14 de Enero 2006

Defendiendo el liberalismo

El ensayista salvadoreño Federico Hernández Aguilar ha escrito un más que interesante artículo titulado Defendiendo el liberalismo de las precariedades conceptuales, del que coviene empezar analizando la siguiente parte del texto: "A todo lo largo del siglo XX, el desconocimiento de los términos básicos —de ese “andamiaje conceptual” que ilumina los idearios—, favoreció las visiones hemipléjicas de las más importantes doctrinas sociales y económicas, provocando serias confusiones y no pocas inconsecuencias de orden histórico. En Latinoamérica, la víctima más ilustre de esta precariedad ha sido, sin ninguna duda, el liberalismo."

Está claro que el liberalismo es el centro de la mayor parte de los ataques ideológicos de los políticos e intelectuales hispanoamericanos. No hace falta más que darse una vuelta por las distintas cancillerías de la región (Castro, Chávez, Lula, Morales, Kirchner...) para comprobar cómo -cada uno a su manera, eso sí- desde las altas instancias políticas se presenta al "neoliberalismo" como ese mal absoluto sin mezcla de bien alguno.

Señala Hernández Aguilar que "los continuos ataques al liberalismo como una doctrina “economicista” no sólo tergiversan el verdadero espíritu liberal, sino que desnudan a los enemigos del mercado en su imposibilidad de producir una alternativa convincente". Y es que eso es así, amigos de Batiburrillo. Estamos hartos de ver demoledoras críticas que rozan el absurdo en muchas ocasiones y en las cuales no sólo no se aporta nada positivo, sino que desde una estravagante óptica -generalmente neomarxista- se acusa abstractamente al neoliberalismo de cosas tan absurdas como ser el causante el cambio climático o el responsable de los fracasos económicos de los gobiernos intervencionistas y socialistas de Iberoamérica. ¿La culpa del atraso de Brasil, Bolivia, Venezuela...? ¡El neoliberalismo! ¿Qué tiene que ver que los ministros de economía de tales países no sean para nada neoliberales?

Por último, apunta Hernández Aguilar: "los liberales seguimos siendo perjudicados por la costumbre política de exhibir los errores del contrario con la pretensión de vigorizar los aciertos propios". Posiblemente sea cierto. Nosotros mismos hemos refutado en numerosas ocasiones los disparates de demagogos, intervencionistas y socialistas. Ahora bien, siendo algo compleja la elaboración de un discurso liberal coherente que llegue al gran público, quizás haya llegado el momento de prepararnos para dar el gran salto y exponer las lineas maestras del liberalismo político y económico del siglo XXI. Seguro que el esfuerzo habrá merecido la pena.

Escrito por en: 14 de Enero 2006 a las 01:26 PM Archivado en Liberalismo, neoliberalismo, capitalismo, constitucionalismo

Comentarios

1 | Policronio   14 de Enero 2006 a las 05:56 PM

A mi modo de ver, los mayores críticos del liberalismo son los individuos sin ideología alguna, porque ya me dirás qué son esos cuantos populistas que has citado. ¿Lo dejamos en profesionales del poder a cualquier precio?

2 | yeda   14 de Enero 2006 a las 07:45 PM

Con estos argumentos en la izquierda: "el escepticismo del liberalismo, respecto al poder político, y el escepticismo marxista, respecto al poder económico, se complementan", aparte de demostrar analfabetismo, les hace parecer perdidos y desorientados frente al liberalismo.

http://www.elsocialista.es/tem-futuro.HTML

Todavía se perciben en algunos pensadores ciertos complejos de los que hay que prescindir para construir un firme andamiaje de valores que den sustento a las políticas liberales. No dudo que La batalla de las ideas está ganada de antemano, y con vuestro grano de arena de batiburrillo mucho más cerca.

3 | Mónica   14 de Enero 2006 a las 09:33 PM

Siempre hay que estar en esa batalla, Smith.

Causa pasmo comprobar cómo no hay una sóla defensa del socialismo –incluyendo las que casi cada día hacen los socialistas de derechas, los democristianos- que no esté plagada de falacias, simplificaciones o simples mentiras. Ellos lo que hacen es partir de esas mentiras dándolas por verdades indiscutidas, y luego adobarlas bien de argumentos emocionales. Y, sobre todo, afanarse por impedir que los liberales tengamos algún altavoz donde llevarles la contraria, claro. De más saben ellos que la posibilidad de que podamos discutirles con argumentos racionales es letal.

Lo que pasa es que, en un momento como éste -tan grave y con tantos trapos a los que entrar- por lo menos en España cuesta centrarse en la elaboración de un discurso liberal coherente y en positivo como el que dices.

Yo, de vez en cuando, dentro de mis modestas posibilidades, trato de hacerlo y, buscando la mayor audiencia posible, envío cartas al director (que en El Mundo de Andalucía sí que a veces me las publican aunque la última vez le confundieran el título) explicando aspectos concretos, incluso económicos –con lo que me cuesta eso a mí, que soy de letras puras-, al socaire de la actualidad local. Además a veces trato, no sólo de demostrar las falacias del socialismo y el daño que causa el intervencionismo a la gente que dice querer ayudar, sino también de aportar la alternativa liberal. Y, todo ello, procurando que mi discurso no sea frío ni lejano al lector, sino al revés: cálido, inteligible por cualquiera y dirigido a las personas. Procuro, en definitiva, seguir aquella máxima hayekiana de que los liberales debemos esforzarnos por ser eficaces second-hand dealers of ideas.

Además, tengo la ventaja de que Chaves o Emilio Carrillo (delegado de urbanismo del ayuntamiento de Sevilla) todavía no son Chávez, Evo Morales o Castro. Aunque me consta que ya hacen sus pinitos censores exigiendo –y lo que es peor, consiguiendo- que los directores de los medios locales aparten a tal o cual periodista que parece que iba abriendo los ojos e intentando salir del discurso progre dominante.

Pero, claro, luego te encuentras con que salen los peperos y demuestran ser más socialistas que nadie. Y entonces es cuando se te cae el alma a los pies.

Lo más asombroso es comprobar cómo contra lo que una lucha es contra rigurosas falsedades que, verdaderamente, no resisten el menor análisis. Pero están de tal manera grabadas en el inconsciente de la gente y encuentran tantísimos y tan variados altavoces (lo de COPE Sevilla es verdaderamente vergonzoso, con auténticos lerdos que no saben ni de lo que hablan llevando los principales espacios), sin que no haya prácticamente nadie que les lleve la contraria, que una se desespera a veces. Otras, en cambio, crees notar un cierto cambio en opinadores profesionales varios, en líderes vecinales, en presidentes de asociaciones, etcétera, y te animas algo.

Pero, en fin, sí, habrá que recobrar la serenidad y perseverar más en esos intentos explicativos. Aparte de en los otros. ¿Será por frentes que atender? Lo que no siempre se tiene es tiempo.

4 | irichc   14 de Enero 2006 a las 11:17 PM

Una crítica no marxista al liberalismo:

http://justicia.bitacoras.com/archivos/2006/01/14/izquierda-y-derecha-politicas-la-utopia-con-pies-de-barro

* * *

El iusnaturalismo ha de dotar de objetividad a la justicia y librarla tanto de las garras del relativismo y las falsas presunciones de las izquierdas al uso como de las generalizaciones y el oscuro economicismo voluntarista de las derechas hegemónicas.

Las izquierdas postulan mal e infieren bien; las derechas postulan bien e infieren mal. Véase:

1) Las unas parten de la igualdad material, una aspiración indeseable que persiguen a través del socialismo, una justicia, en consecuencia, pervertida "ab initio".

2) Las otras ansían la libertad individual, un noble designio que, según dicen, debe transitar por los cauces del liberalismo, que es la ausencia de justicia por la falaz identificación de ésta con aquélla; del fundamento, entonces, con los fines, igualmente negados en su confuso matrimonio.

Así pues, invariablemente, si el fundamento natural de toda política, de toda economía, es la libertad, su fin debe ser la justicia, donde aquélla se realiza sin perjuicio social. Las políticas carentes de fin o de fundamento, como el socialismo o el liberalismo, no podrán sobrevivir faltas de un Estado tiránico y, al cabo, fracasarán.

