1 de Noviembre 2006

Agua para todos: La polémica también puede ser civilizada

Un lector de Batiburrillo dejó hace un par de días una extensa nota en mi artículo “Otra puñalada trapera a los murcianos, ahora a cargo del PP”. Me refiero a Rafael Galdón Cabrera, cuya moderación al escribir y al hacer uso de toda clase de argumentos, algunos de ellos con tinte en exceso desolador, ha propiciado que yo, a mi vez, me interesase en darle una respuesta sobre lo que él opina. Para facilitar la lectura, anoto en cursiva su punto de vista (le he movido algún párrafo reiterativo, pero no le he cambiado ni una coma) y luego expreso el mío.

He echado en falta, no obstante, que este señor se pronunciara con mayor claridad acerca de su deseo de continuidad del trasvase Tajo-Segura y, de ser contrario como se deduce, que expusiera cuáles son a su juicio las soluciones alternativas, sobre todo si se tiene en cuenta que en la mayor parte de las tierras hoy beneficiadas por el citado trasvase no se contempla que pueda llegar al agua desalada. Por otra parte, debo decirlo, también le adjudico a este señor un loable sentido romántico, probablemente en defensa de su patria chica —acaso alguna de las poblaciones que cita—, pero muy alejado del sentido de la proporcionalidad. Es decir, no tiene en cuenta que las más de las veces deben perjudicarse unos pocos en beneficio de muchos. Ha sido así, en numerosísimas ocasiones, a lo largo de la Historia. Y me parece justo que siga siendo así.


Estimado Policronio: al enjuiciar la problemática del trasvase Tajo-Segura no solo hay que tener presente los intereses murcianos; antes hay que considerar los intereses de las tierras ribereñas del Tajo, que históricamente han sido las que han tenido derecho al uso de esa agua.

Apreciado Rafael: Te agradezco el comentario y el estilo moderado en el que está escrito. Creo que en este asunto hay que tener en cuenta todos los intereses, y no necesariamente en primer lugar los que afecten a los habitantes (las tierras no tienen intereses ni lengua propia, sí sus habitantes) de la zona manchega que tú mencionas. Ninguna ley existe, que yo conozca, que fije el número de años para adquirir derechos sobre una cuenca fluvial y mucho menos para que asigne esos supuestos derechos a un colectivo determinado y a perpetuidad, cuanto más si consideramos que los agricultores beneficiados (no sólo murcianos, sino albaceteños, alicantinos y almerienses) llevan también muchos años dependiendo en buena medida del trasvase. Un trasvase, no lo olvidemos, que obligó en su día a inversiones costosísimas (hubo quien debió malvender al no poder acometer las obras) para acondicionar las tierras y acceder así al agua que debía llegar. Al respecto te citaré el artículo 33.3 de la Constitución española, especialmente el apartado que justifica la expropiación de tierras (en este caso para la construcción de pantanos o regadíos): “…por causa justificada de utilidad pública o interés social”. Situación, de interés social evidente, que se dio en cada uno de los cientos de pantanos y embalses construidos en el anterior régimen (ojalá hubieran sido muchos más) y que afectaron a toda España, con desplazamientos de población hacia las grandes ciudades.

Pues bien, para ayudarte a enjuciar los efectos del trasvase en la zona donante, te diré que en los años cuarenta se construyeron los embalses de Entrepeñas y Buendía -conectados entre sí por un canal que pasa el sobrante del primero al segundo-, que en su conjunto suponen uno de los mayores embalses de España. Esta grandiosa obra de ingeniería se hizo a costa de la inundación de la mejores tierras de labor, las vegas bañadas por los ríos Tajo, Guadiela y Mayor de varios pueblos de Guadalajara y Cuenca, algunos de los cuales, para más inri, quedaron aislados de su comarca natural, todo lo cual originó la emigración masiva y depresión económica de toda la zona ribereña de los embalses.

No puedo contradecirte los datos, no conozco a fondo la zona y apenas su historial. Lo que sí puedo afirmar con cierta rotundidad, puesto que hablas de emigración masiva, es que por razones económicas y dejadez institucional más de un millón de murcianos, almerienses y albaceteños, y algo menos de alicantinos, tuvieron que buscarse la vida, antes del trasvase, en las grandes ciudades y zonas industriales. Y eso representa una sangría angustiosa que aún no ha sido recuperada ni de lejos, puesto que la mayor parte de esos levantinos siguen emigrados, especialmente en Madrid y Barcelona. Ahora bien, si tenemos en cuenta que la totalidad de habitantes de Castilla-La Mancha se sitúa en torno a 1.8 millones (probablemente más de la mitad de ellos ubicados en ciudades dormitorios próximas a Madrid) y que en las comarcas afectadas por los pantanos es muy posible que apenas supusieran una cifra significativa, qué hay de malo en suministrarle agua a 2.5 millones de personas en Albacete, Alicante, Almería y Murcia. ¿No aciertas a ver en ello un bien social que justifica sobradamente el trasvase? O es que acaso alguien pretende que, tras décadas de enormes esfuerzos en el levante, se vuelva a dejar en la miseria a cientos de miles de personas para que algunos propietarios madrileños de segundas residencias y usuarios de yates puedan seguir acudiendo los fines de semana a contentar a los comerciantes y hosteleros de esas pequeñas localidades que tú citas: Alcocer, 324 habitantes. Sacedón, 1.700 habitantes. Buendía, 505 habitantes. Pareja, 473 habitantes. Ojo, no menosprecio a nada ni a nadie, me limito a resaltar una magnitud. ¿Qué población calculas que había en esas vegas que has aludido, pongamos de 5.000 a 8.000 personas? No pueden ser muchas más, la historia de esas comarcas jamás habla de poblaciones importantes. ¿Cuántos de ellos no habían pensado ya en marcharse a Madrid y les vino como agua de mayo el pago por la incautación de sus tierras para la construcción de los pantanos? Y aunque no fuese así, sin duda se escogió un mal menor para el logro de un gran bien destinado a 4 provincias españolas. Lo contrario me suena a nacionalismo de aldea.

