Decíamos el otro día que con motivo del 75 aniversario de la quema de conventos azuzada desde el Ateneo y las centrales marxistas y anarquistas, en una localidad malagueña se había producido un conato de incendio dentro de una Iglesia. Era la consecuencia del "jugar con fuego" al que nos tiene acostumbrado el insolvente Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Hoy nos hemos enterado de que cuando los Príncipes de Asturias llegaban al centro cultural Tomás y Valiente, unos treinta republicanos hicieron ver unas siete o ocho enseñas tricolor, al tiempo que profirieron gritos a favor de la República. Las banderas republicanas ondearon retadoramente al paso de Don Felipe.
A José Luis Rodríguez, nieto de un mediocre oficialete republicano al que apenas nadie conocía y que murió la friolera de 24 años antes de nacer ZP -lo recordamos porque parece como si el Presidente hubiera pasado todas sus tardes infantiles al calor del hogar del abuelete- le haria mucha gracia eso del Rey "republicano"; puede incluso que el monarca, no precisamente caracterizado por su coeficiente intelectual, entonces tampoco le prestara mayor atención a la bromita kerenskiana. Pero miren por dónde que esto empieza ya a adquirir unos ribetes jacobinos nada agradables para la propia Casa Real. Otro detalle: los dos concejales de Izquierda Unida recibieron a los Príncipes de Asturias con sendas insignias republicanas en las solapas.
¿Se dan cuenta por dónde van los tiros?
Escrito por en: 23 de Mayo 2006 a las 09:50 AM Archivado en Corona | ZP
Pues siento decirlo, pero si a la Casa Real no la respetan los de izquierdas con tradición republicana, tampoco es que se esté ganando el respeto de la gente de derechas. Tanto coquetear con los socialistos y ningunear al PP le está empezando a hinchar las narices a más de uno.
Yo no soy monárquico, pero me da en la nariz que el concepto de "república" de IU difiere un poco del mío. Me parece bien que hayan perdido todo su bagaje ideológico por el camino, pero asimilar "república" con un régimen de izquierdas me parece errar un rato. A mí, en el fondo, me da igual monarquía parlamentaria o república, siempre que sean democráticas. Dudo mucho que los concejales pineados de IU vayan por este camino, pero ya se sabe, la democracia es burguesa.
A veces me da la impresión que hay mucha confusión con eso del republicanismo, como si la República fuese patrimonio exclusivo de la izquierda. Y ese puede ser el error de la Casa Real, creer que debe ganarse el beneplacito de la izquierda por que liberales y conservadores son monarquicos o, sin ser monarquicos, lo ven como un mal menor.
Lo mismo hay tantos o más republicanos en el pp que en el ex-psoe.
Cuando la Consejera de Interior de la Chene, Tura, incluyó en su difamción contra el PP -acusándole de preparar un golpe de estado- a la Casa Real y ésta no salió inmediatamente a desmentir públicamente a la malnacida, aprendí dos cosas: que la Monarquía -ésta al menos- había perdido completamente su papel moderador -es decir, su única razón de ser- y que el PP estaba dirigido por una pandilla de acomplejados que, si no eran capaces de defenderse de acusación tan monstruosa, difícilmente podían defender los intereses de sus votantes.
Ahora ando resignado. Votaré al PP como mal menor y soportaré la estética pequeño burguesa de una pareja de pijos que hubieran podido ser Reyes de España.
**************
Si hubiera en España verdaderos republicanos (y no seguidores de Stalin con banderas anticonstitucionales) lo tendrían muy fácil. Creo que opino como dagwood: ¿quién va a defender esta monarquía?
Esas cuatro banderas republicanas, no lo dudéis, iran en aumento según sus portadores se sientan más incitados por los dirigentes de la izquierda, en general, y por las ordenes de ZP, en particular. Si bien es posible que a Juan Carlos aún se le dé algo de vidilla porque es amigo de Polanco, el verdadero rey.
La República sobrevendrá sin hacer mucho ruido.
