La documentación de la época muestra como un personaje malvado al doctor Negrín, hombre depravado en todos los sentidos y de instintos sanguinarios. Sin embargo, en el número 99 de la revista “La Aventura de la Historia”, en su página 114, aparece un comentario sobre la obra de Negrín, de la que es autor don Enrique Moradiellos. El comentarista, al parecer don José María Solé, encabeza sus líneas con el párrafo: “Magistral reivindicación de una figura excepcional”. Y en este mismo sentido se expresa a lo largo de toda su crítica.
Entre otros muchos casos similares, se puede citar que el 10 de agosto de 1938 Negrín aprovechó su autoridad como jefe del Gobierno y ordenó asesinar a 58 presos de los que se encontraban en el castillo de Montjuic (Barcelona). Cierto que habían sido condenados a muerte por los tribunales populares, pero en la legislación española, “oficialmente” vigente en la zona bajo el control del Gobierno de Madrid, era preceptivo, para la ejecución de una sentencia de muerte, el “enterado” del Consejo de Ministros y su consulta al jefe del Estado, por si consideraba oportuno la concesión del indulto de esa pena. Requisitos que no se cumplieron en la ejecución de aquellas 58 personas y, por tanto, al no ajustarse a la Ley, fue un asesinato. Pero no la obra de un miliciano incontrolado, (por ejemplo, el miliciano que asesinó en Murcia al párroco Don Soteras, al que cito en mi escrito sobre Ángel Galarza, ministro de la Gobernación del gobierno “legítimo” de Madrid). Lo de Montjuic fue obra, repito, del propio jefe del Gobierno “legítimo” de la Nación.
Desde luego, más de uno no se lo creerá. Para que tenga la certeza de que es un hecho cierto, le invito a que consulte el tomo IV de las “Obras Completas” de don Manuel Azaña, presidente de la República en la zona bajo el control del Gobierno de Madrid, editadas en 1968 por “Ediciones Oasis, S.A.”, México, donde en la página 888, a media altura, en la anotación correspondiente al día 12 de agosto, don Manuel escribe:
“Tarradellas me cuenta que ayer fusilaron a 58. Datos que me envía Irujo. Horrible. Indignación mía por todo esto. A los ocho días de hablar de piedad y perdón (se refiere a un discurso pronunciado por el mismo Azaña, que lo fue el 18 de julio del mismo año y no ocho días antes del 12 de agosto), sin decirme nada, ni oír mi opinión. Me entero por la prensa, después que está hecho”.
En la misma página, hay otros párrafos relativos al caso. Entre ellos:
“Por la tarde, Esplá, llamado por mí (...). Le hablo de los fusilamientos. Es preciso que Izquierda Republicana cumpla con su deber. Me veré obligado a dimitir”.
Don Manual Azaña, presidente de la República de cuyo Gobierno lo era don Juan Negrín, dixit.
“Por la noche, hablo por teléfono con Esplá, que me cuenta la reunión del partido. No sabían nada, ni los ministros”.
El subrayado es mío y viene a cuento, porque, como antes he dicho y ahora repito, las sentencias de muerte debían ser aprobadas en Consejo de Ministros, antes de su posterior pase al jefe del Estado, con el “enterado” para la decisión final.
Y pregunto: ¿Alguien duda de que estas muertes fueron asesinatos, obra personal de Negrín? No dudo que el comentarista don José María Solé emite su juicio convencido de su certeza, pero, analizando todos los antecedentes, no consigo encontrar las fuentes de que se habrá valido el señor Moradiellos para trasmitirlo. Recuerdo, del primer curso de bachillerato (el de mis tiempos), que en uno de los textos, Historia Universal de Moreno Espinosa, se definía a la Historia del siguiente modo: “Historia es la relación verídica, ordenada y artística de los hechos acaecidos a la Humanidad”. Y no encuentro, por más que busco, ninguna información digna de crédito que sea favorable a Negrín. A pesar de que hace ya algún tiempo que comienzan a proliferar los homenajes a semejante monstruo.
