Luis Mendoza Pantion es un novelista mediocre, vulgar, del montón. Casi diríamos que es un mal novelista. Sinceramente, ¿quién conoce a este personaje fuera de la provincia de Córdoba? Apostaríamos a que, al margen de sus familiares y amigos, nadie. ¿Acaso lo conocían ustedes? Bien. El desconocido escritor acaba de zaherir a Pío Moa con estas palabras: "Una mala persona con posición y medios para incitar al enfrentamiento, acomodado en una parte para, con mentiras y ofensas, enfrentar a los representantes que eligieron los ciudadanos para administrar sus intereses".
Luego, el desconocido novelista, el inane escritor, esa mala persona llamada Luis Mendoza Pantion recoge las siguientes palabras de Moa, del 15-11-05: "...En su anterior etapa de poder, el PSOE creó la generación del botellón, el fracaso escolar y la telebasura, fomentó con un permisismo demagógico la droga y el alcoholismo y trató de reducir la sexualidad al puterío. Miles de jóvenes han muerto, o han enfermado... a resultas de la progresista educación impulsada por el PSOE". Estan mala persona el señor Mendoza Pantión -se cree el ladrón de Pantión, que son todos de su condición- que acusa al eximio escritor Pío Moa de "azuzarnos a los españoles unos contra otros". Cuánto odio y cuánta mediocridad, señores.
Porque veamos:
1. ¿No es cierto que la generación del botellón fue cosa del felipismo? ¿O es que va a resultar que viene de los tiempos de la Restauración o que es una herencia del canovismo?
2. ¿No es cierto que el fracaso escolar masivo se incubó con el PSOE? ¿O va a resultar que es de los tiempos de Menéndez Pidal. Lode, año 1985?
3. ¿Acaso la telebasura no nació bajo el mandato de Felipe González? ¿O es que fue Suárez el impulsor de tal invento: mama-chichos, tómbolas y demás?
4. ¿Acaso los socialistas como Tierno Galván y los cantantes "progres" no fomentaron el consumo desmedido de drogas y alcohol? ¿O es que fueron los tecnócratas opusdeistas del tardofranquismo los que invitaban a la juventud a "colocarse"?
5. ¿No es cierto que el SIDA se extendió como la pólvora en la época del Felipismo? ¿O es que la confusión entre libertad sexual y desmadre monumental la trajo la CEDA hace 70 años?
Mendoza Pantión es una mala persona. Adjudicar a Pío Moa tal condición (mala persona) sólo puede ser cosa de quien realmente los es (mala persona). Pío Moa vende en una semana más libros que Mendoza Pantión en veinte años, lo cual no tiene por qué decir mucho a favor de uno ni en contra de otro. ¿O sí?
Escrito por en: 29 de Diciembre 2005 a las 09:41 AM Archivado en Personajes
Los mediocres suelen sentirse legitimados ante la impunidad que proporcionan los gobiernos mediocres, "tolerantes" y progresistas. Impunidad únicamente aplicable a los que sistemáticamente achacan a otros sus propias culpas y responsabilidades. Y lo peor no es el no reconocimiento de errores, históricamente hablando, si no la voluntad de no enmedarlos.
Si Pinter gana el Nobel con su "indignación" tartufa, puro ictus de asco, ¿Por qué no promocionarse en literatura mostrándose beligerante ideológicamente, a ser posible sectario, o dar alguna clase de escándalo que llame la atención sobre uno?.
Me vienen a la cabeza la ceremonia de concesión del Premio Planeta, cuando un miembro del jurado, escritor también él, dijo que había poca literatura y mucha vida literaria en la obra ganadora, y fue calificado de enfant terrible de geriátrico por la autora de la misma, o la reciente polémica entre Reverte y Umbral, que tiene como telón de fondo la relación calidad/éxito en estos dos autores, o la entrevista a Dragó en Channel nº 4, de "La Cutre", en la que este presumía de que se fumaba tres porros previos al sexo antes de su enfermedad, y de haber mantenido relaciones homosexuales porque alguien como él, venía a decir, era un experimentador nato y no podía morir sin haberlo probado.
Sin entrar a valorar la calidad literaria de de estos autores, pues no he leído nada extenso de ninguno de ellos (ninguno de sus libros), ni puñetera falta que me hace, observo que lo no literario prevalece sobre lo literario con cada vez más frecuencia. Y esa no es una evolución muy positiva.
No estoy al tanto de la actualidad (propiamente) literaria, pues yo me quedé en Dostovieski, Camus, Hesse, Shakespeare, los clásicos grecorromanos...pero imagino que tiene que haber excelentes literatos por ahí, casi escondidos, a los que todo este circo mediático-político-polémico les parezca purito teatro...y no precisamente del bueno.
Luis Mendoza Pantión no es un mal novelista, ni una mala persona. Solamente es una víctima de si mismo, de su propia rebeldía juvenil empapada de ideología progresista hasta la médula.
Son muchos los que en su juventud, de forma borreguil, se han identificado con asesinos como el Ché. El Ché se ve como el símbolo antiyanqui. Hay mucha gente que, sin tener la mínima idea del asesino que fue, ven su cara e incluso les parece "guapo". Hay gente para todo. Algunos maduran, reflexionan y conciben que ese fatal personaje y su ideología es fruto del disparatado esquema ético-moral al que el mundo moderno parece haberse plegado. Otros sin embargo, sucumben ante él alienados e involuntariamente se desbordan en el abismo de la hiperdemagogia de la progresía y la hipocresía de lo "políticamente correcto" que termina casi siempre en lo absurdamente progresista.
El problema es que con cada nueva generación hay que recomenzar la tarea educadora que permita romper con tanta ignorancia y, lo que es peor, con tanta «falsa conciencia» renovada de mil maneras distintas. Nadie dude que los ideólogos y militantes de lo "políticamente correcto" nos lleven hacia una ruptura social de final imprevisto. El socialismo cuando pierde a finales del S XX todas sus convicciones y argumentos de su ideología, como de costumbre, persiste en seguir siendo un grupo anti-algo. Hoy es antiliberalismo, anticapitalismo, anti-USA, y en eso coincide con los talibanes, sus mejores aliados del siglo XXI. La gran ventaja de ser de izquierdas, solía decir Revel, es que la certeza sobre la bondad moral de las posiciones propias está al alcance de cualquier imbécil: basta y sobra con ser antiamericano siempre; pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.
Es típico de juventud la rebelión generacional y rechazar la ideología paterna pero son muchos progres, como Luis Mendoza, los que siguen anclados en su madurez en esa absurda rebelión, a pesar de que con el franquismo se labraron su posición con ayuda de sus padres arropados con el manto de la dictadura. Que le pregunten a Borrell y Barrionuevo cuando eran flechas de la OJE, el alcalde franquista de Salobre y su hijo José Bono, el Gobernador Civil de Teruel y su hijo Juan Alberto Belloch, un médico militar del Ejercito del Aire y su hija Carmen Romero, un magistrado franquista y su hija Mª Teresa Fdez. de la Vega, Víctor Manuel dedicando canciones a un tal Franco, etc, etc.
No debemos olvidarnos a Juan Luis Cebrián, Jefe de Informativos de TVE con Arias Navarro. Os informo que en su reciente artículo “Barbarie, religión y progreso”, Cebrián, otro “iluminado” escritor progre y eminencia pensante de la izquierda en el poder, ha escrito cosas como esta: “Sin las cruzadas y la Inquisición, sin la insidiosa Reconquista Ibérica, podríamos, ¿quien sabe?, haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina”. Hombre, puestas así las cosas, también “podríamos haber asistido” al descubrimiento de la teoría de la relatividad o la exploración del espacio y la conquista del sistema solar a partir del Mediterráneo. O a la completa islamización de Europa. Total “¿quién sabe?”. Aunque, para ser precisos, ¿”habríamos” podido asistir a tales venturas? Sin la insidiosa Reconquista, lo más probable es que ni Cebrián, ni Luis Mendoza, ni la mayoría de los españoles actuales hubiéramos llegado a existir físicamente, pues somos hijos de las repoblaciones reconquistadoras; no digamos ya a existir culturalmente: solo tenemos que mirar al Magreb para entender la clase de civilización ecuménica (el Islam tiene vocación ecuménica) de que disfrutaríamos, o disfrutarían los súbditos de un nunca vencido Al Ándalus. Cosas parecidas hacían y decían antaño en Moscú diversos intelectuales enamorados de la democracia, el pluralismo y la cultura del soviet. Por entonces, sin embargo, Cebrián prefería colaborar con el franquismo.
Todos éstos y sus hijos eran los que vivían de “puta madre”. Aquí ya nos conocemos todos y sabemos quienes son los elementos y elementas que actualmente siguen viviendo de las rentas franquistas de las que tanto reniegan.
Los, más o menos, 80 jóvenes socialistas que se presentaron en octubre del 74 en Suresnes para participar en el Congreso del PSOE, "supuestamente" en representación de los escasamente 2000 militantes en España ("supuestamente", porque nadie les había elegido para tal cometido), fueron todos universitarios (no hubo ningún obrero, excepto Redondo) con bastantes antecedentes franquistas y conversos recientes al socialismo. Felipe González había sido en los años 60 centurión de las juventudes falangistas; Alfonso Guerra, profesor de una Universidad Laboral, puesto para el cual se exigiría casi "limpieza de sangre" y "ser cristiano viejo”. El PSOE cayó en manos de un grupo de jóvenes ambiciosos, más oportunistas que socialistas, y ávidos de poder.
Ahí estaban la revista Historia 16, los coleccionables de El País, los libros de texto educativos de la Editorial Santillana, la propaganda de localidades y comunidades autonómicas socialistas, la historiografía marxista, los alumnos de la Escuela de Frankfurt, y hoy en día la aplastante mayoría mediática de Polanco, Vocento Tele 5, ABC y Correo, Grupo Moll, RTVE, Cuatro, La Sexta, TV3, ETB, TVG, etc.… todo el estercolero intelectual para mentir sobre la Historia, engañar a los españoles y enmascarar la verdad de numerosos hechos que están siendo ocultados por una propaganda sectaria. Es posible que nuestra sociedad esté creando una masa de imbéciles iletrados alumbrados por una izquierda destructora cuya maquinaria propagandística y de censura está muy bien engrasada.
El socialismo recoge lo peor del franquismo. Exacto, quizás sea la mejor definición de ese partido. El PSOE que hoy conocemos no pertenece al grupo de los antifranquistas, pues nunca luchó contra aquel régimen. Y se reorganizó, ya en los años 70, con permiso de la Guardia Civil y con apoyos hasta de la extrema derecha alemana, que veían en él un obstáculo al PCE –éste sí antifranquista aunque, desde luego, nunca demócrata–. Fue un partido completamente infiltrado por la policía, además. Cuando el PSOE acusa al PP de venir del franquismo olvida que los socialistas vienen también de él, de manera muy directa en muchos casos, y recogiendo parte de la clientela de aquel régimen, precisamente la más atrasada, la más afecta a corrupciones.
Pero lo peor de la herencia del Franquismo es el "franquismo sociológico" encarnado en el sectarismo del voto del PSOE, las "adhesión inquebrantable" del votante medio socialista, que votará al PSOE pase lo que pase, aunque les roben la cartera.
Los ciudadanos de a pie sólo se apercibirán de ello cuando el Estado – y la nación, arrastrada por su peso – se les caiga encima. Reduciendo a polvo todo aquello de lo cual estaba hecha su calma cotidiana, lo más inviolable de su mundo privado.
Luis Mendoza Pantión, nacido en Al Ándalus, a pesar de todo es un buen escritor. Almodovar con dinero público, como de costumbre, podría llevar a la gran pantalla una de sus inéditas obras: “Atomic Refuge Costa del Sol”. Estoy totalmente seguro que sería todo un éxito, pero para tal menester nuestro querido Luis Mendoza tendría que ponerse de cuatro patas mirando a La Meca.
cebrian vende acciones de prisa
Bueno, aunque a pasado bastante tiempo desde que este desinformado vocero publicara toda esta "morralla" sobre Luis Mendoza Pantion, no puedo hacer otra cosa que salir a desmentir semejante desproposito.
En primer lugar dire, que "mala persona" (que es como este individuo denomina a Luis Mendoza), es el adjetivo mas inapropiado y menos acertado que alguien puede utilizar para definirlo como persona.
A Luis Mendoza Pantion, en un momento dado, se le puede definir como persona de muchas maneras, pero jamas como "mala persona". Si alguien es capaz de decir esto de el y quedarse tan "pancho", es con seguiridad porque no lo conoce en absoluto.
Los ideales politicos, salvo en escepciones (ultras), dificilmente pueden reflejar el talante y el caracter de alguien. Igualmente pienso, que unos inofensivos articulos puedan reflejar lo mismo, por muy contrarios que sean a uno (ideologicamente hablando).
Yo, afortunadamente, cuento con suficientes argumentos para definir la persona de Luis Mendoza como "GRANDE". Cuando digo, "GRANDE", no lo estoy haciendo por su faceta de escritor. No soy el mas indicado para juzgarlo con la pluma en la mano, ni es mi intencion.
Esta claro que como escritor, no goza ni de fama ni de prestigio a nivel nacional. Pero ahi estan sus logros... entre los que se incluyen varios premios (hucha de oro incluida).
Hoy en dia, 30 años despues de conocerlo, puedo presumir a boca llena de mantener una buena amistad con el. Pero antes de amigo, fue mi profesor.
En aquellos años en que fui su alumno, lo peor que le podia pasar a un chico, es que su profesor fuese una "MALA PERSONA" (como dice este...). Con aquella libertad para la mano dura que los docentes de aquella epoca tenian, era muy facil crearse entre el alumnado, fama de canalla, de injusto, e incluso de tirano dictador. Que un profesor de los de entonces, se ganara a pulso la enemistad y la repulsa de varias generaciones de sus alumnos, estaba al orden del dia. Sin ir mas lejos, a un alto porcentaje de los que fueron mis compañeros incluyendome a mi, nos paso esto con uno de los profesores, y todo lo contrario con Luis Mendoza.
