28 de Marzo 2007

Ni defendernos podemos

Ya estamos en lo de siempre, el que se defiende de una agresión acaba por ser el malo de la película, el fascista, y por lo tanto debe pagar un precio. Es así según la versión de esa sarmentosa izquierda que nunca ha faltado en España. Lo suyo hubiera sido, a partir de la II República, que los cristianos se dejasen quemar las iglesias con toda naturalidad. Tampoco debieron mover un dedo ni expresar el más ligero rechazo ante la profanación de los altares y el asalto a los conventos… Los asesinatos de religiosos, a cientos, o las sacas indiscriminadas a la salida de misa dominical, con no pocos feligreses camino de la checa, en absoluto deberían haber influido para nada en la defensa tan exagerada que la derecha acabó por desplegar. Al fin y al cabo, pecata minuta si es la “democracia” popular izquierdista la que decide que unos crímenes semejantes no merezcan ni la crítica liviana.

Hoy, a un nivel muy distinto —de momento—, sólo se agreden o amenazan a unos cuantos opositores, casualmente populares o socialistas demócratas —rara avis—, o se insulta con extrema gravedad, por boca del caduco Polanco, a millones de personas que se han ido manifestando durante varios años, con total exquisitez y respeto en su inmensa mayoría, a favor de la patria común, de las leyes y en contra de los reiterados atentados a la Constitución española o a la libertad de todos.

Por supuesto, esas manifestaciones sólo pueden provenir de unos fascistas perfectamente reprensibles. Reprensión que en ningún caso debe practicarse con los “escamots” nacionalistas que en Cataluña y otras comunidades han boicoteado salvajemente los actos electorales —o cívicos— no acordes a sus mentalidades anti democráticas. Pero no, la diferencia es que la derecha es fascista per se, según dicen quienes entienden del tema: los intelectuales de la izquierda. Un fascismo cuyo elevado número, considerando a los que se han unido a la disconformidad con las medidas golpistas del Gobierno, da una idea bastante clara de que en España —a juzgar por lo que opinan los Pepiños— contamos con un porcentaje de habitantes a favor de la extrema derecha que bate varias veces el récord mundial.

Me hace mucha gracia —es un decir— que ante un panorama semejante, de clara agresión verbal y física de la izquierda o el separatismo hacia la derecha, a ésta no le corresponda ni siquiera la opción a la legítima defensa, puesto que se le niega o se ataca con brutalidad cualquier decisión que la derecha tome en tal sentido, como sería el caso reciente adoptado por los populares frente al vómito polanquista. Unos populares que sobriamente se han limitado a declarar algo así: “Paso de ti, tío, no cuentes con nosotros si antes no te disculpas”. Me imagino un historial donde los protagonistas hubiesen actuado a la inversa, es decir, con militantes del PP asaltando las sedes del PSOE y siendo transmitidos en directo por una cadena “amiga”. Me lo imagino y no tengo ninguna duda de que más de media Ejecutiva del PP estaría a estas alturas entre rejas y el resto pendiente de sentencia.

Pero no, no ha sido así y encima la izquierda cree que obra bien en todo momento. Y lo que es peor, al uso del insulto y la agresión sistematizados que surgen de las filas situadas en el lado siniestro de la vida pública —insultos y agresiones que usan como derechos inherentes a su ideología—, hay que sumarle dos nuevos tributos que los demás ciudadanos debemos concederles: La impunidad, de un lado, y el justiprecio que ellos decidan que se les abone por haber osado contestarles. Véase, si no, la barbaridad que el demagogo Bono ha proferido recientemente a propósito de la ruptura de relaciones entre el PP y Prisa: “Ya se encargará Prisa de que el PP lo pague”. Es decir, según Bono, el inicialmente ofendido debe pagar un precio por defenderse y el encargado de hacérselo pagar es el ofensor. Así es la izquierda, tan alejada de lo justo y lo liberal. Tan propensa a premiar a gallardones de cerviz inclinada y tan creída de que sus intolerancias se cometen con pleno derecho y en nombre del pueblo. Pues no, al menos no aquí, en esta página, donde no cesaremos de recordarles a los más tibios de entre la derecha que “Sólo merece ser llamado liberal el que comprende que lo único que no se puede tolerar es la intolerancia”.

Claro que a veces esa intolerancia va un poco más allá y el justiprecio exigido por la izquierda más retrógrada, caso de la juntaletras Almudena Grandes, implica la pena máxima, o sea, el asesinato, como se desprende de sus palabras: “Cada mañana ‘fusilaría’ a dos o tres voces que me sacan de quicio”. Lo que significa que una intolerancia a lo “Grandes” entra de lleno en el terreno del furor y camino del homicidio. Como afirmaba el clásico, “La intolerancia es el más loco y peligroso de los vicios, porque a veces se disfraza con la apariencia de la virtud”, en este caso a cargo de una supuesta intelectual.

Escrito por Policronio en: 28 de Marzo 2007 a las 12:04 AM Archivado en Artículos de fondo

Comentarios

1 | elias   28 de Marzo 2007 a las 09:12 AM

"Ni defendernos podemos".

Vosotros lo habeis dicho. Os defendieron. Os libraron de las garras del frente popular y las únicas gracias que habeis dado es el cagarse y desproticar contra los que lo hicieron. Os mereceis toda la mierda que la oposición os dá y mucha más. Vaya minoría de patéticos maricones cobardes que sois. Como las viejas de los pueblos. Solo sabeis cotillear entre vosotros.

2 | pitufo   28 de Marzo 2007 a las 10:35 AM

La derecha maricomplejina. jejejejejejejejejeje Los niños "peras".

3 | vetton   28 de Marzo 2007 a las 11:41 AM

Vaya, pepiño blanco ya ha soltado a sus trolls.

Que si majetes, que si. Ansiosos estamos por correr a refugiarnos tras vuestros ferreos y juveniles pechos.

4 | Luis Fernanadez   28 de Marzo 2007 a las 11:52 PM

Ya lo leí con mucha gracia:
Hay que ver esta derechona que insultante y provocadora es :
!! Un facha ha agrsdido con sus testículos el pie de un probo progresista !!

5 | Carlos J.   29 de Marzo 2007 a las 01:11 AM

Hay que joderse con la matraca de los últimos días de estos chicos que pretenden que nos liemos a hostias, después de que sus padres se hicieran el hara-kiri en las Cortes Franquistas. Ya me diréis que culpa tenemos nosotros de que no os subierais al carro correcto, coño, aprended de Polanco y así estarán bien delimitadas las líneas del campo de juego: los unos, por la libertad, y los otros, por el mamoneo. ¿Está claro?. Pues eso. Ahora bien, "falangines", que no os quepa duda, de que agotaremos todos los cauces civilizados para defendernos y si no es suficiente porque desaparecen... no os vamos a llamar. Nos bastamos solos.

6 | falangines   29 de Marzo 2007 a las 07:59 PM

Joer, me muero de risa Carlos J. Vosotros no os pelais una naranja ni con ayuda.

Lo único que sabeis hacer es el nudo de la corbata y menear el culo por la calle de Goya. Por lo de pegar ostias.... ni vuestros abuelos supieron como hacerlo, como ratas acojonadas estuvieron escondidos.

Igual que entonces. La derechona pija maricomplejines.


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