De lo que sobre Negrín pensaba Azaña, basta leer sus “Memorias”, de cuya opinión son un leve reflejo estas líneas. Pero no es el único en sus juicios. Abundan, en el mismo sentido, los de sus compañeros de gabinete y de ideología. Tomamos de Wikipedia los siguientes juicios, todos de personas afines a la política de Negrín: El anarquista Diego Abad de Santillán, le califica de “advenedizo sin moral y sin escrúpulos”. En otro párrafo, agrega: “Negrín disfrutaba de una mesa suntuosa y superabundante”, (cuanto la comida del pueblo la constituía un puñado de “píldoras del doctor Negrin”, que eran lentejas cuajadas de gorgojos). Sigue: “Negrín disfrutaba de vinos y licores sin tasa y de un harén tan abundante como su mesa (…). No es persona de inteligencia ni hombre de trabajo. Negrín es un holgazán. Su dinamismo se agota en ajetreos inútiles, en festines pantagruélicos y harenes sostenidos por las finanzas de la pobre Republica”.
Si esto dicen los anarquistas, los socialistas no se quedan atrás. Así, Largo Caballero escribe: “Con el señor Negrín, el Estado se ha convertido en monedero falso (…) Desgraciado país que se ve gobernado por quienes carecen de toda clase de escrúpulos (…) y con una política insensata y criminal, ha llevado al pueblo español al desastre más grande que conoce la historia de España. Todo el odio y el deseo de imponer castigo ejemplar a los responsables de la gran derrota, será poco”. Lo subrayado es mío, para hacer resaltar éste último juicio de Largo Caballero, que no puede ser más tajante.
Por su cuenta, Wikipedia agrega, sin citar fuente: “Se le acusó de corrupto y despilfarrador, siendo los casos más sonados los de la Comisión de Compras de París y la CAMPSA Gentibus”. Por su parte, don Indalecio Prieto escribe: “…cenaba hasta tres veces, bebía las botellas de dos en dos, preferiblemente champán, sin despreciar el buen vino y prefería acostarse con las mujeres, también a pares”. El historiador Anthony Bevor se refiere a Negrín afirmando: “…trató de restringir la actividad política por medio de la censura, destierros y detenciones”. E informaciones similares, a cientos. Me he limitado a tomar la información de Wikipedia, como si fuese un órgano aséptico aun a sabiendas de que posee marcada tendencia izquierdista en muchos aspectos. No transcribo más juicios sobre Negrín, todos son similares, incluso, como hemos visto, de sus correligionarios.
Ahora pregunto: ¿En qué base se apoya Moradiellos para considerarle una “figura excepcional”? Pienso que, tal vez, en razones análogas a las que definirían como excepcionales a Jack el Destripador o el Doctor Petiot, asesino en serie de judíos franceses durante la ocupación alemana. Es posible que la excepcionalidad venga determinada por los asesinatos de Montjuic o por las orgías que organizaba con jovencitas menores de edad, sin dejar en el olvido que antes de la guerra, cuando era catedrático de la Facultad de Medicina de Madrid, (San Carlos, en la calle de Atocha), aprovechaba su cargo para conseguir la entrada de pistoleros socialistas a la misma, a los que, junto a los estudiantes de la FUE, entregaba las pistolas que llevaba en su propia cartera, frecuentemente con resultado de muertes.
Cuando se temían choques de este tipo, la fuerza pública cacheaba a los estudiantes al entrar, previa identificación. Negrín introducía en el edificio a los pistoleros, alegando que eran personal de su servicio. En una de esas algaradas murió, alcanzado por un proyectil ¿procedente de uno de los pistoleros de Negrín?, el guardia civil don Hermógenes Domínguez García, muerte que dio origen a una portada de ABC, con el retrato de una humilde anciana, doña Isabel García, madre del guardia asesinado, retrato que el diario encabezó: “Los guardias civiles también tienen madre” y que tuvo serias consecuencias para dicho diario.
Yo, entonces, tenía 10 años. Conservo grabada en la mente la imagen de aquella señora. Imagen tremendamente impresionante: Humilde, pequeñita, con el rostro arrugado, dolorido por la pena, retrato de una vida dura, porque la paga de los guardias civiles no permite, ni en sueños, alcanzar ni una ínfima parte del nivel de vida de cualquier político corrupto. Y, encima, con el temor a todas horas de recibir la noticia de la muerte de su hijo, como sucedió con Hermógenes. Deseo aclarar que recuerdo perfectamente el hecho, la fecha aproximada y la fotografía de doña Isabel, pero los datos exactos (fecha y nombres) los he obtenido de Google, de un escrito del capitán de la G.C. don Armando Oterino Cervelló. Por cierto, cuando los estudiantes de medicina veían llegar a Negrín a la Facultad, comentaban entre sí: “Hoy tenemos follón”, pues solo en ocasiones de algarada aparecía por allí. En épocas de tranquilidad, pasaban meses y meses sin que impartiera sus clases, que quedaban a cargo de los profesores ayudantes. Un familiar mío, muy directo, estudió medicina en aquella época y parte de esta información procede de él.