Lo normal en estos casos, es que si un profesor no se ganaba un puesto en la memoria de sus alumnos como "MALISIMO", simplemente terminaria siendo olvidado o poco recordado. Lo realmente dificil, es lo contrario, dejar huella entre los alumnos.
De aquellos que en el año 1979 tubimos la suerte de cruzarnos en su camino, solo soy uno mas entre los que disfrutan de su incondicional amistad.
Que un profesor de aquella epoca pueda, 30 años despues, mantener una estrecha relacion con mas de la mitad de sus alumnos de forma permanente, es casi una utopia.
Reuniones de ex-alumnos suyos para comer, cenar o salir al campo de "perol", estan al orden del dia, siempre con el como anfitrion.
Pero esto no es todo...
Cuando se cumplian 25 años de nuestra separacion al salir de octavo de EGB, estos numerosos y curiosos amigos suyos, entre los que me encuentro, decidieron un buen dia que LUIS MENDOZA PANTION se merecia un homenaje. Y asi fue...
Hasta la nada despreciable cantidad de 76, fuimos los "amigos" que decidimos brindarle este merecidisimo homenaje, al que no le faltaron numerosos discursos de agradecimiento, regalos e incluso la visualizacion de una pelicula documental sobre su vida que algunos de sus alumnos realizaron.
http://trinidad.multiforos.es/viewtopic.php?t=90. Este enlace de un foro de ex-alumnos suyos, refleja perfectamente con fotos y comentarios, lo que jamas nadie hizo por una "MALA PERSONA".
¿Alguna vez, Perry, te hicieron a ti algo "ligeramente" parecido?
Tu si debes de ser una "MALA PERSONA", pues para escribir parrafadas incendiarias asi a desconocidos, no se puede ser ni la mitad de "GRANDE" que es Luis mendoza Pantion.
Te invito a que veas nuestro foro, para que puedas comprobar por ti mismo como se trata a las "BUENAS PERSONAS".
Ojala se te atragante...
Acabáramos, entonces resulta que el tal Mendoza, que es quien llama a otros "mala persona", solamente es un ignorante con muchos amigos de su misma condición.
Me adhiero a todo lo dicho por Gerónimo. Respecto a lo de ignorante, se lo aplicaría a quien quiere acusar al Gobierno de Felipe González de cosas como el Sida o las drogas, cuando fue un fenómeno mundial, o de la tele-basura, cuando ésta se produjo con la llegada de las televisiones privadas, cuya autorización era una exigencia de todos los sectores derechistas o "liberales" del país.
No pongo en duda si el Sr. Mendoza es buena persona. Pero lo de buen profesor habría que replanteárselo en virtud de los resultados alcanzados en su alumnado.
Véase el gran número de faltas de ortografía. Entre otras:
Pantion, desproposito dire jamas politicos escepciones dificilmente caracter articulos ideologicamente intencion dia despues podia epoca tenian facil dia incluyendome terminaria dificil tubimos utopia anfitrion separacion merecidisimo visualizacion pelicula jamas mendoza Pantion.
Creo que el Profesor Mendoza os debería haber dado más clases de ortografía y menos paseos por el campo.
Sr. Gabriel Manzaneda:
¿Qué tendrá que ver ser liberal con la derecha que representa el PP de Rajoy?. Esto denota una gran mediocridad en usted.
Se lo voy a explicar a continuación (espero que el D. Luis Mendoza Pantión tome buena nota y reflexione sobre el tema):
Yo me considero liberal-conservador con el deseo de ser cada vez más liberal y menos conservador.
¿Representa el PP está línea de pensamiento?
No soy miembro del Partido Popular, pero el PP ha demostrado que tiene claro que España debe ser un Estado de derecho, que es importante la defensa de la Constitución y de las libertades… sin embargo, cuando nos vamos adentrando en la política económica empiezo a tener dudas por su inclinación a que todo sea público, o sea, que el papá Estado se encargue de todo. En otras palabras, preferencia por un Estado Socialista.
¿qué entiendes por "derecha"? Posiblemente, los que niegan su identidad sigan aferrados a la definición que hizo Noberto Bobbio partiendo de una edulcorada visión de la Revolución francesa. La izquierda sería la heredera de 1789 representando la pureza de la libertad, la igualdad y la fraternidad; mientras que la derecha es el autoritarismo, la desigualdad y el sálvese quien pueda.
El apego a esta consideración en apariencia infantil revela un cierto complejo y una compleja realidad. El primero parece claro: la incapacidad para definir un anclaje histórico y defenderlo sin temor. Y la segunda cuestión también es evidente: el conservadurismo se ha impuesto sobre el liberalismo. Ya Hayek denunció que los conservadores habían asumido quehaceres socialistas. Hoy, la derecha que dice no serlo sigue la estela de aquel conservadurismo socialdemócrata, con una pátina de tecnocracia fraguista, recelo a los liberales, y la derrota presente en ese discurso complaciente con la izquierda.
En relación con los medios de comunicación, en la España democrática hay dos ideologías que, pase el tiempo que pase, mantienen idéntica relación de desconfianza y aversión ante la libertad de expresión. Se trata, por un lado, de cierta derecha autoritaria y antiliberal, nostálgica y de corte elitista. Y por otro, del izquierdismo radical en cualquiera de sus variedades, independentista o frentepopulista, igualmente antiliberal.
La relación entre ambas es ambigua, porque aunque teóricamente enfrentadas, ambas comparten lo fundamental: la creencia en que la historia avanza en clave progresista, que está determinada por fuerzas económicas, sociales o culturales a las que es inútil oponerse. La izquierda cree en esto de manera optimista, y lo que hace es fiscalizar y en señalar a todos aquellos que se opongan al progreso, a la "modernidad", al laicismo o a los "nuevos derechos". Es así como la izquierda española justifica hoy la vulneración de la libertad de expresión y defiende la censura para quienes le llevan la contraria.
La derecha arcaica también cree en este progreso, aunque no le guste. No cree posible hacer nada ante la izquierda, más allá de contemporizar con ella lo mejor que se pueda, y adaptarse a sus cambios. Esto es, "centrarse", pegarse a la izquierda lo más posible. Es una derecha extemporánea, que no encuentra su sitio ni su tiempo, incapaz de proponer una alternativa real al progresismo: como no la tiene, entiende que lo moderno, lo "liberal" y moderado es actuar de tal forma que el izquierdista no pueda reprocharle nada. En la España actual, se trata de una derecha colaboracionista ante el cambio de régimen de Zapatero.
Frente a ambos se sitúa en España el liberal-conservadurismo contemporáneo. Frente a la izquierda, porque niega que exista el progresismo histórico, y lo discute en todos los frentes culturales o mediáticos. Frente a la derecha autoritaria, porque niega el progresismo que ésta ya ha aceptado, su actitud derrotista y entregada, su incapacidad para construir alternativas y su obsesión por controlar la sociedad civil. La independencia de ésta, la capacidad de articularse al margen del poder político, irrita sobremanera a este tipo de derecha.
En España hoy, el mundo liberal-conservador les parece a los dos una aberración. Para la izquierda, porque le disputa ideas, le quita lectores, oyentes, votantes. Para la derecha nostálgica, porque frente a su incapacidad política y teórica muestra una vitalidad y una capacidad de acción que ésta considera intolerable e incontrolable. A ambas, la efervescencia liberal-conservadora actual, en radios, blogs, periódicos digitales, think-tanks o asociaciones y agrupaciones de todo tipo, les violenta, les irrita, les molesta y les crispa. Por su propia naturaleza intervencionista, ven con sospecha todo ello, que se les aparece como subversivo y peligroso.
Este es el origen de la "crispación" y de la ofensiva contra el mundo cultural y mediático liberal. El juicio y posterior condena a Jiménez Losantos han sido el punto culminante de una ofensiva liberticida inaudita. Durante meses, los medios de la izquierda han ido situando al locutor y fundador de Libertad Digital en el punto de mira de todas sus baterías. Da igual que se tratara de espacios de humor que de portadas de revista, de editoriales que de tertulias, de radio que de televisión o prensa. La campaña pasada y presente contra él ha sido brutal, salvaje, descarnada. A efectos históricos, es la misma campaña que la izquierda desata periódicamente contra todo aquel que pone en peligro su preeminencia social y cultural. En España, cuando alguien en la derecha saca la cabeza, la izquierda se dispone a cortársela.
Cumpliendo su papel de compañera de viaje, la derecha colaboracionista se encontró la campaña de agitación izquierdista hecha, y sólo tuvo que adaptarse a ella y culminarla. Se unió a la izquierda contra la España liberal. Que haya sido desde el Partido Popular desde donde se haya hecho el trabajo sucio a la izquierda muestra el peligro real de involución política en este partido, de abandono de principios y actitudes que para un liberal son irrenunciables. En 1996, el Partido Popular presentó un proyecto alternativo al del progresismo, que le acusó de crispación, de poner en peligro la democracia y de usar el insulto como arma política. Ya entonces, la derecha autoritaria compartió este discurso. Pero no fue ganándose la simpatía de la izquierda de los GAL y la corrupción como se ganó entonces, y no será agradando a la izquierda de Zerolo, del Tinell y del pacto etarra como se ganará en el futuro. Y mucho menos dejándose llevar por la derecha colaboracionista y autoritaria que sospecha del liberalismo tanto como la izquierda, y que se convierte en el solícito brazo ejecutor contra una sociedad civil liberal-conservadora que está y estará en el punto de mira de la censura izquierdista durante los próximos años.
Los postulados liberales que asumió el Partido Popular hace ya casi 20 años contribuyeron de forma decisiva a renovar ideológicamente el centro derecha español. Fueron esos postulados liberales que invoca José María Lassalle (el ideólogo del nuevo PP rajoyesco)en su artículo de El País los que hicieron posible que el Partido Popular gobernara en España durante 8 años, los de mayor libertad, prosperidad y bienestar de nuestra historia reciente. Y han sido esos postulados liberales, que Esperanza Aguirre ha defendido siempre abiertamente y sin complejos, los que han permitido al Partido Popular obtener los mejores resultados de su historia en la Comunidad de Madrid.
A todo verdadero liberal, nada le entusiasma más que debatir sobre cuáles son las vías más eficaces para poner en práctica las ideas y las políticas liberales. Un verdadero liberal jamás rehúye el debate de las ideas.
Y el principal reto para los liberales del siglo XXI es, en mi opinión, combatir ese totalitarismo de terciopelo, heredero de los totalitarismos duros del siglo XX. Un nuevo totalitarismo que reparte credenciales de corrección ética, moral y política desde el oportunismo político y desde el relativismo moral y cultural donde está instalado, que redefine los conceptos a su antojo, que trata de excluir de la vida política a quienes no comulgamos con sus ruedas de molino y que destruye por su base las ideas y los valores sobre los que se asientan las sociedades libres y abiertas.
Mucho me temo que algunos liberales, como Lassalle, están cayendo en la trampa de los totalitarios de terciopelo. Mucho me temo que comienzan, quizá por fatiga de combate, o quizá porque, en su fuero interno, ya han dado por perdida la batalla antes de comenzarla, a comprar los carnés de limpieza ideológica que reparten los socialistas. Tanto es así que el propio Lassalle utiliza en El País el término "neoliberal" peyorativamente, exactamente igual que lo hacen los socialistas. Alude, igualmente, al "fundamentalismo de mercado", otro de los latiguillos típicos con que la izquierda ataca a los liberales. A Lassalle llega a inquietarle que Esperanza Aguirre cite en sus intervenciones a dos de los grandes maestros del liberalismo en el siglo XX: Hayek y Friedman. Y también señala Lassalle con el dedo, peyorativamente, a Reagan y Thatcher, que, con todos sus fallos y sus errores, no hay que olvidar que fueron quienes ganaron la guerra fría utilizando la mejor y más eficaz de las armas: el debate ideológico y la firmeza en la defensa de la libertad.
Por eso mismo, no es extraño que Hayek y Friedman, en el plano teórico, y Reagan y Thatcher, en el plano de la política práctica, sean las principales bestias negras de los enemigos de la libertad. Sí es extraño, en cambio, que un liberal como Lassalle se una al coro de detractores de dos pensadores y de dos líderes políticos occidentales a quienes, con todos sus errores y sus defectos, el mundo libre debe en buena parte su libertad y su bienestar actual. ¿Acaso es ese el precio que hay que pagar para obtener los carnés de limpieza ideológica y corrección política que otorgan los socialistas? ¿Hay que renegar de quienes han defendido, ante todo, la libertad, bien desde la cátedra o bien desde la tribuna política? Si ese es el precio, somos muchos los que no estamos dispuestos a pagarlo.
El verdadero liberalismo siempre es y será igualitario e integrador. No necesita comprar esas virtudes en la tienda de enfrente, porque son consustanciales a él. Y el verdadero liberalismo jamás podrá ser trasnochado ni excluyente. Porque el liberalismo es, por naturaleza, enemigo de la arbitrariedad y de los privilegios de casta. Por eso el verdadero liberalismo jamás podrá ser antipático. Salvo para los enemigos de la libertad, naturalmente.
