personaje mínimamente creíble (no vale el rollo de "discípulo amado al que todos le repiten lo majo e inteligente que es sin haber demostrado previamente por qué coño le consideran tan majo y tan inteligente"; tampoco vale el rollo de "viejo profesor a punto de palmarla y que da la casualidad que acaba de conocer a un alumno ideal para ser el discípulo amado"). Hijo mío, prometes mucho, pero es que llevas años prometiendo... ahora no me vuelvas repetir que publicaste tu primera novela con 19 años, que bastante risa, guasa, mofa y befa tenemos con eso. ¿No te da vergüenza repetir siempre la misma historia?"

5 | Smith   Diciembre 28, 2005 1:19 AM

Javir Marías tiene muy poco que ver con su padre desde un punto de vista filosófico. Es el típico amargado de izquierdas que sólo parece realizarse arrojando basura contra el franquismo, como si el difunto dictador tuviera la culpa de ciertas mediocridades literarias.

6 | anton   Diciembre 28, 2005 9:39 AM

Si algún día las izquierdas españolas recuperaran la conciencia tendrían, tendríamos, que golpearnos el pecho como posesos y proclamar públicamente nuestra vergüenza e indignidad por haber maltratado a un ser como don Julián Marías, mucho mejor, más honesto, más luchador, más demócrata, más honrado y más limpio que todos nosotros.
Don Julián, y el cronista, además de leerle, siguió algunos de sus ciclos de históricas conferencias sobre filosofía, sobre España y sobre Ortega y Gasset, era un republicano esencialmente sabio y bueno, que siempre fue visto como extraño y maldito por el franquismo: era un peligroso liberal sin más amo que su conciencia.
Pero la izquierda fue, seguramente, peor con él, a pesar de haber sido el último amigo y la última compañía antes de su muerte de Julián Besteiro, aquél prototipo del PSOE verdaderamente humanista, que ahora hubiera visto con vergüenza, parecida a la que vivió en distintos momentos de la República y de la Guerra Civil, a donde ha llegado a caer su Partido.
Don Julián Marías, uno de los grandes pensadores europeos ya en la República, sufrió con el franquismo cárcel, persecuciones, exilio que él no veía como expulsión, sino como camino para enseñar en grandes cátedras americanas, como Yale, mientras le cerraban las cátedras de las universidades españolas. Puertas cerradas por mediocres a este gran metafísico, escritor, fotógrafo, amante del cine, en realidad polígrafo, sabio absoluto.
A don Julián lo rechazaban las universidades españolas porque nunca quiso firmar la adhesión a los Principios del Régimen – que sí suscribieron tantos profesores a los que admirábamos como demócratas--, y hasta le boicotearon su tesis doctoral.
Sin embargo, él nunca pronunció una palabra contra todos aquellos que tanto le dañaron, franquistas y antifranquistas, y después, a pesar de seguir siendo republicano, el rey Juan Carlos supo convencerlo para que fuera senador real de los que ayudaron a crear nuestro régimen de libertades.
La izquierda, en los años 1960 y 1970 lo despreciaba. Quienes siendo de izquierdas comprendíamos sus sentimientos amistosos hacia EE.UU., porque habíamos conocido, estudiado o vivido en aquél país, fuimos cobardes por ser incapaces de decir que tenía razón.
Callamos y dejamos correr la idea de que su amor por una democracia como la norteamericana quizás se debiera a que podía ser un agente del Imperio. El cronista tuvo ocasión de desmentir aquella idea en algunos círculos influyentes de la izquierda, cuando los acusadores y acosadores de don Julián no ocultaban su admiración por la URSS, por Fidel Castro, por Mao Zedong, por las horribles tiranías que el cronista conocería después. Pero no lo hizo por miedo, precisamente, a ser acusado de lo mismo que él.
El cronista se avergüenza ahora, porque en aquellos años fue incapaz de revolverse contra aquella izquierda que era una dictadura dentro de la dictadura, en la que toda idea fuera de la ortodoxia se suponía que tenía que proceder de un agente del imperialismo.
Pobre don Julián, cuánto daño le hicimos silenciándolo y despreciándolo, cuando él estaba más cerca de una izquierda sana y honesta procedente de un humanismo cristiano algo anglosajón y precursor del Vaticano II, más humano, justo y limpio, que del materialismo que nos parecía el principio y el fin del pensamiento racionalista.
Ha muerto un gran hombre, y cuando se homenajea a seres inmundos que participaron en matanzas, y a los que alguna vez admiramos por ignorancia, los que nos hemos ido del circuito miserable de la política oportunista sentimos desprecio de nosotros mismos.
Por haber sido injustos durante tanto tiempo con los hombres buenos como don Julián Marías, aunque hayamos tratado de enmendarlo tardíamente, ya en democracia, y por seguir aceptando que se presente a los malvados como a seres honorables


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