12 de Febrero 2006

Un testimonio de gran valor

Ofrecemos hoy el excepcional testimonio de un superviviente de la España republicana. Se trata de don Rogelio Latorre Silva, quien por su edad vivió en primera persona algunos desgraciados acontecimientos de aquella época. El informe del señor Latorre, expuesto con amplitud de datos referenciales, no deja lugar a dudas sobre la calaña de un ministro socialista de la República y los métodos represivos que, contra la opinión del historiador que se cita, practicaron los sicarios de aquel régimen de terror, conocido hoy por algunos como el gobierno legítimo de la República y por otros, entre los que me cuento, como una pandilla de inmorales que asaltaron el poder y se dedicaron a practicar todo tipo de violencia contra sus oponentes. El relato que sigue a continuación es en verdad valioso y digno de leerse con suma atención hasta el final, donde en el apartado de conclusiones se refleja la evidencia de que incluso los verdugos de aquel gobierno de patibularios no dejaron de actuar en provecho propio.

[Un ministro del Gobierno de Madrid

Una mínima parte de los actuales políticos está aireando el drama de nuestra guerra 1936-39, drama que no estaba olvidado: sí deliberadamente postergado a segundo plano, con agravios cancelados. Son pocos los que así obran, pero son los que tienen en sus manos el poder de la propaganda. Y los que más tenían que callar. Los nacionales no actuaron en la guerra como unos santos pero, en todo caso, fueron los menos malos y a mucha distancia. Números y hechos cantan. El historiador de origen norteamericano Gabriel Jackson (escribo basándome en una cita, pero creo que no hay razón para pensar que sea falsa), admite que si los rojos cometieron más asesinatos, fue obra de incontrolados, mientras que en la zona nacional lo fue de las autoridades. Sería conveniente que lo acreditase con pruebas documentales.

1.- Hechos

Mi madre, Germana Silva Garrigós, había nacido en Zamora (capital). En la familia de mi madre, zamoranos de posición acomodada, eran fervientes republicanos desde hacía varias generaciones. Republicanos; nunca rojos ni cosa parecida. Por encima de todo: españoles y de comportamiento íntegro. Como todo joven, mi madre tuvo su pandilla, entre cuyos componentes se encontraba Ángel Galarza Gago, que años más tarde se haría notorio en la política, inicialmente como radical socialista y, más tarde, en 1933, como socialista. En septiembre de 1936, fue designado Ministro de la Gobernación en el Gabinete de Largo Caballero. Por razón de sus actividades políticas, era el único de los amigos de juventud de mi madre de quien los hijos teníamos referencias. Incluso, no sé el grado de intimidad, mi tío Salvador, el hermano de mi madre, seguía teniendo trato con él al iniciarse el año 1936.

Después de la guerra 1936-39, hojeando "La Causa General", (Avance a los delitos cometidos por los rojos durante la guerra), edición 1943, encontré unas fotografías de documentos, intercaladas a partir de la página 97 del anexo IV. En la primera de ellas puede verse: Papel timbrado de la Dirección General de Seguridad del gobierno de Madrid. Fecha 14-09-36. RS. 16506 (o 56506). Dispone ingreso en la Prisión celular de Madrid, de Luís Calamita Ruy-Wamba y Rosendo Calamita Ruy-Wamba, que lo son a disposición del Ministro de la Gobernación, que era Ángel Galarza Gago. En el oficio figura que, con esa misma fecha, se le comunica a dicho ministro. Por la redacción del texto, es irrefutable que la detención tuvo lugar a instancia del mismo. En el pie de la foto, se indica que los hermanos Calamita Ruy-Wamba habían combatido la política de Galarza en Zamora. Al leerlo, pregunté a mi madre si conocía a los Calamita Ruy-Wamba.

