22 de Noviembre 2006

Patriotismo

Nada hay más desastroso para una nación que sus habitantes renieguen del patriotismo y se dividan respecto al sentimiento de pertenencia a esa nación. Cuando la división no sólo existe sino que va ahondándose, sin que desde el poder del Estado se corrija la actitud desleal de los gobiernos de algunas regiones, los grupos separatistas radicados en ellas acaban por controlar a su antojo importantes parcelas de poder y se enquistan de por vida. Es más, si desde el Gobierno central no se interponen las leyes adecuadas para contener el abuso y la felonía de esos grupos, sino que determinadas arbitrariedades nacionalistas se respaldan por conveniencia, todo hace pensar en un desenlace desafortunado no exento de violencia, ya que no hay cuerpo social, por más evolucionado que se considere, que acepte con indolencia la amputación de uno o varios de sus miembros.

Como trastorno no menor de ese cuerpo ciudadano, inicialmente podría suceder que el hoy considerado terrorismo de carácter cismático fuese complementado de algún modo por otro terrorismo de índole unionista. Encontrándonos entonces en alguna región de España, esta vez sí, con algo semejante al conflicto de Irlanda del Norte: Dos bandos enfrentados ocasionalmente en las calles, atentado tras atentado, en una beligerancia sangrienta de ámbito regional. Una cosa así, por muy malpensado que parezca, puede llegar a suceder con o sin la independencia de ese territorio en cuestión, con o sin blindaje de competencias en los nuevos estatutos que cobardemente se vayan concediendo como respuesta al chantaje. Todo dependerá del grado de desesperación que una parte de los habitantes de esos territorios pueda llegar a sentir, porque no todo el mundo está dispuesto a ser expulsado de su lugar de nacimiento ni a someterse cabizbajo, indefinidamente, a un régimen opresivo. Las bases para que algo semejante ocurra se están elaborando ahora, en estos días de cesión interesada e irracional, y se cimientan con no poca desidia y mucho egoísmo partidista. En suma, toda una argamasa destinada al desengaño y la impotencia de buena parte de los españoles.

Si los principales responsables de velar por la firmeza del sentimiento de lealtad a la nación española, eso que algunos con orgullo denominamos patriotismo, vienen adoptando la postura de “aquí no pasa nada”, dando a entender con ello que el respeto a la patria puede ser sustituido sin mayor problema por cualquier artificiosidad regional de origen decimonónico, entonces el riesgo de infortunio se agrava exponencialmente y podría llegar a concluir en tragedia generalizada, es decir, lo que en siglos pasados fueron nuestras guerras civiles, si bien en esta ocasión como consecuencia de la cortedad de miras de un gobierno cobarde y presto a la capitulación del Estado. Tales son las posturas que parecen desprenderse de la inacción de un Rey —juro que desearía equivocarme— que se resiste a moderar conforme a la función que le encomienda la Constitución española, lo que sin duda alguna vuelve innecesaria su figura y despierta amplios recelos sobre la institución de la Corona, y de un presidente del Gobierno de España capaz de afirmar abiertamente que “el concepto de nación es discutido y discutible”, a partir de lo cual ha ido obrando en consecuencia y adentrándonos en los sobresaltos que cada día recibimos.

Parte de los españoles somos concientes de que el peligro llega precisamente de las iniciativas del presidente del Gobierno y de la sorprendente apatía del jefe del Estado. Y digo parte, porque creo que existe una buena cantidad de ciudadanos que arropan la postura de ambos y secundan la idea de Zapatero, que consiste en acabar de una vez por todas con la España tradicional, a la que tan alegremente identifica con la derecha. Para los militantes de la izquierda o el nacionalismo, se trata de una simple ecuación lineal: Si los valores de España son los de la derecha retrógrada, no me interesa España. ¡Paso de ella! Naturalmente, la base de partida es completamente falsa, porque ni España está representada en exclusiva por la derecha, Dios no lo quiera, ni ésta debería ser considerada retrógrada, ya que cuando ha gobernado nos ha ofrecido las mejores etapas de prosperidad y avance social, comenzando por la notable disminución de un paro galopante que el felipismo le dejó como herencia. Ahora bien, debe reconocerse que la idea ha calado como una caricatura, que muchos la aceptan sin más y que ha terminado por asentarse con fuerza entre las filas radicales propensas al pensamiento fácil, valga la redundancia.