Autor: Rogelio Latorre Silva
Escrito por Firmas invitadas en: 14 de Marzo 2007 a las 12:02 PM Archivado en Firmas invitadas
Que tal, pues efectivamente menudo elemento.
Tengo los libros de Pio Moa y la polémica con Moradiellos, está presente en todos sus libros.
Como puede defender Moradiellos a Negrín, era el prototipo de la II república, sectario, corrupto, vividor, cuentista, totalitario, etc.
No comentas lo del Yate Vita que cargado de oro plata y objetos expoliados de las iglesias y de las cjas de seguridad de los Bancos. Se peleó por el Yate me parace que con Largo, y les sirvió para vivir en el exilio a todo tren, y pasaron de los que habían luchado por ellos.
Juan Negrín era el prototipo de sectario republicano que terminó en el comunismo soviético más brutal. Pertenecía a la organización secreta de la masonería, la cual jamás reprobó su radicalismo, su guerracivilismo y su monstruosa actividad política. Cosas de la orden.
Negrín tenía por otra parte un extraño sentido del "reparto" comunista. Como se apunta arriba, en plena época de racionamiento y restricciones debido a la dureza de la contienda bélica, solía mantener un promedio de cinco comidas al día de tres exquisitos platos bien colmados. Para dar ejemplo al sufrido proletariado que luchaba en las trincheras, suponemos.
Respecto al mediocre sectario Moradiellos, baste decir que un día señaló: "Los militares que inician un golpe de Estado faccional son los responsables de todos los crímenes (de la guerra civil)". No es extraño que este sujeto sea un fan del dictador comunista -¿con qué oposición contaba?- Juan Negrín. Ahora va a resultar que las víctimas del negrinismo, de sus chekas y sus paseos, de sus fosas y de sus carnicerías, lo fueron por culpa del ya fallecido Emilio Mola. O de Sanjurjo, también fallecido mientras Negrín sometía a media España al atraso y a una lucha por una derrota más que segura.
Debemos reconocerle a la izquierda un mérito: su capacidad para dignificar e idealizar a ciertos personajes y períodos históricos. Siniestro y sectario fue Negrín como, más recientemente, lo han sido otros seres izquierdistas (me viene a la memoria en nombre de Che Guevaro). Y, el republicano, es uno de los períodos más oscuros de la reciente historia de España. Un saludo.
Hemos de reconocer que la izquierda ha logrado elevar a los altares a toda su colección de totalitarios. Para eso están las terminales de la mentira, pero también los arribistas sin complejos, como Enrique Moradiellos, que sin ser comunista, es capaz de ensalzar desde la mentira y la manipulación a uno de los más sinestros de la secta de la hoz y el martillo, el doctor Negrín, el chorizo Negrín, el de el oro de Moscú.
Ya lo dije una vez por aquí, perdieron la guerra pero ganaron la batalla de la propaganda y en el presente la siguen ganando.
Por favor, mucha menos demagogia sin fundamentar.
Juan Negrin es el personaje público más consecuente de la vida política española del siglo XX.
Además, si alguien se informa, resultará que el verdaderamente expoliado fue él y su familia.
¿Demagogia sin fundamentar? ¿Lo que dicen Azaña, Tarradellas, Esplá, Largo Caballero, y toda esa gente que conoció de cerca y sufrió al personaje, en libros escritos y publicados de primera mano, es "demagogia sin fundamentar"?
Mayte, no sabes lo que dices.
La II República, especialmente en sus dos últimos años, fue un verdadero baño de sangre, vertiente que la izquierda española se empeña en borrar de la historia, en parte porque ella fue la mayor responsable, en parte por el resentimiento de haber perdido la guerra en que todo aquello degeneró.
La historia está mal hecha si la hacen los ganadores, pero mucho peor si la hacen los resentidos, porque el ganador aún puede permitirse reconocer cierta nobleza en el vencido para así dar más importancia a su victoria (como es sabido que hacían los romanos), pero el resentido (que es muy distinto que el vencido) siempre tratará al contrincante como un miserable, incluso acudiendo a la falsedad.
Lo malo es que todos estos datos no llegan a donde tienen que llegar, a los oídos de la Pagín y sus colegas.
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