-¡Oh, sí! (contestó mi madre). Mucho. Eran de mi pandilla. Ocurrió con ellos algo que dio que hablar en Zamora: Una de las jóvenes del grupo era pretendida por uno de los Calamita y, también, por Galarza. La chica se decidió por Calamita y, de momento, ahí quedó la cosa. Pero en fecha posterior, una tarde en la que habíamos ido al teatro el grupo de amigos, cuando al terminar la función salíamos, los novios del patio de butacas (como solía ser norma, se habían independizado) y la pandilla de chicas, con otras personas, por las escaleras del anfiteatro, al ver Ángel Galarza a la pareja hizo comentarios en voz alta de los "favores" que de la joven había obtenido. La respuesta fue inmediata. Detrás de Galarza iba el otro hermano Calamita, que, asiéndole de un hombro, le volvió, abofeteándole. Ignoro si Galarza no había advertido su presencia o si habló así deliberadamente: por ofender. Ángel encajó la lección sin rechistar.

Le pregunté si los Calamita y Galarza habían sido enemigos políticos, como figura en la “Causa General”. Me dijo que no tenía noticia de ello, pero que nada podía informar sobre hechos posteriores a su primera juventud, pues ella había salido de Zamora bastante antes de 1936.

Volviendo a la “Causa General”: en la página siguiente de dicha obra, aparece un volante, fechado el 6 de octubre de 1936, con el Membrete "El Ministro de la Gobernación", escrito y firmado de puño y letra por Ángel Galarza Gago (como he indicado, el Ministro del ramo en el Gobierno de Madrid, el “legítimo” de la República), disponiendo que el detenido Luís Calamita quede a disposición del Director General de Seguridad.

En la misma página, hay un oficio con membrete de la Dirección General de Seguridad gubernamental, fechado el 6 de noviembre de 1936, firmado por el Director General de Seguridad, (el del Gobierno “legítimo” de Madrid), que dispone que el detenido Luís Calamita Ruy-Wamba sea entregado a D. Vicente Rueda Fernández, encargado de trasladarlo a la prisión de Chinchilla. Ese mismo día, 6 de noviembre de 1936, Luís es asesinado por el citado Vicente Rueda Fernández, “que era un pistolero de la checa de García Atadell”. Este inciso de que: “era un pistolero de la checa de García Atadell”, es de la “Causa General.”

Aquí termina la información procedente de mi madre y de la “Causa General”. Lo demás:

2.- Deducciones

No hay duda que Galarza decidió esperar los años que hiciera falta para, sobre seguro, devolver la lección. La oportunidad se le presentó siendo Ministro del Gobierno de Madrid, durante la guerra 1936-39. Y Galarza no era un incontrolado, un pobre miliciano analfabeto, como ese otro sujeto que en Murcia, ante la pasividad de las autoridades y la algaraza de la masa, arrastró durante largas horas por las calles de la ciudad al párroco don Soteras, que iba atado por los pies a un carro. Luego el miliciano paró ante una taberna, cortó una oreja a don Soteras, la hizo asar y se la comió, asesinándole acto seguido. Si es que, tras el trato recibido, no estaba ya muerto. Galarza era entonces el ministro de Gobernación de la República, del Gobierno que ahora algunos llaman legítimo. Es decir, el encargado de velar por el orden y proteger la vida de los ciudadanos.

Como indico, los escritos citados pueden ser localizados en la “Causa General”, donde aparece la fotocopia de otro documento, firmado por Galarza como Ministro de la Gobernación del gobierno "legítimo" de la República, fechado el 14 de mayo de 1937, dirigido al Director General de Seguridad, donde expresa su protesta porque un Comisario de Policía había detenido a Leopoldo Carrillo Gómez, miembro del partido Izquierda Republicana (el de Azaña) acusado del “paseo” (asesinato) de un desafecto al régimen de Madrid. Ocupa dos carillas y es pintoresca su redacción, donde justifica las muertes, sin juicio ni posible defensa, de los desafectos al régimen. Asesinatos que considera como "una misión impuesta por sus partidos y el Gobierno (el de Madrid, claro) a requerimiento de la Dirección General de Seguridad." Y exige que hechos semejantes (detención de un "republicano" por haber dado el "paseo" a un desafecto al régimen) no vuelvan a producirse. Y no se produjeron (entiéndase: las detenciones de “republicanos”, los paseos siguieron). Repito: Galarza no era un pobre miliciano analfabeto, ni ningún incontrolado: era un abogado, Ministro, nada menos que de la Gobernación, del Gobierno "legítimo" de Madrid.

