17 de Febrero 2007

Referéndum andaluz, ni caso

Si yo fuese andaluz, mañana domingo haría cualquier cosa menos ir a votar en el referéndum del nuevo estatuto para Andalucía. De acuerdo en que conviene participar en las consultas populares, porque todo voto cuenta y soy de los que opinan que quedarse al margen resta razones para luego pronunciarse sobre ese hecho político. Lo que ocurre es que me parece tan descarado el enjuague entre socialistas y populares andaluces —aquí Rajoy se ha dejado meter un gol de vaselina por su conmilitón Arenas—, que con un estatuto tan amañado, y del que no hay la menor constancia en el sentido de que la población lo hubiese reclamado, cualquier postura que no sea dejar de lado esa votación me parece que es hacerle el juego a quienes han venido a ser unos politicastros tan atolondrados como perniciosos.

Con independencia de que se haya tratado de copiar buena parte del lamentable, liberticida y anticonstitucional estatuto de Cataluña, lo cual denota en los políticos andaluces un espíritu acomodaticio y envidioso de origen que les incapacita para valorar el perjuicio que generará sobre el conjunto de los españoles —emular la apostasía y la arbitrariedad nunca acerca a la decencia—, el nuevo Estatuto andaluz incluye, además, dos barbaridades de gran calibre que invalidarían, por sí solas, cualquier argumento positivo destinado a refrendarlo. Y eso en el supuesto de que más tarde deseara uno mantener la cabeza bien alta, lo cual no parece ser el propósito de los padres de la criatura.

De un lado tenemos la imaginativa denominación de “realidad nacional” incluida en el Estatuto, que es un concepto incapaz de pasar cualquier filtro de la Historia, salvo que deseemos remitirnos a la época de las taifas y sus reyezuelos, en cuyo caso una población como Niebla, entre otros muchos territorios menores, ostentaría orgullosa el rango de nación. Pero de la Andalucía actual, incluyendo a sus ocho provincias y conceptuándolas como estado soberano, no es posible encontrar precedentes ajenos al Califato omeya —inicialmente emirato dependiente de Damasco —, unos jerarcas foráneos que incluso usaron inicialmente el término Spanía para designar lo que acabaría conociéndose como al-Andalus y que no pretendía ser otra cosa que la versión musulmana de Hispania, comprendida esa Septimania visigoda que es hoy la “Catalunya Nord” de ciertos nacionalistas.

Digámoslo claro, lo de “realidad nacional” no se sostiene más que en la fantasía de sus promotores, quienes al sugerir así la existencia de tal nación pretenden extrapolar arteramente y hasta nuestros días el falso concepto. Y encima darle validez oficial, para más inri refrendada en las urnas. El nuevo al-Andalus (tiene guasa que signifique tierra de vándalos) de Chaves y Arenas no parece algo distinto a un subterfugio para mantener abigarrado al “País de las Peonadas”, donde los políticos viven a lo grande, visten chaleco mental y quieren acceder a la osadía de blindar el cante “hondo”, lo que determinará que el festival de La Unión, en Murcia, deba pagarles “royalties” anuales o bien que el alcalde de la de citada localidad proponga un referéndum para solicitar la inclusión del municipio en Andalucía, que sería un modo como otro de certificar por lo bajini el consabido expansionismo nacionalista. Y eso suponiendo que este aparatoso entramado del nuevo estatuto no resulte en realidad una huída hacia delante; eso sí, a cargo de un grupo de políticos medio amoscados y recelosos de que al final la ideología zapaterina, es decir, el caos, no acabe por disgregar a las regiones españolas en un “sálvese quien pueda”. Si tal caso sucediese, deben haberse dicho unos a otros en ese Parador Nacional (¡!) de Carmona donde se generó la criatura, al menos que a los andaluces nos pille con las ocho provincias “nacionalizadas”.