Yo soy monarquico y se lo que haría en el caso de llegar la Republica, pero ¿saben los republicanos que hacer con la familia real?. ¿Los ejecutan, los expulsan o les convierten en "simples" ciudadanos?. Por que en cualquier caso son un estorbo.
Y ya puestos, ¿qué prefieren los republicanos, algo tipo I República o tipo II República?.
Me da que los republicanos no saben aún que tipo quieren, lo que a los monarquicos nos da, aún, un poco de vidilla.
Si cualquiera puede ser reina, cualquiera puede ser rey, o dicho de otro modo, si el principe es libre para escoger a quien le salga de la polla, nosotros tambien.
El problema es que la republica que muchos desean es una republica de partido unico.
Yo también soy de tendencia republicana pero pienso que si un presidente de la república no va a mejorar la situación, no va a añdir nada nuevo al régimen y a la vida del pueblo y, si va a tener un coste similar al de la casa real, pues eso, de qué vale. En cualquier caso estos progres identifican 'república' con 'república sovietizada' o similar, pero también hay repúblicas como los Estados Unidos, Alemania, Italia, Irlanda, etc. de caracter liberal y de profundas raíces democráticas como es obvio.
Parece que estamos todos bastante de acuerdo en esto, ¿no? La verdad es que es más "racional" que el Jefe de Estado sea elegido democráticamente, pero, dadas las mínimas competencias que tiene en nuestra Constitución, tanto da que sea un Borbón o Perico de los Palotes. Lo que pasa es que si yo no me declaro republicano es porque los que ondean esa horrenda bandera tricolor tienen una concepción muy determinada de cómo sería una Tercera República. De hecho, la misma idea que tenían Azaña y compañía de la Segunda: un régimen aparentemente democrático pero en el que sólo podrían mandar ellos.
Por lo demás, coincido plenamente con Tin Morín: le perdí totalmente el respeto a la familia real cuando no se molestó en desmentir los monstruosos rumores de intento de golpe de Estado del PP. Eso, señores, es muy fuerte, y desmentirlo era lo mínimo que exigía la decencia. Pero parecen dar por descontada la lealtad monárquica de la derecha, de modo que se dedican a cortejar a la izquierda. Hasta ahora, todos estos advenedizos del PSOE, aunque fueran republicanos en su fuero interno, han sucumbido al encanto de alternar con la realeza, pero cualquier día toma el relevo un grupito menos sensible al encanto de ser invitado a la recepción que da el Rey el día de su cumpleaños, y adiós muy buenas. Si esto ocurre, no va a ser la derecha, a la que ha ninguneado despreocupadamente, la que defienda la monarquía.
Igual no da.
Un Jefe de Estado elegido democraticamente supone la separacion de poderes que de otro modo es una entelequia puesto que el poder ejecutivo, en una monarquia constitucional,sale del poder legislativo.
Lo ideal es una república tipo USA, con presidente ejecutivo de elección directa (nada de que lo elijan las Cortes) y separación absoluta de poderes. Es más, me apunto también a la elección de jueces, fiscales, jefes de policía, etc. Porque si no hace así, la separación de poderes, única garantía de una democracia auténtica, resulta un verdadero camelo como pasa en España, donde los progres, para defender la constitucionalidad del Estatut, argumentan que nos esperemos a lo que decida el Tribunal Constitucional, como si ese TC no estuviese completamente mediatizado por los partidos políticos.
El para su edad envidiable estado de salud de M. Montesquieu ha dejado al descubierto varios achaques importantes:
El primero, la contaminación política e ideológica de un poder por parte de otro, como ha sucedido en España por una viciada intención partidista en la elección parlamentaria del Poder Judicial o el Tribunal de Cuentas, cuando una mayoría absoluta en el parlamento se impone automáticaemnte sobre las demás.
En abstracto resulta muy sistemático pensar en "tres poderes" mutuamente independientes que se neutralizan entre sí en orden a posibles demasías, pero si el partido ganador en unas elecciones generales no sólo goza de la amyoría absoluta, o de consabidas alianzas en el Legislativo, sino que forma un gobierno monocolor en el Ejecutivo y además influye en la provisión de cargos en el Judicial, la teoría de Montesquieu queda desvirtuada en su base misma.
