Pensemos en un bello animal malherido en medio de la sabana, por ejemplo una gacela. No es difícil suponer algo así, hay docenas de documentales que nos muestran todo tipo de situaciones en las reservas de la fauna africana. Digamos que el animal ha sido herido de un disparo poco certero. Un grupo de cazadores furtivos deseaba cobrar esa pieza para usarla como carnaza en una trampa y capturar vivos a otros animales con los que negociar en el mercado negro. Todo al margen de la ley, todo sin escrúpulos de ningún tipo. Todo sin el menor deseo por parte de los delincuentes de practicar trabajos lícitos perfectamente a su alcance en la reserva.
Es lógico suponer que si la gacela no acaba por morir como consecuencia directa del disparo, la herida le habrá mermado lo suficiente las facultades como para que no pueda escaparse de los depredadores, de modo que es posible que acabe su vida acosada por las fieras y al final sea descuartizada por una jauría de hienas o perros salvajes. Incluso los restos de su cadáver llegarán a desaparecer, primero como consecuencia del averío de grandes buitres y córvidos, que buscarán limpiar la carroña, y luego por el efecto de otros vertebrados menores, insectos y bacterias, que acabarán por no dejar ni rastro de lo que fue un hermoso ejemplar lleno de vida unas pocas horas antes.
Es preciso aclarar que la gacela ha llegado a tan lamentable situación como consecuencia de la desidia interesada del jefe de la reserva, que en ningún momento ha ordenado la acción adecuada de los guardianes bajo su mando y ha preferido pactar con los furtivos para que éstos cobren unas cuantas piezas y le dejen tranquilo, sin necesidad de que deba molestarse en inspeccionar el territorio y dedicado casi todo el tiempo a contarles a los nativos de la zona las bondades de su acuerdo con los traficantes de animales. Es más, sin que los lugareños lo sepan, el jefe de la reserva ha acordado con los delincuentes que les permitirá cazar en el coto vecino, también bajo su responsabilidad, y que dicho coto pasará a unificarse para formar una gran reserva.
Uno de notables de la tribu hace tiempo que viene denunciando la lamentable situación, donde casi todo es impunidad para los furtivos y no se les suele aplicar la ley, salvo en contadas ocasiones dedicadas a la propaganda. A causa de sus denuncias, al lugareño notable se le acusa de no querer llegar a un acuerdo con el jefe de la reserva, cuyos seguidores y guardianes —privilegiados en el cargo, el reparto de carne y el uso de las tierras o el agua— propagan la idea de que esas denuncias sólo están sustentadas en el deseo de crispar y enfrentar.
La propaganda que circula por la sabana habla de que todos (hasta los mismos animales si pudiesen hablar) son partidarios de la política de paz del jefe de la reserva y que sólo el notable de la tribu y su familia la califican de cesión ante los delincuentes y se manifiestan en contra, por lo que se deduce que la postura del notable no obedece a un razonamiento correcto frente a la opinión de todos los demás, que no pueden estar equivocados en bloque ante la soledad del único discrepante, sino más bien a su interés en no llegar a un acuerdo con el jefe de la reserva, ya que desea sustituirlo.
Sumario alegórico
Jefe de la reserva: ZP
Notable de la tribu: Rajoy
Furtivos y traficantes: Etarras-batasunos
Gacela: Víctimas del terrorismo
Sabana: España
Coto vecino: Navarra
Gran reserva: Euskal Herria
Hienas: Esquerra
Perros salvajes: PNV-EA
Buitres: CiU
Córvidos: Izquierda Unida
Vertebrados menores: Coalición Canaria
Insectos y bacterias: Grupo Mixto
Moraleja: Nada más útil para los carroñeros, puesto que viven y se reproducen a su costa, que respaldar la política ilegítima del jefe de la reserva. De donde se deduce que en ningún caso puede hablarse de la soledad del hombre notable de la tribu y su familia, amantes de la ley, sino del deseo interesado de las alimañas en mantener su régimen nutricio.
Escrito por Policronio en: 21 de Enero 2007 a las 01:10 PM Archivado en Un gramo de Metafísica
Muy acertada la alegoría, Policronio. En una próxima versión habrás de añadir, me permito sugerirte, que el Jefe de la Reserva le debe su puesto a un oportuno y desconcertante olvido: analizar la sustancia venenosa que se encontró en una laguna y que se llevó por delante a casi otras doscientas gacelas y dejó malheridas a otras mil quinientas.
Desde luego, prefiero el Parque de Yellowstone con el oso Yogui y Bubu. Al menos eran inofensivos. Esta gente es peligrosísima.
