Érase una vez un tipo que, aunque ya era gorrino según la definición etarra de los socialistas (ya saben, algo habrán hecho), tuvo la ocurrencia de presentar su candidatura oficial en el Club de los marranos.
El requisito principal era demostrar de forma fehaciente lo muy marrano que era para poder aceptar su membresía. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que enviar su solicitud después de limpiarse el trasero con ella. Pasó el tiempo y, como no recibía respuesta, reclamó una explicación del club recordándoles que a su juicio había superado con creces la prueba de admisión que se le exigía. A vuelta de correo, recibió la respuesta del secretario:
“Estimado señor: lamentamos no poder admitir a trámite su solicitud, pues no es usted lo suficientemente marrano para nosotros. De haberlo sido, ni siquiera se hubiera usted limpiado”.
Escrito por en: 12 de Septiembre 2006 a las 03:50 PM Archivado en Cataluña
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