Una noticia aparecida la semana pasada informaba que "Aragón" ha incluido en su catálogo de "prestaciones sanitarias" (?) la intervención quirúrgica de "reasignación de sexo". Es decir, que los aragoneses, los ciudadanos de Aragón, gentes de carne y hueso como vds., van a tener que financiar los caprichos de este "colectivo", tan respetable como el resto de personas pero no con más derechos. ¿O no?
Es alucinante. ¿Qué le importa al Gobierno de Aragón los miles de regantes murcianos, valencianos y almerienses? Nada. ¿Y los 3.000 ciudadanos de Huesca y Zaragoza que conmemoraron ayer el noveno aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco? Menos todavía. Nada como ser un hombre en un cuerpo de mujer (!) y una mujer en cuerpo de hombre (!) -definición de transexual dada recientemente por TVE- como para que el papá Estado, con el dinerito de todos, financie tu "reasignación" de sexo.
Escrito por en: 13 de Julio 2006 a las 01:23 PM Archivado en Aragón
A mí me parece muy bien que se subvencione el cambio de sexo a quienes no se sienten bien con su cuerpo. Es más, lo considero un acto de solidaridad social ineludible para cualquier sociedad progre que se precie.
Eso si, no podemos limitarnos a esa cuestión. No son los transexuales los únicos que se sienten mal en su cuerpo. Recordemos que todos los españoles somos iguales ante la ley.
Sin ir más lejos, yo soy un MELENUDO en cuerpo de CALVO, así que EXIJO que se me subvencione un transplante de pelo porque, de no hacerlo, mi persona se verá humillada por una situación injusta, decidida por una naturaleza cruel a la que es lícito y necesario enmendar, y respaldada por una sociedad insolidaria que se niega a ayudarme.
Por si fuera poco, tengo la nariz muy grande, lo que me ha convertido en blanco de las burlas de mucha gente desde que era niño, así que también EXIJO una rinoplastia a cargo de la seguridad social.
Ah, y un depilado general definitivo por métodos indoloros tampoco me vendría mal (siempre que sea a cargo del erario público), porque todo el pelo que me falta en la cabeza lo tengo repartido con creces por el resto de mi cuerpo. Esto también es injusto, porque ahora lo que se lleva es no tener pelo en las pelotas (lo he visto en una peli porno).
Naturalmente, los errores de la naturaleza son responsabilidad social, así que pagamos entre todos; faltaría más.
(Oye tu, si cuela..., cuela)
herbert_garcia_nalon@hotmail.com
Y yo soy un potentado en el cuerpo de un pobretón, así que espero que el Estado me subvencione esos capichos que no podido permitirme nunca y tanto han afectado a mi personalidad.
Por cierto, tiene guasa, ayer visité al dermatólogo y me recetó una crema nada barata que no entra en la Seguridad Social y debo pagarla enterita. Y lo que es más, el médico me comentó que quizás deberé usarla el resto de mis días. ¡Manda huevos!
Pero como se te ocurre visitar al dermatólogo, joer, con la mala suerte que traen X-D
herbert_garcia_nalon@hotmail.com
Lo del gobierno de Aragón es una barbaridad. Al igual que la tendencia sexual, la identidad sexual pasa por muchas crisis, y nadie a los 16 ó 18 años debería someterse a una operación así. Hay muchísimos casos de personas que se han hecho un cambio de sexo y se han arrepentido, y la mayoría de los que comienzan tratamientos hormonales antes de los 20 años no los terminan porque se dan cuenta de que en realidad no son transexuales.
De todo esto me enteré hace años, precisamente en el COGAM, por no entrar en casos de amigos y conocidos que terminaron de forma trágica. Por desgracia, toda esta información ha desaparecido misteriosamente. De la misma forma, ahora pretenden que si un niño de 14 años confiesa tener algún tipo de fantasía sexual con otro, inmediatamente ha de ser etiquetado como gay, y los educadores deben esforzarse porque el joven siga así y que no sucumba a las presiones para que sea heterosexual.
El que no haya sido bisexual, al menos de pensamiento y durante cinco minutos, antes de cumplir los 18 que levante la mano. Por favor, que levante la mano... ¿no me oyen?