3.- Conclusiones

Ante la ofensiva iniciada, como indico en el primer párrafo, por algunos de los que perdieron la guerra, pensé en la conveniencia de que todos diéramos luz a nuestros recuerdos, (un proverbio español dice: “El que calla, otorga”). Para completar la información recibida de mi madre, intenté, durante el verano de 2005, ponerme en contacto con la familia Calamita Ruy-Wamba, de Zamora. Fue fácil, pues los apellidos no son corrientes. Recibí respuesta desde aquella ciudad, anunciando que me llamaría, desde Madrid, una sobrina carnal del asesinado Luís. Así lo hizo (no tengo autorización para dar su nombre, aunque no me la ha negado: simplemente, no se me ocurrió pedirla). Me aclaró que los Calamita Ruy-Wamba poseían una imprenta, la mejor de Zamora, donde se tiraba un periódico propiedad de la familia, el primero en venta en la localidad, probablemente también de la provincia. La imprenta estaba situada en una plaza de la ciudad y, frente a ella, en la misma plaza, otra imprenta mucho más modesta propiedad de Vicente Rueda Fernández, el asesino de Luís Calamita. Rueda estaba enemistado con los Calamita por razones económicas derivadas de sus respectivos negocios.

Es patente que el Gobierno “legítimo” de la República, y sus componentes, era eficaz en la represión. Ni consejo de guerra, ni juicios, ni defensor, ni testamento, ni auxilios espirituales, ni última cena, ni despedida de la familia, etc. Eso eran pamplinas de los facciosos. Arreglaban sus cuentas sin requisitos innecesarios: Galarza y Rueda se cobraron la bofetada y la competencia mercantil, lo hicieron en forma decisiva y contundente. Supongo que Luís, el asesinado, fue quien le dio la bofetada a Galarza, pues su sobrina me dijo que Rosendo había sobrevivido. Y prisa se dio Galarza en saldar cuentas, ya que, según su biografía, fue nombrado ministro en septiembre de 1936 y en la primera quincena del mismo mes ya tenia en su poder a los Calamita. No hay duda de que la orden de detención contra quien le abofeteó fue una de las primeras, sino la primera, de las disposiciones gubernativas emitidas por Galarza].

Rogelio Latorre Silva. 12-02-06.


Escrito por Policronio en: 12 de Febrero 2006 a las 11:54 AM Archivado en Memoria histórica para todos

Comentarios

1 | Perry   12 de Febrero 2006 a las 01:30 PM

De este espeluznante relato se deduce que ahora no son muy diferentes las cosas. Resentimiento y venganza.

2 | Smith   12 de Febrero 2006 a las 03:01 PM

Gran testimonio, Policronio. Angel Galarza Gago, alias "Víctor Hugo", fue el típico jacobino de corte siniestro y criminal. Pío Moa lo ha calificado como un personaje "duro y vengativo". Fundó en 1929 el Partido Radicalsocialista. En los debates parlamentarios de la primera legislatura republicana Galarza se hizo famoso por sus diatribas contra los católicos, confirmando su visceralismo izquierdista al firmar la enmienda Valera sobre la disolución de las órdenes religiosas y la confiscación de los bienes de los clérigos y religiosos.

Tras el fracaso del golpe de Estado de Sanjurjo en 1932, y una vez que ya se había conmutado la pena de muerte al general derechista, Galarza todavía andaba por los pasillos de las Cortes pidiendo su cabeza. Era lo suyo.