El liberal tiende a ser tolerante, ciertamente, con las ideas de los demás. Pero lo que lo caracteriza es una forma concreta de entender la economía y la sociedad, basada en el reconocimiento de los derechos de las personas a lograr sus objetivos en un marco institucional que sólo limite su libertad cuando colisiona con la libertad de los demás. En la esfera económica esto implica, por una parte, un respeto profundo al derecho de propiedad y al principio de la libertad de contrato; y, por otra, un Estado que acepte que lo más beneficioso para la mayoría de la gente es una actuación pública en la vida económica que interfiera lo menos posible en las decisiones y en los contratos de las personas en un mercado libre. La confusión terminológica ha llegado a tal nivel que no sólo quienes no son liberales se autodenominan así; resulta, además, que niegan el calificativo a quienes lo son realmente. Surge entonces el término "neoliberal", que es utilizado, por lo general, como un arma arrojadiza contra quienes siguen dispuestos a defender los valores básicos de una sociedad y una economía libres. El mensaje es claro: como ser liberal es algo bueno, yo soy el liberal; como defender la economía de mercado es algo malo, quien la apoye a lo más que llega es a neoliberal.
Surgen entonces expresiones con tan poco sentido como socialismo liberal o liberalismo social, en un intento de obtener una síntesis de dos modelos –el socialismo y el liberalismo– que se combinan tan bien como lo hacen, por ejemplo, el agua y el aceite.. Utilizar estas expresiones es como hablar de círculos cuadrados, hielo caliente o prostitutas vírgenes.
El Estado ha de ser reducido –o mínimo, que diría el gran Robert Nozick–, y que sólo debe ocuparse de proteger la vida y la propiedad.
El Estado Providencia ha fomentado la creencia de que para preservar la igualdad hay que limitar la libertad. se trata de "un error fundamental, porque el valor moral es el de la igualdad ante la ley, la gran conquista del Estado de Derecho, por la cual ningún ser humano puede ser discriminado y maltratado por los poderosos". La igualdad compatible con la libertad es, por eso mismo, incompatible con el despojo de unos individuos para mantener a otros. Defender ese robo, por muy legal que sea, equivale a legitimar la envidia y el parasitismo.
Cuando el Estado interviene activamente en vidas y haciendas se produce una relajación moral tal que la gente acaba por pensar que, pase lo que pase, el Gobierno encontrará y pondrá el remedio a cada problema. Entonces, los niveles de irresponsabilidad suben como la espuma, y los que no son disolutos empiezan a pagar los platos rotos.
Pues bien, así es la sociedad en que vivimos. Los impuestos son tan exorbitantes, que nos pasamos la mitad de nuestra vida laboral trabajando para pagarlos. Los impuestos altos impiden la movilidad social, de ahí que perjudiquen especialmente a los más pobres y a las clases medias.
No todo es economía en el liberalismo. De hecho, la clave de éste es, como su nombre deja adivinar, la libertad. Por eso "El poder nos concede la libertad, como los doce puntos en el carné de conducir". Este afán por controlarlo todo, favorece el castigo y la represión. Pero ¿que hace el Estado cuando el castigo y la represión fracasa? Pues... redoblar el castigo y la represión...
sólo se puede ejercer el poder contra un individuo para "impedir que dañe a otros". Es decir, que el Estado debería dejarnos en paz, a menos que robemos, extorsionemos, matemos o no cumplamos los contratos que hayamos suscrito. Por lo demás y por supuesto, tampoco debería protegernos de nosotros mismos, ni ejecutar campañas de prevención de daños hipotéticos.
Hay constancia del surgimiento en el PP de una tendencia a caerles simpáticos a los nacionalistas y avisos de que debía huir del terrible "liberalismo antipático". No sabíamos, sin embargo, que también se proponía resultarle agradable a Zapatero y aplaudirle los discursos. Va a resultar que estos flamantes chicos de Génova sólo son antipáticos con quienes denuncian, como San Gil, el verdadero rostro del nacionalismo. Pero, claro, enfrentarse a esa tropa retrógrada y totalitaria ahora se considera estigma de la "derecha dura".
El problema es que el PP, actualmente, no sabe qué ideas defiende; por no saber, ni siquiera sabe si tiene alguna idea que defender. Me refiero a una construcción filosófica basada en el análisis serio de la realidad, no a los movimientos tácticos que tienen por objeto contentar al mayor número de idiotas posible y que se rigen por las encuestas precocinadas por Arriola; pero es que en en este terreno donde se mueve últimamente ese partido desnortado y sedicentemente liberal.
Siempre es así cuando de lo que se trata es de mantener el poder de un partido. Sonríen todos los enanos. Todos están ahí. Juntos, muy juntos, están los vociferantes y los recatados, los prudentes y los engolados por sus miserias. Bullen. Diputados, senadores y miles de cargos del PP bullen. Bullen y bullen como si estuvieran en una gusanera. No quieren saber otra cosa que no tenga que ver con su personal y egoísta futuro. No quieren percatarse de que nos estamos jugando algo más que el mantenimiento de sus sueldos y prebendas. Sus miserables parcelas de poderes les impiden ver que estamos ante una crisis de envergadura. Estamos ante una nueva crisis de España. Del poder de la nación española. Pero pasan de todo por sus miserables intereses personales.
Hiede la cúpula del Partido Popular; hiede a podredumbre, a miseria, a mentira, a cobardía. Siempre me enseñaron que lo peor de la cobardía es que hace actuar mal a los buenos.
El partido del centroderecha español es hoy, menos que nunca, un partido político. No cabe duda de que es un partido, una agrupación que se esfuerza por ganar elecciones y gestionar el poder, o la oposición si fracasa. También parece evidente que parte de sus miembros sostienen ideas y valores distintivos, lo que les lleva a pensar, probablemente, que son afiliados de un partido político y no socios de una empresa de administradores y aprovechadores de la cosa pública, al igual que los del Psoe. Pero se equivocan. Quienes han llegado a dominar en las alturas del tinglado, la mayoría de los que se sientan en sus diversas cimas y cúpulas y toman las decisiones, son algunas de las gentes más despolitizadas y desideologizadas de España.
PSOE y PP son los burócratas de la política. Los que no arriesgan ni un rincón de su reino enmoquetado por batirse por unas ideas y, en las encrucijadas, escogen siempre el camino más fácil. Es esa condición la que permite cambiar de estrategia o de principios de un día para otro. Suele ocurrir cuando no se tienen convicciones. Incluso terminan por adoptarse las de otros. ¡Total!
El PSOE, desde luego, es una maquinaria de poder. De ese modo y con ese fin se refundó en la Transición, después de las largas vacaciones, y fue por ello un saco receptor de todo tipo de desechos. Tampoco en su seno hay sombra de debate político. Pero se aprecia una importante diferencia. El aparato del Partido Socialista es consciente de que su capacidad de mantener el poder se sustenta en las ilusiones que proyecta el etéreo mundo de las ideas (todas falsas y demagógicas orientadas para una aborregada masa de votantes cautivos), mientras que el PP de Rajoy se ha convencido finalmente de que sólo podrá conquistarlo si camufla y oculta las ideas que representa.
Ronald Reagan, quien fue capaz de rearmar ideológicamente a todo un país tras décadas de nihilismo progre. Reagan, que venía de una familia insignificante, fue capaz de imponerse al aparato de su partido y afrontar la situación logrando que la gente recuperara el amor por la libertad. Del mismo modo, triunfó en Inglaterra el capitalismo popular de Margaret Thatcher, que redujo el tamaño del Estado y reforzó el protagonismo del ciudadano.
Pero Rajoy y sus postulantes han optado por otro modelo, o lo que sería más exacto, por el no-modelo que es el pragmatismo. En esta línea más o menos incoherente se han movido gobernantes defensores del statu quo intervencionista a través de la subvención y el subsidio, desconfiados de la libertad y, en el fondo, encantados con la herencia socialista.
Somos muchos, legión, los que pensamos que lo más importante es la libertad, que el desproporcionado tamaño del Estado sólo sirve para ahogar la iniciativa individual, que la educación nunca es cosa del Estado, que la familia es más importante que la comunidad, que un partido político sin democracia interna es pazo o cortijo, que la discrepancia es muy sana, que el pluralismo informativo es necesario para una fecunda convivencia. No importan las siglas, importan las ideas que subyacen en ellas y las sustentan.
Uno del PP me dijo una vez lo siguiente ¿qué es eso de liberal? Yo no soy liberal porque para ser liberal hay que ser rico, como Rato". Qué nivel, Maribel.
Va a tener razón Mariano Rajoy cuando se pone a rajar por mitad de la barba y coge, agarra, va en Elche y dice que liberales, lo que se dice liberales, son veinticinco personas en Madrid, y me creo que aún se queda largo. Si liberales hay veinticinco tirando muy por lo alto, como estima generosamente Rajoy, yo pensaba que liberalconservadores en cambio eran buena parte de esos millones que votan al PP en España, siendo que los democristianos, esos cristianos raritos, se comieron primero a los leones y luego se devoraron entre ellos o se fueron a perder elecciones como el profesional de eso Javier Arenas, los socialcristianos están demasiado ocupados dando clases de marxismo revolucionario como para ir a votar y los socialdemócratas, desconfiando de la copia, votan al PSOE tapándose la nariz con una mano y con la otra poniéndola "a la egipcia" a ver si les cae algo.
Pero las "nuevas formas" en el PP anuncian ahora que no, que hemos cometido un trágico error. Según Rajoy, el PP es un partido "popular", como si eso pudiese ser una ideología, y en él no sobra ni un socialdemócrata, aunque sí todos los liberales y conservadores que lo deseen.
Los liberales son partidarios del Estado Mínimo. Pero eso ya lo ha logrado Zapatero, que ha dejado al Estado español en condiciones anoréxicas, mientras cobran vigor las fuerzas nacionalistas e independentistas.
Los liberales siempre hemos propuesto un Gobierno limitado y democrático, con independencia de los poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– y facultades claramente limitadas. Estos conceptos modernos provienen de la Ilustración Liberal de los siglos XVII y XVIII en Escocia y el continente europeo.
En lo que sí insistimos los liberales es en limitar las funciones del Estado a las que históricamente lo hicieron aceptable y conveniente para la gente: imponer el orden y la justicia.
No creemos que sea una legítima función del Estado interferir en el pacífico quehacer de los ciudadanos en la búsqueda de su bienestar y felicidad.
Algo que rara vez se menciona es que las facultades ejercidas por los gobiernos democráticos y representativos fueron delegadas por los ciudadanos para la legítima protección de nuestras vidas, posesiones y derechos. Como los ciudadanos sí tenemos el derecho de protegerlas, podemos delegarlo. Por el contrario, no tenemos ningún derecho a intervenir en los actos pacíficos de los demás y por tanto tampoco podemos legítimamente delegar a un Gobierno para que lo haga. ¿De donde sacan los gobiernos la facultad de intervenir en lo que hacemos y en cómo utilizamos nuestros propios recursos, cuando lo hacemos sin violar los derechos de terceros? Esta pregunta no gusta a los intervencionistas porque no tiene respuesta.
En todas partes hay gente que quiere utilizar el poder coercitivo del Estado para resolver sus propios problemas y poder vivir a expensas de los demás, justificando la indebida intromisión del Estado diciendo que en todas partes se hace. Así justifican indebidamente la utilización del poder coercitivo del Estado para expropiar con impuestos que no son generales ni iguales para todos, quitándoles a unos para beneficiar a otros. Y a eso lo llaman descaradamente "transferencias", pues transfieren a unos lo que le pertenece a otros. Y a la palabra "justicia" le agregan el adjetivo "social" para describir exactamente lo opuesto a dar a cada quién lo que legítimamente le pertenece.
Se recurre entonces a la metáfora antropomórfica de dar calidad de persona humana al Estado y se le considera altruista, bondadoso, honesto y competente. Se olvida que es una simple organización de políticos y burócratas que son seres humanos, con sus propias prioridades y limitaciones, a quienes con leyes se autoriza a hacer cualquier cosa bajo la excusa del interés general, incluyendo la violación de derechos individuales. Ingenuamente se considera al Gobierno como un agente de progreso y así suele intervenir con un enredo de regulaciones que impiden el progreso.
Mises demostró en su contribución más original al pensamiento económico, que el socialismo no sólo destruye el incentivo de la pérdida y la ganancia y la libre competencia al tiempo que la propiedad privada de los medios de producción, sino que hace imposible el cálculo, la coordinación y la planificación económicas y por tanto genera caos. Como el socialismo implica la abolición del sistema de precios y de la división intelectual del trabajo, implica la concentración y centralización de todas las tomas de decisiones en manos de un agente: el órgano planificador central o el dictador supremo.
Aún así la planificación de un sistema económico está más allá de cualquier conocimiento: el número, variedad y localizaciones de los distintos factores de producción, las distintas posibilidades tecnológicas abiertas y las distintas permutaciones y combinaciones posibles de lo que podría producirse están con mucho fuera del alcance de la comprensión del mayor de los genios. Mises demostró que la planificación económica requiere la cooperación de todos los que participan en el sistema económico. Sólo puede existir en el capitalismo, donde cada día los empresarios planifican a partir de cálculos de pérdidas y ganancias, los trabajadores a partir de los salarios y los consumidores a partir de los precios de los bienes de consumo.
Las contribuciones de Mises al debate entre capitalismo y socialismo (el asunto principal de los tiempos modernos) son aplastantes. Antes de sus trabajos, la gente no apreciaba que el capitalismo sí tiene planificación económica. Aceptaban sin crítica en dogma marxista de que el capitalismo es una anarquía de producción y el socialismo representa la planificación económica racional. La gente estaba (y sigue estando en su mayoría) en la posición del Jourdan de Moliere, que no se daba cuenta de que llevaba toda la vida hablando en prosa. Pues, al vivir en una sociedad capitalista, la gente está literalmente rodeada de planificación económica y aún así no se dan cuenta de que existe.
Todos los días hay incontables empresarios que planifican expandir o contraer sus empresas, que planifican lanzar nuevos productos o abandonar los viejos, que planifican abrir nuevas sucursales o cerrar algunas de las existentes, que planifican cambiar sus métodos de producción o continuar con los presentes, que planifican contratar a más trabajadores o dejar ir a algunos de los actuales. Y cada día hay incontables trabajadores que planifican mejorar sus capacidades, cambiar sus trabajos o lugares de empleo o dejar las cosas como están, y hay consumidores que planifican comprar casas, coches, estéreos, carne y cómo emplear los bienes que ya poseen (por ejemplo, yendo a trabajar en coche o en transporte público).