No comprendo ese interés de los activistas oficiales gays y transexuales por reclutar. Me produce escalofríos. Además, no sé a qué temen; yo nunca he tenido problema para encontrar ligues. Incluso a veces pienso que hay demasiados gays, y que muchas conversiones tardías son más que sospechosas. Supongo que me acusarán de "auto-odio". Me da igual.
Perdón por insistir. Querido Herbert, yo necesito un poquito de liposucción porque en los dos últimos años he engordado casi una talla, y no te puedes imaginar los devastadores efectos que esto está teniendo en mi psique. Además, necesito urgentemente una operación de miopía porque ya sabes que en la cultura gay las gafas no se llevan, y si no quiero ser excluido por mi comunidad debo ser intervenido de forma inmediata. Moreover, las nalgas modelo Antonio Bandera también son necesarias si no quiero acabar en un psiquiátrico.
Mi caso es mucho más serio y urgente que el tuyo, así que lo siento, pero mi nombre estará en la lista antes que el tuyo. Además, para los heterroros como tú la nariz grande y el pelo en el pecho son rasgos de identidad a los que no debes renunciar de ningún modo.
Salgado, exigo que se me opere de todo esto antes que a Herbert.
p.d.
Otra cosa, como dice Carmen Rigalt, que es la que más sabe de estos asuntos, el depilado hetero no es como el homo, es decir, vosotros os depiláis con cuchilla, yo con rayo láser, así que ya te puedes ir olvidando de eso. Como mucho, que te pongan la cera caliente.
¿Y para cuándo incluyen en la Seguridad Social los empastes, extracciones civilizadas y limpiezas bucales?
Esto de los cambios de sexo es una propaganda que se hacen a costa del erario. Al final son cuatro gatos, pero les luce como si estuviesen salvando al proletariado de no sé qué.
Hay una frase de Jordi Pujol muy afortunada: "se reconoce a un socialista en el poder porque gasta 1 peseta en hacer algo... y 9 pesetas en hacer propaganda de que lo ha hecho",
Pandemonio, por Diossss, como rayos has podido pensar que soy hetero, con la fama de marica que me he ganado en le barrio. Las veces que me habrán pillado de crío haciendo manitas con mis amiguitos, los pantalones bajados y el rabo duro.
Fuera bromas, al hilo de todo esto de las "identidades" sexuales, me da la sensación de que poca gente, no se si alguien, está realmente defendiendo en público lo que, desde mi punto de vista, dicta el sentido común.
Se está separando a la sociedad en multitud de departamentos estancos, que constituyen verdaderas inclusas formadas por prejuicios morales de índole diversa, curiosamente muy relacionados con la sexualidad, y que interfieren muy negativamente en la vida de las personas.
1) Si, se admite que un individuo mantenga relaciones homosexuales, pero entonces ese individuo “es” homosexual. El hecho de serlo le identifica con una serie de características y prejuicios sociales a los que se espera que se ajuste.
2) Por ejemplo, no puede decir que es homosexual si le gustan las mujeres: en ese caso debe declararse bisexual, que ya es otra cosa.
3) Los heterosexuales son las personas que sólo se sienten sexualmente atraídas por el otro sexo. Peeeeero, si en alguna ocasión se ha sentido usted atraído por una persona de su mismo sexo, entonces es bisexual, no heterosexual. La obligación del individuo es aclararse, definirse y, llegado el caso, salir del armario. El que no lo haga, es un reprimido. Se rumorea que “hay muchas personas que son homosexuales y no lo saben” (alucinante).
4) Un hombre maduro no puede mantener una relación con una mujer joven, porque sería un sátiro y un viejo verde, lo cual está muy mal visto. Ella, naturalmente, sería una “pobre chica”. Para salvar las apariencias, señores y jovencitas ni siquiera pueden mantener relaciones de amistad, salvo las derivadas de las relaciones familiares.
5) La posibilidad de que una mujer madura pueda tener relaciones con un hombre joven, se considera tan excepcional que ni se plantea siquiera.