Hay una segunda cuestión que clama al cielo, pero no a ese Cielo cristiano de la Semana Santa andaluza y la devoción multicentenaria de la Virgen del Rocío, cuya romería suele reunir anualmente a más de un millón de personas, sino al cielo de las huríes que Mahoma prometió, a modo de vales canjeables para el más allá, en el caso de que los hombres —a las mujeres nunca les concedió el carné de seres humanos— se sometieran literalmente a la voluntad de Alá y decidieran inmolarse en combate. Hablo del dios de la clemencia y la misericordia, a la par que el de la guerra santa —¡a saber cómo se come eso!—, según proclamó su enviado Mahoma y cuyo papel de traductor para el idioma de este mundo sólo le correspondía ejercerlo al profeta de los muslimes, de ahí que dicho papel se lo reservase para sí mismo.

En efecto, si algo clama al cielo en el nuevo estatuto andaluz es el hecho de que para la católica Andalucía se haya aceptado destacar a Blas Infante, un nacionalista musulmán deseoso de recuperar al-Andalus para el Califato, como padre de la patria andaluza y santo y seña, es un decir, del corazoncito de ciertos políticos que desean un pasado de buen ver destinado a un presente de mejor comer. Y es que tiene perendengues que Ahmad, nombre que el bueno de Blas quiso adoptar durante su conversión en la mezquita de Agmhat (Marruecos), sea canonizado oficialmente en los altares de un nacionalismo de nuevo cuño: el social-islamismo de Chaves. Eso sí, con la complicidad de la ideología popular-palurdista de Arenas. Puestos a elegir a un enemigo de los valores tradicionales de Occidente, como fue el caso de Infante, yo me hubiese decantado directamente por Almanzor. ¡San Almanzor!, le hubiesen llamado con no poca guasa en los carnavales gaditanos.

¡Todo sea por la patria de diseño y por los nuevos ídolos a los que levantarles monumentos y llevarles flores en las “diadas”! Una patria que aparentemente comienza y termina en el interior de vuestros bolsillos, mis dilectos amigos de la “realidad nacional”. Una patria de encargo que deja al margen a vuestro sentido común y que alarmantemente omite muchos de los nobles sentimientos del pueblo andaluz, digno de admiración por miles de razones de superior mérito y distintas al hecho de haber contado entre sus paisanos con un juramentado a favor del opresivo islam, como fue el caso de Blas Infante, individuo que jamás logró representación parlamentaria alguna pese a haberlo intentado en varias ocasiones, lo que quizá dé una idea sobre lo que pensaban de él sus contemporáneos, antes de que fuese mitificado y convertido en mártir.

Escrito por Policronio en: 17 de Febrero 2007 a las 04:41 PM Archivado en Andalucía

Comentarios

1 | Smith   17 de Febrero 2007 a las 09:12 PM

Además de proárabe, Blas Infante era francmasón y golpista. Una joyita. Sus primeros contactos con la orden secreta se remontan a 1915 a través de la logia Isis y Osiris, que dirigía otro tumefacto golpista republicano, el grado 33 Diego Martínez Barrio. En 1925 participó en un hecho cuya relevancia para el progreso de Andalucía fue cero (= 0): el acto de inauguración y "consagración" del templo de la logia Redención nº16 de Ayamonte (Huelva). Con la llegada de la República masónica perteneció (al menos desde abril de 1932) a la logia Fe y Democracia nº22, dependiente de la Gran Logia de España, y a la que pertenecía otro destacado golpista, el doctor Pedro Vallina, un anarquista con el que intentó dar un golpe de Estado (qué "democracia" la de los adeptos a la logia Fe y Democracia...) ridículo que tuvo por nombre el complot de la Tablada.

Así se las gastaban estos progres de entonces. Defendían la democracia hasta que decidían dar golpes de Estado. Organizados desde las logias, claro.

2 | Mónica   17 de Febrero 2007 a las 10:00 PM

Pues yo pienso despachar el bodrio estatutario andaluz con un olímpico NO por las razones que a continuación relaciono:

Porque los andaluces lo último que necesitamos es que la Junta tenga todavía más poder. ¿Autogobierno? El de los individuos.

Porque, como persona individual, yo no pertenezco a ningún pueblo, a ningún ente colectivo con voluntad superior ni distinta de la mía propia. Ni tolero que ningún gobernante me diga lo contrario.
Porque se trata de un texto teleológico, que pretende imponernos valoraciones morales y fines colectivos a los individuos utilizando nuestro dinero y la fuerza coactiva del estado.

Porque ignora la gramática elemental.