Se convierte la forma de gobierno en una oligarquía de facto. Y así se han ido sucediendo "oligarquías" solapadas a cada mayoría absoluta conseguida por cada partido.
Pero, ¿cómo se evita que el partido ganador y con mayoría absoluta se extralimite a su vez en el Legislativo y en el Judicial, o en el mismo Ejecutivo para no gobernar con un sutil deje oligárquico? Tendrían todos sus dirigentes que profesar una ética política extraordianriamente exigente.
Hoy parece utópico. La solución tal vez pase por la construcción de otro sistema suplementario que garantice dentro del Estado de Derecho, la respectiva participación sectorial en el Poder de todos los partidos... tal vez propiciando en un sector al grupo menos favorecido en otro, lo cual parece también difícil (que quien ejerza el poder en el vértice de la pirámide de la administración ceda de su preeeminencia en algún sector importante.
Otro defecto del régimen de partidos (y el Estado de Derecho parece exigir la organización en partidos) es la llamada "disciplina de partido", pues el mayor número de mandatarios en una asamblea legislativa no debería oferecer sólamente la ventaja partidista de sumar más votos sino la de dar ocasión de tomar la palabra y de hacer oír más opiniones, aun dentro de un encuadre ideológico de partido. Y esto queda automáticamente eliminado.
La idea era que el contraste de múltples opiniones, una por cada mandatario, (que teóricamente tenía detrás y era portavoz de una representación fáctica y real de un grupo de ciudadanos que le controlaban), arrojase un resultado equlibrado y compensado, de modo que el número supusiese, a la postre, cualidad en la riqueza de matices y de contrapesos en la sumativa y dialéctica voluntad general.... Esto evidentemente no se ha cumplido nunca en la actualidad. De hecho lo que se ha producidoo es el rodillo apisonador...
El procedimiento seguido en casi todas las democracias parlamentarias actuales provoca que los mandatarios individualmente considerados, no puedan expresar opinión personal (se supone que madura y bienintencionada; si no, no habrían sido elegibles como tales mandatarios.. :-P.) acerca de los problemas del Estado, la economía y la sociedad, sino que están obligados a una uniformidad de opinión y de actitud, con lo cual la discusión parlamentaria se empobrece imprevisiblemente y sólo se oyen dos o tres opiniones ya muy esquematizadas y consensuadas dentro de cada grupo de mandatarios, las cuales se contrastan para luego imponer unas leyes o una solución monocolor en virtud de mayorías absolutas, de alianzas, de ulteriores consensos...
La disciplina de partido parece una especie de fraude al elector que en teoría debería dar su voto a personas concretas cuya mentalidad le inspirase confianza, pero en realidad (por las listas cerradss y la disciplina de partido) es la opinión del personal dirigente de cada grupo quien lo decide todo a este respecto.
O sea, que se da el voto a desconocidos que pueden gestionar la cosa pública según criterios imprevistos por el elector...
El tercer achaque es la presión de los poderes fácticos, que frenan las más necesarias y drásticas reformas del sistema, por muy buenas intenciones que guíen al gobernante. Presiones inesperadas y aleatorias en el momento de emitir el voto, aparte de las listas cerradas en las que obligan a votar a personas que el elector no desearía votar y que también suponen un factor de riesgo.
Ya tenemos tres peligros asociados entre sí, e imprevisibles y, dada la ralea política española, inevitables: las fuertes presiones extraparlamentarias que desvían la acción eficaz de los gobernantes, el voto obligado a quien uno no desearía votar, pero hay que dárselo por hallarse incluido en un grupo de candidatos, y la privación de voz (y también de voto libre, vamos a decirlo todo) de la inmensa mayoría de los mandatarios, elegidos por el pueblo en vista de lo prometido y reflexionado en la campaña y en su carrera política, que se ven de hecho reducidos al papel de comparsas de un portavoz, que es a su vez representante de la opinión del tal vez minoritariamente sesgado núcleo dirigente del partido, cuando no del líder ideológico del mismo (que puede ser hasta poco conocido para el pueblo)...