6) La diferencia máxima de edad aceptable entre los miembros de una pareja heterosexual depende de la edad de ambos, pero en ningún caso superará los 10 años. A menor edad, menor diferencia. Por supuesto, el hombre siempre debe ser mayor que la mujer. Incluso la igualdad de edades se considera a veces inadecuada. Las parejas homosexuales no se rigen por esas reglas, y se aceptan sin dificultad diferencias de edad muy considerables.
7) Un hombre heterosexual tiene derecho a mantener relaciones con varias mujeres, siempre que no esté casado. Y eso certifica su masculinidad.
8) Peeeeero, una mujer no puede mantener relaciones con varios hombres aunque no esté casada. Si lo hace, su conducta será tachada, como mínimo, de inmoral. Los hombres heterosexuales pueden mantener relaciones con mujeres así, pero nunca ser novios formales o contraer matrimonio con ellas.
9) Peeero, si la mujer es lesviana, el asunto es diferente. Parece ser que homosexuales y lesvianas tienen un derecho natural a la promiscuidad, sólo compartido por el varón heterosexual soltero, que es ampliamente respetado. Incluso, hay varones heterosexuales solteros que consideran aceptable que sus parejas sean bisexuales y “lesvianamente promiscuas”, siempre que no les sean infieles con otros hombres (curioso).
Y así podríamos extendernos ad infinitum, redactando reglas más o menos disparatadas y con orígenes muy diversos, que todo el mundo conoce y nadie reconoce, pero que más o menos se cumplen.
En cuanto a las posturas políticas, las izquierdas se limitan a declararse partidarios de lo “progre”, sea eso lo que sea, y abogar por una pretendida libertad sexual y una clasificación de las personas en función de sus presuntas “tendencias” sexuales. Y cuando sea posible, gastar dinero público en ello, no por un convencimiento real, sino para parecer un gobierno “progre”. El “machismo” patrio no se elimina, sino que se traslada a la esfera privada de lo políticamente incorrecto, y en ese ámbito los homosexuales siguen siendo maricones.
La derecha oscila entre la postura católica y una pretendida postura más cientifista o médica. La primera propugna la castidad para los homosexuales, a quienes también se reconoce como comunidad diferenciada y cuyas tendencias considera perversiones pecaminosas más o menos “curables”. La segunda considera las tendencias homosexuales como un trastorno de la personalidad, o de la identidad sexual, y que como tal debe ser tratado. También acepta la clasificación de las personas en heterosexuales=normales, homosexuales=“enfermas”.
Supongo que alguien lo hará, pero aún no he visto que nadie niegue tajantemente la clasificación de las personas por sus pretendidas “tendencias sexuales”. Personalmente, niego la mayor: no hay personas heterosexuales, ni homosexuales, y mucho menos bisexuales. Lo que si hay son CONDUCTAS heterosexuales y CONDUCTAS homosexuales (la bisexualidad no existe). Que un individuo determinado en cualquier etapa de su vida mantenga uno u otro tipo de relaciones, no puede ser en modo alguno razón para clasificarle por ello, como no sea para algún estudio estadístico de limitado valor.
No considero apropiado hacer proselitismo ni a favor ni en contra de ningún tipo de conducta sexual (faltaría más), porque es cada persona la que en su vida diaria debe tratar de desarrollar libremente su comportamiento, y sólo a ella compete lo que debe hacer en la cama y con quien.
La homosexualidad, considerada como comunidad de homosexuales, no es una tendencia sexual, sino una heterogénea agrupación de carácter ideológico, que se ha formado como consecuencia de la presión social establecida durante generaciones contra los individuos que mantenían conductas homosexuales, lo cual les ha llevado a identificarse como grupo definido. Pero en realidad no lo son exactamente por su conducta sexual, sino debido a la discriminación que sobre ellos ha ejercido el resto de la sociedad, forzándolos a erigirse en minoría más o menos organizada, o identificada con la legítima defensa de su libertad sexual. Es decir, si no hubiera existido esa discriminación, no habría homosexuales, aunque las conductas homosexuales existirían igualmente, como han existido siempre.
Herbert.
Alejandro, que razón tienes macho. Eso si que es un problema de salud pública. La recuperación dentaria si deberia incluírse en la seguridad social, y no otras tonterías.
Herbert.
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