A mi modo de ver, hemos llegado a esta situación de ausencia de patriotismo en las formaciones de izquierda —el caso del nacionalismo es distinto— como consecuencia de la actitud despótica de un Gobierno estrafalario con avaricia, a su vez nada patriota, cuyos componentes son los primeros en identificar falsamente a España con la derecha, a la que últimamente denominan derecha extrema con la intención evidente de desacreditarla y reservarse para sí cualquier posición supuestamente moderada. Aseguraría que este Gobierno obra de tal modo por un interés indigno, puesto que está convencido que jamás abandonará el poder mientras sea capaz de mantener viva la instigación de “todos contra el PP”, no importa cuanto tenga que pagar a cambio. Mientras los dos grandes partidos, PP y PSOE, conservaron algún sentimiento de españolidad y sólo les diferenció el tipo de política social que proponían al electorado, el antiespañolismo fue avanzando a la velocidad de la mancha de aceite. Así ocurrió en la mayor parte de España, pero no en las regiones donde la gangrena del nacionalismo se empapó de anti España desde primeras horas de la Transición y, si se me apura, desde casi una década antes.

Ahora, con el desistimiento de Zapatero respecto a cualquier ideal patriótico, puesto que el PP no parece haberse movido de sus posiciones, esa mancha de aceite ha recalado más a fondo en el tejido de nuestra sociedad y tiende a invadirlo todo sin que, en apariencia, se haga nada para evitarlo. No tengo ninguna duda de que tanto el Rey como Zapatero acabarán pagando su precio, porque jugar a inhibirse como hace el primero, dando por bueno el predominio social-nacionalista de carácter disgregador, o dedicarse directamente a enredar para dividirnos en buenos y malos, como hace el segundo, son posturas que tarde o temprano llevarán aparejadas la antipatía del pueblo, cuando no su desprecio. Pero entretanto seguimos pendiente abajo y avanzando hacia la tragedia.

La solución a tanto desequilibrio interesado como el que día a día vivimos en nuestra patria, que cada vez es menos patria y más reinos de taifas, tiene un nombre claro: España. Una palabra que deberíamos difundir a los cuatro vientos, porque en sí misma encierra unidad, grandeza, democracia, libertad y leyes justas para todos, que son la base única de la prosperidad de un pueblo. Decía Camús que una nación es solidaria de sus traidores y de sus héroes. Me temo que los tiempos que corren realzan el rol de los traidores. Habrá que esperar, pues, al de los héroes.

PD: Cuando el doctor Samuel Johnson (1709-1784) pronunció su célebre frase: “El patriotismo es el último refugio de los bribones”, sin duda alguna se refería a ese sentimiento de “superpatriota” que comenzaba a arraigar en las posesiones americanas del Reino Unido y que equivalía al de un nacionalista radical. El idioma inglés de la época no permitía distinguir entre patriotismo y nacionalismo, de ahí la confusión en el término y de ahí, igualmente, que los nacionalistas de todo pelaje se agarren como un clavo ardiendo a la frase del doctor Johnson para desacreditar el patriotismo e intentar hacerlo pasar por otro tipo de nacionalismo. La diferencia es notable si reparamos en que, como afirmó Orwell: “El patriotismo es defensivo, mientras que el nacionalismo es agresivo; el patriotismo está enraizado en la tierra, en un país particular, mientras que el nacionalismo está conectado al mito del pueblo; el patriotismo es tradicionalista, el nacionalismo es populista. El patriotismo no es un sustitutivo de la fe religiosa, mientras que el nacionalismo a menudo lo es; puede colmar, al menos superficialmente, las necesidades espirituales de la gente”. Por tales motivos, nacionalismo y socialismo suelen ir de la mano y entenderse bien en toda situación en la que disponen de un enemigo común, pasando a despedazarse en ausencia de éste, ya que tienden a ocupar el mismo espacio político.

Escrito por Policronio en: 22 de Noviembre 2006 a las 12:12 PM Archivado en España

Comentarios

1 | navarro   22 de Noviembre 2006 a las 01:37 PM

pse, a mi el patriotismo me resbala bastante

2 | ...   22 de Noviembre 2006 a las 01:42 PM

Cada grupo de intereses dentro de una sociedad total tenderá a la posesión, al dominio, o a la agresividad cuando se le intente frenar en esta carrera, ilimitadamente; así como a hacer valer todo eso privatísticamente en contra de la armonía social y económica con todos los demás: el fenómeno del “bellum omnium contra omnes” hobbesiano, que en estatalés se traduce por privatización de ríos y versiones de Kant al bable.

Nada digamos de lo que se produce cuando un grupo de estos se hace con el poder y con sus resortes: entonces hay inseminaciones artificiales, derecho OPÍstico y amontillamiento generalizado.

La solución no es suprimir el poder central “y organizar `el estao´ en red”, como salmodian algunos, sino organizarlo de manera que todo eso no pueda suceder, pues todos lo controlen.

Pero sin tales controles ningún grupo de intereses o de sujetos velará por los intereses de los demás espontáneamente, pienso yo; antes bien, ni siquiera moderará sus excesos lo suficiente para hacer medianamente posible una mediocre realización de los intereses de todos los estepaisanos: los intereses, como los oficinistas el viernes por la tarde, son ciegos y tienden a proseguir su línea arrolladora hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga.