Porque participa de un fundamentalismo democrático que consiste en creer que por mayoría se puede decidir lo que hago yo en mi casa a la hora de comer. Cuando la democracia liberal consiste precisamente, más que en un método para elegir a los gobernantes, precisamente en hacer que esos gobernantes tengan unos límites.

Porque no introduce frenos en el poder despótico al que por definición tienden los gobiernos.

Porque apela a conceptos emocionales y de naturaleza tribal como un supuesto esencialismo andaluz, identitario, pordiosero y victimista, en base al cual los gobernantes pretenden decirnos a los ciudadanos qué música nos tiene que gustar, cuál nos representa o cuál tiene que ser nuestra identidad.

Porque continúa farsas grotescas como la llamada deuda histórica, cuya existencia niego y que, como liberal y como andaluza me avergüenza, pues jamás he confundido ni a las tierras con los individuos –que es a los que se les roba a base de impuestos- ni el orgullo con la mendicidad.

Porque eleva a rango estatutario todos los ridículos tópicos progres, desde la idiotez siniestra del “desarrollo sostenible” hasta la llamada ideología de género (cualquier persona con mínimo de alfabetización sabe que géneros hay el masculino, el femenino, el neutro y el epiceno, y que lo otro son sexos) pasando por el multiculturalismo, el rancio pacifismo de guardarropía o la cruzada.

Porque dinamita la igualdad ante la ley –la única que es legítimo perseguir desde los gobiernos-, estableciendo numerosas discriminaciones o privilegios (etimológicamente, leyes hechas para unos pocos) de las cuales no es la menos importante la existencia de cuotas femeninas, algo insultante para la mujer, contrario a la meritocracia y a la libre empresa y contraproducente para la productividad.

Porque, con cinismo insuperable, predica simultáneamente un supuesto deseo de contribuir al desarrollo económico de Andalucía y las recetas redistributivas, planificatorias y socialistas que impiden ese desarrollo.

Porque todo el texto consiste básicamente en una retahíla de agresiones contra los verdaderos derechos, los éticos, los naturales, los pre-existentes al Estado y ejercibles por todos simultáneamente sin necesidad de violentar los del prójimo, como son la vida, la libertad y la propiedad.

Porque convierte lo que fueron derechos negativos de los individuos en facultades de los gobernantes para ejercer un poder omnímodo sobre la vida de la gente.

Porque es colectivista, intervencionista y totalitario, valga la redundancia.

Porque consagra una Andalucía subsidiada, estatólatra, intervenida hasta los tuétanos por el poder político, en la cual el número de funcionarios, de paniaguados públicos y de redes clientelares varias no puede hacer otra cosa que aumentar.

Porque desafía a la soberanía nacional al pretender que un poder delegado como es una comunidad autónoma pueda decidir por sí mismo los criterios de las inversiones del Estado, o que pueda enviar conseguidores políticos a los organismos internacionales.

Porque lo de la realidad nacional es un chiste propio de las chirigotas del carnaval gaditano.

Porque Chaves miente como un bellaco cada vez que dice que la soberanía reside en el Parlamento andaluz. Con la Constitución del 78 en la mano, aquí no hay más soberanía que la soberanía nacional, la de la Nación española, que sólo se manifiesta en el poder constituyente (todos y cada uno de los ciudadanos españoles) y en la Constitución. Los parlamentos se eligen para cuatro años y sólo para mantenerse estrictamente dentro de los límites procedimentales que les marca la Constitución.

Porque abre la puerta a la creación de una absurda policía autonómica que no necesitamos y que, como se ha demostrado en otras comunidades, sólo puede redundar en una mayor descoordinación policial y, por tanto, en un serio deterioro de una de las pocas funciones del estado en una sociedad libre como es la seguridad.

Porque parte de una visión socialista y planificatoria que, como la Historia y la ciencia económica han demostrado sobradamente, sólo conduce a la esclerosis social y económica.

Porque sanciona conceptos fascistas como la llamada concertación social y atribuye a patronales y sindicatos una representatividad que no tienen.

Porque obliga a los andaluces a costear maquinarias de adoctrinamiento político como son los medios de comunicación públicos, y eleva a rango estatutario la existencia del Consejo Audiovisual andaluz, un órgano potencialmente censor, innecesario, derrochador, liberticida y contrario a la libre empresa.