Aún así la gente niega el nombre de planificación a toda esta actividad y los reserva para los débiles esfuerzos de un puñado de funcionarios, que, habiendo prohibido la planificación de todos los demás, pretende que su conocimiento e inteligencia puede sustituir a los de decenas y cientos de millones de personas. Mises identificó la existencia de planificación bajo el capitalismo, el hecho de que se basa en los precios ("cálculos económicos") y el hecho de que el precio sirve para coordinar y armonizar las actividades de los millones de planificadores independientes.
Demostró que cada individuo, al verse afectado por la percepción de beneficios o ingresos y limitado en sus gastos, se ve obligado a ajustar sus planes particulares a los de otros.
Por ejemplo, el universitario que decide ser contable en lugar de artista, al valorar los mayores ingresos que puede percibir como contable, cambia su plan de carrera en respuesta a los planes de otros de adquirir servicios de contabilidad en lugar de pinturas. El individuo que decide que una vivienda en un barrio en particular es demasiado cara y por tanto renuncia a su plan de vivir allí, se ve afectado igualmente por un proceso de ajuste de sus planes a los de otros, pues lo que hace tan cara a la vivienda son los planes de los demás de comprarla, al querer y poder pagar más por ella. Y sobre todo, como demostró Mises, cada negocio al buscar obtener ganancias y evitar pérdidas, se ve obligado a planificar sus actividades de una manera que no sólo sirva a los planes de sus consumidores, sino que tenga además en cuenta los planes de todos los demás usuarios de los mismo factores de producción dentro del sistema económico.
Así pues, Mises demostró que el capitalismo es un sistema económico planificado racionalmente a través de los esfuerzos combinados e interesados de todos los que participan en él. Demostró que el fracaso del socialismo se produce por el hecho de que no representa una planificación económica, sino la destrucción de la planificación económica, que sólo existe bajo el capitalismo y el sistema de precios.
Mises no era ante todo un anti-socialista. Era un pro-capitalista. Su oposición al socialismo y a todas las formas de intervención gubernamental proviene de su apoyo al capitalismo y su consecuente amor por la libertad individual y la convicción de que los intereses propios de la gente son armoniosos (de hecho, la ganancia de alguien en el capitalismo no sólo no es la pérdida de otro, sino que realmente es la ganancia de otros). Mises fue un constante defensor del hombre hecho a sí mismo, del pionero intelectual y empresarial, cuyas actividades son la fuente de progreso para toda la humanidad y que, como demostró, sólo pueden florecer bajo el capitalismo.
Mises demostró que la competencia bajo el capitalismo es de un carácter completamente distinta de la competencia en el reino animal. No es una competencia por los medios de subsistencia escasos que provee la naturaleza, sino una competencia por la creación positiva de nueva riqueza adicional, con la que todos ganan. Por ejemplo, el efecto de la competencia entre granjeros que utilizaban caballos y granjeros que utilizaban tractores no fue que el primer grupo muriera de hambre, sino que todos tuvieron más comida y a la vez más ingresos disponibles para comprar mayores cantidades de otros bienes. Esto fue cierto incluso para los granjeros que "perdieron" la competición, ya que se reubicaron en otras áreas del sistema económico, que pudieron así expandirse precisamente en virtud de las mejoras agrícolas. Igualmente, el efecto de que el automóvil suplantara al caballo y el carro fue beneficiar incluso a los antiguos criadores de caballos y herreros una vez que se produjeron la reubicaciones necesarias.
En un importante estudio de la Ley de Ventajas Comparativas de Ricardo, Mises demostró que hay espacio para todos en a competencia capitalista, incluso para quienes tienen las habilidades más modestas. Esa gente sólo necesita concentrarse en las áreas en las que su relativa inferioridad productiva sea menor. Por ejemplo, un hombre que no sea capaz de ser más que empleado de limpieza no debe temer la competencia del resto de la sociedad, aunque casi la totalidad de sus miembros podrían limpiar mejor que él, si quisieran dedicarse a eso. Pues independientemente de lo buenos empleados de limpieza que puedan ser los demás, su ventaja en otros empleos sería aún mayor. Y mientras que la persona con habilidad limitada quiera trabajar por menos como empleado de limpieza que lo que otros puedan ganar en otros empleos, no tiene de qué preocuparse respecto de la competencia. De hecho, les supera como empleado de limpieza al ser capaz de aceptar un salario menor que ellos. Mises demostró que también en este caso prevalece la armonía de intereses, pues la existencia del empleado de limpieza permite a gente con más talento dedicar su tiempo a tareas más exigentes, al tiempo que su existencia le permite a aquél obtener bienes y servicios que de otra manera de sería del todo imposible obtener.
Basándose en estos hechos, Mises argumentaba contra la posibilidad de conflictos innatos de intereses entre razas y naciones, así como entre individuos. Pues incluso si algunas razas o naciones fueran superiores (o inferiores) a otras en todos los aspectos de su capacidad productiva, la cooperación mutua de la división del trabajo seguiría siendo ventajosa para todos. Por tanto, demostró que todas las doctrinas que alegan conflictos innatos se basan en una ignorancia de la economía.
Argumentó con una lógica incuestionable que las causas de la guerra son resultado de la interferencia gubernamental, en forma de barreras comerciales y migratorias, y que esa interferencia al restringir las relaciones económicas exteriores es producto de otra interferencia gubernamental que restringe la actividad económica doméstica. Por ejemplo, los aranceles se hacen necesarios como medio de prevenir el desempleo sólo por la existencia de leyes de salario mínimo y legislación a favor de los sindicatos, que evita que la masa laboral local afronte la competencia extranjera mediante la aceptación de salarios inferiores cuando sea necesario. Demostró que la base de la paz mundial es una política de laissez-faire, tanto nacional como internacional.
En respuesta a la maliciosa y muy difundida acusación de los marxistas de que el nacional socialismo alemán o comúnmente llamado nazismo era una expresión del capitalismo, demostró, además de todo lo anterior, que el nazismo era realmente una forma de socialismo. Cualquier sistema caracterizado por controles de precios y salarios y por tanto por las restricciones y el control gubernamental de la producción y la distribución, como era el nazismo, es un sistema que en el que el gobierno es, de facto, el propietario de los medios de producción. Pues en esas circunstancias el gobierno decide, no sólo los precios y salarios marcados y pagados, sino asimismo lo que hay que producir, en qué cantidad, por qué métodos y dónde tiene que enviarse. Todas estas son prerrogativas de la propiedad. Esta identificación del "socialismo al estilo alemán", como lo llamaba, es un inmenso valor para entender la naturaleza de todas las demandas de control de precios.
Mises demostró que todas las acusaciones hechas contra el capitalismo o eran completamente infundadas o deberían dirigirse contra la intervención gubernamental, que destruye los frutos del capitalismo. Estuvo entre los primeros en apuntar que la pobreza de los primeros años de la Revolución Industrial era herencia de la historia previa (que existió porque la productividad del trabajo era aún lamentablemente baja, porque los científicos, inventores, empresarios, ahorradores e inversores sólo podían ir paso a paso creando los avances y acumulando el capital necesario para obtenerlos). Demostró que todas las políticas de la llamada legislación laboral y social eran en realidad contrarias a los intereses de las masas de trabajadores a las que pretendía ayudar (que su efecto era generar desempleo, retrasar la acumulación de capital y por tanto rebajar la productividad del trabajo y el nivel de vida de todos).
Dentro de una importante contribución original al pensamiento económico, demostró que las depresiones eran consecuencia de la políticas de expansión crediticia patrocinadas por los gobiernos pensadas para rebajar los tipos de interés del mercado. Demostró que esas políticas creaban malas inversiones a gran escala, que privaban de capital líquido al sistema económico y llevaban a contracciones del crédito y de ahí a las depresiones. Mises era un destacado defensor del patrón oro y del laissez-faire en la banca, que, según creía, llevaría virtualmente a un patrón de reserva de oro al 100% y haría así imposible tanto la inflación como la deflación.
Lo que he escrito acerca de Mises sólo ofrece una mínima indicación del contenido intelectual que puede encontrarse en sus escritos. Escribió aproximadamente veinte libros. Y me atrevo a decir que no recuerdo haber leído un solo párrafo en ninguno de ellos que no contuviera uno o más profundos pensamientos u observaciones. Creo que nadie puede afirmar que sea completamente culto si no ha asimilado una buena parte del inmenso conocimiento presente en sus obras.
Mises debe ser juzgado no sólo como una pensador extraordinariamente brillante, sino asimismo como un ser humano extraordinariamente valiente. Mantuvo la verdad de sus convicciones por encima de todo y estuvo dispuesto a quedarse solo en su defensa. No le preocuparon ni la fama, ni la posición personal, la las ganancias financieras, si le suponían obtenerlas sacrificando sus principios. Toda su vida fue rechazado e ignorado por el establishment intelectual, a causa de la veracidad de sus opiniones y la sinceridad y poder con los que hacía trizas las falacias y mentiras con que desarrollaban sus carreras profesionales la mayoría de los intelectuales de entonces, y de ahora.
Hoy día, las ideas de Mises por fin parecen ir ganando en influencia. Sus enseñanzas acerca de la naturaleza del socialismo se han visto confirmadas de la forma más espectacular posible, es decir, por el colapso de la antigua Unión Soviética y la conversión esencial de la China Continental, Rusia y el resto del imperio soviético al capitalismo.
Los trabajos de Mises merecerían ser de lectura obligatoria en cualquier currículo universitario, no sólo en las facultades de economía, sino asimismo en las facultades de filosofía, historia, administración, derecho, empresariales, periodismo, pedagogía y humanidades. A él mismo debería otorgársele inmediatamente un premio Nobel póstumo (de hecho, más de uno). Merece recibir cualquier muestra de reconocimiento y recuerdo que nuestra sociedad pueda otorgar. Pues, más que nadie en la historia, trabajó por preservarla. Si se leyera suficientemente, sus trabajos podrían acabar consiguiendo salvarla.
Es indiscutible que el Partido Popular es simplemente un partido liberal-conservador, análogo a los de las otras grandes naciones europeas. Pero a algunos en la derecha les obsesionan los sentimientos que provoca en la izquierda, y esto es ya un problema; al PSOE le preocupa bastante poco los que causa en la derecha. No hay más que ver el tono despectivo con el que sus dirigentes hablan de la derecha y compararlo con el respeto con el que ésta habla de la izquierda.
La izquierda, a diferencia de la derecha, sabe perfectamente que la sociedad no es un ente inerte al margen de la política; no trata de adaptarse a la opinión pública, lo que hace es adaptarla, educarla, enseñarla, culturizarla según sus intereses y valores. Y aquí educarla significa llevarla contra la derecha. Nada ocurriría si ésta hiciera lo propio con la izquierda, si le mantuviese el pulso. La cosa quedaría, al menos, en tablas. Pero si la derecha corre a refugiarse en el centrismo y la moderación, deja el campo libre a la izquierda, que acelera su discurso contra los liberal-conservadores, que tienen que desplazarse un trecho más. Así sucesivamente.
Es un asunto de física y geometría política; si se deja el espacio a la izquierda, lo ocupará y tendrá más fuerza para arrinconarte y obligarte a aceptar sus presupuestos. Por suerte, la sociedad aguanta, y la mitad de los españoles no consideran al liberalismo una aberración social. Quienes lo consideran así son El País, la Cadena SER, la izquierda en general y gran parte del PP acomplejado.
Lo cual nos lleva al problema de fondo: lo malo no es leer el diario El País, lo malo es creérselo. ¿Piensa alguien en la derecha que su liberalismo va a resultar simpático algún día al grupo Prisa? El liberalismo podrá adaptarse a muchas cosas, pero nunca, si quiere seguir siéndolo, a lo que digan los enemigos del liberalismo. ¿Negociar con terroristas es liberal? ¿en qué sentido exactamente? ¿es liberal la sumisión del poder judicial? ¿de qué manera? ¿Es liberal el control político-gubernamental de las grandes empresas, de los medios de comunicación? ¿según qué escuela? ¿es liberal el adoctrinamiento ideológico en edad escolar? ¿es liberal poner en manos del Estado la decisión de matar, al comienzo o al final de la vida? Porque todas estas medidas resultan enormemente simpáticas a la izquierda española, y sólo aceptándolas el liberalismo le parecerá a El País menos antipático.
Un liberalismo no antipático consistirá para la izquierda en una mezcla poética y abstracta de bellas palabras: el discurso de los espacios, la transversalidad, el punto de encuentro, la moderación, la igualdad, la sintonía, lo afectivo, lo incluyente. Es decir, la disolución intelectual del discurso político liberal. Tanto si se considera que disolver la reflexión política es una necesidad para la sociedad del siglo XXI, como si se cree que desmembrar un discurso coherente es condición indispensable para ganar elecciones, el resultado es el mismo. Un producto que resulta muy simpático para la izquierda, tanto que es capaz de promoverlo abiertamente.
Esta disolución del discurso político no sólo no es liberal, sino que representa su antítesis. No es que defienda uno u otro liberalismo; es que de hecho lo interpreta como la ausencia de todo discurso alternativo al de la izquierda, y más aún, como la ausencia de todo discurso político, que queda sacrificado en nombre de una victoria electoral que además no garantiza. Este liberalismo antitético implica ponerse de medio lado, aceptar la visión que la izquierda tiene de la derecha, y dejarle aún más espacio social y cultural. Un espacio que costará más recuperar.
Desde tiempos inmemoriales, el Estado ha sido utilizado por una minoría como herramienta para vivir a expensas del resto de la población. Asimismo, la historia del desarrollo de las instituciones sociales ha sido una lucha constante por impedir el abuso del aparato gubernamental en beneficio de la burocracia.