No perdamos de vista el hecho de que la vida colectiva, por sí misma, no está racionalmente dirigida: se halla constitutivamente indispuesta a favor de los intereses generales y sólo los controles más o menos sibilinos de los líderes y cierto grado de coacción ejercida sobre los grupos privatísticos y particulares pueden defender a la totalidad de los intereses del abuso.

Por otra parte, es un principio de justicia distributiva el que no han de imponerse más limitaciones y cargas a cada uno de los componentes de un conjunto social que las estrictamente necesarias para favorecer la vida común.; mientras que en los estados de inspiración totalitaria parece que priva la orientación opuesta: lo que ha de justificarse es cualquier exención de un sistema de límites de iniciativa y de cargas que el poder impone a todos por sistema.

«...Unas leyes sabias son el regalo más valioso que podemos dejar a las generaciones futuras. Y nosotros, cabe decir con Aristóteles, gracias a ellas no permitiremos que nos mande un hombre ni una comunidad autónoma particular, sino la razón, porque el hombre o la comunidad mandan en interés propio, y así se convierten en tirano; mientras que la razón sin deseo atiende a la justicia política o total, que es la que establece la igualdad en toda España, no simplemente en uno de sus miembros.»

3 | vetton   22 de Noviembre 2006 a las 02:14 PM

No estoy de acuerdo con algunos de tus aseveraciones, Policronio.
La mayoria de los votantes de izquierda se consideran españoles, tanto como los votantes peperos. Otra cosa es que, a la hora de votar, sean identitarios: O votan a su partido o no votan.
Y lo mismo ocurre con la mayoria de los militantes de izquierda; se consideran españoles. Lo que se discute es el concepto de España; República o Monarquia; la rojigualda o la tricolor; Estado único o federal, confederal, autonomista, etc.

Y en cuanto al rey, pues también discrepo. Yo creo que si modera o trata de moderar. Otra cosa es que le hagan o no caso. Su misión es ser rey de todos los españoles, no de unos o de otros. Y su papel esta en lo que calla, lo que sugiere, en lo que intermedía. No es su papel ser un salvapatrias, excepto en caso de una invasión. Y siempre es bueno tener a alguien a quien acudir que no este involucrado en las peleas politicas

4 | Smith   22 de Noviembre 2006 a las 02:17 PM

Zapatero es un personaje esencialmente siniestro. Está dilapidando el patriotismo español, al que confunde con la "derecha extrema". A mí me gustaría que si tan amigo se siente del grado 33 Chirac, le propusiese una Francia federal, federalista, con nacioncitas y nacionalidades. A ver qué dice. ¿O es que nos tenemos que tragar las teorías nefastas del jacobinismo francés y dejar al margen el patriotismo, una de las pocas ideas decentes de los centralistas gabachos?

5 | vetton   22 de Noviembre 2006 a las 02:26 PM

Policronio. Hay un buen articulo de Javier Moreno en la tribuna del Pais.
Si, ya se que deja entrever la idea-fuerza de la derecha extrema, pero es un buen articulo. ¡He estado a punto de comprarmelo!. Gracias a Dios, el buen sentido se ha impuesto.

6 | Policronio   22 de Noviembre 2006 a las 02:34 PM

Vetton, en primer lugar yo no he afirmado el porcentaje de la izquierda que se siente española o deja de sentirse, puede ser una mayoría o puede no serlo, porque hoy por hoy no existe un medio fiable para medir ese parámetro.

En segundo lugar, qué clase de patriotismo -pregunto- posee un individuo que se muestra ciego ante las fechorías del Gobierno y antepone su simpatía política a los intereses de su patria.

En tercer lugar, y espero aclararlo ahora, me he referido en todo momento a la clase política, ya que no me considero con la soberbia suficiente para juzgar a toda una nación.

Y en cuarto lugar, convendrás conmigo en que es cierto, existe un porcentaje no despreciable de gente de izquierdas y al mismo tiempo patriótica que prefiere abstenerse en las elecciones antes que votarle a la derecha.

Es a éstas personas, precisamente, a las va dirigido el artículo, por si les pudiera servir para reflexionar un ápice y decidirse a votar algo distinto al socialismo destructivo.

De todos modos, las ideas son muy libres (no hay más que ver lo que opina Navarro) y yo me he limitado a exponer las mías.

Saludos cordiales.

7 | Maestre_de_Campo   22 de Noviembre 2006 a las 03:55 PM

Un problema importante estriba en la desafortunada despenalización de la traición como delito, no contra el Estado, sino contra la Nación (todos los ciudadanos) y la patria (conjunto de tradiciones, cultura, territorio común a los ciudadanos).
La despenalización de la traición obedece, por una parte al proceso de "viaje al centro" para reivindicar un caracter democrático del que los gurpos de izquierdas, especialmente el PSOE, carecían; tanto como un proceso de asimilación voluntaria dentro de un nuevo Estado común, el de Europa. Lo primero no lo han conseguido, y el segundo se revela como un politburó complacido en la merma de nuestras libertades.