Porque incentiva el parasitismo y cosas tan grotescas como la fijación artificial de la población a zonas rurales en las que no pueden hacer nada rentable, para atarlos a la subvención.

Porque está hecho por políticos tan arrogantes como ignorantes de que el verdadero bien común es el que surge de que ellos dejen de jugar a ingenieros sociales y se abstengan de interferir en el orden social espontáneo que llamamos mercado.

Porque estoy hasta las mismas narices del dichoso Blas Infante y demás ralea de colectivistas criptonacionalistas de mentalidad arcaica, tribal, paleta y disfuncional en el mundo moderno y globalizado al que por fortuna vamos.

Porque acaba con cualquier vestigio de separación de poderes.

Porque pone en entredicho la seguridad jurídica al politizar aún más el Poder Judicial, creando, por ejemplo, un Consejo Andaluz de Justicia controlado desde la Junta, y una fantasmagórica “justicia de proximidad” de diáfanos tintes caciquiles.

Porque alienta la partitocracia y crea incentivos para el mantenimiento de una casta política caracterizada por la mediocridad y por la obediencia ciega al líder.

Porque no limita los mandatos ni prohibe las subvenciones a todo tipo de asociaciones, fundaciones o pesebres varios.

Porque no combate la idea de que más autogobierno paleto en las taifas signifique ni haya significado nunca en España más progreso ni más prosperidad para los españoles sino al revés: un crecimiento desmesurado y esterilizante de unas absurdas burocracias parasitarias, unos pesebres tocanarices e intervencionistas a más no poder, que restan eficiencia, incrementan el coste de las decisiones, multiplican el gasto y las barreras regulatorias e interfieren atrozmente el desenvolvimiento espontáneo de la economía.

Porque contribuirá al incremento de la presión fiscal en España.

Porque todo este barullo estatutario está haciendo que perdamos de vista las reformas realmente importantes que deberíamos estar afrontando en España para competir en el mundo, como son, entre otras, la cada día más perentoria transición del actual modelo de pensiones de reparto al de capitalización, la rebaja drástica de la presión fiscal (quien quiera controlar la inflación no tiene más que empezar por ahí, y por frenar la demanda pública), la eliminación de trabas burocráticas y de rigideces en el mercado laboral, así como la introducción de la competencia en la educación como fórmulas para aumentar nuestra productividad.

Porque cuando deberíamos estar abriéndonos al mundo, eliminando trabas y burócratas, adelgazando el peso muerto del sector público y liberalizando nuestra economía resulta que nos dedicamos a hacer todo lo contrario.

Porque el hecho de que el PP de Javier Arenas haya dado su asentimiento a semejante engendro liberticida deja de manifiesto la inexistencia de algo ni lejanamente parecido a una alternativa política en Andalucía.

Porque supone el espaldarazo definitivo para la consolidación y el mantenimiento sine die del régimen caciquil de la PSOE en Andalucía.

Porque no puedo soportar a tanto pancista, tanto pesebrista y tanto mendrugo aprovechado como circula por aquí.

En fin, diré NO a este estatuto porque representa todo lo que intelectualmente combato y moralmente deploro. Todo lo que yo sé que es contrario a la libertad y, por tanto, a la prosperidad de los andaluces.

3 | Mónica   17 de Febrero 2007 a las 10:02 PM

Cruzada laicista, quise decir.

4 | dardo   17 de Febrero 2007 a las 10:10 PM

Descuide Vd., amigo, mañana en mi querida Andalucía, ni va a ganar el social-chavismo, ni el popular-palurdismo arenista; va a ganar la abstención; porque ha sido éste, un proyecto oportunista y artificial a rebufo de la "butifarrada". Y si en la "butifarrada" ganó la abstención; con mayor razón es lo que va a pasar aquí.

Pero quiero señalarle un cuestión previa. ¿Por qué nadie en España cuestiona este tipo de referenda?.