Es indudable que la búsqueda de un mejor gobierno tuvo su punto culminante en la Ilustración, los siglos XVII al XIX. Fue entonces cuando se sentaron las bases que hicieron posible el surgimiento de sociedades libres. Y lo absolutamente novedoso fue que tal libertad no era una concesión del soberano, sino el ejercicio de un derecho inherente a la propia gente.
No obstante, sería ingenuo sostener que después de esa época ningún grupo trató de apoderarse del aparato estatal para medrar a costa de la ciudadanía. Pero encontraron un muro aparentemente infranqueable: el prestigio alcanzado por la democracia liberal.
Fue entonces cuando los políticos descubrieron que la perversión del lenguaje es un arma increíblemente eficaz para alcanzar sus objetivos. Así, conceptos altamente valorados como los de justicia, solidaridad, derechos, generosidad, etc., pasaron a significar, muy frecuentemente, todo lo contrario a la definición original.
Existen para el Liberal valores inmutables como la Vida y el Individuo, y sus consecuencias: la Libertad y la Propiedad. Esos son los pilares del pensamiento liberal. Y sobre esos valores, el liberal se pregunta cómo hacer mejor las cosas. No atiende a apriorismos de tribu, o de masa. No se basa en la prepotente idea del elitismo político, del Gran Hermano, o de la dogmática religiosa. Sabe que el individuo es el fin y no el medio. Y le da al hombre el valor justo: el hombre es un ser falible, no un dios. Por lo que todas sus obras habrán de someterse al correcto equilibrio entre Poder y Libertad. Y esta no es una tarea estática, sino dinámica. Quizá la labor más importante del liberal sea la de estar en permanente guardia ante los inevitables ataques del poder a la libertad de los ciudadanos. Para forjar ese carácter liberal se hace necesario un inconformismo nato y un alto grado de escepticismo y desconfianza hacia el poder, que, generalmente, se asocia a la idea de Juventud, entendida como inconformismo.
Por ello es también importante la regeneración de las organizaciones o instituciones de ideario liberal. Porque si de algo huye el liberal es del conformismo. Cierto es que el liberal no se opone a la conservación de tradiciones e instituciones, pero siempre que considere éstas útiles para la defensa de la libertad, no porque éstas lleven en pie desde tiempos inmemoriales. Y es precisamente aquí donde los liberales se suelen encontrar con los conservadores. Pero no debe olvidarse que ése no es un alineamiento inquebrantable, pues para el liberal la institución no es superior al individuo, y por tanto, no comparte la sumisión incondicional de éste a las instituciones, sean éstas públicas o privadas.
Es posible que, en esta vorágine absurda de la política española, olvidemos que nuestras ideas, por encima de todo, son las más eficientes y las que más riqueza generan. No porque sean ideales superiores que no están sometidos a crítica, es decir, dogmas, sino porque tras numerosos análisis teóricos y sobretodo prácticos, se ha evidenciado esa conclusión: la defensa de la Libertad (individual, de empresa, de expresión, etc) y la limitación del poder, suponen la más eficiente manera de organización social, por ser ésta vía la que mayores beneficios supone para mayor número de personas.
Una de las facetas que caracteriza al pensamiento liberal es la falta de romanticismo, lo que supone un hándicap a la hora de defender esta ideología en épocas de hedonismo y exceso de bienestar sin esfuerzo, como la actual. El romanticismo ha supuesto el germen del totalitarismo más atroz (siglo XX) o mediático (siglo XXI). El falso ideal de una meta más allá del individuo, ya sea ésta material (comunismo) o espiritual (nacionalismo o fundamentalismo) supone olvidar que el ser humano es un fin en sí mismo, más allá de la masa, del rebaño, de la tribu. El romanticismo, o su cara actual, el buenismo, supone que hay bienes comunes que obligan al individuo a sacrificar su libertad en aras de una meta mayor. Se trata de transitar el camino inverso al que plantea el liberal: Mientras ideologías como el socialismo proponen el sacrificio de la libertad individual para un mayor bienestar, el liberalismo propone garantizar la libertad individual por ser ésta la mejor y más eficiente herramienta para la consecución de un mayor bienestar social.
No hay sitio en el Liberalismo para el paternalismo. Esto no significa, como los enemigos de la Libertad suelen argumentar, que el liberalismo se olvide de las necesidades de los más desfavorecidos. Antes al contrario, es precisamente el liberalismo la ideología que más progreso ha traído a mayor número de personas. Es un hecho y no una opinión, que allá donde la defensa de la propiedad privada sale adelante, donde existe la competencia y el principio del mérito, donde existe el imperio de la ley y la lucha contra los monopolios, se produce un aumento del bienestar generalizado, y por tanto, también de las capas más desfavorecidas de la población.
Resulta evidente que a menores trabas para la creación de empresas, a menos impuestos, más empresas se crean, y por tanto, más puestos de trabajo, y por tanto, mayor renta y por tanto mayor consumo, que a su vez genera más demanda, que a su vez crea mayor oferta. Cuestión complementaria a lo anterior y absolutamente necesaria para que la riqueza fluya es el establecimiento de un marco legal claro, previsible, que marque líneas rojas que no deben cruzarse: leyes antimonopolio, legislación laboral flexible, unidad de mercado, independencia de los organismos de control y de la justicia.
No sería justo concluir sin reconocer que la defensa de este ideario no es tarea amable, ni tarea de espíritus acomodados. Pero nadie dijo que fuera fácil. Es cierto que la defensa de la libertad tiene numerosos enemigos, pues no hay que olvidar la natural tendencia del ser humano a acumular poder y a imponer a los demás su manera de pensar, aún cuando en numerosas ocasiones la manera de pensar del gobernante no se corresponde con su manera de vivir.
Amigo Hilario, con el debido respeto al mucho esfuerzo que sin duda ha desplegado en su último comentario, voy a permitirme hacerle una sugerencia en su propio beneficio: No inserte tanto texto de golpe, o de lo contrario no lo leerá nadie. Es mejor sintetizar esas ideas en tres párrafos o irlas exponiendo gradualmente, a poder ser en diferentes artículos.
1) No he identificado a "la derecha de Rajoy" con el liberalismo; primero porque hablaba de 1990 y segundo porque ponía "liberales" entre comillas, lo que en ese contexto indica claramente que se acepta un término consagrado por la mayoría sin que uno se sume necesariamente al significado que se le da a ese término por tal mayoría.
2) Está claro que el defender la existencia de las televisiones privadas sí es verdaderamente liberal (incluso aunque se sumasen a tal bando otros que no lo eran), pero si ello conlleva (junto a muchos efectos benéficos en el ámbito informativo y de debate) la aparición de mucha telebasura, creo que un liberal intelectualmente honrado debe aceptarla como consecuencia quizás inevitable de sus mismos principios (algo así como un tributo a pagar por la libertad), y no cargar las culpas de la misma sobre el gobierno felipista, como hacía Pío Moa. Lo mismo cabe decir sobre el supuesto libertinaje sexual, las drogas, etc.
3) La superioridad histórica del liberalismo económico sobre el intervencionismo socializante está ya demostrada empíricamente, a mi entender, y desde mi insignificancia y "mediocridad" así lo he expresado en otros foros, pero no en aquéllos que parten de esta premisa y en los que casi todos los intervinientes piensan lo mismo, sino en otros de carácter izquierdista donde la opinión común es la contraria; por ejemplo, en el Blog de solidaridad del IES Gran Capitán (www.iesgrancapitan.org/blog07), o incluso en www.agendaroja.org (pongo las direcciones porque conviene leer de vez en cuando las opiniones contrarias), pero lo que defendía Pío Moa en el artículo que a su vez provocó el comentario de Luis Mendoza no considero que sea liberalismo (el aspecto económico no se tocaba, y en cuanto al aspecto político y social me parece lo más opuesto al liberalismo). Coincido plenamente en el análisis que hace Luis de tales palabras.
Y no me olvido de que la primera razón de mis comentarios era intentar contrarrestar los ataques gratuitos a Luis, magnífico ex-profesor y gran persona.
No tengo nada en contra de lo que pueda hacer una entidad privada con su dinero, pero me preocupa lo que hacen con el mío las Administraciones Públicas. Expongo hechos:
1) Telemadrid (televisión pública) bajo mandato socialista, años 90: Aparece la telebasura con el famoso programa “tómbola”. Sobran las palabras
2) Tierno Galván, Alcalde socialista de Madrid, dijo esto:
"Sacad un porro de marihuna del morral y que no decaiga la fiesta!"
3) Contenidos de la asignatura que están presentes en la web de la Junta de Andalucía procedente de la web Axial, un mundo en valores.:
Las bebidas alcohólicas son un potenciador de la erección y del deseo sexual.
4) Publicación editada por el Ministerio de Educación, con ministra socialista: «Un niño de 9 años le dice a su madre: “un niño me dijo que es malo masturbarse”. La madre le dice que eso no es verdad, que muchas personas se masturban sin hacerse daño ni hacer daño a nadie. Le cuenta que ella también se toca la vulva de vez en cuando y siente placer cuando lo hace».
Para explicar qué es la sexualidad, se refiere a «cuando una niña siente un temblor especial al rozarse con la piel de otra niña».
5) Cómic recomendado por el mismo Ministerio de Educación Alí Babá y los 40 maricones:
Recrea la vida promiscua del vecindario gay imaginado por Nazario. Los personajes de Alí Babá y los 40 maricones practican un sexo sórdido y compulsivo. El Ministerio de Educación incluye esta forma de vida entre los recursos didácticos de su guía Educar en Valores.
6) Alcaldía de Guadalajara, presidida por un socialista:
Distribuye en los colegios un libro con textos "eróticos- pornográficos" titulado 'El bus'.
Dicho texto, relata: "Ella imaginaba que la costura del vaquero era una lengua rígida jugando entre sus pliegues, mezclando saliva con su propia humedad" o "Él (...) pensó que tendría los labios húmedos, sonrojados y rezumantes como un tomate de huerta recién abierto. Quería comérselos, y besarla, dejar que sus salivas se mezclaran mientras echaban un pulso de mentira y que sus labios y barbillas chorrearan".
También se pueden leer párrafos como "Ella al menos podía ponerse remedio allí mismo sin acabar pringada del semen pastoso que, precisamente, la excitaba tanto. Para ella todo era vaivén, todo era restregar el sexo contra la costura del pantalón en el asiento, todo era un duro pene en su mente".
Creo que es una situación bochornosa que un libro así se difunda a los niños con cargo a los fondos públicos. También opino que tocarse la vulva no es algo malo, pero sí una cuestión íntima y el pudor, tachados de reaccionarios. Hoy domina la trivialización de la sexualidad impulsada por políticos apoyados por el relativismo moral fruto de lo políticamente correcto.
Celebro saber que alguien más comprenda la superioridad histórica del liberalismo económico sobre el intervencionismo socializante. Es árdua la tarea que debemos hacer para ilustrar sobre el tema en la sociedad asilvestrada y encarrilada en la que nos hallamos, pero la esperanza debe prevalecer.
Con relación a los ataques gratuitos a D. Luis Mendoza Panteón, te informo que éste señor dijo:
Este historiador (aludiendo a Pío Moa), con otros como él, escarba matices para desempolvar rencores o crearlos, denuncia hechos graves y autores con maliciosa habilidad para sentirse irresponsable; es una mala persona.
He leido a Pío Moa y dice cosas sensatas y documentadas como estas:
En una sociedad repleta de intereses, creencias, aspiraciones y sentimientos muy dispares, solo el mantenimiento de la ley garantiza una convivencia razonablemente pacífica, aun si con crisis naturales. Pero la república, nacida en principio como democracia liberal, sufrió desde muy pronto un proceso de derrumbe cada vez más agravado, que he descrito en tres fases: una fase de desbordamiento, de origen sobre todo izquierdista, durante el primer bienio (quema de conventos, insurrecciones anarquistas, golpe de Sanjurjo desde el otro lado, fracaso de algunas reformas razonables, pero aplicadas con ineptitud y transformadas en pura demagogia…). Una segunda fase de asalto de las izquierdas y los separatistas al poder que las urnas les habían arrebatado en 1933 (intentos de golpe de estado por Azaña y los republicanos, preparativos de guerra civil en pro de un sistema soviético por parte del PSOE, movimientos de rebeldía de los nacionalistas catalanes y vascos), culminada con la insurrección de octubre del 34, que dejó 1.400 muertos en solo dos semanas y en 26 provincias. Y una tercera fase al volver al poder las izquierdas agrupadas en el Frente Popular, tras las elecciones anómalas y no democráticas de febrero de 1936, para desatar de inmediato un movimiento revolucionario desde la calle, con cientos de asesinatos, incendios, ocupación de fincas etc., más la liquidación por el gobierno de la legalidad republicana, antes concebida como una democracia liberal.
Este proceso arruinó la convivencia social en España, acabó de quitar toda legitimidad al gobierno de izquierdas y motivó la rebelión de las derechas, reanudándose la guerra civil. Importa subrayar que la rebelión de julio de 1936 no fue un pronunciamiento militar al estilo de los del siglo XIX y algunos del XX (la gran mayoría de ellos, contra un tópico común, tuvo carácter izquierdista, es decir, exaltado, progresista o republicano), sino una verdadera sublevación de una parte muy amplia del pueblo en torno a un sector del ejército. Y que no ocurrió frente a un gobierno legítimo y democrático, como siguen pretendiendo diversas propagandas, sino contra un gobierno despótico y un proceso revolucionario. No sería la democracia, como a menudo se pretende, sino la revolución, la que saldría derrotada.
