Vaya por delante que yo soy monárquico de ocasión, o utilitario. Esta monarquía me sirve, y creo que nos sirve, de momento, y no me dan ganas de mover un dedo por cambiarla. Y si me viera en la necesidad, más o menos convencido, de luchar por el advenimiento de un régimen republicano, desde luego que no me adscriban a un “Frente Popular”, porque no me da la realísima gana. Y eso, que de los pelos de la dehesa, de los que no me he desprendido en mi larga y costosa evolución desde posiciones socialistas hasta las que luzco a fecha de hoy, ni me desprendo ni me desprenderé, son los de un republicanismo íntimo, a la espera de que otros que se llaman republicanos dejen de ser definitivamente bandoleros. Y luego hablaremos.
Doña Letizia. Mucho se ha hablado por los monárquicos fetén, que doña Letizia no merece ser Princesa de Asturias por sus indudables carencias de sangre azul. Carencia de sangre azul, como resumen de no ser princesa heredera, noble y demás adjetivos, propios, no de otras épocas, sino de ignorantes, que son monárquicos sin saber lo que es la monarquía: el gobierno de las élites entre las élites. De los nobles entre los nobles. Nuestra rancia nobleza, española y europea, que es lo mismo, es nobleza guerrera, curtida en el campo de batalla, portadora de valores eternos y universales, hasta hoy, cuando los valores son otros y, por supuesto, y no es hora de calificarlos, ni mejores ni peores. Sino distintos. Hoy los nobles, los adulados, los nombrados, los queridos y admirados, envidiados, tenidos en la más alta estima, son los miembros de las élites profesionales de la información y el entretenimiento. Y doña Letizia, presentadora del telediario de Televisión Española, primera cadena, nueve de la noche, forma parte, indudable, incontestable, de la élite de la información y por lo tanto de la nueva nobleza, si nuestra Nación no fuera tan papanatas. Nos pongamos como nos pongamos. Y el Príncipe lo vio claro. Doña Letizia pertenece a la nobleza actual y que se prometerá eterna, hasta cuando le toque apearse de ello, a partir de estos nuevos tiempos. Ni doña Letizia, presentadora del telediario de Televisión Española, primera cadena, nueve de la noche, se merecía menos, ni el Príncipe se merecía más. Porque ella es lo más.
Nuestro Príncipe por derecho de sangre no se ha casado con una limpiadora de escaleras. Ni con una secretaria de cualquier delegado provincial de una Administración Autonómica, ni con una peona caminera, ni con una abogadilla de tres al cuarto. No. Se ha casado con una participante de la Élite, ni siquiera con una presentadora de Antena 3, que también las hay muy guapas y tan impertinentes como ella. De modo que no anden tan marchitos, de pose, nuestro monárquicos ignorantes, ni tan contentos nuestros republicanos frentepopulistas, porque doña Letizia es una noble actual, pero noble al fin y al cabo, e inalcanzable para nuestros queridos titulados Logse, visitantes de gran hermano y demás patulea.
Doña Leonor. Lloran por ahí las plañideras republicanas frentepopulistas porque la antes citada puede verse privada de unos derechos que no tiene si le naciera un hermano varón. Y aquí no tengo por menos que mostrarme como convencido representante de la realpolitik. Pongamos en un lado de la balanza el derecho de una niña. Y en el otro el coste de hacerlo valer. Que no es otro que someter a la Nación a dos procesos electorales y un referéndum, con lo que ello conlleva, dejando de lado, perdóneme doña Leonor, asuntos de la máxima importancia, entre otros la misma supervivencia de su familia entre nosotros. En todos los medios se aboga por una reforma constitucional en ese sentido de cambio de la preferencia en el orden sucesorio en la jefatura de un Estado que está en entredicho. ¿Y que es más importante? ¿Andar jugando a reformas constitucionales en procura de la salvaguarda de los derechos de una persona? ¿O emplearse a fondo en la salvaguarda del Estado que haría posible el ejercicio de esos derechos? Para mí no hay duda. Primero salvemos el Estado y si nos quedan fuerzas, salvemos los derechos de doña Leonor, que por otra parte no tiene, o al menos no los tendrá si le nace un hermano varón después de su hermanita doña Sofía.
Autor: Carlos J.
Escrito por Firmas invitadas en: 1 de Mayo 2007 a las 10:42 AM Archivado en Corona | Firmas invitadas
Os ruego miréis
esta entrada.
Gracias, amigo. Te he referenciado en un nuevo post.
Cualquier sistema político hereditario o electivo puede instalarnos en las mas altas intituciones del estado a vituperables y abyectos traidores a la patria y al pueblo.
Fijaos como muestra la cantidad de megalomanos, acomplejao, abyectos traidores, genocidas y asesinos acumuló la republica de los años treinta en España. Un régimen que fusiló como los talibanes en Bamiyan hasta las estatuas religiosas, un régimen incapaz de imponerse a los desmanes de las hordas terroristas asesinas de los sindicatos, y de ciertos asesinos y genocidas cono Santiago Carrillo Solares que aún pasea por Cuatro Caminos. El infausto regimen social terrorista de los años treinta, vió traidores como Company y Aguirre,torturadores como Negrín y monstruos como Lister y la Pasionaria...una experiencia de terror contado por Agustí de Foxás y otros que los diplomaticos en Madrid denunciaron valientemente.-
República y Monarquía son en la actualidad meras formas de Jefatura de Estado. Son los mecanismos de acceso a la Jefatura de las mismos, lo que en ambos casos pudiera influir en su utilidad, modernidad, etc. pero no deja de ser un tema menor en cualquier democracia parlamentaria que se precie, con división de poderes, etc. Y al hilo de lo que has dicho, ¿Grandes hombres o grandes leyes? Esta cuestión se viene discutiendo desde Platón y Aristóteles, y ni siquiera ellos fueron capaces de dar con la solución definitiva, incluso cambiaron de opinión a lo largo de sus vidas, y jamás se pusieron de acuerdo. Dos mil y pico años después debemos inclinarnos por un ten con ten. Hagamos grandes leyes, desconfiadas de la naturaleza humana, y confiemos en la naturaleza humana para bien gobernarnos.
A mi me da igual de donde venga la princesa, lo único que me importa es que sea buena profesional y suficientemente formada y honesta. No tengo nada en contra de las monarquías parlamentarias., pero algunos "frentepopulistas" no creemos en aristocracias de ningún tipo, ni profesionales ni de sangre.
Algunos "progres" (como os da por llamarnos ahora) tenemos muy claro que hay paises con monarquía parlamentaria que son mucho mas avanzados que otros con régimen republicano. Suecia y Dinamarca, con sus monarcas parlamentarios y liberales, son sociedades bastante mas progresistas que las de Sudamérica, con sus repúblicas bananeras.
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