7 de Enero 2006

El CAC (Cómo anestesiar -definitivamente- Cataluña)

Que el nacionalismo es una gran amenaza para la democracia y la libertad de los ciudadanos (nada hay de mayor importancia que la libertad individual), es algo sobre lo que no es preciso insistir demasiado. Cualquiera que se haya parado a meditar sobre el asunto, siquiera sea someramente, habrá llegado a la conclusión de que se trata de una ideología liberticida no recomendable para nadie que ame el libre albedrío. Pero claro, siempre hay manadas de fanáticos que en el nacionalismo identitario encuentran la cochiquera donde revolcarse, luego sacudirse el barrillo y salpicarnos a todos. Tal es la condición de los hombres: variopinta y no pocas veces extremada. Así debe aceptarse en aras de la libertad de pensamiento, pero en ningún caso transigir con semejante lacra y concederle el marchamo de corriente democrática. No, no lo es ni de lejos aun cuando ellos mismos, los nacionalistas porquerizos, se llenen la boca con palabras reivindicativas en demanda de una libertad, diálogo y moderación que jamás conceden a otros cuando finalmente han asido el poder.

Que el socialismo es otra gran amenaza para la calidad de la democracia, a la que suele maniatar y volverla irascible tras acceder comúnmente al poder por vías agitativas o revolucionarias, es algo que tampoco debe ofrecerle demasiadas dudas a quien se haya molestado un poco en escarbar y descubrir cuanto de infamia y corrupción hay en todos sus ciento y pico años de iniquidad. El socialismo es, esencialmente, la opción política huérfana de ideología y emperifollada de ideales, usada a menudo de noble coartada por los arribistas y chaqueteros para acceder al poder, enriquecerse o sobreenriquecerse en él y no soltarlo jamás por las buenas, salvo que se les acredite fehacientemente corrupción tras corrupción y algún que otro crimen de Estado.

Ahora bien, cuando en un territorio se amanceban interesadamente socialismo y nacionalismo y deciden ocupar el poder, entonces podría jurarse que ese territorio ha sido sometido a una plaga bíblica y que sus habitantes, a causa de sus vicios (el primero de ellos es no mostrarse interesado en el bien común) han merecido algo así como un castigo divino que ellos mismos han pedido a grandes voces. Pues bien, algo semejante a lo descrito creo que está ocurriendo hoy en Cataluña, una tierra que amo con pasión, de ahí mi gran interés en escribir de ella, y que me desespera al comprobar que sus habitantes no son capaces de reaccionar con dignidad ante la barbarie nacional-socialista. Sí, digo bien, barbarie, puesto que no de otra forma cabe calificar a un régimen que lo primero que fulmina es la libertad y acto seguido la posibilidad de ser criticado por ello.

Hasta el presente me he resistido a escribir sobre el CAC, que es ya todo un sinónimo de organismo liberticida y censor, y buque insignia, a su vez, del régimen opresivo catalán. Pero hoy he decido anotar cuatro cosas a partir de una noticia de Libertad Digital que ubica a ese Consejo Audiovisual de Cataluña, y por ende a sus patrocinadores políticos (casi todo el arco parlamentario catalán), en el punto de mira de una serie de organismos internacionales (Comité Mundial de Libertad de Prensa, Instituto Internacional de Prensa, Asociación Mundial de Periódicos, Foro Mundial de Directores), los cuales declaran al CAC como órgano censor y le piden al Parlamento de Cataluña que lo elimine.

Vergüenza debería de darles a los parlamentarios catalanes, ellos que se creen la representación democrática del pueblo y no son más que una pandilla de totalitarios, ante el hecho de haber aprobado un organismo semejante y, sobre todo, la circunstancia de no deshacerse de él a la primera crítica bien fundada. ¿Por qué actúan así, de espaldas a la libertad? Muy sencillo, porque conforman una oligarquía (PPC incluido) que teme perder el poder vitalicio al que se cree destinado esa viciada clase dirigente. De modo que al primero que me hable sobre mi falta de respeto al Parlamento de Cataluña, un organismo que está pidiendo a gritos la desinsectación, le arrojaré a la cara lo que se opina en el mundo sobre la segunda de sus leyes emblemáticas: el CAC. Y digo la segunda, claramente destinada a hacer desaparecer la libertad de información externa —en Cataluña hace décadas que no existe la crítica interna—, porque la primera de sus leyes, el nuevo estatuto, tiene como objetivo acabar directamente con España o convertirla en un filón de donde extraer tajada tras tajada, fin último de unos diputados, los catalanes, que se dicen representantes de un territorio donde en realidad no existe la democracia ni la libertad por mucho que voten a la par de otras regiones españolas.