¿Cuál sería la panacea? Una ideología que postulara de manera no viciosa e infiriese de forma correcta; que se basara en la libertad o autonomía individual y tendiese a la justicia, esto es, a la igualdad real de oportunidades -como exige la libertad- mediante el Estado; al socorro recíproco -como pide la caridad- mediante la religión; y a la retribución según méritos -como demanda la equidad- mediante el derecho. Fraternidad, pues, que no es otra cosa que libertad en la justicia.

Esto es una mera declaración de principios. ¿Resulta utópica? ¿Se trata de valores contradictorios en un sistema de cooperación óptimo? No, bajo mi punto de vista.

El liberalismo es una ideología "ad hoc" para el matenimiento del "statu quo". Se preserva el interés del empresario actual a despecho del trabajador, que también podría disponer de los medios de producción en el futuro. Este cambio de papeles no se desea, y por ello no se promueve, toda vez que se razona según dos hipótesis decimonónicas, a saber: a) la escasez de bienes (malthusianismo), dado el número limitado de recursos y trabajadores frente al de propietarios, potencialmente ilimitado; y b) la autopromoción de los mejores (social-darwinismo), que asume que el que prospera lo hace esencialmente en virtud de sus solos méritos.

Frente a a) afirmo que la propiedad no es un derecho natural, ya que 1) no es necesaria para la supervivencia (bastan la posesión y el usufructo) y 2) requiere del consentimiento de otros (de los que la enajenan). Y que, a partir de ahí, los propietarios han de ser inexistentes o limitados.

Frente a b) sostengo que la inteligencia que caracteriza a los mejores es una cualidad social, la cual presupone una racionalidad múltiple participada por todos los que interactúan, que de ubicarse en un contexto donde la cooperación fuera imposible, ya que todo conflicto se resuelve a favor del más fuerte, quedaría destruida en sus cimientos. La libertad sin inteligencia sólo redunda en aumento del azar, que se opone a ambas.

5 | ElJinetePalido   15 de Enero 2006 a las 10:29 AM

Bueno irich, hace tiempo que estudie Dcho Natural pero en nada creo que se opone al dcho positivo de propiedad. Cualquier iusnaturalista incluíra en ese supuesto Dcho Natural derechos como la vida o la libertad o la intimidad. Estos derechos implican ya un componente de propiedad, una propiedad sobre el propio cuerpo de uno por ejemplo, ¿acaso tu eres poseedor solamente o usufructuario de ti mismo? ¿es el Estado el nudo propietario de tu persona? ¿un cazador individual no sería con arreglo al iusnaturalismo, legítimo propietario de los instrumentos de caza por el fabricados? ¿y del producto de la caza?.

El liberalismo es una concepción que supera con mucho el aspecto económico, y no es el liberalismo el que introduce en la Humanidad el concepto jurídico de propiedad, pues en el Derecho Romano no había liberales pero sí que había grandes propietarios, y el Dcho Romano es el gran "positivizador" del supuesto Dcho Natural.

Bueno, ya digo que no recuerdo muy bien el tema iusnatural pues además era un poco "maría" en la facultad, quizá haya dicho alguna tontería. Repasaré a Savigny.

6 | Smith   15 de Enero 2006 a las 01:15 PM

Interesantes apuntes, amigos. De todas maneras, Irichc, comentas que "El liberalismo es una ideología "ad hoc" para el matenimiento del "statu quo"." No estoy de acuerdo, pues sólo allá donde hubiera gobiernos y sistemas socioeconómicos puramente liberales, defenderían el status quo. ¿Acaso un liberal defiende el status quo de Cuba, Andalucía o Barcelona? No lo creo, amigo.

7 | Mónica   15 de Enero 2006 a las 05:08 PM

Con toda esa faramalla, irichc lo que nos viene a decir es que él está investido de una capacidad superior a la de los demás mortales para saber qué es lo que nos conviene, y luego para imponernos sus designios mediante coacción.

Pues no, irichc. Los sistemas políticos por supuesto que no tienen que tener ningún fin, porque seas tú o sea yo quien decida ese fin, será una decisión arbitraria y, por tanto, no tendremos ningún derecho a imponérsela a los demás. Lo justo es, precisamente, que cada uno de nosotros sea libre para elegir qué fines desea perseguir en la vida, y utilizando qué medios; y que nadie –ni el Estado, ni tú ni yo ni nadie- tenga derecho a arrebatarle a la gente ni su vida, ni su libertad ni su propiedad.

Y la propiedad es que es lo mismo que la libertad. Si yo soy libre para trabajar en lo que me de la gana, pero luego resulta que el estado se queda con la mitad de lo que gano y no me permite elegir mi proveedor de sanidad, de pensiones ..., realmente yo no soy libre sino esclava del estado. Si mi propiedad no está garantizada, dime tú a mí para qué voy yo a esforzarme, a ahorrar, a invertir.

Por otra parte, eso que dices de que el liberalismo trata de defender el status quo es una muestra de que, sencillamente, desconoces qué es el liberalismo. Son los políticos y sus regulaciones –destinadas a tener contentos a diferentes grupos de presión- los que establecen privilegios. El liberalismo lo que preconiza es precisamente lo contrario: la eliminación de todas las barreras de entrada, todos los privilegios de los ya instalados y todas las regulaciones que dificultan o impiden que, si se te pone en las narices, tú mismo puedas dejar en la estacada a un jefe borde y montarle la competencia. Si la gente se diera cuenta de que los obstáculos para que puedan hacer eso y para que, una vez que lo hacen, consigan prosperar por sí mismos, están creadas artificialmente por el estado, se echaría las manos a la cabeza viendo qué clase de monstruo tiránico hemos creado.

Por último, eso que llamas igualdad real de oportunidades mediante el estado es en sí mismo un imposible metafísico –todos nacimos y somos desiguales por naturaleza-, además de algo ilegítimo porque hay que lograrlo mediante el expolio de otros. Fuera de la igualdad ante la ley, no hay tal igualdad sino latrocinio, que su vez repercute –embotándola- en la propia capacidad de la sociedad, de la gente, para crear esas oportunidades. ¿Quieres ayudar a los necesitados? Muy bien. Pues hazlo a través de organizaciones privadas, con las que las personas colaboren de forma voluntaria, con su dinero (para lo cual es necesario que antes no los hayan atracado, claro). Pero, por favor, deja de imponerme a mí tus preferencias filantrópicas, deja de desincentivar el esfuerzo y la responsabilidad individual y, sobre todo, deja de pedir que el dinero de la gente se pierda inútilmente por el sumidero burocrático.

8 | Alberto   16 de Enero 2006 a las 11:24 AM

El derecho natural es autoritario si incluye el propietario ausente, pues promueve la dominación de unos individuos sobre otros. Thomas Jefferson se fijó en Locke solo en la apropiación, pero lo del propietario ausente no lo consideró positivo:

http://www.luc.edu/depts/polisci/research/katz.html

Para Thomas Jefferson las propieades desligadas de la ocupación física eran contarias a la libertad.

Gran tipo Thomas Jefferson. Eso es parecido a lo que hicieron lugo los anarquistas con la propiedad.

Es increíble en lo que han convertido el liberalismo los capitalistas. Como veis Thomas Jefferson era anticapitalista.

9 | irichc   17 de Enero 2006 a las 02:29 AM

Hola, Jinete.

"¿un cazador individual no sería con arreglo al iusnaturalismo, legítimo propietario de los instrumentos de caza por el fabricados? ¿y del producto de la caza?".

Sí, porque los objetos que mencionas, las armas y la presa, o bien los fabricó el mismo propietario, o bien eran una "res nullius", en caso de que nadie se las hubiera atribuido de forma legítima. Además hay que admitir que se adquiere la propiedad de aquello que se consume totalmente. Pero son casos demasiado excepcionales como para marcar una pauta en la sociedad moderna. Así, por ejemplo, las tierras jamás son "res nullius", ya que o pertenecen a otro propietario, o son territorio del Estado o -si no hay Estado- jamás resultan por su propia naturaleza fabricables o consumibles.

