En las negociaciones, Sr. Zapatero, en las que, aparentemente, es más sencillo salir a hombros, se fracasa estrepitosamente por no dar ninguna importancia a la más elemental sensación que envuelve al negociador en esa tesitura: la sensación de iniciar un paseo por un espacio sin gravedad. Cuando el negociador advierte esa sensación, si no la advierte está definitivamente perdido, se provee de buenos y fiables anclajes, además de públicos y notorios. ¿Con qué fin? Con el fin de incrustar en la conciencia del enemigo la sensación de que lo que más le conviene es negociar. Ahí comienza la victoria. El enemigo nunca tendrá ganas de levantarse de la mesa y Vd. podrá ponerla boca abajo si así lo cree conveniente.
Y esos anclajes fiables, Sr. Zapatero no son otros que las fuerzas de combate bien entrenadas y prestas para actuar, es decir, convincentes. Aquí los etarras le han dado sopas con hondas. Con ETA casi derrotada, asfixiada por ocho años de política verdaderamente antiterrorista, ha perdido Vd. una posición inmejorable: Aquélla en la que Vd. podía obligar al enemigo a negociar.
Vea Sr. Zapatero: Mientras Vd., perdido en un limbo infantiloide, desarmaba al Estado de Derecho y pretendía estigmatizar a las víctimas del terrorismo con hazañas del tipo “dimisión” de Fungairiño, chivatazos policiales, exclusión de la investigación del 11-M de la “línea ETA”, retirada de acusaciones públicas formuladas contra públicos y notorios etarras, rebajas injustificadas en la petición de penas para sanguinarios terroristas, bajada de pantalones ante un chantaje pueril, interpretación a la carta de la Ley de Partidos, etc., aderezado con un acoso sin precedentes a la oposición, la Banda de enfrente se rearmaba y se rearmaba, y además se reorganizaba, tapaba los agujeros hechos por los topos, etc., por si las moscas. Reactivaba los mecanismos de recaudación y además se informaba de posibles objetivos.
En conclusión, mientras los etarras echaban anclas, Vd. ponía al Estado a pasear por el espacio sideral, desprovisto de agarraderas.
¿Y ahora qué? No se empeñe Vd. ni se empeñen sus “vicevogues” y demás tropa en convencernos de que no negocian. No tienen más remedio y, además, a la baja. Los asesinos, con las pistolas, la dinamita y los cuartos encima de la mesa, han incrustado en su conciencia la necesidad de negociar. Y Vds. negociarán y perderán, y con Vds. perderemos todos, si las urnas no lo remedian.
Autor: Carlos J.
Escrito por Firmas invitadas en: 17 de Junio 2007 a las 08:18 PM Archivado en Firmas invitadas | ZP
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