13 de Noviembre 2006

Cultura progresista

Si uno tuviese alguna duda sobre lo que representa la cultura para el progresismo —al izquierdista modo, por supuesto— y no recordase los tiempos de la “Movida” madrileña y las arengas a “colocarse” impartidas por Tierno Galván, no tendría más que reparar en el tratamiento de choque que la directora de la Biblioteca Nacional viene dándole a esa institución tan valiosa. Rosa Regàs, la directora en cuestión, que en plena era Aznar hacía declaraciones en las que de boquilla amenazaba con exiliarse debido a la falta de libertad, acabó afirmando, tras la victoria-trampa de ZP, que se había alegrado mucho más de la derrota del PP que de la muerte de Franco, circunstancia, esta última, que a buen seguro la señora fijaba como patrón universal de la máxima alegría posible. Sí, fue un comentario muy oportuno que de inmediato le valió un cargo público de remuneración sustanciosa y amplias facultades para la difusión de propaganda falsaria con apariencia cultural, que es en lo que consiste básicamente lo que ofrece el “progresismo”.

Pues bien, es preciso destacar que esta anciana de 73 años, cuyos méritos adicionales para el cargo han consistido en verter durante años y años todo tipo de injurias hacia la derecha democrática española —a la que ha identificado torticeramente con el franquismo—, no ha cesado de practicar una política libertina en la BN. Política a caballo entre el derroche y el sectarismo, repleta al mismo tiempo de decisiones caprichosas destinadas a contentar su ego y a reforzar la esperpéntica idea de una ministra de cuota, según la cual, “el dinero público no es de nadie”. Veamos algún ejemplo de la catadura del buen progresista:

Sectarismo: En marzo del presente año, esta señora, a la que nunca le ha temblado el pulso a la hora de posicionarse ideológicamente entre la extrema izquierda y el nacionalismo catalán, hizo retirar el busto de Menéndez Pelayo, notable director de la Biblioteca Nacional, cuya obra en 65 volúmenes abarca lo mejor de la intelectualidad del siglo XIX español y la primera década del XX. El gran sabio y polígrafo don Marcelino, catedrático de Literatura con 21 años, perteneciente a las reales academias de la Historia y la Lengua, había declarado en más de una ocasión “concebir una literatura española ligada al territorio peninsular español, atendiendo por igual y sin distinciones otras lenguas o culturas peninsulares del pasado o presente”. Menéndez Pelayo falleció en 1912, fecha del emplazamiento de su busto en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional, donde permaneció incluso a lo largo de todo el período republicano. Es evidente que una biografía tan destacada no significa nada para la Regàs, puesto que le ha dado el mismo tratamiento que si hubiese sido un ideólogo de su odioso franquismo. Y por lo tanto ella, depositaría de la verdadera esencia democrática del pueblo, ha resuelto con justicia arrumbar el busto como si fuese un trasto viejo.

Derroche: Durante su mandato al frente de la BN, la Regàs no ha cesado de dilapidar en juergas y saraos de toda especie, entre los que se incluyen pantagruélicas comidas para los componentes de su camarilla, ofrecidas en el restaurante de lujo “Nicolás”, con el pretexto de homenajear a los invitados de unas conferencias, subvencionadas generosamente, acerca de cuya valía, la de los conferenciantes, existen dudas razonables sobre si debe ser considerada mediocre, escasa o nula. En cualquier caso, una valía nada acorde con el hecho de asignarles un escote de 1.000 euros por sesión —algunos repitieron—, cuando para ellos debería ser un honor disertar en el más grande templo de la cultura española. Pero claro, la Regàs fue seleccionando a indigentes ideológicos de su propia cuerda para que al menos ese día comiesen caliente, le regalasen los oídos y le reafirmasen sobre la bondad del comunismo, ideología que, como es sabido, propende al reparto de la riqueza… exclusivamente entre los miembros o “miembras” del Soviet Supremo. Pues bien, ese justo reparto nos ha costado a los españoles casi la friolera de dos millones de euros sólo en lo que va de año, friolera a la que deberían sumársele otras partidas dilapidadas en el ejercicio anterior por la susodicha individua.

Capricho: La Regàs —según escribo, cada vez la encuentro menos señora— no ha dudado ni un momento, cual comisaria política del más rancio PC guerracivilista, en “renovar” a los empleados de la Biblioteca Nacional mediante el expeditivo método de amargarles la vida, despedirlos, postergarlos a complementarlos a su antojo. Así, no le ha bastado disponer de dos secretarias y ha contratado a una tercera, será para que le pase a limpio los borradores de su próxima novela, porque acaso intuye que le huele la cabeza a pólvora —ya le ha dado algún aviso la Vogue— o no hay ZP que 100 años dure ni anciana derrochona que los aguante. En cuanto a los chóferes asignados a su coche oficial, digamos que ha dispuesto ya de varios ejemplares, de conductores, claro, de lo que se deduce que no le daban el tipo de conversación que ella necesita oír para viajar a gusto, no me extrañaría que a alguno lo pillara oyendo la COPE, o quizá no se inclinaban lo suficiente a la hora de abrirle la puerta. Si se habla de los administradores o directores de área de la Biblioteca Nacional, hay que decir que más de uno ha sido cesado al ponerle reparos a los despilfarros y a su especial afición a cambiar el destino de las partidas presupuestarias, porque una vez agotado el capítulo de “órgias” y “desénfrenos”, nada más fácil para ella que meter la mano en otras partidas o solicitarle una ampliación directamente al Gobierno; por supuesto, mediante un informe bien argumentado, redactado a ritmo de salsa, sobre la ineludible necesidad de contar en la Biblioteca Nacional con una provisión adecuada de serpentinas, confeti y matasuegras. Incluso algunos miembros del Patronato de la Biblioteca, que es el organismo encargado de coordinar las actividades culturales, han mostrado su malestar al ver cómo la Regàs prescinde de cualquier asesoramiento y se obstina en promover continuas exposiciones, cine incluido, sobre la II República y la Guerra Civil. Naturalmente, todo ello enfocando siempre desde su más hondo y rencoroso partidismo. Tema, este último, que enlazaría directamente con los otros dos apartados: Sectarismo y derroche. En suma, puritita cultura “progresista” la de la Regàs. Todo un modelo a seguir.

Fuentes de la noticia:
1. El Semanal Digital
2. ABC
3. Periodista Digital
4. Biblioteca Nacional (Actividades)

Escrito por Policronio en: 13 de Noviembre 2006 a las 08:28 PM Archivado en

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