10 | irichc   17 de Enero 2006 a las 03:30 AM

Mónica,

"Lo justo es, precisamente, que cada uno de nosotros sea libre para elegir qué fines desea perseguir en la vida, y utilizando qué medios; y que nadie –ni el Estado, ni tú ni yo ni nadie- tenga derecho a arrebatarle a la gente ni su vida, ni su libertad ni su propiedad".

Tenía entendido que los liberales sí estabais a favor de un Estado que al menos protegiera la propiedad privada. De modo que, en el caso de que yo sustrajera tus bienes y los poseyese sin valerme de un justo título para ello, el Estado podría arrebatármelos para devolvértelos. Y si no es el Estado, cualquiera que actuase en tu interés. Luego la política sí tiene un fin, y no es el mantenimiento del "statu quo", sino la justicia: dar a cada cual lo suyo.


"Si mi propiedad no está garantizada, dime tú a mí para qué voy yo a esforzarme, a ahorrar, a invertir".

Yo no he dicho que el Estado deba apropiarse del fruto de tu trabajo para dárselo a las clases con menor poder económico. Afirmé que tiene que promover de forma efectiva la igualdad real de oportunidades de todos, y eso significa desde que nacen y son sujetos de derechos (por tanto, antes incluso de que puedan trabajar) hasta que mueren y son causantes de los derechos de otros (a título de herencia o legado, esto es, también sin relación laboral).


"eso que llamas igualdad real de oportunidades mediante el estado es en sí mismo un imposible metafísico –todos nacimos y somos desiguales por naturaleza-".

El Estado no puede ni está llamado a corregir las desigualdades por naturaleza, pero sí las desigualdades por azar.


"además de algo ilegítimo porque hay que lograrlo mediante el expolio de otros. Fuera de la igualdad ante la ley, no hay tal igualdad sino latrocinio, que su vez repercute –embotándola- en la propia capacidad de la sociedad, de la gente, para crear esas oportunidades".

La sola igualdad ante la ley no me asegura que tú y yo podamos acceder al mercado y disputárnoslo en paridad de condiciones. Si la igualdad real de oportunidades es, entonces, un fin deseable y, en mayor o menor medida, posible, debe perseguirse aunque implique medios gravosos. ¿O acaso diremos que la libre competencia es mala porque permite que muchos se arruinen?

Ahora responde: ¿qué es más eficiente para el conjunto, diez empresarios con patrimonio semejante y en competencia similar, o dos empresarios con el quíntuplo de riquezas de cualquiera de los anteriores? Lo primero, a todas luces. Luego, ¿no será el reparto justo una forma de estimular el mercado y evitar oligopolios?


"El liberalismo lo que preconiza es precisamente lo contrario: la eliminación de todas las barreras de entrada, todos los privilegios de los ya instalados y todas las regulaciones que dificultan o impiden que, si se te pone en las narices, tú mismo puedas dejar en la estacada a un jefe borde y montarle la competencia".

Razón de más para considerar al reparto equitativo que afiance unos mínimos. Así que elige: o abolimos la herencia y las donaciones, o gravamos la riqueza fruto del trabajo, lo que no deja de ser una carga indirecta sobre el capital que lo ha permitido.

11 | Policronio   17 de Enero 2006 a las 02:05 PM

irichc, según tú: "El Estado no puede ni está llamado a corregir las desigualdades por naturaleza, pero sí las desigualdades por azar".

No puedo estar más en desacuerdo. Si el Estado interviene también para compensar el azar, ¿qué nos queda? A mi juicio el liberalismo es la ideología del libre albedrío, tanto de los seres vivos como de la naturaleza. Si se pierden de nuestros actos ciertas circunstancias como el azar, la emoción y la aventura, a ser posible envueltas en fantasía, embrollo o riesgo, sólo quedan la rutina y el tedio, cuando no el hastío.

El liberalismo tiene mucho de componente económico pero tiene mucho más de filosofía permisiva en infinidad de campos. La primera de ellas, según creo, es el hecho de que acepta que un liberal lo sea como Dios le dé a entender. Fíjate en esta de red de bitácoras, Red Liberal, comprobarás que cada uno es de su padre y de su madre. Hay corrientes o tendencias para todos los gustos, pero el común denominador es el amor a la libertad indivual. En el caso de Batiburrillo, además, influye mucho el respeto a la Ley.
Saludos cordiales.


12 | Mónica   17 de Enero 2006 a las 04:02 PM

Irichc, ¿cuándo he dicho yo que el Estado no tenga que proteger la propiedad privada? Lo que digo es lo contrario: que lo único que puede legitimar la existencia de Estado (junto con, tal vez, ciertas obras públicas) es impedir que a la gente se le arrebate su vida, su libertad y su propiedad. Pero, ojo, eso no es perseguir ningún fin. Simplemente es la única excusa para que toleremos un cierto grado de coacción estatal. Además, el Estado es el primero que debe abstenerse de atropellar esos derechos de las personas, que son anteriores al poder. En caso contrario, ese poder se convertirá en ilegítimo.

“El Estado no puede ni está llamado a corregir las desigualdades por naturaleza, pero sí las desigualdades por azar.”

¿Y cuál es la diferencia entre desigualdades por naturaleza y desigualdades por azar? ¿Quién es ese arúspice omnisciente capaz de establecer esa diferencia?

Nacer en una familia con posibles no es azar. Es mérito de tus antecesores. Y, en cualquier caso, no es el estado con dinero ajeno (arrebatado coactivamente) el llamado a corregir nada.

“La sola igualdad ante la ley no me asegura que tú y yo podamos acceder al mercado y disputárnoslo en paridad de condiciones.”

Fuera de la igualdad ante la ley, ni existe ni va a existir nunca paridad de condiciones. Hay empresarios listos, torpes, vagos, trabajadores y mediopensionistas. Vamos ni es deseable además, y menos si esa pretensión se usa para atracar a la gente.

“Si la igualdad real de oportunidades es, entonces, un fin deseable y, en mayor o menor medida, posible, debe perseguirse aunque implique medios gravosos.”

En absoluto. Ni una cosa ni otra. Lo más parecido a la igualdad de oportunidades es la igualdad ante la ley, lo cual incluye que no existan leyes restrictivas del mercado que ciertos grupos de presión han conseguido que el político de turno les haga –siempre invocando bonitas y a menudo lacrimógenas coartadas de protección del consumidor o cosas así- para protegerles de posibles nuevos competidores más eficientes.

“Ahora responde: ¿qué es más eficiente para el conjunto, diez empresarios con patrimonio semejante y en competencia similar, o dos empresarios con el quíntuplo de riquezas de cualquiera de los anteriores? Lo primero, a todas luces. Luego, ¿no será el reparto justo una forma de estimular el mercado y evitar oligopolios?”
Primero, ¿por qué te empeñas en definir tú solito, cual arúspice socialista, qué es lo eficiente y qué es un reparto justo? Lo justo y además lo eficiente es que eso no lo determines tú sino la gente, el mercado, que no es más que la resultante de millones de individuos buscando sus propios fines en cooperación voluntaria los unos con los otros.

La competencia nunca es ni similar ni fija, ni tiene que ver obligatoriamente con el patrimonio del empresario, sino más bien con la cantidad de trabas que se encuentre y con su perspicacia empresarial.

No hay tal cosa como la competencia perfecta y todos esos rollos, porque los fines y los medios nunca están dados ni son estáticos–como pensaban los economistas neoclásicos-, sino dinámicos y en constante cambio. La función empresarial consiste precisamente en ser capaz de descubrir esa información que continuamente se está creando en el mercado, en un proceso dinámico guiado por el sistema de precios.

Los precios son señales muy potentes que resumen gustos, tendencias, tecnologías, modos de producción y sus constantes cambios. Se trata de pura información que resulta del conocimiento de la gente y sus preferencias.

Si el Estado interfiere en el mecanismo de formación de los precios, fijándolos o alterándolos a base de impuestos, subvenciones, cuotas, tributos, aranceles, monopolios y regulaciones, dicha información y conocimiento se pierden o se distorsionan. Si eso ocurre, los recursos siempre escasos de capital físico y humano se usarán mal y se producirá menos que lo óptimo y de inferior calidad. La comunidad afectada se desarrollará poco y se mantendrá detrás de las otras. Es lo que muestra la Historia: cuando los gobiernos son austeros y se limitan a sus asuntos, las sociedades son prósperas; las economías libres crecen, mientras que las planificadas, controladas, protegidas o reguladas se van quedando atrás; los subsidios no ayudan a la gente, sino al revés: son un dogal que les impide preguntarse qué pueden hacer ellos para crecer por sí mismos.