Así que se puede dar el voto a un desconocido cuya opinion, o criterios también son desconocidos por los electores, y van a configurar la opción, concretada en cada caso, por la que uno vota, evidentemente sin poder saber lo que vota, salvo en líneas muy generales y fácilmente reversibles...
¡Y tener que decir a continuación que parece irremediable, dada complejidad de las sociedades actuales y del juego económico-político de todos los tiempos..! Montesquieu parece fue un idealista ya en su tiempo, si no tuvo en cuenta tal complejidad e imaginó una sociedad asbtracta de individuos que se conocían todos, conocían a sus mandatarios y éstos se adaptaban a sus intenciones fielmente (como han de hacer todos los mandatarios), pero en una atmósfera simple y abstracta donde no mediaban ni corrientes de opinión ni intereses de sector ni de clase, ni presiones de poderes fácticos. Con todo, su sistemna de representatividad es el menos malo descubierto hasta ahora...
Más quejas del ancianito Montesquieu: Falta de control de la gestión pública por parte de los ciudadanos (y no como abstracción sino como personas concretas), dado que aquélla sólo puede ser ejercitada por organismos oficiales nombrados a su vez por el partido mayoritario, que es quien habría de ser eficazmente controlado. Y esto es otra insuficiencia grave e irremediable...
Pero, en definitva, el poder viene estando fundado desde siempre sobre el dominio de una etnia sobre otra, una clase sobre otra o de una minoria militar, económica o aristocrática sobre una mayoria indiferenciada o diferenciada pero como sierva y explotada.
Hay una diferencia cualtitativa entre los interees del pueblo (o masa más o menos indiferenciada de la mayoría de los súbidotos de un estado "de los de antes", hasta el siglo XX) y los de la clase gobernante y dominante: los intereses del pueblo eran ante todo la satisfacción de unas necesidades vitales y a veces absolutamente primarias, los de la clase dominante eras intereses sectoriales y dinásticos, de prestigio, de lucro (no indigencial) cuando no militares en torno a campañas con la intención de someter a más comarcas, gupos de población o etnias a su poder arbitrario.
La libertad, el disfrute del resultado de propio trabajo y la gestión de la cosa pública (por parte de esta mayoria y mirando por sus propios intereses indigenciales) estaban excluidos por el dominio del grupo minoritario que se decía encarnar el Estado y su poder, sacralizado por añadidura en la inmensa mayoría de los casos, y esto hasta el final del siglo XX.
Por el contrario el Estado ejercía sin trabas la presión tributaria, la requisa de bienes y de hombres (levas, reclutameintos, quintas y no infrecuentemente, el enrolamiento no suficientemente retribuido, sin considerar ls necesidades familiares de sus hombres (esto en el siglo XX todavía)), las confiscaciones de propiedades inmuebles, los privilegios excluyentes, la permisión del "ius primae noctis", la distribución desigual de bienes de consumo y de las tierras y hasta la manipulación de la información (esto lo ha practicado el Estado y todos los grupos lo suficientemenmte poderososo para pemitírselo) Y el control, o reserva minoritaria (a favor de unos pocos privilegiados) de la enseñanza y de la cultura.
Los intereses del pueblo nunca se han tenido seriamente en cuenta por las clases dominantes antiguas, si no era por redundar en el propio provecho: mayor lucro, mejor produccion, menor riesgo de revoluciones, mas eficacia militar o industrial...
Y aquí segumos. Soltando discursos. Esperando a los bárbaros. "Al menos, ellos eran una solución" como parecen creer algunos.
La actual monarquía está situada frente a un grave problema. Se encuentra en una encrucijada parecida a la que estaba inmerso Alfonso XIII en el 31 y que resolvió tan pésimamente como pudo el antepasado de nuestro actual monarca.