Angel Galarza era realmente un político pseudoterrorista. No sirve darle vueltas. El 1 de julio de 1936 le advirtió a Calvo Sotelo en las mismísimas Cortes: "Pensando en su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado contra su vida". Después de ser vilmente asesinado el diputado del Bloque Nacional, con la Guerra Civil en marcha, el "angelito" Galarza dijo en un mitin celebrado en Mahón el 5 de agosto de 1936: "Tengo un gran sentimiento por la muerte del seño Calvo Sotelo. El sentimiento de no haber participado en ella".

Lerroux lo definió perfectamente: "una vergüenza de hombre... un miserable". Este francmasón de extrema izquierda fue tan vil que la misma hermana de Lerroux se quedó cieguita porque "Víctor Hugo" prohibió expresamente que le atendiera un oculista dentro de la cárcel en la que estaba prisionera por el Frente Popular.

En fin, no aburramos más a nuestros lectores. Otro día más.

3 | Salvador   2 de Agosto 2006 a las 04:07 PM

el dia 13 de abril de 1931, Calamita publica un artículo laudatorio hacia Galarza, celebrando que un zamorano del que destaca sus penalidades en la carcel, haya llegado tan alto. Lo hace en su periódico el heraldo de Zamora, en plena celebración de la llegada de la República. Es normal que si los "ganadores" y nuestros asesinados tuvimos justicia histórica y homenajes, ellos también la quieran...¿No?. A ver si acabamos así de una vez por todas con la puta guerra civil y sus consecuencias.
Nada hay que temer ya. Sólo hay que temer que la economía sufre reveses, pero esta Patria nuestra no la deshace ya nadie.
Cierto es que hay mucho indocumentado escribiendo/provocando, pero seamos sinceros ¿No haríamos nosotros lo mismo si la historia se hubiera desarrollado al revés?
Franco engañó a todos, a los falangistas, a los generales, a los republicanos de buena fe, a los monarquicos, a los requetés...hemos tenido muchos dictadores de buena fe en españa, como Miguel Primo de Rivera, que hicieron su trabajo y se fueron al exílio. Pero este cabrón se apalancó 40 años, en los que consiguió que nadie en Europa nos quisiera, en los que consiguió crear una gran clase media... Clase media era lo que había en francia o en Italia, no lo que consiguió él.
La república se convirtió en un régimen de bandidaje y miedo, sobre todo por culpa de los estalinistas, que sabían muy bien lo que hacían. Los hombres de bien ganaron la guerra y se asesinó mucho en los dos bandos, más en el rojo que en el azul, pero TODOS nuestros hermanos españoles tienen derecho a vindicar su verdad, aunque sólo sea la suya, y hay que aceptarlo. Muchas gracias.

4 | Smith   2 de Agosto 2006 a las 04:32 PM

A ver si nos aclaramos, Salvador. Entiendo que lo que me quieres decir es que al ministro y diputado Calvo Sotelo, asesinado por elementos de la cuerda política (izquierdista) y religiosa (masónica) del hiramista Galarza Gago, hay que quitarle todas las calles y monumentos de España. Y a don Ángel, que amenazó de muerte al parlamentario conservador, hay que homenajearle. ¿No?

Lo digo porque, a no ser que seas un poco ingenuo, entenderás que los homenajes a las víctimas del bando frentepopulista no van a ir acompañados sin la destrucción del campo enemigo, en este caso el nacional. Explícanos, si no, qué políticos están dispuestos hoy a brindar por la República masónica, socialistoide y jacobina, sin zaherir a los católicos y conservadores de la época.

PD: Los republicanomarxistas llevan ya 30 años haciendo lo que les da la gana. Menos victimismo, amigo.

5 | castellano ashamed   21 de Septiembre 2006 a las 02:30 PM

Galarza zamorano; Durruti y Zapatero, leoneses.....

6 | enrique   8 de Septiembre 2008 a las 04:16 PM

Al hilo de todo esto publicado y conociendo un poco la calaña de este "Angelito", paseé hace unos dias por la capital zamorana ( soy de Madrid aunque voy todos los años allí al serlo mi mujer) y me sorprendió ver una calle céntrica dedicada a él.


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