En los años sesenta, los propios embalses -llenos de agua y con sus riberas repobladas de pinos- se convirtieron en polo de atracción turística, levantándose urbanizaciones de fin de semana en los pueblos de Sacedón y Pareja –provincia de Guadalajara- y Buendía –provincia de Cuenca-, lo cual vino a compensar en parte el daño que habían sufrido dichos pueblos anteriormente. Los demás no han levantado cabeza (Alcohujate, Canañeruelas y Villalba del Rey han quedado aislados de su comarca natural, separados de Alcocer, Sacedón y Buendía por el pantano de Buendía). Ante la falta de agua apenas acuden los madrileños los fines de semana; muchos han malvendido sus residencias y sus barcos, con lo que los precios de la zona se hundieron y no se recuperan. Muchas tiendas y talleres han ido cerrando, con lo que se pierden empleos y disminuye el nivel de servicios; finalmente, todos los pueblos de la comarca se van despoblando a pasos agigantados.

Me temo que en los años 60 no abundaría precisamente el turismo de fin de semana. No digo que ocasionalmente no llegasen algunos turistas a la zona, quizá a pasar una quincena de vacaciones en casa de algún familiar que no se había marchado, pero la motorización de los españoles es muy posterior a la década de los 60, durante la que había que apuntarse para que al cabo de 1 o 2 años se te adjudicara un Seiscientos. Es posible que hacia finales de dicha década y siguientes, con la llegada de otras marcas y modelos de automóviles, pudiéramos hablar con alguna propiedad de turismo masificado de fin de semana.

Pues bien, la construcción en los setenta del trasvase Tajo-Segura ha vuelto a traer la ruina a los pueblos ribereños de Sacedón, Pareja y Buendía. En efecto, los embalses se han vaciado paulatinamente, pues no se envía el agua sobrante, sino toda la que pide Murcia. De modo que desde hace veinticinco años los embalses de Entrepeñas y Buendía no se han vuelto a llenar. Lo habitual es que estén entre el treinta y el cuarenta y cinco por ciento de su capacidad; y algunos veranos, han llegado a quedar por debajo del diez por ciento. Un detalle que se pasa por alto: el agua que se bebe en estos pueblos procede del pantano, donde se extrae por medio de bombas que se encenagan y se queman cuando baja mucho el nivel. Después se depura, mediante la filtración y adición de abundante cloro, lo que motiva que el agua sepa a lejía y cieno.

Lo siento, pero no me acaban de cuadrar tus cuentas. Ya quisiéramos que aquí llegase toda el agua que se necesita —me parece de lo más improcedente hablar de “toda la que pide Murcia”, especialmente ahora, que llevamos una docena de trasvases “Cero”—, entre otras razones porque llegaría también del Ebro. Entrepeñas, por ejemplo, tiene una capacidad de 835 Hm3 y en la actualidad hay 103 (antes del último episodio de precipitaciones), más que suficiente para, incluso si no volviese a llover en mucho tiempo, abastecer a la población de la zona durante dos años, que es la reserva intocable decidida por la Ley. El agua que llega aquí del trasvase también debe depurarse y filtrarse como se hace ahí, no sois una excepción. Por cierto que en el presente año, habiendo recurrido a los acuíferos regionales, que prácticamente se han agotado, y a la puesta en marcha de dos grandes desaladoras dejadas casi listas por el gobierno del PP, es la primera vez que la mitad o más de los municipios murcianos no han sufrido cortes de agua de hasta 12 horas diarias. ¿Y tú hablas de agua con sabor a lejía? ¡Para sí la hubiesen querido en estos municipios sedientos que yo destaco!

Conclusión: la prosperidad de Murcia se ha logrado a costa del empobrecimiento de Castilla-La Mancha. Lamentable, pero cierto.

La prosperidad de Murcia, y también y en no poca medida de Albacete, Almería y Alicante, se ha debido esencialmente a un factor ajeno a la voluntad de cualquier persona: Su clima, que es excepcionalmente apropiado para las cosechas extratempranas que demandan el mercado europeo y buena parte de los españoles, incluyendo a los habitantes de esas grandes ciudades que pudiesen no estar conformes con el trasvase. Así que no te pongas medallas —ni debe ponérselas nadie— por el simple hecho de que unos años atrás hubiese determinados políticos que tuvieron algo se sentido común, al menos en esta cuestión, y decidieran acometer unas obras destinadas al bien social y al beneficio de millones de personas. ¿Hubo que perjudicar a unos pocos? Cierto, y bien que lo siento, pero es mucho mayor, y me compensa con creces, la alegría que me produce tantas personas beneficiadas. Así es la política cuando lo que se intenta es el bien común, no cuando se trata de darles satisfacción a los nacionalistas catalanes y se decide abortar el PHN con el 30% de obras acometidas. Como consecuencia de ello, sólo en lo que va de año el Ebro ha arrojado 17 trasvases al mar.

Escrito por Policronio en: 1 de Noviembre 2006 a las 01:46 PM Archivado en Agua para todos | Hitos | Murcia | Otras Comunidades

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