Los oligopolios quien los crea es el poder con sus infinitos impuestos, trabas y regulaciones. Siempre que no haya barreras de entrada y haya algo que ganar, descuida que surgirá alguien capaz de inventar formas nuevas de satisfacer más eficientemente al consumidor. A lo mejor, con un nuevo producto que hasta entonces no existía, o creando una forma alternativa de producir lo mismo. En el libre mercado, nadie está a salvo del veredicto del consumidor. Incluso el más acaudalado empresario, si se duerme en los laureles, si no es capaz de servir al consumidor mejor que otros, fracasará.

Lo verdaderamente eficiente para el conjunto es dejar que sea el propio mercado (la gente, porque el mercado ya te digo que es la gente, ) el que determine cuántos empresarios hay en cada momento y quiénes son. Y el mercado como se estimula no es robando a la gente mediante impuestos e intervencionismo sino dejándolos en paz. Dejando que funcione el sistema de precios. Dejando de desincentivar el esfuerzo y el talento.
“Razón de más para considerar al reparto equitativo que afiance unos mínimos. Así que elige: o abolimos la herencia y las donaciones, o gravamos la riqueza fruto del trabajo, lo que no deja de ser una carga indirecta sobre el capital que lo ha permitido.”

Y dale con la omnisciencia y con el creerte legitimado para ejercer la coacción sobre los demás.

¿Quién decide cuáles son esos mínimos? ¿Tú? ¿Como si ese dinero fuera tuyo y no de sus legítimos dueños que son quienes se lo han ganado o lo han recibido de quien le haya dado la gana de dejárselo? ¿Dónde está la justicia esa de la que hablas y la protección de la propiedad si no haces más que inventar excusas para atropellar arbitrariamente la propiedad de los demás?
Si alguien puede recibir una herencia o una donación es porque antes ha habido otro alguien que se ha esforzado para acumular esa riqueza y luego poder dejársela a otro alguien, hijo o no. ¿Para qué demonios va a trabajar nadie si luego una panda de burócratas y políticos iluminados pueden quedarse con lo que ha ganado, invocando su arbitrario concepto de justicia?

La propiedad no se puede respetar a medias. O se roba (y los impuestos también son un robo) o no se roba. Además, si tú te empeñas en darles por la cara esos mínimos arbitrariamente fijados ¿puedes decirme qué incentivos van a tener para valerse por sí mismos? ¿No te das cuenta de que con tu manía del reparto lo que estás impidiendo es que la propia sociedad mediante el mercado e incluso, en casos muy contados, mediante instituciones caritativas privadas, sea capaz de crear esas oportunidades?

Es vuestro socialismo lo que impide a los pobres tener ocasión de prosperar, que no os enterais.


13 | Mónica   17 de Enero 2006 a las 04:54 PM

Ah, Irichc, se me olvidaba.

“Yo no he dicho que el Estado deba apropiarse del fruto de tu trabajo para dárselo a las clases con menor poder económico. Afirmé que tiene que promover de forma efectiva la igualdad real de oportunidades de todos, y eso significa desde que nacen y son sujetos de derechos (por tanto, antes incluso de que puedan trabajar) hasta que mueren y son causantes de los derechos de otros (a título de herencia o legado, esto es, también sin relación laboral).”

¿A no? Todo lo que hace el Estado tiene que basarse necesariamente en el fruto del trabajo de los sufridos contribuyentes. ¿En qué si no?

El Estado no tiene que promover nada, y menos entelequias igualitaristas sin sentido. Basta con que no se empeñe en convertirse en permanente obstáculo para que la propia sociedad pueda prosperar.

¿Quieres que los hijos de los pobres tengan una buena educación? Muy bien. Pues baja los impuestos, elimina los planes de estudio estatales y las legislaciones educativas comprensivas, paternalistas e igualitaristas, privatiza la enseñanza e introduce el cheque escolar para determinados casos muy puntuales. Pero, a partir de ahí, por favor, deja de inducirlos a la dependencia de tus peligrosas e inútiles “ayudas”. Y, sobre todo, deja de inventar excusas para que se boicotee desde el poder la posibilidad de que la propia sociedad encuentre fórmulas para progresar por su cuenta.

14 | irichc   17 de Enero 2006 a las 05:12 PM

"lo único que puede legitimar la existencia de Estado (junto con, tal vez, ciertas obras públicas) es impedir que a la gente se le arrebate su vida, su libertad y su propiedad. Pero, ojo, eso no es perseguir ningún fin".

Cómo que no, Mónica. ¿Acaso no se está diferenciando entre la vida, la libertad y la propiedad legítimas, fruto del esfuerzo, y la vida, la libertad y la propiedad antisociales, resultado del robo?


"¿Y cuál es la diferencia entre desigualdades por naturaleza y desigualdades por azar?".

Desigualdad por naturaleza es la que condiciona de forma permanente el desarrollo de un individuo, siendo innata y, por tanto, inseparable de sus decisiones libres. Desigualdad por azar es aquella provocada por las decisiones de los otros, afectando sólo en un sentido o en el opuesto (positivo o negativo) a una parte del conjunto de la sociedad. Ejemplos de la primera son el talento, la agilidad, la osadía...; ejemplos de la segunda: el lugar de nacimiento, la extracción social, las crisis económicas, las guerras, etc.


"Nacer en una familia con posibles no es azar. Es mérito de tus antecesores".

Como dijo un clásico, de qué me sirve que mis antepasados tuvieran buena vista si yo soy ciego. El mérito o la nobleza no son transferibles por vía genética.


"Y, en cualquier caso, no es el estado con dinero ajeno (arrebatado coactivamente) el llamado a corregir nada".

¿Quién si no?


"Lo más parecido a la igualdad de oportunidades es la igualdad ante la ley, lo cual incluye que no existan leyes restrictivas del mercado que ciertos grupos de presión han conseguido que el político de turno les haga –siempre invocando bonitas y a menudo lacrimógenas coartadas de protección del consumidor o cosas así- para protegerles de posibles nuevos competidores más eficientes".

Así que es justa la ley que protege la propiedad pero no lo es la que resguarda y hace equitativos los medios de acceso a la propiedad. A eso lo llamo doble rasero.


"Lo justo y además lo eficiente es que eso no lo determines tú sino la gente, el mercado, que no es más que la resultante de millones de individuos buscando sus propios fines en cooperación voluntaria los unos con los otros".

No soy yo, sino Adam Smith, quien dijo que el monopolio y el control del mercado por unos pocos eran contraproducentes.


"La competencia nunca es ni similar ni fija, ni tiene que ver obligatoriamente con el patrimonio del empresario, sino más bien con la cantidad de trabas que se encuentre y con su perspicacia empresarial".

El patrimonio previo existente, sujeto al azar, es un factor nada desdeñable, aunque no sea el único. Incluso la pericia del empresario puede verse muy condicionada por el hecho de haber tenido una mejor educación.


"No hay tal cosa como la competencia perfecta y todos esos rollos, porque los fines y los medios nunca están dados ni son estáticos".

Pero la competencia perfecta no habla de fines y medios, que yo sepa, sino de libre concurrencia, homogeneidad del producto y racionalidad de los agentes. No veo cómo el liberalismo puede subsistir sin eso.


"los subsidios no ayudan a la gente, sino al revés: son un dogal que les impide preguntarse qué pueden hacer ellos para crecer por sí mismos".

En base a este argumento, suprimamos las herencias y las donaciones. Que el Estado se quede su producto y lo reparta proporcionalmente entre todos los ciudadanos.


"Los oligopolios quien los crea es el poder con sus infinitos impuestos, trabas y regulaciones".

También puede contribuir a crearlos absteniéndose de intervenir. Recuerda el caso Microsoft.