Escrito por Policronio en: 7 de Enero 2006 a las 08:38 AM Archivado en Cataluña

Comentarios

1 | escotofia   7 de Enero 2006 a las 09:27 AM

Suscribo por entero cada una de tus palabras. La pasividad con la que estamos viviendo en Cataluña esta situación es vergonzosa, cada día una cucharada de aceite de ricino y para dentro, trágala idiota, me doy verguenza hasta de mi, pero soy tan poca cosa.

2 | Euler   7 de Enero 2006 a las 02:33 PM

Como el anterior comentarista, suscribo totalmente tus palabras.
En Cataluña no tenemos democracia: las preocupaciones de la clase patricia son totalmente ajenas a las de los catalanes. Mientras los catalanes nos quejamos de que los comerciantes no pueden poner el nombre de su comercio en la lengua que quieran, mientras nos preocupamos por el precio de la vivienda, por la educación, por la imposición del catalán en la educación... nuestros políticos siguen legislando para imponer en más ámbitos el catalán. Y lo peor de todo es que la falta de democracia no sólo es porque la clase patricia no tenga las mismas preocupaciones que los ciudadanos y que se dedique a atacar a sus administrados en lugar de intervenir menos en la vida económica y social; sino que los mismos que se quejan de la imposición del catalán, del nacionalismo del PSC, de la manipulación en TV3... cuando van a votar, siguen votando al mismo partido nacionalista. Y esto no es democracia.

3 | yeda   7 de Enero 2006 a las 04:59 PM

¡Que triste que tengas tanta razón!
Si sirve algo de consuelo, hace dos días hable con un "izquierda unida" que volvió de pasar las vacaciones en casa de su madre en Cataluña, echando pestes y soltando mil imprecaciones contra el tripartito y los nacionalistas, a los que antes del viaje aún concedía crédito por ser de su cuerda.

4 | Fede   8 de Enero 2006 a las 10:40 AM

Qué vamos a decir ante tanta infamia y tanto latrocinio. La técnica de justificar los crímenes contra la libertad a partir de esa misma libertad y de la soberanía popular que se adjudican ha sido casi siempre buena y efectiva. En este caso, una banda de malechores apoyados por otra banda de malechores que controlan el dinero de toda una nación han descubierto que pueden controlar a media España con su discurso de la libertad y la democracia y se han erigido como los verdaderos garantes de la verdad más absoluta que sólo ellos poseen para destruir todo atisbo de diálogo y de sana oposición. Si han destituído a un teniente general ¿qué harán con todos los demás?

5 | ramon   8 de Enero 2006 a las 01:44 PM


El problema que tiene los políticos catalanes es que son como avestruces. No ven que cada vez más las tecnologías despedazan los medios de información tradicionales (ejemplo: Libertad Digital, esta web, etc.)

Pueden controlar la radio & tv pero cada vez más las noticias se buscan en la web. En unos años nos vamos a encontrar con la radio satelite y todas estas insitituciones tipo CAC serán inefectivas.

Saludos desde Barcelona donde todavía oímos la COPE (los que quieran oirla).

6 | Policronio   8 de Enero 2006 a las 01:54 PM

Gracias por tu reflexión, Ramón. Buena deducción la tuya, lo que ocurre es que hay en puertas nuevas leyes y reglamentos que pueden eliminar tanto bitácoras y medios de Internet no sumisos al Poder como emisoras digitales que les molesten. Y todo ello parece ser que quieren reglamentarlo bajo un denominado estatuto del periodista. Por ejemplo, Jiménez Losantos no es periodista titulado, luego podrían aplicarle alguna norma elaborada a su medida para silenciarlo y sacarlo del micrófono. Los liberticidas son así y el CAC no es más que el comienzo.

7 | felipe   9 de Enero 2006 a las 06:55 PM

revolucion nacional

8 | Nasara   10 de Enero 2006 a las 11:09 AM

En mi opinión lo más reseñable es que apenas haya voces críticas contra el CAC en Cataluña.
Lamentable.

Y por otra parte tengo que añadir que las opiniones personales de militares en actos oficiales sobran. No es ese el camino.


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