De hecho, la Segunda República sobrevino como una “revolución sin revolución”, puesto que no hubo oposición de los monárquicos, que ofrecieron una tibieza y una resignación completamente sorprendentes, debido a que consideraron que era mejor que llegara la República a que siguiera un Rey que creían nocivo para el país.
¿Cómo pudieron llegar los monárquicos a pensar así? Básicamente, porque el Rey había dado la espalda a los suyos haciendo que éstos se la dieran a él, impulsando el cambio político, puesto que tanto Maura como Alcalá-Zamora, monárquicos de pro, se convirtieron en los más eficaces conspiradores contra el Rey, los mejores catalizadores de los esfuerzos republicanos (por aquel entonces muy enfrentados entre sí) en el Pacto de San Sebastián, y el factor decisivo para que el triunfo en unos comicios municipales se tornara en un cambio de régimen. Enfrente solo tuvieron a Romanones, que hizo un servicio nefasto al Rey, sirviendo en bandeja el poder a los republicanos y organizando la huída apresurada del monarca.
La situación cogió tan de sorpresa a los instigadores de izquierda, que tardaron en reaccionar ante la pasividad para ser derrocado del poder establecido, incrédulos de la facilidad de su victoria.
En un país con poca vocación monárquica, a pesar de haber vivido casi siempre en monarquía, el maltrato del Rey a los pocos defensores acérrimos que tenía, se mostró como su error crucial y decisivo.
En la actualidad, Juan Carlos I y la Casa Real están cometiendo este error de nuevo, pues está ninguneando al sector de la población que tradicionalmente le viene apoyando, en la creencia equivocada de poder ganarse a los que no le apoyan, conservando, pese a sus desprecios, a los que sí.
1. Da la espalda repetidamente a la derecha, creyendo que conseguirá la simpatía de una izquierda que le desprecia:
• En el desgraciadísimo incidente de las declaraciones de Tura. Al no reaccionar como merecía contra la impresentable consellera, dejo a los pies de los caballos al Partido Popular haciéndose participe de la mentira insidiosa. Colaborando a la infamia de la socialista catalana. Ese no es un episodio baladí, me consta que ha dolido y sigue doliendo en tertulias y comentarios de café, aquel día perdió el Rey muchos apoyos aunque parezca que no. El hecho de encontrar el suceso en varios de los comentarios publicados en este blog corrobora mi sensación.
• Mostrándose tan connivente y cómplice con Carod Rovira (“estamos para hablar, jajajá, jijijí…”), despreciaba a los pocos que desde Catalunya defendemos el Estado Español y por extensión a él mismo, que es quien lo representa. No ganó adeptos con esa actitud el monarca entre los republicanos catalanes y al contrario, originó la repulsa de quienes tenemos que sufrirlos en el día a día en Catalunya.
2. A las repetidas muestras de desprecio que viene sufriendo el ejército por parte de sus gobernantes en diferentes episodios, el "apoyo" de su Capitán General ha sido el ofrecer sistemáticamente la callada por respuesta.
3. Frente a los monárquicos de pro:
• Enfrentamiento chulesco con significados personajes que tradicionalmente han contribuido a la grandeza mediática de la imagen de la familia real, cristalizando con la no invitación a la Boda Real a algunos de éstos. Invitando a personajes que si hubieran podido, le hubieran hecho la zancadilla cuando iba por el pasillo de la Iglesia.
• La misma boda en sí, la elección de la novia, Para más de un monárquico significó un error.
• El capítulo de las presiones que supuestamente se han ejercido para posibilitar la sucesión en la figura de doña Leonor, aunque para ello hubiera que cambiarse la Constitución, por ser una injusticia que fuera discriminada por su sexo. Deslegitima a su padre, Felipe, porque hoy existe la misma injusticia con respecto a su hermana la Infanta Elena.
Todos estos errores, algunos más importantes que otros han creado esta sensación de tibieza en quienes debieran defender con más energía la monarquía en este país. Si realmente hubiera un sector combativo republicano (serio, sin connotación política escondida) probablemente podrían tener éxito relativamente fácil como el que tuvieron sus abuelos del 31.
Un saludo.
¡Buena síntesis, Pedro M!
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