Una buena historia hecha a medida para conseguir el significado interesado. Enhorabuena, Policronio.
Se te olvida contar la parte del cuento en la que el Notable de la tribu utiliza el dolor de la gacela e intenta acusar al Jefe de la reserva de ser él mismo el culpable de que la gacela esté herida con el único anhelo de alcanzar el puesto de Jefe de la reserva. Sólo por eso, no por otra cosa.
No hombre, no. Lo que se le ha olvidado a Policronio contar es que en la reserva también hay gusanos que siempre están encantados con cualquier cosa que el jefe de la tribu les dé de comer. Siempre está rodeado de ellos, hasta cuando era notable de la tribu y, a la sazón, comían otra cosa muy distinta. Pero veamos como llega a jefe de la tribu:
En su papel de aspirante, el jefe de la tribu era otro y la reserva se había comprometido, en cierto modo, con otra reserva mucho más grande a mantener el orden internacional. Esto lo aprovecha el aspirante para, viendo con claridad la posibilidad de quitarle el sitio al jefe, denunciar en la reserva el hecho, teniendo como altavoces a una farándula de coleópteros (que se alimenta de lo mismo que los gusanos) Y para mostrar su claro enfrentamiento y signo de enemistad hacia el jefe de la tribu de aquella reserva mucho más grande, no se le ocurrió otra cosa al aspirante sino sentarse cuando, en un desfile en su reserva, pasaba la bandera de la reserva mucho más grande. ¿No se había dado cuenta el entonces aspirante a jefe, que la bandera no representaba al jefe de la reserva mucho más grande sino a todos sus habitantes? ¿A esto se le llama jugar siempre con lealtad absoluta a las reglas de la buena fe, del saber estar y de ser un caballero en política?
Todavía siendo aspirante ocurrió en la reserva una auténtica masacre de gacelas perpetrada por otro grupo de cazadores aficionado-furtivos, ¿o eran los mismos cazadores furtivos? Esto es importante porque le servirá al aspirante para derribar al entonces jefe de la tribu si los autores eran el grupo de cazadores aficionado-furtivos. Si hubiera sido el grupo de cazadores furtivos la masacre favorecería al entonces jefe. Tenía el aspirante que descubrir, por tanto, las pruebas, no buscando en la dirección de los cazadores furtivos, sino en la dirección de los cazadores aficionados-furtivos y así, justificar la masacre por aquel compromiso con la reserva mucho más grande.
Y resultó que habían sido los cazadores aficionados-furtivos. Luego ya se tenían los motivos, los planes y se conocían los ejecutores. ¿Que el grupo de cazadores furtivos les facilitó la infraestructura, los planos, etc.? ¡Qué mas daba! Los autores responsables eran ellos.
Y cuando ya estuvieron seguros o casi seguros de que esto había sido así, el aspirante, los gusanos y la farándula de coleópteros, junto con las hienas, perros salvajes, buitres, etc., en lugar de preocuparse por las gacelas de la masacre y dejar para después de los funerales la cuestión de su autoría, lanzaron con toda energía y prontitud una campaña, dos días antes de las elecciones a jefe de la tribu, al grito de ¡Queremos saber!.
Lo que querían saber, con una urgencia investigadora incomprensible, con una urgencia impuesta por las dos fechas que separaban el día de las elecciones, era que los autores de la matanza fueron los cazadores aficionados-furtivos. Y al gritar ¡Queremos saber! estaban diciendo implícitamente: “Lo que el entonces jefe de la tribu está ocultando”, lo cual era completamente gratuito, porque el jefe de la tribu no ocultaba lo que ignoraba, y esto aunque le pudiese interesar la autoría de los cazadores furtivos. ¿Por qué querían saberlo? ¿Por qué no reprimían este imperioso deseo de saber para después de atender a las víctimas? Porque de este modo todo el mundo haría responsable al jefe de la tribu de la masacre; todo el mundo (es decir, todos los electores necesarios) pensaría que jefe de la tribu era el responsable de la masacre, por haber llegado a aquel compromiso con el otro jefe de la tribu de la reserva mucho más grande, y que por ello quería ocultarlo.
Y los gusanos, la farándula de coleópteros y demás alimañas, pudo gozar por fin de la victoria del aspirante. Y ya siendo jefe de la tribu, celebraron esta victoria a la vez que asumieron la representación de las gacelas muertas y malheridas que antes desatendieron, no por el anhelo sino, por las ansias bastardas de alcanzar el puesto de jefe de la reserva.
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