Fueron, pues, las izquierdas y los separatistas quienes hundieron la legalidad republicana, aunque persistieran luego en llamarse republicanos, un artificio de propaganda para retener una legitimidad ficticia y obtener apoyo exterior (solo lo obtendrían de Stalin, que convirtió al Frente Popular en protectorado suyo). La ruina del ideal demoliberal dejó una pugna entre dos ideales dictatoriales, el totalitario de las izquierdas y el autoritario de las derechas. Este último, muy preferible para cualquier demócrata, ganó la contienda, mantuvo a España fuera de la guerra mundial y facilitó un importante desarrollo económico y la disolución de los viejos odios de la república, para dar paso, son el tiempo y de forma bastante normal, al actual sistema de libertades políticas. No me extenderé aquí sobre estos hechos, hoy suficientemente documentados.
La caída de la ley tiene siempre o casi siempre los mismos resultados: el desencadenamiento de los odios y las pasiones, y con ellos, de los crímenes.
Después de reflexionar sobre los textos que he expuesto de Pío Moa sólo tengo que decir que ¡¡ A quién le pica ajos come !!
Efectivamente la izquierda en España necesita que le canten las verdades. Lo que fue en realidad aquella 2ª república, los crímenes que cometieron, refrescarles la memoria, abrirles los ojos a lo que fue aquello.
Si esta gente se identifica con el frente popular es su problema, nadie les ha obligado. Pero una vez que se identifican y admiran sus chekas, sus paseos, sus fosas, sus Paracuellos repartidos por España que se atengan a las consecuencias y que no lloren. Se comportan como niños mal criados que en el momento en que los coges in fraganti empiezan a patalear y a pedir cárcel para el que les dice las verdades. Mucha jeta es lo que tienen.
"Hoy domina la trivialización de la sexualidad impulsada por políticos apoyados por el relativismo moral fruto de lo políticamente correcto"
¿Qué demonios puede significar esa frase? ¿Qué contenido objetivo se le da a las palabras "trivialización", "relativismo moral" y "políticamente correcto"? ¿No sería más lógico decir que considera normal simplemente aquello que es tradicional en su cultura, a pesar de que si fuese de Suecia, India, Egipto o Mozambique consideraría normal algo muy distinto? Y no se diga que esto es relativismo; el verdadero antirrelativismo consiste en extraer racionalmente lo que objetivamente puede tener carácter universal, no en considerar por definición lo propio como aquello que tiene que ser universal. Por ejemplo, un relativista diría "si en determinados países se castiga incluso con la muerte a una mujer por mantener relaciones sexuales antes del matrimonio, o se discrimina a los homosexuales, eso es parte de su cultura y hay que admitirlo"; un supuesto antirrelativista cristiano, por ejemplo, diría "lo primero me parece exagerado y lo segundo adecuado en ciertas ocasiones, porque así me lo indica mi tradición, y como no soy relativista entiendo que así debe ser en todo el mundo"; un antirrelativista auténtico extraería un principio universal y diría "es un principio fundamental de una sociedad libre que cada cual pueda hacer lo que quiera con su vida y su cuerpo si no perjudica a los demás, y por tanto ambas cosas son nocivas y las combato en cualquier punto del globo". Dicho de otro modo, ¿en base a qué establece Pío Moa la diferencia entre sexualidad y puterío? ¿Hay un número determinado de relaciones y de actos que diferencian a una cosa de la otra? ¿Es el mismo criterio para un joven que para una joven?
Respecto a la República y la Guerra Civil: Durante el bienio izquierdista hubo un golpe derechista fallido (Sanjurjo, 10-8-32), y durante el bienio derechista hubo una insurrección izquierdista (Octubre 1934). ¿A qué se debe decir que la guerra civil se inició con esta última?
Por otro lado, la violencia política era común en la Europa de ese tiempo; me asusta pensar qué regímenes apoyarían Pío e Hilario si traspusiesen ese razonamiento a otros países. En Alemania se suceden las insurrecciones espartaquistas y bolcheviques desde 1918 hasta 1922, y después se mantienen las Ligas de los Combatientes Rojos como grupo paramilitar: ¿Justifica esto, para ellos, la instauración del nazismo? El llamado Bienio Rojo italiano (1919-1921), con ocupaciones armadas de fábricas, ¿les hace más simpático a Mussolini? La república soviética de Bela Kun en Hungría, con sus meses de "terror rojo", ¿convierte en un simple autoritario a Horthy? También se podría hablar de las violentas luchas callejeras en la Austria pre-Dolfus, e incluso en Francia y Gran Bretaña (en estos países sí se mantuvo el sistema democrático). Creo que nadie normal justificaría la reacción fascista europea por estos hechos violentos del comunismo; ¿por qué sí en España? Y eso que aquí justamente lo que apenas existía, hasta el 36, era el Comunismo. Cuando los comunistas españoles eligen a su 1º diputado (el malagueño Cayetano Bolívar) en 1933, casi todo el comunismo europeo tiene ya una "gloriosa" historia de lucha y persecución.
Por todo ello, y teniendo en cuanta además que las palabras de Luis se referían a otras palabras de Don Pío (las expuestas al comienzo de esta entrada) sigo coincidiendo con lo dicho por aquél.
Gabriel Manzaneda: "Creo que nadie normal justificaría la reacción fascista europea por estos hechos violentos del comunismo; ¿por qué sí en España?"
Muy brevemente: porque la dictadura (para ser más exacto, dictablanda) de Franco era infinitamente menos brutal que la dictadura comunista (que he vivido, por cierto, en mi propio pellejo), y por lo tanto, preferible a cualquier tipo de dictadura de izquierdas. No se puede comparar la situación política en los países de larga tradición democrática como Francia o Gran Bretaña con la de España antes de la guerra civil. Ellos, a pesar de la actividad subversiva de la izquierda variopinta, han conseguido preservar sus democracias. Nosotros, siendo un país prácticamente sin ninguna tradición democrática teníamos que elegir entre la sanguinaria y criminal II republica y la dictablanda de Franco. Para mi la elección es bastante clara, ya que he vivido tanto la dictadura comunista como España todavía franquista.
Estimado Gabriel, ¡ no te asustes hombre!.
Quiero manifestarte que el régimen político que yo desearía y que seguramente D. Pío Moa estará de acuerdo conmigo, es el que se fundamente en la libertad. La libertad debe ser el eje principal de cualquier sistema político, incluso más importante que la paz o la democracia. Creo que tu nivel intelectual es apreciable y lo vas a comprender rápidamente. Te lo voy a explicar, incluso podrías trasladar la idea al foro de antiguos alumnos para construir un debate interesante denominado: ¿Garantiza la democracia la libertad?.
Sabes muy bien que la política es el territorio de la lucha por el poder, y por tanto de la violencia. Una de las grandes ventajas de la democracia es que permite la alternancia en el poder sin revoluciones o violencia, pero ésta sigue presente implícitamente. Podría formularse así: “Yo acepto que tú gobiernes, resignándome a una oposición pacífica, siempre que tú respetes las reglas del juego que garantizan la limpieza electoral y las libertades y derechos que a mí me permitirán, eventualmente, gobernar a mi vez”. Obviamente, si una de las partes rompe las normas, está imponiendo un despotismo, y la otra parte queda automáticamente liberada, a su vez, de respetarlas –en otro caso quedaría en desventaja y forzado a respetar la arbitrariedad–, con lo cual la violencia tiende a reaparecer en toda su crudeza.
Por lo tanto, la democracia no puede funcionar si sus principales partidos no aceptan las reglas, normalmente condensadas en las constituciones. Aquí surge un problema: ¿qué ocurre con los partidos antidemocráticos? Porque las libertades no lo serían si ellos no pudieran ejercerlas también. Así, los partidos comunistas y otros totalitarios han disfrutado y disfrutan de las libertades democráticas, pero está claro que ello resulta aceptable sólo en cuanto no alcancen el poder, pues si lo hicieran y aplicaran sus concepciones, la democracia naufragaría. En otras palabras, la democracia descansa en el supuesto de que la mayoría de los ciudadanos no votará a un partido contrario a las libertades; y por lo común así ha ocurrido. Pero no siempre. Hitler obtuvo el poder democráticamente, y afirmando que no iba a eliminar la Constitución, sino a interpretarla de manera más “profunda” (más “generosa”, quizá dirían otros ahora). Lo mismo ocurrió con Allende, también llegado al poder por medios democráticos, para enseguida comenzar el proceso de demolición del sistema de libertades.
Tradicionalmente el PSOE ha sido marxista y, por tanto, antidemocrático. Fue el mayor cáncer de la república y el principal causante de su ruina, autor de la rebelión de octubre del 1934 contra un gobierno legítimo. Rebelión diseñada textualmente como guerra civil. Rompió entonces con la Constitución impuesta –que no consensuada– por la propia izquierda, toda la cual apoyó políticamente, y casi sin excepción, la insurrección armada del PSOE y la Esquerra catalana. El sistema republicano pudo entonces quebrar si la derecha, sintiéndose a su vez liberada de las obligaciones constitucionales, hubiera replicado con un contragolpe. Pero defendió la ley y las libertades, y en 1936 las izquierdas volvieron al gobierno tras unas elecciones anómalas. Que no habían aprendido ni rectificado nada desde el 34, lo revela el maremagnum de disturbios y crímenes subsiguiente, amparado de hecho por un gobierno que perdió su ya dudosa legitimidad de origen al negarse a hacer cumplir la ley, la cual pasó a imponerse desde la calle. Conocemos el resultado.
Pero el poder en manos de un partido antidemocrático no es el único peligro. Un partido moderado puede dejar de serlo una vez en el poder, puede abusar de éste, vulnerando los derechos y libertades comunes. Esa tentación alcanza, con más o menos intensidad, a todas las fuerzas políticas. La oposición debe impedir que el abuso llegue muy lejos, pero el partido gobernante tiende casi siempre a usar su superioridad de medios para reducir a la impotencia a la oposición. El problema consiste en saber cuándo las vulneraciones amenazan destruir el sistema y hasta dónde pueden ser toleradas.
Durante la transición el PSOE abandonó el marxismo y apareció como un partido moderado, pero cuando consiguió el poder multiplicó sus ataques a la democracia. Intentó blindar la corrupción mediante leyes que impidieran su denuncia –y el nivel alcanzado por la corrupción constituía en sí mismo un ataque al sistema–; urdió conspiraciones para destruir o menguar la libertad de prensa, hundiendo a medios de masas críticos hacia él (El PP de Aznar no se salva tampoco porque también hizo algo parecido con el antenicidio); en su tratamiento del terrorismo combinó la negociación con los delincuentes y la persecución ilegal de ellos; y así muchos otros actos que en algunos momentos llevaron al sistema a una situación difícil. Por fortuna la resistencia de la sociedad civil y las elecciones terminaron con el largo gobierno de aquel grupo insaciable de poder y de dinero, antes de que el mecanismo democrático se resintiera de modo irreversible.
Pues bien, ahora volvemos a una situación semejante. Para reconquistar el poder, el PSOE, en alianza con los comunistas y los secesionistas, ha utilizado tácticas extremistas y violentas, pretendiendo imponerse desde la calle y promoviendo en toda España un ambiente similar al de las Vascongadas. Muchas concepciones y actos del actual gobierno tienden a otorgar rentabilidad política al terrorismo. Por otra parte la actual oposición va a encontrar enormemente limitada su capacidad de expresión… debido sobre todo a sus propias torpezas de una tropa arrodillada y acomplejada que ha aparcado sus principios para parecer simpáticos a sus oponentes.
Estos hechos vulneran gravemente las reglas del juego democrático, sustituyen la moderación por el extremismo, y la política por la demagogia. Su gravedad consiste en que no son simples salidas de tono o estridencias momentáneas, pues se encuadran en una estrategia para acabar unilateralmente con la Constitución. Si la ley básica ha funcionado durante un cuarto de siglo, a pesar de sus fallos, de las vulneraciones de la época felipista y de la constante erosión e incumplimiento de sus normas en Vascongadas y Cataluña, se debe a que, en contraste con la Constitución republicana, la actual fue elaborada por consenso de casi todas las fuerzas políticas relevantes. Pero ahora, siguiendo una vieja tradición de trágala, golpista en el fondo, las izquierdas y los nacionalismos regionales pretenden hacer tabla rasa de la Transición democrática y fabricarse e imponer una Constitución a su gusto y al de quienes proclaman sin rebozo su intención de disgregar España.
Tal propósito, lo disfracen como lo disfracen (“generosidad”, “valentía”, “pluralismo” y hasta “regeneración democrática” le llaman ahora) sería totalmente inaceptable para millones de ciudadanos, entrañaría una ruptura radical de las reglas del juego, e impondría en España una forma de despotismo.
Lo cual plantea un arduo problema: ¿cómo reaccionar a esa ruptura, y por tanto al peligro evidente de ruina de la democracia? El asunto me parece grave en extremo, y merecedor de la más seria reflexión por nuestra parte.
Debes saber que los pueblos serios avanzan examinando su propia experiencia y mejorando a partir de ella. Algo que en España siempre ha chocado con mil obstáculos que han provocado tantas convulsiones.
Lo más triste de la historia de la humanidad es que casi todo el tiempo unos pocos han dominado a los demás, obligándolos a actuar en contra de su voluntad y hasta empujándolos a exponer sus vidas en guerras que poco o nada tenían que ver con sus intereses. Lo admirable de la revolución que culminó en la independencia de Estados Unidos es que se basó en el concepto de que uno es dueño de su propia vida. Ese era el ideal del filósofo John Locke respecto a nuestro inalienable derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de nuestra propia felicidad.
En ese tiempo se trataba de una propuesta radical y todavía mucha gente sigue sin entenderla. Nadie es nuestro dueño: ni nuestro país, ni nuestra familia, ni nuestra comunidad. Usted es dueño de su vida y decide cómo vivirla. Así lo afirmó Lincoln: "Nadie es suficientemente bueno para gobernar a otro sin su consentimiento". Un médico no puede operar sin el consentimiento del paciente ni un mecánico reparar su automóvil sin su permiso.
