Es muy probable, que si yo les propongo a Vds. un debate al respecto de la corrupción urbanística, cargarán su argumentario acordándose de Gil, que en paz descanse, Roca, Julián Muñoz, Francisco Hernando, el Alcalde socialista de Ciempozuelos, etc. Es decir, les vendrá a la memoria el rosario de protagonistas, alguno inmerecidamente, de los últimos “escándalos urbanísticos” acaecidos en suelo patrio.
Sin embargo, pocos han caído, o al menos en los grandes medios de comunicación se habla poco del tema o no se presenta así, en que la propia existencia del Derecho Urbanístico, tal como lo conocemos, es la corrupción más despiadada que imaginarse pueda, sin contar con lo que conlleva de corrupción de nuestro sistema clásico y liberal de la propiedad del suelo y de las edificaciones. Y no sólo ello, además constituye el grueso del iceberg totalitario, que viene formándose en nuestras sociedades pretendidamente abiertas y que va impregnando nuestro ordenamiento de un intervencionismo inútil y despilfarrador.
Intervencionismo inútil y despilfarrador que va creciendo al ritmo que marcan unos legisladores, socialistas de todos los partidos, con una producción desaforada de Derecho Administrativo Urbanístico, o de organización, en palabras de Hayek, y que va arrinconando al Derecho Privado y sus instituciones, el genuino, en el lugar más apartado de nuestras bibliotecas jurídicas.
Bibliotecas jurídicas donde no es posible reconocer el derecho de propiedad, con sus facultades clásicas de libre uso, disfrute, cesión y disposición, limitado únicamente por la Ley y protegido por todas las constituciones mínimamente liberales. Igual de protegido que burlado.
Porque nuestro derecho urbanístico, que concibe el urbanismo no como el cauce por donde se debería desenvolver con naturalidad el derecho de propiedad, es una función pública. Y en consecuencia, a los propietarios se les despoja de toda facultad intrínseca a su derecho, sustituyéndolas por ciertos derechos patrimonializables, conforme van adoptando actitudes positivas, que se concretan en el cumplimiento de ciertos deberes impuestos por el poder establecido, encaminados a un fin pretendidamente “público”, con ignorancia criminosa de la libertad y de la propiedad privada. Y eso es totalitarismo.
Autor: Carlos J.
Escrito por Firmas invitadas en: 11 de Abril 2007 a las 02:26 AM Archivado en Asuntos legales | Firmas invitadas
De hecho, nuestro urbanismo parte de una falacia: la de que el poder público es el dueño de todo el territorio, incluso por encima de sus propietarios de derecho. Nuestra legislación se orienta a "donde se puede construir" en lugar a "donde no se puede", y los efectos de tan nimia diferencia lingüística son radicalmente opuestos. Si el urbanismo se basa en "donde se puede", y esa potencialidad queda en manos del poder político, los efectos son evidentes: arbitrariedad (con la consiguiente corrupción, no sólo monetaria, pues puede adoptar la forma de favores o desfavores de cualquier tipo hacia quienes tienen el poder de "dejarme") Cuando el urbanismo se basa en "donde no se puede" todos sabemos a que atenernos. Determinadas zonas quedarán excluidas de la urbanización por causas diversas, pero en el resto regirán las mismas normas que rigen cualquier actividad económica libre. No hay lugar, en principio, a la coacción. Los individuos pueden elegir donde tener su casa con criterios propios, y no con los impuestos por las arbitrariedades del poder público.
No hay color. No obstante, la libertad de construir es un tema que suscita protestas (muy poco fundamentadas) entre la población, acostumbrada a obedecer a un papá que siempre enseña la patita de cordero, y al que el ecolobbyismo ha venido a echar una mano por pura concordancia: nada más caro a éste que el deseo de decir a los demás lo que deben hacer.
Afortunadamente no siempre fue así. Debido a que antes no existían tales restricciones, hoy podemos disfrutar de espléndidas construcciones en medio del campo, o de aldeas y pueblos que surgieron en torno a ellas, en lugares apartados y bellos, y a los que vamos de esparcimiento.
Hoy eso sería imposible.
Les pido ayuda, señores autores de la bitácora y lectores comentarístas de ella. Conozco libros y artículos de tendencia liberal sobre política, etica y moral y sobre todo economía. Pero no conozco ninguno sobre urbanismo, organización del crecimiento de las ciudades o teoría arquitectónica. Todo lo que conozco en estos campos son de tendencia intervencionista, si no explícitamente neomarxista. Si conocen algo, por favor, publíquenlo aquí. Gracias.
Un saludo.
No tengo demasiado tiempo para entrar, pero este es mi campo profesional y no puedo estar mas de acuerdo tanto con el post como con el primer comentario. Pero también con el segundo, porque no hay un campo mas regulado y alejado de los mecanismos del mercado que el del suelo (digo suelo y no vivienda), con lo que es perfecto para hacer pedagogía respecto a lo que conduce la falta de mercado: sobreprecio y carestía, como pasa siempre que se pretende suplantar a "la mano invisible".
Cuando el precio de un bien no depende del mercado, sino del lápiz del concejal, no es difícil imaginar cuales son las consecuencias.
Un saludo y ánimo.
Ciuda, aunque no es específicamente de urbanismo, aquí te dejo un buen ejemplo de una gestión no estatista del entorno: http://www.fundacionfaes.es/index.cfm?id_seccion=1171
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