"Si alguien puede recibir una herencia o una donación es porque antes ha habido otro alguien que se ha esforzado para acumular esa riqueza y luego poder dejársela".

En primer lugar, si el esfuerzo ajeno es capaz de justificar el beneficio propio, no deberías oponerte a los subsidios. En segundo lugar, puede que los bienes que yo transmita a título gratuito me hayan sido, a su vez, cedidos de balde, con lo que estaría enajenando algo que no es fruto de mi esfuerzo (justo lo que hace el Estado, aunque teóricamente en vistas a la equidad y sin incurrir en nepotismo).


"si tú te empeñas en darles por la cara esos mínimos arbitrariamente fijados ¿puedes decirme qué incentivos van a tener para valerse por sí mismos?".

Los mismos que tiene un empresario para seguir trabajando y enriquecerse cuando ya tiene bastante para comer.


Saludos.


http://justicia.bitacoras.com

15 | irichc   17 de Enero 2006 a las 05:18 PM

Policronio,

"No puedo estar más en desacuerdo. Si el Estado interviene también para compensar el azar, ¿qué nos queda?".

La libertad, puesto que el azar se define como lo que escapa a ésta.

16 | ElJinetePalido   17 de Enero 2006 a las 08:05 PM

Ya he visto que eres un "iusnaturalista" irreductible. No estaba en mi ánimo iniciar una polémica y mucho menos que la pusieras en portada de tu bitacora. Te contesté a vuelapluma basándome en mis brumosos recuerdos de una asignatura un tanto evenescente. Ahora bien y en lo que respecta a una raiz del derecho positivo de propiedad en el Derecho Natural sigo creyendo que la tiene, y no debe ser otra que el esfuerzo personal y el trabajo, por eso me retrotraía a un supuesto cazador "antecessor" nuestro. A partir de ahí dejemos que la libertad (derecho individual incluido en cualquier concepción de Derecho Natural) del propietario, a través de su santa voluntad, fluya, decidiendo que hacer con su propiedad, siempre respetando la libertad de los demás.

Quizá esté fin de semana repase algún apunte de Norberto y demás iusnaturalistas en cuanto a los bienes inmuebles, tema que me hace dudar. Si encuentro algo interesante lo anotaré.

17 | Mónica   17 de Enero 2006 a las 08:44 PM

A ver, Irichc, lo único antisocial es no tener ni idea de en qué consiste el derecho de propiedad, lo cual equivale a ignorar por completo en qué consisten la libertad y, en definitiva, el propio mundo libre. Verás, por decirlo clarito:

Todos aquellos bienes que han llegado a tu poder sin mediar coacción ( comerciando, como resultado de acuerdos voluntarios en el libre mercado; por herencia, por donación, porque te los han regalado por tu cumpleaños o porque simplemente te los has encontrado por la calle), propiedades legítimas. Los bienes que se te arrebatan mediante coacción, ya sea por otros particulares o por el Estado (impuestos, tasas, etcétera), robo.

Así que no es un problema ni de esfuerzo propio ni de esfuerzo ajeno, sino de si hay voluntariedad o no. Si las riquezas te las dejó tu abuelo, tu tío, tu padre o un notario de Guadalajara –porque suyo fue el mérito (que a ese mérito me referí antes, aunque hayas fingido no darte cuenta) de acumularlas-, el caso es que lo hizo voluntariamente. Los subsidios y demás supuestas ayudas otorgadas por el estado no proceden de aportaciones voluntarias sino del atraco estatal al contribuyente.

Segundo, tan azar es nacer de unos determinados padres, en un determinado lugar etcétera como hacerlo siendo rubio, moreno, tonto o listo. Nadie tiene derecho a atracar

Tercero, creo haberte explicado por qué cada vez que, con cualquier excusa (incluidas las redestribuidoras que tú invocas) se detraen recursos de los contribuyentes hacia el Estado, además de cometerse un acto de coacción contra la propiedad ajena, se está atentando contra la posibilidad de que la economía funcione y de que, por tanto, la propia sociedad cree las oportunidades para que los pobres puedan prosperar. Así pues, si ni es legítimo ni es eficaz (y ninguna de las dos cosas has intentado siquiera rebatírmelas, sino que las rehuyes) sino un elemento de distorsión económica y de incentivación del parasitismo social, ¿cómo es posible que sigas erre que erre defendiendo semejante cosa? ¿No será que te traen al fresco los resultados reales y sólo te importa mantener a toda costa tus supersticiones ideológicas?

Microsoft. ¿De veras no tienes programas de otras casas? Debes de ser el único. O tal vez es que sólo estás intentando manipular. El día que Microsoft deje de servir al consumidor, descuida que desaparecerá. La competencia no es un fin en sí mismo. Siempre que las barreras de entrada a un sector están abiertas, no hay oligopolio. Lo importante es que decida la gente en el mundo real, no un burócrata desde su butacón.

Competencia perfecta. Ese es el problema: que los neoclásicos y tú no tenéis en cuenta lo que descubrieron los economistas austríacos a partir de las aportaciones de Menger: que los hombres de carne y hueso persiguen fines y medios en un mundo cambiante en el que la información no está dada, sino creándose continuamente. Me encanta la supuesta racionacionalidad de los autómatas pero –¿sabes?- en la vida real no los hay. Aquí, hay personas creativas y circunstancias cambiantes. Por eso esas entelequias neoclásicas -como la competencia perfecta en que te basas- más allá del papel se desmoronan. Razón por la cual tu socialismo, anclado en una visión irreal de la economía como es la neoclásica, lo único que produce cada vez que se aplica es un empobrecimiento general de las sociedades, empezando por aquellos a los que dicen querer ayudar.

No, por mucho que te empeñes los subsidios no funcionan. Los subsidios y, en general, todas las ayudas estatales distorsionan el sistema de incentivos que tiene la gente a la hora de concurrir al mercado. El actor económico subvencionado deja de preguntarse qué es lo que puede hacer él para satisfacer las demandas de los otros –que es la forma de prosperar en el libre mercado- para centrarse en encontrar la forma de no perder la subvención, aunque sea a base de fraudes. La subvención se convierte en un fin en sí mismo y, de ahí, en la más perniciosa trampa que puede tendernos el poder para que seamos sumisos y no nos demos cuenta de que nuestra prosperidad de quien realmente depende es de nosotros mismos y de nuestro esfuerzo.

También te he explicado cómo lograr que los pobres tengan una buena educación, que no es mediante el estado y sus recetas redistribuidoras y paternalistas precisamente, sino al revés: eliminándolas al máximo. Pero también en eso te haces el loco. De eso, ni pío, porque no te interesa.

Además, ya te digo, si quieres ayudar a quien te de la gana, funda una sociedad filantrópica y recauda fondos. Pero no intentes imponerme a mí ni a los demás mediante coacción estatal tus preferencias morales.

18 | Mónica   17 de Enero 2006 a las 09:24 PM

Smith, en el cuarto párrafo, la última frase sobra. Se me ha escapado. ¿Puedes borrarla, por favor? Lo siento.

19 | irichc   17 de Enero 2006 a las 09:53 PM

Mónica,

"Así que no es un problema ni de esfuerzo propio ni de esfuerzo ajeno, sino de si hay voluntariedad o no".

El Estado, al expoliarte, como tú dices, lo hace con plena voluntad y conciencia; los funcionarios no están apopléjicos. Otro tanto para el ladrón.


"Segundo, tan azar es nacer de unos determinados padres, en un determinado lugar etcétera como hacerlo siendo rubio, moreno, tonto o listo".

Pero ésto integra la libertad (y es inevitable e imponderable) y aquéllo puede llegar a convertirse en un grave impedimento para la misma.


"cada vez que, con cualquier excusa (incluidas las redestribuidoras que tú invocas) se detraen recursos de los contribuyentes hacia el Estado, además de cometerse un acto de coacción contra la propiedad ajena, se está atentando contra la posibilidad de que la economía funcione y de que, por tanto, la propia sociedad cree las oportunidades para que los pobres puedan prosperar".

No te lo doy por bueno porque ello no es siempre así. Una sociedad donde las desigualdades se abismen, sin correctores que velen por el bien público, tenderá a la ineficiencia y al colapso económico, político y moral. Dos guerras mundiales tendrían que habernos enseñado algo al respecto.