Eso debería estar claro, pero seguimos dominados por políticas que lo contradicen y que recuerdan los tiempos en los que la gente era tratada como un recurso más de las elites feudales. Así, a diario los políticos y burócratas se las ingenian para imponernos leyes y reglamentos sin nuestro previo consentimiento y si no los cumplimos nos exponemos a multas o a ir a la cárcel.
Los "comunitarios" modernos denigran estos principios de libertad individual. Pero los próceres fundadores de la nación no abrigaban prejuicios contra la comunidad, sino que más bien mantenían que la comunidad humana tiene que ser voluntaria, no obligatoria. Mantenían que el principio que la comunidad se fundamenta en la acción voluntaria porque, si no se respetan los derechos individuales, el resultado, en lugar de ser una comunidad, se convierte en un hormiguero o enjambre.
Esto quiere decir que el bien público no puede lograrse violando los derechos básicos de los individuos. Por el contrario, tales derechos deben ser promovidos y protegidos todo el tiempo. Ese es el significado de la declaración, que explica que el poder justo del gobierno se deriva del consentimiento ciudadano y que el verdadero propósito del poder es garantizar nuestros derechos fundamentales.
Nada de eso va en contra de la comunidad, sino a favor de los hombres y mujeres que conforman esa comunidad. Si la comunidad rechaza estos valores fundamentales deja de ser apta para la convivencia humana.
Así vemos que gobiernos opresores muchas veces son el resultado de elecciones democráticas y una democracia opresora no resulta menos abusiva que una dictadura, sólo que su despotismo suele ser menos visible.
Para que una democracia pueda calificarse como tal, debe existir algo más aparte de elecciones periódicas. Se ha calificado de democracia liberal a aquella en la que, además de escoger a gobernantes y legisladores, existen una serie de limitaciones al poder que éstos pueden ejercer sobre el individuo y se establecen una serie de contrapesos entre los distintos poderes para que las libertades queden más o menos resguardadas de la mayoría. Siendo ésta una definición concerniente a los asuntos humanos, no es de extrañar que posiblemente ningún sistema cumpla a la perfección con esa definición. No obstante, los países desarrollados respetan lo suficiente estos presupuestos como para poder calificarlos de democráticos.
Esa misma laxitud en la definición se aprovecha para poder calificar como democracia regímenes que muy poco, aunque algo, comparten con los que verdaderamente lo son. Son muchos los dictadores que celebran periódicamente elecciones para ofrecer la apariencia de estar apoyados por el pueblo. Y son muchos menos, pero existen, los que se aprovechan de los mecanismos e instituciones de las democracias para subvertirlos poco a poco. El caso más paradigmático de los últimos años es el de Venezuela, cuyo dictador está a punto de dar un paso más en el camino del enterramiento de las libertades y la democracia en el país.
Habiendo tomado ya los tres poderes en los que Montesquieu dividió al Estado, Chávez está dando pasos para acabar con la autonomía de la sociedad civil que aún no ha huido de Venezuela nacionalizando empresas "estratégicas" y cerrando los medios de comunicación díscolos.
En estos tiempos de delirio democratista a menudo se confunde la libertad con unos comicios y, como dijera Ortega y Gasset, queriendo lo uno gritamos lo otro. Si no queremos vaciar de significado la palabra libertad es preciso diferenciar nítidamente ambos conceptos. El liberalismo nos remite a los derechos individuales, y en este sentido alude a cuán limitado debe ser el poder para que no interfiera en la vida de las personas; la democracia, por otro lado, nos remite simplemente a la organización del poder, no a su tamaño, y en este caso se cimentará en torno a la noción del gobierno de la mayoría. La democracia no es entonces un concepto subsumido en el liberalismo ni el liberalismo uno contenido en el de democracia. Engaña a la gente el hecho de que el liberalismo verse sobre la libertad de elección y la democracia sobre la libertad de elegir gobernante. La primera hace referencia al derecho que uno tiene sobre sus bienes y su persona. Al elegir gobernante, por el contrario, uno ya no se ocupa sólo de lo que le pertenece, pues el regente manda sobre todos. Decidir con respecto a nuestra vida y nuestra propiedad es una cosa; votar para decidir sobre la de los demás, aun cuando a todos se conceda ese privilegio, es otra muy distinta.
En su afán por asociar el liberalismo a la democracia algunos cuestionan las credenciales liberales de aquellos anti-estatistas que se declaran anti-demócratas, quizás obviando que bajo este prisma excomulgan incluso a John Locke. ¿No eran liberales Constant, von Humboldt o Lord Acton? Al fin y al cabo fue el propio Thomas Jefferson quien dijo que “la democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%”.
Aunque el liberalismo y la democracia tienen procedencias muy distintas, en los dos últimos siglos generalmente se las ha considerado complementarias, hasta el punto de argüir que acaso el liberalismo no podría desenvolverse en su plenitud en un marco político no democrático. Para Ludwig von Mises, por ejemplo, la democracia era el sistema idóneo para facilitar el cambio pacífico de gobierno de acuerdo con los deseos de la mayoría del pueblo. Sin embargo, otros autores han rechazado la democracia por entender que es consustancial al intervencionismo, abogando en su lugar por un Estado de tipo monárquico, democrático-restrictivo o por la ausencia de toda autoridad central.
Lo cierto es que el siglo XX, el siglo de la democracia, ha sido también el siglo de la decadencia del liberalismo clásico y el auge del Estado del Bienestar. En la actualidad no hay ningún ejemplo puro de Estado mínimo no-democrático, pero tampoco hay ninguna democracia que no sea intervencionista o abiertamente liberticida. Hong Kong es quizás lo más cercano al laissez-faire que podemos encontrar hoy, con un gasto público del 22%, impuestos bajos y un mercado bastante desregulado, y de democrático tuvo muy poco durante su status colonial y ahora como parte de China. Bahrein es una monarquía constitucional y eso no impide que sea marcadamente menos intervencionista que la democrática Francia: no hay impuesto de sociedades ni impuesto sobre la renta, el gasto público es del 35%, la libertad de prensa es notable, el acceso a Internet no se censura, se reconoce el Islam como religión oficial pero hay libertad de culto, hay libertad de asociación y de reunión y libertad para crear sindicatos.
La libertad es libertad venga o no acompañada de sufragio. Lo que hace liberal a un Estado mínimo no es que sea democrático, sino que sea mínimo. La cuestión es determinar qué tipo de sistema político es el que favorece un mayor grado de libertad.
Cada día se hace más cuesta arriba pensar que el Estado democrático defiende los derechos individuales mientras que la gente es robada, violada, e insultada con impuestos excesivos y limitaciones a su libertad de actuar (construcción de inmuebles, la libertad de expresión cuando se critica al poderoso, competir en muchos mercados, calificar a los criminales de víctimas de la sociedad para que la injusticia rija las relaciones sociales y las libertades no puedan disfrutarse).
Y si no podemos fiarnos del Estado vigente porque siempre que le necesitamos nos falla, dándonos a un alto precio, servicios deficientes y con un tufo lamentable a socialismo envidioso que impone el saqueo al que levanta la cabeza y emprende proyectos lucrativos.
No se puede pedir más. El fracaso absoluto. Cada día parece que sólo las empresas nos permiten sobrevivir en este infierno estatalista. Son ellas las que nos prestan los servicios que necesitamos. Y su éxito les avala.
Se ha hecho famosa la idea de Karl Popper sobre la democracia, según la cual su mayor virtud es que ofrece la capacidad de cambiar de Gobierno sin violencia. Ciertamente es una idea cargada de cinismo y realismo al mismo tiempo. Quizá jamás se haya dicho nada tan cierto y favorable a la vez sobre el sistema democrático. Dice el filósofo:
La democracia no se puede caracterizar por completo como el Gobierno de la democracia, pues una mayoría podría gobernar de un modo tiránico. En una democracia los poderes de los gobernantes han de estar limitados. En una democracia, los gobernantes (esto es, el Gobierno) pueden ser expulsados sin derramamiento de sangre.
No se puede decir mucho más en su favor. Pues, estrictamente hablando, y como comienza a sugerir en las primeras palabras de esta cita, hay una contradicción esencial entre el principio democrático y el principio de la libertad. Según el primero, el mayor número decide. Según el segundo, cada individuo decide sobre sí mismo y lo que le pertenece, sin ninguna intervención de un tercero que no sea asumida y aceptada. Si Pedro y Juan deciden que Ana debe dedicar la mitad de su trabajo a ellos, la situación será perfectamente democrática, pero no tiene lugar en una sociedad libre.
Si observamos el sistema democrático desde una perspectiva histórica, su explicación a la vez más sucinta y certera es la teoría de la difusión del poder de John Powelson; esto es, la idea de que los diversos grupos sociales se han visto forzados, en determinadas sociedades, a llegar a acuerdos, a compromisos entre sí para alumbrar un sistema político que, si no les daba el poder absoluto, al menos les acogiera. La generalización de ese proceso ha llevado a la recuperación del ideal democrático, primero con una base social de propietarios y luego con el sufragio universal.
Poco a poco el ideal democrático ha ido ganando terreno y el de la libertad se ha visto más y más comprometido. Ya no somos una comunidad de hombres libres, sino una sociedad que elije a unos representantes que dictan normas para todos. El liberalismo ha intentado refrenar el poder mediante constituciones, pero como reconoce Friedrich Hayek ese camino ha resultado en fracaso. El poder siempre avanza y sólo necesita revestirse de democracia para hacerlo. De hecho, una de las consecuencias más negativas de la democracia es que otorga un halo de legitimidad a un proceso, el político, que es esencialmente injusto.
Básicamente hay dos formas de producción, la económica y la política. La primera es la que tiene como base la propiedad y el libre intercambio y la segunda la extracción coactiva por parte del Estado. La democracia fomenta esta última, ya que el discurso político se desplaza hacia la cesión de renta o riqueza a grupos lo suficientemente mayoritarios, organizados o poderosos como para sacar partido del proceso. Cada avance en ese sentido, además, acrecienta el poder de quienes están en el Gobierno.
Frente a todo ello no es que la sociedad esté totalmente inerme. Es cierto que hay enormes dificultades para ejercer un control efectivo del poder. En términos estrictamente democráticos, sólo cabe votar cada cuatro años. Pero como lo que se elige es a representantes o partidos políticos, sólo podemos "comprar" paquetes enteros, sin poder rechazar una parte de los programas. Y eso una vez cada cuatro años, no a cada momento, como en el mercado.
Pero eso no quiere decir que no quepa hacer nada. Por supuesto que se puede favorecer un cambio político que lleve a una reforma constitucional más liberal. Los propios cauces abiertos por lo que reste de Estado de Derecho son perfectamente válidos. Pero hay que ir más allá, aunque en este aspecto sólo quepa confiar en el esfuerzo individual y en el de los grupos creados por la sociedad civil.
Es necesario tomarse las libertades por la propia mano, estén reconocidas por la legislación o no. Cada cual debe juzgar hasta dónde se puede llegar, pero el derecho a la objeción de conciencia, a la revuelta civil, a ignorar el Estado nos pertenece a todos. Y el uso, la costumbre, sigue siendo una fuente importante de presión política. No la desaprovechemos.
Una polémica renacida casi dos años después de los 'hechos de autos' y antes de 'nacer' yo en Batiburrillo, no podía pasar sin recuperar el texto del 'buena persona' Mendoza, personaje cordobés que siendo niño y entrenandose en refriegas para cada uno integrar su clase social (se ve que en Córdoba había este tipo de concurso-oposición) existía otro niño, malvado, que lo que deseaba era azuzarlos para que se arreasen hasta en horas extras, con lo cual los heridos lo eran de pronóstico reservado y el malo se lo pasaba en grande. ¡Que niño más malo!.
Pues bien, ¿tienen alguna duda?, el niño malo que con el tiempo sería una mala persona le recuerda al cordobés, a Pío Moa. La analogía es clarísima: Pío Moa achaca al Psoe el puterío, el botellón, los malos resultados de la educación y otros achaques de nuestra sociedad. Está clarísimo, Pío Moa es igual a aquel niño malo. Es un 'mala persona'.
El colofón es de lo más curioso. Los seguidores de Pío Moa -de sus ideas-, naturalmente, dicen que el mala persona será el cordobés; pero, hete aquí, que los ex-alumnos no aceptan que el cordobés sea una mala persona porque ellos -con sus sentimientos- le quieren mucho y él a ellos tanto o más. ¡Por favor, un pañuelo, que lloro!
Respecto a lo que dice Caló: Lo de Dictablanda como calificativo del régimen franquista me imagino que se deberá al hecho de haber vivido usted aquí en los últimos años del régimen, tal vez tras huir de alguna dictadura del Este comunista. ¿Sabía que el mismo régimen franquista se autocalificó como "Totalitario" al constituirse? ¿O de la violentísima represión llevada a cabo en la posguerra, que causó el asombro incluso en algunos de sus colegas fascistas europeos? Por otro lado, definir a la II República como un régimen sanguinario y criminal es una barbaridad que sólo el sectarismo y la mala información pueden haber provocado: ¿Cómo podría haber ganado la derecha las elecciones del 33 si se hubiese estado en una dictadura izquierdista desde el 31? ¿Acaso no se reprimieron, por parte del gobierno azañista, las insurrecciones anarquistas, como la de Casas Viejas, hecho por cierto utilizado por la derecha para desprestigiarlo con calumnias como la de "tiros a la barriga"? ¿Y las numerosas muestras de violencia política por parte de la derecha durante ese período, desde el golpe de Sanjurjo hasta las concentraciones fascistoides de Gil Robles en el Escorial, pasando por los grupos callejeros falangistas?