Al fin y al cabo, el patriotismo no es otra cosa que amor por lo que, de común, tenemos todos los que vivimos en un territorio y formamos parte de su cultura.

8 | Bruno   22 de Noviembre 2006 a las 03:56 PM

Un gran artículo, Policronio. No se a que torre te has subido, pero si sé que estás viendo todo el valle.

9 | Lorelei   22 de Noviembre 2006 a las 06:54 PM

Creo que en este caso los intereses no son patrióticos sino creados, desde antes incluso de la Constitución. Si a mi pueblo le dan dinero por decir que somos diferentes al pueblo de al lado, más fuerte lo diremos; y si nos siguen dando dinero por esa razón, ganarán todas las elecciones los políticos locales que juren que somos com-ple-tamente distintos a los del pueblo vecino. Los primeros años da igual, ya que todo el mundo sabe que es un cuento chino por el que mi pueblo saca un beneficio; pero con el paso del tiempo empieza a haber gente que se lo cree de verdad. Y claro, ¿por qué no habrían de creerlo?

10 | ElJinetePalido   22 de Noviembre 2006 a las 07:09 PM

Curiosidad:

Descubro que también hubo Aranas patriotas, como D. Zacarías de Vizcarra Arana (1880-1963), creador del concepto "Hispanidad" y autor de un libro cuyo título me place mucho escribir: "Vasconia españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia preciosa de lo más español de España"

http://www.filosofia.org/ave/001/a216.htm

11 | tharsessos   22 de Noviembre 2006 a las 11:14 PM

¿Como recuperar el patriotismo español con la gran patraña zapateril de la memoria histórica?...
El felipismo , versus el guerrismo , hizo su discurso político con el latiguillo guerracivilista ; ahora , el zapaterismo -un izquierdismo pueril en España y frentepopulista en Cataluña- con su caterva de funcionarios universitarios ociosos polemiza y politiquea , ( pólemos = guerra),con ese ficticio concepto de "memoria hitórica".-
La memoria -dice S.G.Payne- ni es colectiva ni histórica ,
sino intrinsecamente personal y subjetiva.En la España del siglo XXI la "memoria historica" -sigue el historiador- constituye un discurso político elaborado por la izquierda sobre la guerra civil e interpretado en clave partidista.-
Si la historia es la ciencia que racionaliza el pasado, verificando datos y separando los verdaderos de los falsos ; la historieta de la "memoria histórica" estaría destinada a preservar los "cantares de gesta" del olvido , transmitidos por la tradición oral izquierdista fundamentamente.
Cremos que los teóricos de la "memoria histórica",como dialecticos, le han dado la vuelta a Clausewitz : " la política es el arte de la guerra por otros medios" , a saber , los del discurso de la memoria histórica.-

12 | Carlos J.   22 de Noviembre 2006 a las 11:21 PM

Me voy a permitir un comentario sobre la Patria, aunque, dicho sea de paso, es una cuestión que aún tengo que asimilar racionalmente, con objeto de poder decir un discurso al respecto, que pueda acercarse a la categoría del de Policronio o, al menos, a su pulcritud. En el año 1985, en el curso de un viaje a Polonia, en concreto a Zakopane, un sitio maravilloso, en los Tatras, fronterizo con Checoeslovaquia, entonces, vine a conocer a Marek Koch, intérprete de nuestro grupo, a la sazón geógrafo y Director del Parque Nacional de Tatra. Ni que decir tiene, que con su cualificación profesional en España, en aquella época y en esta, llevaría una vida bastante desahogada y gozando de un prestigio profesional inigualable. Pues bien, además de ser acompañados por Marek, tuvimos la oportunidad de ser acompañados por cierta gente de la Escuela Agrícola de Lublin, todos, o al menos eso decían, del sindicato Solidarknos. Éstos individuos se significaron principalmente por estar empeñados en practicar el mercado negro de zlotis con nosotros, Marek siempre se negó, porque el mercado negro, en ocasiones, puede servir de desahogo para una situación concreta, pero en términos globales es una sangría para el pais que lo sufre, para los ciudadanos, mejor súbditos, que lo sufren. Y Marek siempre se negó. No tuvimos por menos que regalarle unas botas de reglamento y "donarle" 200 dólares, para que se casara con la dignidad de su cargo. Para mí, Marek era un Patriota. No he vuelto a saber de él. Supongo que caería en desgracia con la caída de Jaruzelski y su régimen inmundo. Pero era un Patriota.


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