"El actor económico subvencionado deja de preguntarse qué es lo que puede hacer él para satisfacer las demandas de los otros".

De ser cierto, algo parecido le sucede al que recibe una herencia con la que aligerar sus cargas cotidianas.


"También te he explicado cómo lograr que los pobres tengan una buena educación, que no es mediante el estado y sus recetas redistribuidoras y paternalistas precisamente, sino al revés: eliminándolas al máximo".

La cuestión, cuya relevancia no niego, aunque no sea central para el debate, merece tema aparte. Ya hablaremos.

20 | irichc   17 de Enero 2006 a las 09:58 PM

Jinete,

"Ya he visto que eres un "iusnaturalista" irreductible. No estaba en mi ánimo iniciar una polémica y mucho menos que la pusieras en portada de tu bitacora".

No te preocupes. No te habría citado si hubieses escrito alguna estupidez con la que recrearme. Tu posición, me parece, queda bien definida. Pero siempre estás a tiempo de acudir y enmendarla.

Un saludo.

21 | Mónica   17 de Enero 2006 a las 10:59 PM

Irichc,
“El Estado, al expoliarte, como tú dices, lo hace con plena voluntad y conciencia; los funcionarios no están apopléjicos. Otro tanto para el ladrón.”
Voluntariedad en el que da el bien, quise decir, por supuesto. Creí que se entendía perfectamente. Al carnicero y al lechero le damos dinero a cambio de su producto porque nos da la gana, igual que quien nos lega algo es porque quiere, porque para eso se esforzó y ahorró en vez de irse por ahí todos los días de juerga. El estado, en cambio –como el ladrón- se queda con nuestro dinero queramos o no.

“Pero ésto integra la libertad (y es inevitable e imponderable) y aquéllo puede llegar a convertirse en un grave impedimento para la misma.”

Más impedimento para nuestra libertad es que el Estado se quede con la mitad de lo que ganamos, y luego encarezca todo lo que compramos inflando sus costes, sea a base de impuestos (desde una cerveza hasta todo lo demás, a través, por ejemplo de los impuestos a los carburantes) o sea a través de las mil y una restricciones y trabas que impone a los empresarios, trabas que se traducen en tiempo (osea en dinero) y en recursos empleados en satisfacer los requerimientos del burócrata, y no al consumidor.

“Una sociedad donde las desigualdades se abismen, sin correctores que velen por el bien público, tenderá a la ineficiencia y al colapso económico, político y moral. Dos guerras mundiales tendrían que habernos enseñado algo al respecto.”

¿Y qué tienen que ver aquí las guerras mundiales? Sus causas fueron políticas, relacionadas con las ambiciones de los gobernantes. Con los afanes expansionistas de los políticos y los estados.

Por otra parte, la libertad económica no abisma las desigualdades. Al revés, tiende a enriquecer a todos. A menos intervencionismo político y menos recursos coactivamente desplazados hacia el sector público, la sociedad será más próspera y, por tanto, proporcionará más oportunidades a todos los individuos. También a los menos cualificados o a los que partieron con alguna desventaja.

En cambio, el socialismo, al paralizar la economía, nos empobrece a todos pero, si beneficia a alguien, es a los ricos que son los que pueden sobornar al político.

Lo importante no es si hay o no desigualdad. Lo importante es que se pueda crear riqueza.

“De ser cierto, algo parecido le sucede al que recibe una herencia con la que aligerar sus cargas cotidianas.”

Unas veces será así, y otras no. ¿Y qué? Mientras el dinero sea suyo, no es mi problema.


22 | irichc   18 de Enero 2006 a las 01:56 AM

"Voluntariedad en el que da el bien, quise decir, por supuesto. Creí que se entendía perfectamente".

Lo que yo quiero darte a entender es que la sola voluntad o recta intención (el Estado expropia para hacer el bien, según su criterio) no hace que un acto sea bueno en términos políticos, aunque moralmente pueda resultar correcto. De hecho, muchos no pagarían sus contraprestaciones en un contrato de intercambio de bienes si cupiera eximirlos, conllevando perjuicio para la otra parte y quedando ellos impunes. En este caso inmoralidad e injusticia coinciden.


"Más impedimento para nuestra libertad es que el Estado se quede con la mitad de lo que ganamos, y luego encarezca todo lo que compramos inflando sus costes".

Ambos obstáculos, la herencia y la redistribución vía impuestos, se compensan entre sí. Por sí solos serían injustos.


"¿Y qué tienen que ver aquí las guerras mundiales? Sus causas fueron políticas, relacionadas con las ambiciones de los gobernantes".

La causa de la segunda guerra mundial fue la primera; la causa de la primera fue el sistema frentista de alianzas europeo; la causa de dicho sistema fue la exclusión de Alemania del pastel colonialista africano; la causa del colonialismo fue el imperialismo; la causa del imperialismo estuvo en la saturación de los mercados internos; la causa de dicha saturación, en fin, fue la baja capacidad de consumo de una sociedad depauperada.


"Por otra parte, la libertad económica no abisma las desigualdades. Al revés, tiende a enriquecer a todos".

No se da ningún derecho que sea absoluto. La libertad económica tampoco debería serlo, en especial cuando atenta contra el derecho al trabajo, que no es menos importante que el derecho a la libre disposición de la propiedad (no hay propiedad sin trabajo). ¿Cómo atenta? Mediante la restricción familiar, a través de la legítima, o abitraria de la transmisión "mortis causa" de la propiedad, entorpeciendo una competencia en condiciones patrimoniales similares. Habrá quien contraargumente que sin esas instituciones de derecho sucesorio el empresario no tendría incentivos para ahorrar. Estoy de acuerdo, y para eso sirven los impuestos, que no sustraen de una sola vez.


"Lo importante no es si hay o no desigualdad. Lo importante es que se pueda crear riqueza".

La igualdad contribuye a crearla. La prueba es que las sociedades más avanzadas son comparativamente mucho más igualitarias que las subdesarrolladas.

23 | Mónica   18 de Enero 2006 a las 03:01 PM

Irichc,
“Lo que yo quiero darte a entender es que la sola voluntad o recta intención (el Estado expropia para hacer el bien, según su criterio) no hace que un acto sea bueno en términos políticos, aunque moralmente pueda resultar correcto. De hecho, muchos no pagarían sus contraprestaciones en un contrato de intercambio de bienes si cupiera eximirlos, conllevando perjuicio para la otra parte y quedando ellos impunes. En este caso inmoralidad e injusticia coinciden. “

Es decir, que me habías entendido perfectamente antes y lo único que estabas intentando era manipular mis palabras. Ya veo que, generalmente, es un error presuponer rectitud de intenciones dialécticas en los izquierdistas. Mira tú, llegué a creer que en tu caso no era así. Qué ingenuidad la mía.

Tú no has querido darme a entender nada sino desviar la cuestión de lo que te he dicho y eludir la razón ética esencial por la cual los impuestos, a diferencia de la propiedad –heredada, donada, regalada o adquirida comerciando con los otros en el mercado-, son radicalmente injustos e ilegítimos: porque no media el consentimiento libre, la ausencia de coacción, la voluntariedad de quien te los da. No es un acuerdo voluntario entre dos partes lo que hay detrás de los impuestos, sino la coacción ejercida sobre los individuos por el Estado.

Se puede tolerar un cierto grado de coacción estatal, sí, también de la que se ejerce mediante impuestos. Pero su límite está claro: todo lo que vaya más allá de servir para garantizar la vida, la libertad y la propiedad de los individuos, ya es ilegítimo. Además de absurdo, contraproducente e ineficaz.

La moral no tiene nada que ver aquí. La moral ya es otra cosa. La moral es asunto de cada uno, de cada individuo. El estado no tiene que intentar imponer su moral a los ciudadanos, porque cada uno tenemos la nuestra. Y menos tratar de imponérnosla mediante coacción. Ya te digo, si quieres promover cualquier causa, funda una sociedad filantrópica y pide contribuciones voluntarias a la gente. En eso consiste la verdadera solidaridad. No en repartir con los criterios arbitrariamente fijados por el Estado el dinero que se le saca del bolsillo a la gente contra su voluntad.