En cualquier caso, quedo sin enterarme de si ese mismo razonamiento (dictablanda derechista frente a totalitarismo comunista) es extensible al resto de Europa, y si por tanto se considerarían también "salvadores" a los caudillos mencionados en mi anterior comentario. Tan sólo ha hecho referencia a aquellos países donde no triunfaron los fascistas (Francia y Gran Bretaña), aduciendo que no era necesario que allí tomasen el poder debido a la solidez y antigüedad del régimen democrático. Esto es colocar el carro delante de los bueyes, porque si tenían ya una solidez democrática era precisamente por haberse opuesto a la adopción de medidas dictatoriales para resolver sus crisis político-sociales.
No contestaré ahora a todo lo expuesto por Hilario sobre la distinción y posible contraposición entre Democracia y Liberalismo. Sólo diré que esa actitud conduce a crearle una "hipoteca" a la democracia, según la cual ésta sólo se respetará si las políticas de los gobiernos elegidos coinciden con nuestros planteamientos e intereses. Me recuerda a la actitud de los más dogmáticos marxistas de hace 30 años, que frente a la "ingenuidad" de los demócratas exponían unos muy sonoros conceptos histórico-políticos, tomados de Marx, Mao, Marcuse, Gramsci, etc. , para pretender demostrar que los únicos que entendían la verdadera naturaleza de las relaciones sociales opresivas y el camino para su destrucción eran ellos. El viento de la Historia se llevó a estos sabiondos ultraizquierdistas. Pero algunos de ellos, como Don Pío, han cambiado de bando ideológico manteniendo, en cambio, su orgullosa prepotencia. Ese no es el camino a imitar.
Vamos a ver: los crímenes de la II república, con sus chekas, sus paseos, sus conventos quemados y monjitas torturadas y asesinadas, sus calles Mateo Morral, sus Cristos y Vírgenes fusilados, sus colectivizaciones forzosas son tan conocidos que da pereza reiterarlos. Para negar estos crímenes hay que ser un agitpropista sectario o idealista ingenuo. ¿Ha mencionado usted a Azaña? ¿Aquel de "todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano"? Vaya humanista y demócrata....
Y me da igual si el régimen de Franco se definía al principio como "totalitario"· Este régimen, incluso al principio, era INFINITAMENTE menos brutal que el "comunismo militar" (voennyi komunism) de Lenin de los primeros años de la dictadura roja. y ¿de que "violentísima represión franquista" habla? ¿Se puede compararla con la sangría perpetrada en Rusia por Lenin y Dzerzhynski, hermanitos ideológicos del "Lenin español", repugnante Largo Caballero? ¿Se puede comparar la represión franquista, incluso en los años de post-guerra con el exterminio sistematico de los intelectuales, clero, tecnócratas y campesinado por el Ejército Rojo, las CHON y la CHEKA? Además, la dictadura franquista supo ablandarse -usted mismo habla de los últimos, blandos años de la dictadura-. La dictadura comunista, no. El régimen brezhnevista era muchísimo más represivo que el de Franco.
¿Y que es eso de "colocar el carro delante de los bueyes"?
Francia y Gran Bretaña desde el XIX eran las democracias más desarrolladas y estables de Europa, y, debido a este hecho, en estos píses no triunfó ni fascismo ni comunismo.
En resumen: España de los años 30 no estaba preparada para la democracia, como lo muestra el fracaso de la aberrante II república. Si hay que elegir entre el régimen franquista y una dictadura izquierdosa yo, que he vivido las dos cosas, me quedo con la dictablanda de Franco.
Estimado amigo usted me asombra cuando dice:
“No contestaré ahora a todo lo expuesto por Hilario sobre la distinción y posible contraposición entre Democracia y Liberalismo. Sólo diré que esa actitud conduce a crearle una "hipoteca" a la democracia, según la cual ésta sólo se respetará si las políticas de los gobiernos elegidos coinciden con nuestros planteamientos e intereses”.
¡Estoy perplejo!. No se si D. Luis Mendoza Pantión compartirá mi opinión, pero yo creo que lo lógico es que las políticas de los gobiernos deberían coincidir siempre con los planteamientos e intereses de los ciudadanos. Eso debería ser lo normal, pero no suele ocurrir desafortunadamente, sobretodo en esta Europa socializada.
Un ejemplo lo tenemos la desigualdad existente en el reparto del presupuesto a cada Región Autonómica como consecuencia del nuevo Estatuto de Cataluña. Una Ley Orgánica que ha aprobado el Parlamento Español elegido democráticamente, Institución que debería representar los intereses y planteamientos de todos los españoles.
Otro ejemplo es el del gobierno nacionalsocialista de Hitler que fue elegido democráticamente. Creo que hubiera sido mejor que los alemanes le hubieran echado a patadas antes de llevar al país al caos y la vergüenza, por muy democrática que fuese su elección.
En las últimas elecciones de Perú, Ollanta Humala casi pudo conseguir la Presidencia de la República.E l plan de gobierno de Humala incluía propuestas que chocan frontalmente con dispositivos constitucionales vigentes. Estas van desde la amenaza de revisar unilateralmente los contratos celebrados por el Estado con empresas multinacionales hasta la de terminar con la libertad de prensa.
Casos parecidos los están viviendo en Venezuela, Bolivia y otro país del sur de Europa.
¿Tienen democracia en Venezuela? Sí. ¿Tienen libertad? No lo creo. Al menos, no una verdadera libertad, sino la que proviene de los antojos de un régimen que permite respirar a la población porque le es útil, mas no porque sea un Gobierno de leyes. Es un régimen que destruye el Derecho en nombre del Derecho y que concibe la libertad de los ciudadanos, en especial la de los que se le oponen, como una concesión o dádiva ajustada a condiciones cambiantes, no como un derecho inalienable de las personas.
Por ello desazona el alborozo de algunos ante los recientes acontecimientos. Han legitimado democráticamente al régimen, y pueden perder toda libertad.
El deterioro de la libertad en Venezuela es patente, aunque ingenuamente nos regocijemos con sus credenciales democráticas. Se ha llegado a afirmar que "no hay que temerle al socialismo", como si el siglo XX hubiese sido una ficción. Esto me parece una impostura que pone en evidencia una inocultable miopía o una imperdonable mala fe.
A este respecto, cabe recordar las palabras de un miembro de la Convención francesa luego de la ejecución de Robespierre, quien aseveró que las revoluciones dividen las sociedades en dos grupos: el que genera miedo y el que tiene miedo. El régimen "bolivariano" tiene dos opciones: profundizar en el miedo o detenerlo. Seguramente escogerá la primera.
Los políticos suelen esconder sus decisiones tras un manto "democrático", como si el ganar una elección significara impunidad para pisotear derechos y despojar propiedades, premiando a los amigos y castigando a los enemigos. Además, con gran desparpajo manipulan, modifican o suspenden principios constitucionales que les resultan inconvenientes. Así, vemos que las constituciones latinoamericanas, lejos de proteger la libertad ciudadana del abuso de los poderosos, son más bien interminables listas de pseudoderechos inventados para lograr apoyo popular, lo cual da carta blanca a los gobernantes para planificar la economía en beneficio propio y de los sectores que los apoyan, mientras aplastan o arruinan a sus enemigos ideológicos.
¿Por qué? ¿Qué es tan grandioso acerca de un gobierno por mayoría? Una mayoría puede ser tan tiránica como un solo dictador y mayorías muchas veces han privado a minorías e individuos de sus derechos - los han explotado, esclavizado y asesinado.
¿Qué pasaría si una mayoría de ciudadanos, llevados por una confusa mezcla de desesperanza, frustración y resentimiento, eligiera como gobernante a un candidato que, como parte de su programa de gobierno, anuncia que terminará con aspectos esenciales de la democracia? ¿Tal decisión es válida y debe ser respetada?
El amor desmedido por la igualdad, advirtió Tocqueville, lleva a que los hombres renuncien a la libertad. El Poder no les hurta sus derechos, son ellos los que los ceden. La sociedad se uniformiza tanto como el pensamiento. Es lo que hoy llamaríamos "lo políticamente correcto". Una situación en la que las opiniones contrarias se castigan con el rechazo social, la marginación, la autocensura. Las democracias se convierten entonces en una "tiranía de la mayoría" que condena la pluralidad y la iniciativa individual y conduce a la "mediocridad".
Tocqueville alertó de que la democracia concebida como tiranía de la mayoría pondría en peligro la libertad y la independencia personales. Ahora bien, junto a los riesgos, el pensador francés, siguiendo el ejemplo de la sociedad americana, dio un racimo de soluciones. Hablaba de la organización de la sociedad civil a través de asociaciones que velaran por sus intereses y derechos, pero también de la necesidad de evitar la arbitrariedad del poder, siguiendo a Locke y a Montesquieu, con un poder judicial independiente y mediante la descentralización política y administrativa.
A menudo se cree que un país libre es lo mismo que un país democrático. Y lo cierto es que mucha gente alrededor del mundo comenzó a avanzar hacia la libertad con el voto, logrando así influenciar las políticas públicas que hasta entonces habían sido impuestas por gobernantes no elegidos o por grupos de rufianes.
Pero una verdadera sociedad libre puede existir solamente bajo una democracia estrictamente limitada. Para comenzar, las votaciones no pueden imponer lo que cada ciudadano tiene que hacer con respecto a su trabajo y a su propiedad. Democracia no debe significar nada más allá de la selección de administradores del sistema legal, el cual se debe limitar a proteger los derechos fundamentales del ciudadano. En otras palabras, la gente puede votar para elegir al jefe de la policía, no sobre si el jefe de la policía debe robar a Pedro para ayudar a Juan.
La gente es suficientemente inteligente para escoger a quien podría conducirnos a una sociedad más libre, pero no suelen usar su inteligencia con ese propósito. Lamentablemente, es más frecuente que los electores la empleen para elegir a quien ofrezca más beneficios que serán pagados por otros.
Muchos creen que democracia significa libertad, pero si echamos un vistazo a las democracias que hay en el mundo pronto nos damos cuenta de que no es cierto. Casi todas las democracias restringen la libertad económica mucho más de lo necesario. Muchas tienen jueces y funcionarios corruptos, restringen los derechos de las mujeres, imponen controles a la prensa y no protegen los derechos y la manera de pensar de la gente. Irán, una teocracia muy restrictiva, y la Venezuela de Hugo Chávez se llaman "democracias" y tienen elecciones.
A los próceres fundadores de EEUU les preocupaba la libertad, razón por la cual fundaron una república para proteger las libertades individuales de las pasiones de las mayorías del momento, y también les preocupaban los excesos democráticos.
James Madison, principal redactor de la Constitución, mantenía que "las democracias han sido espectáculos de turbulencia y conflicto". Esa manera de pensar era compartida por los demás próceres, y por ello la Constitución de EEUU fue diseñada para impedir que una mayoría democrática limitara la libertad de expresión, de prensa, de creencias, etcétera.
Nuestra Constitución es un documento de libertad, no de democracia.
"Que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos se cuentan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". La Declaración de Independencia de los Estados Unidos dice, nada menos, que estas verdades son evidentes. La sonoridad de esa frase ha retumbado durante generaciones en las mentes y los corazones de los estadounidenses, que han sabido proteger dichos derechos inalienables a nivel individual.
Esa es la razón de que muchos norteamericanos tienen armas porque son ciudadanos firmes e independientes, no súbditos dóciles de una permanente élite gobernante. Tienen muy claro que si el gobierno de turno no respeta su vida, su libertad y niega su felicidad pueden derrocarlo por derecho natural, sin contemplaciones democráticas.
El pueblo norteamericano tiene el convencimiento de que la libertad no es un regalo del Estado y que su defensa no puede ser encargada exclusivamente al Gobierno vigente. Por este motivo nunca ha cuajado ningún de régimen totalitario en Estados Unidos.
Aquí se están confundiendo deliberadamente cosas distintas. Nadie duda de que la mera obtención de la mayoría electoral no autoriza a un Gobierno a hacer lo que quiera; de lo que se trata es de fijar cuáles son las normas de obligado cumplimiento para considerar legítimo el accionar de tal Gobierno (legítimo, que no significa lo mismo que acertado). Tales condiciones son la aceptación permanente del principio democrático (es decir, no impedir elecciones ulteriores por el hecho de haber ganado unas en concreto), la libertad de prensa, libertad de organización política y el Imperio de la Ley sobre todos los ciudadanos (no es válido hacer leyes que sólo afecten a una parte de la población, basándose por ejemplo en criterios raciales o territoriales, por poner un caso trivial por evidente). Naturalmente, en cada país se incluye además el respeto por el marco jurídico específico que exista en el mismo. Cumpliendo esto, todo Gobierno elegido democráticamente es legítimo, aunque su gestión sea desastrosa. De lo contrario sí se va al pensamiento único, si lo analizamos rigurosamente: Si uno tiene respuesta respecto a lo que hay que hacer en cada ámbito de la decisión política (una respuesta "liberal", por ejemplo) y estima ilegítimas el resto de las posibles decisiones que pueden adoptarse en esos ámbitos, ¿para qué va a haber elecciones? Sólo sería legítimo el Gobierno que adoptase nuestros postulados, si gana quien los defiende bien, y si no es así entonces no acatamos al que resulte vencedor. Sólo habría que fijar cuáles son esos criterios "liberales" (en cada mínimo aspecto de la gestión, por ejemplo, qué tipo impositivo es el "liberal) y mantenerlos "per secula seculorum".
En cualquier caso, esa idea que subyace a todo ese planteamiento, según el cual hay gente que se considera más "libre de espíritu" por despreciar el "aborregamiento democrático" o "de los más", es muy antiguo, y si bien entendido sanamente (con ecuanimidad y reciprocidad) ha podido ir afinando el régimen democrático, también se ha utilizado precisamente por totalitaristas tanto de derechas como de izquierdas.
Respecto a lo que dice de EEUU: ¿Era liberal la discriminación racial "legal" existente en los Estados del Sur hasta hace tan sólo 4 décadas? ¿Hubiese estado justificado en este caso una rebelión armada cont