Me explico: Tener que pronunciarse sobre un texto de más de doscientos artículos, con un contenido muy diverso, ¿no es algo complejo?. ¿No es una burla de lo que debiera ser una auténtica democracia directa y deliberativa?. ¿Hay alguien que pueda racionalmente pronunciar un sí sobre todo ello; al igual que un no sobre todo ello?. ¿O es que acaso se persigue esta suerte de abstracción para provocar esta perplejidad en los votantes que los lleve simplemente a no reflexionar y pronunciarse de manera automática según la propaganda?.

Celebro su reflexión histórica y con su permiso quisiera contribuir a ella:

El "padre" de la patria andaluza (D.Blas Infante) fue, primero de todo, un completo fracaso electoral. Se presentó en 1931 por Sevilla; probó luego en 1933 suerte en su querida Málaga y tampoco resultó elegido diputado. Con estos datos: ¿Qué tirón tuvo y tiene en Andalucía eso que denominan "andalucismo"?. Ninguno, creo yo, porque el andalucismo es un movimiento político falsario; ya que falsifica la historia.

Si no fuera por su dramático e injusto fusilamiento sin proceso; hoy su pensamiento no tendría transcendencia alguna.

Y es que, aun confesando que no he leído directamente nada de este procer andalucista, las reseñas y fragmentos de su pensamiento sobre Andalucía me resultan un especie de esperpento. No dudo, en todo caso, que tuviera un propósito honrado. Pero la historia está llena de "iluminados" que con frecuencia "iluminan" tanto que los ciudadanos llevados a veces por esa enajenación política (obscurantismo) "arden".

No puedo profundizar en exceso porque me aburre soberanamente dedicar mi lectura a las ocurrencias neorrománticas de un señorito andaluz que en vez de dedicarse a jugar al dominó se dedicó a crear "artificios políticos" para despachar el tiempo libre.

Sólo un botón de muestra: A propósito del tan traído y llevado asunto de la "bandera andaluza". Tal vez debiéramos jugar todos al dominó y evitarnos tanto "esencialismo".

Se nos ha dicho que la adoctó la Asamblea de Ronda de 1918. Eso es así. Pero lo más asombroso es que nadie se ha cuestionado QUE LEGITIMIDAD tenían esos señoritos (hoy se les denominaría "élite" de esa Asamblea regionalista para decidir sobre el estandarte que habría de representar a Andalucía. Porque que yo sepa no tenían el mandato ni imperativo, ni representativo de nadie.

Pues bien. Esta élite de la Asamblea Regionalista de 1918 a la que concurrió también el "iluminado" de Blas Infante decidió que los colores andaluces habrían de evocar la histórica dominación musulmana sobre nuestra tierra.

Así el verde evocaría la bandera verde de los Omeyas (siglo VIII) y el blanco la bandera almohade (siglo XII).

Aunque ya en el libro Esplendor de Al-Andalus del poeta Ahû Asbag Ibn alArq (visir en el siglo XI en la taifa almeriense de Al-Mutasim) recoge la primera pintura de la bandera andaluza de una manera afectada:

«Una verde bandera

que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón,

despliega sobre ti un ala de delicia.

Que ella te asegure la felicidad

al concederte un espíritu triunfante».

De tal suerte que la "intelligentsia" regionalista constituída por esos aburridos señoritos deciden que la representación del ser andaluz está en los colores de los dominadores omeyas y almohades a los que se les expulsó de nuestro territorio por nuestros antepasados que son los mismos que los de estos "iluminados".

Don Claudio Sánchez Albornoz, seguramente el mejor filósofo de la historia, ha demostrado en su libro "La Realidad histórica de España" como la Reconquista (que no es ni más ni menos que recuperar el terreno del que nos echaron por la fuerza) fue una tarea que aunó a todos los Reinos de las Españas y como la misma tarea reconquistadora forjó una Nación de hombres libres (hidalgos) consecuencia del estímulo que debían conceder los Reyes de las Españas para que se poblaran los territorios reconquistados; así se vieron obligados a crear fueros municipales frente a los señoríos medievales; fueros que consagraban a los nuevos pobladores de los burgos sometidos a la jurisdicción de los Reyes y no de los señoríos; es decir, que dejaban de ser siervos de la gleba y se convertían en burgueses (en la primera acepción de esta palabra: habitantes de los burgos). En el Poema de Mio Cid; en uno de sus pasajes dice "burgueses e burguesas a las finestras soman".