“Ambos obstáculos, la herencia y la redistribución vía impuestos, se compensan entre sí. Por sí solos serían injustos.”

¿Qué se van a compensar, hombre? Lo injusto es robar, atracar a la gente. Quitarles su dinero y su libertad, ya te lo he dicho. Lo haga el Estado o un tío encapuchado a punta de pistola.
La herencia no es ningún obstáculo para nada. Es dar lo que es tuyo a quien te da la gana. Los impuestos, en cambio, consisten en atracar a la gente (coartando su libertad) para luego usar su dinero en estimular el parasitismo social y en boicotear el mecanismo de cooperación social espontánea que les permitiría ser libres para crear riqueza, crear oportunidades y salir adelante por sí mismos. Esos, los impuestos, sí que son un obstáculo. Un obstáculo para que la sociedad desarrolle todas sus potencialidades, y para que la economía funcione. Y los primeros perjudicados por ese boicot a la economía que parte de los impuestos son precisamente los pobres.

“No se da ningún derecho que sea absoluto. La libertad económica tampoco debería serlo, en especial cuando atenta contra el derecho al trabajo, que no es menos importante que el derecho a la libre disposición de la propiedad (no hay propiedad sin trabajo). ¿Cómo atenta? Mediante la restricción familiar, a través de la legítima, o abitraria de la transmisión "mortis causa" de la propiedad, entorpeciendo una competencia en condiciones patrimoniales similares. Habrá quien contraargumente que sin esas instituciones de derecho sucesorio el empresario no tendría incentivos para ahorrar. Estoy de acuerdo, y para eso sirven los impuestos, que no sustraen de una sola vez.”

Vamos a ver. Hace tiempo que no veía tal colección de barbaridades seguidas. Será que no leo Red Progre ni veo la televisión.

En primer lugar, no existe ningún derecho positivo al trabajo. Cuando se habla de derecho al trabajo lo que se está queriendo decir es que tienes derecho a que el gobierno no te impida trabajar. Algo que, por cierto, debería conllevar la inmediata abolición del Estatuto de los Trabajadores y de todas las regulaciones laborales (salarios mínimos y demás) arbitrariamente fijadas desde el Estado, dado que, además una intromisión ilegítima en el derecho a la propiedad y en la libertad de empresarios y trabajadores para alcanzar acuerdos voluntarios en cada empresa, constituyen una de las principales causas de que las empresas no puedan crecer y crear más empleo.

Por otra parte, eso de que la herencia pueda suponer un atentado contra un supuesto derecho al trabajo por entorpecer un no menos supuesto derecho a la competencia en condiciones patrimoniales similares es la mejor broma que he oído en mucho tiempo. Eso no hay ni que contraargumentarlo porque, sencillamente, no se sostiene. ¿Restricción familiar de la propiedad? Vamos, de chiste. La propiedad es la propiedad. Ya te he explicado lo que es: lo que ha llegado hasta ti sin que lo robes, con consentimiento voluntario de quien te lo dio. Cuando es sin consentimiento es robo. Robo, como los impuestos.

Lo de que los impuestos, por ir robando poco a poco, también sirvan para incentivar el ahorro tampoco creo que haya que argumentarlo. Es otra barbaridad que dices por decir algo, por no dar tu brazo a torcer.

Alguna más se me pasa, pero es que resulta que tengo otras cosas que hacer.

“La igualdad contribuye a crearla. La prueba es que las sociedades más avanzadas son comparativamente mucho más igualitarias que las subdesarrolladas. “

Tú mismo me das la razón. Las sociedades desarrolladas, las capitalistas, aquellas en las que se da un mayor grado de libertad económica son las que más oportunidades ofrecen a la gente y, por tanto, en las que al final acaba habiendo menos desigualdades entre ricos y pobres. Pero ahí la igualdad no es causa sino efecto. Lo que no es que contribuya sino que posibilita la creción de riqueza es la libertad. El igualitarismo desde el Estado, como el resto de recetas socialistas, intervensionistas, redistribucionistas y de ingeniería social, sólo constituyen poderosos frenos para esa creación de riqueza y, por tanto, son una forma de empobrecernos a todos, empezando por aquellos a los que se dice querer ayudar.

Quien persiga la igualdad mediante el Estado lo único que logrará es la igualdad en la miseria. El camino hacia la prosperidad y el progreso de todos no es el socialismo sino la libertad.

24 | Policronio   18 de Enero 2006 a las 04:35 PM

irichc: "La libertad, puesto que el azar se define como lo que escapa a ésta".
¿Y? "Amos" hombre, de puro Perogrullo.

Veamos, amigo, esta polémica es de lo más interesante, pero se me escapa cuál es tu propósito y dónde quieres llevarnos. Porque si es la pedantería la qye te mueve (yo sé más que nadie de iusnaturalismo), por mí ya se ha acabado la polémica: Con tu pan te lo comas.

Si, por el contrario, pretendes decirnos que el liberalismo es una actitud o ideología errónea, pues en ese caso dilo claro y déjate de circunloquios.

Hay una tercera opción: Que ni tu mismo sepas lo que pretendes, aparte de meter la cuchara en este guiso de Batiburrillo y hacernos entrar a todos al trapo para luego, como apunta moderadamente Jinete, presumir en tu bitácora de haberle dado la vuelta (cara a la pared) a algún icono del liberalismo.

En cualquier caso, sea cual sea el propósito que te guíe, que sepas que ya te di la respuesta: Cada liberal es de su padre y de su madre. Y no hay más cera que la que arde, iusnaturalista o pluscuamperfeca. Vale y se salva.

25 | ElJinetePalido   18 de Enero 2006 a las 06:11 PM

"No te preocupes. No te habría citado si hubieses escrito alguna estupidez con la que recrearme."

Coño, muchas gracias por la deferencia, pero dudo ser merecedor de tal honor. Al fin y al cabo la perra vida me ha empujado hacía el positivismo más prosaico, y solo veo el Derecho Natural cuando trabajo con la Ley de Montes.

Visto para sentencia.

26 | Pablo M. Pozzoni   18 de Enero 2006 a las 06:31 PM

Hola a todos. Vengo de la página de Daniel (Irichc). No había prestado tanta atención a cómo el debate se había desarrollado desde su origen, aquí, así que lo continué en su página. A quien le interese: ver los comentarios 6, 7, 8, 9 y 13).
Igual veo que continuó en ésta con un rumbo parecido, con lo cual tomó dos ramas.

Sobre lo que plantea Daniel, comparto muchos de sus puntos de vista filosóficos (y, sin coindicir totalmente con las taxativas conclusiones a las que suele llegar, tengo mucha admiración por algunos de sus artículos, véase), pero en economía no adhiero a muchos de sus conceptos, que a veces -a ratos diría- parecen entre rawlsianos e igualitaristas, y, menos todavía, a algunos que son de origen marxista-leninista (aunque dudo mucho que se deba a una orientación izquierdista de Daniel... ¡espero!). Por ejemplo en un momento él plantea lo siguiente:

"La causa de la segunda guerra mundial fue la primera; la causa de la primera fue el sistema frentista de alianzas europeo; la causa de dicho sistema fue la exclusión de Alemania del pastel colonialista africano; la causa del colonialismo fue el imperialismo; la causa del imperialismo estuvo en la saturación de los mercados internos; la causa de dicha saturación, en fin, fue la baja capacidad de consumo de una sociedad depauperada."