Pues bien; esta repoblación de la reconquista es fundamentalmente de la que descendemos los andaluces de hoy. Muchos nombres de pueblos andaluces evocan de donde venían sus repobladores.

¿Es entonces sensato hablar de que la bandera que represente a los andaluces tenga que ver con aquellos contra los que tuvieron que luchar nuestros antepasados?. ¡No es esto un solemne esperpento!.

Un segundo botón de muestra: En una nueva Asamblea la de Córdoba de 1933 -con igual ilegitimidad- se decide un pre-proyecto de estatuto andaluz; desmereciendo sentimientos localistas (Mancomunidad de Andalucía Oriental) que puestos a tener podríaseles buscar antecedentes históricos (reinos de taifas; reino de Granada).

No digamos nada de mi Almería; que en el Norte de su provincia es claramante murciana (Señorío de los Fajardo).
Solo estos apuntes; para poner en cuestión lo que se dice de manera tan "alegre" y "romántica" sobre la bandera andaluza y Andalucía.

Miren; si ya tenemos una bandera. Esa es la de España. Utiliza el mismo rojo que utilizaban los antiguos iberos en sus cascos; el mismo rojo que utilizaban los romanos en sus estandartes; el rojo de los leones visigóticos rampantes con las bandas amarillas; rojo y amarillo que aparecen en los estandartes de los Reyes Católicos; rojo de la Cruz de San Andrés y de la de Borgoña. Estas son nuestras fuentes si quieren evocar nuestro auténtico pasado. Miren los escudos provinciales se sorprenderán. Así el de mi provincia lleva la Cruz de San Andrés en rojo y es que fue reconquistada con apoyo de genoveses.

Saludos; esperando haya resultado esclarecedor.

5 | Luis Fernandez   18 de Febrero 2007 a las 12:26 AM

Yo tenia decidido pasar de referendum porque no encontaba que hubiese necesidad de ella. Pero los comentarios de Monica y Dardo me han dejado hasta alegre. Porque me sentia un poco mal al no hacer uso de ese derecho constitucional, por eso de luego no poder protestar, de las tropeelías que seguro van a cometer estos politicastros.
Gracias Monica y Dardo por los argumentos que me habeis proporcionado para añadir a mis argumentos.
Soy andaluz de madre, y porque llevo el suficiente tiempo aquí para serlo por "pacimiento"
Yo no voy a votar porque creo que hasta el NO les sirve

6 | Mónica   18 de Febrero 2007 a las 03:16 AM

Luis Fernandez, estros tíos se pasan las abstenciones y los votos en blanco por el arco del triunfo. Al día siguiente no se acordarán de ellos. Lo único que de verdad puede hacerles daño es un alto porcentaje de NOES.

7 | Mónica   18 de Febrero 2007 a las 03:19 AM

Quien sea contrario al incremento del régimen chavista, ha de votar NO ahora que tiene ocasión. O no quejarse luego de las consecuencias.

8 | Policronio   18 de Febrero 2007 a las 11:01 AM

Gracias por vuestros comentarios, amigos. Los de Mónica y Dardo son de nota bien alta, desde luego.

9 | Smith   18 de Febrero 2007 a las 11:31 AM

Gran post. Grandes comentarios, amigos. Seguimos en la brecha. A mí sinceramente el andalucismo (¿nacionalismo andaluz?) me parece una completa mamarrachada.

10 | Hierbabuena   18 de Febrero 2007 a las 11:50 AM

Estimado Policronio, tu nota como siempre excelente. Me levanto el sombrero.
Pero hoy, encumbro también el sombrero para aquellos Andaluces que han hecho que sus pensamientos también sean mios. Mónica y Dardo... de nota bien alta.
Saludos paisanos.

Saludos cordiales a todos.

11 | Luis Fernanadez   19 de Febrero 2007 a las 12:49 AM

No, Monica,estos tios se pasan la abstencion y el NO por el arco del triunfo, pero como se ha demostrado, el 36% de votos, este estatuto le importa a los andaluces un comino, y si la oposición sirve para algo tiene que hacer ver a todos que los que han organizado este follon son unos inútiles , que solo buscan su propio beneficio


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