Y falta decir que la baja capacidad de consumo dislocada del aumento de producción es producto de las contradicciones internas del capitalismo: la teoría marxista del subconsumismo. En fin, dejo este tema para después. Lo primero que no entiendo es esta serie de nexos de causalidad cuasi mecanicistas, que les falta el historicismo, y una noción de relación dialéctica con el progreso tecnológico, y ya son netamente marxistas.
Obviamente el presente es consecuencia del pasado, pero hasta cierto punto. Sin el pasado no habría sido como es, pero eso no significa que con el pasado tenga que ser de cierta forma. Sino somos deterministas.
La cuestión es poder encontrar las causas exactas cuando los factores intervinientes pueden ser infinitos, tanto a favor como en contra de que algo suceda. La segunda guerra mundial no es "necesariamente" consecuencia de la primera. Tal vez -casi seguramente- no habría habido segunda sin la primera, pero eso no significa que la primera haya hecho inevitable la segunda. Sería como decir que la intervención en Irak fue consecuencia de los ataques del 9/11 sólo porque sin dichos ataques no habría podido suceder.
Recortar arbitrariamente sucesos históricos en tiempo y espacio para hacer luego de estos recortes una suerte de unidades que se articulan y se siguen unos de otros mecánicamente, para luego parar en un punto, obviando que de los primeros a los últimos elementos que conforman dichas unidades siguen siendo factores intervinientes en todo el proceso, es intentar un reduccionismo histórico para buscar un único "culpable" causa de sí mismo. Con este método se puede culpar del gobierno genocida de Stalin a Lyssenko, o bien a Lenin, o bien a Hitler, o bien a Marx, o a Hegel, o bien al zarismo, o a la monarquía, o al capitalismo, o a Adam Smith, o al protestantismo, o a Alemania, o a Europa, o a Occidente, o a la Iglesia Católica. Porque de una u otra forma unos no habrían existido sin los otros.

Pero volvamos a la teoría específica del imperialismo que se conecta con la idea leninista de colonialismo económico que esgrime Daniel: "la causa del imperialismo estuvo en la saturación de los mercados internos; la causa de dicha saturación, en fin, fue la baja capacidad de consumo de una sociedad depauperada."
Esto no se puede desprender de la teoría marxista de la explotación, como bien explica Bauer: "La noción de explotación generalmente no se refiere al saqueo del tipo que a menudo acompañaba la conquista militar antes del siglo XIX, ni siquiera a los impuestos de las colonias para beneficio de la metrópoli. La supuesta explotación se refiere principalmente a la conquista de países con el fin de asegurar mercados para el capital y los productos, supuestamente necesitados por el en otro caso inevitable declive (o incluso desaparición) de la tasa de beneficio, y por la necesidad pareja de encontrar salidas para los bienes no vendibles en el país debido a la insuficiente capacidad de compra de las masas explotadas. Famosos exponentes de este punto de vista incluyen a J. A. Hobson, H. N. Brailsford, Leonard Woolf y sobre todo, Lenin.
El imperialismo, etapa superior del capitalismo, de Lenin, obra de insignificante calidad intelectual, pero de amplias consecuencias políticas, ha tenido una enorme influencia [gracias al imperio soviético] [...] especialmente entre los millones de personas que pueden calificarse de lectores por delegación.
[...] La tesis leninista parece explicar las razones de la expansión europea del siglo XX en Africa y Asia, logrando justificar al mismo tiempo el fracaso de las principales profecías marxistas de baja de los salarios reales, beneficios decrecientes y crisis cada vez más profundas.
[...] Los defectos evidentes y corrientes de la ideología del imperialismo económico y de la explotación económica, especialmente en su versión leninista, incluyen, entre otros, los siguientes: hasta la primera guerra mundial (período cubierto por esta literatura) la gran mayoría de las exportaciones de capital de los países adelantados no fue a las colonias sino a países independientes, mayormente a otros países adelantados; varios de los países más ricos sin duda no fueron exportadores sino importadores de capital; Reino Unido, la principal potencia colonial, siguió una política de puertas abiertas, de libre comercio con sus colonias. Además, la mayor parte de esta literatura no se hace la pregunta obvia: ¿cómo podría gente extremadamente pobre (o incluso, gente materialmente primitiva como en África) pagar el capital y los bienes introducidos por la fuerza por capitalistas en busca de beneficios?"

Habría mucho más para copiar, ya que Crítica de la teoría del desarrollo (título de la traducción al español de Dissent on Development de Peter Bauer) dedica casi la mitad de sus páginas a refutar las teorías marxistas-leninistas sobre la cuestión, y a la influencia recíproca de éstas sobre lo que aquí conocemos como la doctrina "desarrollista".

Mis más cordiales saludos para todos,
Pablo

27 | Mónica   18 de Enero 2006 a las 06:59 PM

Es que hay gente que no sabe qué hacer con tal de conseguir visitas. Van, se meten en un jardín, manipulan, quieren montarla en corral ajeno y luego pretenderán que la gente vaya a verlos. ¿Para qué si ya hemos comprobado lo que dan de sí?

En fin, nosotros a lo nuestro. A defender la Nación y la Constitución, que ahora es lo urgente. Y ya se sabe que es una gran virtud saber anteponer lo urgente a lo necesario.

Y tampoco es plan de andar matando moscas a cañonazos. ¿O no?

28 | irichc   18 de Enero 2006 a las 07:28 PM

Mónica,

"Tú no has querido darme a entender nada sino desviar la cuestión de lo que te he dicho y eludir la razón ética esencial por la cual los impuestos, a diferencia de la propiedad –heredada, donada, regalada o adquirida comerciando con los otros en el mercado-, son radicalmente injustos e ilegítimos: porque no media el consentimiento libre, la ausencia de coacción, la voluntariedad de quien te los da".

No me cansaré de repetir, aunque ya resulte aburrido, que la voluntad de las partes no es un principio suficiente para definir el interés general, así como el tamaño de un cuerpo no cambia su figura. Hay voluntades ilegales o injustas incluso si concurre la libre opción de todos los afectados, como espero no tendrás problema en conceder (imagina que un gran empresario decide socializar todos sus medios productivos: ¿lo apruebas?). La compulsión, por lo demás, puede obedecer a muchos extremos, entre ellos la explotación laboral; no se limita a los impuestos que tan de cabeza te traen.


"El estado no tiene que intentar imponer su moral a los ciudadanos, porque cada uno tenemos la nuestra".

No sé si eres consciente de que esto que presentas ya es una moral de alcance intersubjetivo, al referirte con un "deber ser" al Estado que gobierna sobre todos.


"Tú mismo me das la razón. Las sociedades desarrolladas, las capitalistas, aquellas en las que se da un mayor grado de libertad económica son las que más oportunidades ofrecen a la gente y, por tanto, en las que al final acaba habiendo menos desigualdades entre ricos y pobres. Pero ahí la igualdad no es causa sino efecto".

Si comparas a las desarrolladas entre sí, verás que las más igualitarias no son las menos estatistas, sino al revés.

Por curiosidad, y aunque parezca una salida de tono, ¿qué opinión te merece el Plan Marshall?

29 | Mónica   19 de Enero 2006 a las 01:52 PM

Pero, bueno, Irichc, ¿todavía sigues? Es asombroso. Ya te hemos dado hasta en el carnet de identidad, y te empeñas en seguir y seguir aunque sea yéndote por los cerros de Ubeda. ¿De verdad que no tienes nada mejor que hacer?

Mira, no voy a seguirte más el juego. Ni aunque te pongas de rodillas vas a convencerme de que tú tienes poderes taumatúrgicos para determinar qué es la Justicia y qué es lo que les conviene a la gente mejor que lo saben ellos mismos. Ni aunque te lleves posteando veinte años vas a lograr que yo te conceda que tú eres un ser superior capaz de decirme a mí en qué medida he de dejarme saquear por el Estado –y encima, aplaudiendo con las orejitas- para que luego tú y tus burócratas amigos uséis mi dinero conforme a vuestros arbitrarios criterios.

Ya te digo, si quieres ayudar a quien te de la gana, funda una oenegé (eso sí, sin dinero público) y pídeme que colabore voluntariamente contigo. Lo mismo, si me parece que es una buena causa, lo hago. Pero de querer obligarme a ello mediante la violencia del mismo aparato de compulsión estatal que yo misma pago, ni hablar.

Y ahora, si me perdonas, tengo cosas más provechosas que hacer que polemizar contigo y hacer algo más salerosa tu bitácora.

30 | fabián   20 de Febrero 2007 a las 10:12 PM

De un tiempo a esta parte cada participación de la liberalidad en los paises bajos les cuesta más en ecónomia por la mala información, les prometen que grandes ganancias, pero cuando llega solo beneficia las trans nacionales, estas vienen disfrsadas de grandes ganacias, en parte no mienten ya que no dicen quien será el ganador. por lo tanto es una de las grades falsedades que invento el capitalismo.


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