Querido Polanco, mientras tú reposas en tu paraíso del más allá, al que sin duda alguna te corresponderá ir debido a tus muchos “méritos”; yo, abatido por tu ausencia, descanso en esta gloria terrenal que hago mía y que tú has abandonado dejándonos sin consuelo posible y sin un “padrino” al que encomendarlos en los momentos más difíciles. Los componentes de la derecha extrema no te olvidaremos.
Escrito por Policronio en: 21 de Julio 2007 a las 02:32 PM Archivado en Personajes
Qué momento tan triste. Estoy abatida. Oremos.
Las gracias que tienen que dar a Franco y a Pinochet los herederos de Polanco...
"Uy, uy cómo quema, y estos tíos con pijama rojo y cuernos no dejan de pincharme en el culo".
La puerta de mi alma penitente estuvo cerrada con llave durante la mayor parte de mi vida, y me esforcé por ocultar la llave. Ayudado por el encanto y la furia, renuncié a la sensibilidad para aspirar a la supremacía, renegando una y otra vez de mí mismo.
Al principio, el carisma fue mi tarjeta de presentación y lo utilicé sin escrúpulos. Quienes lo aceptaban, mis peones, se sentían rebajados y elevados a la vez. Por momentos creían formar parte de la magia que yo evocaba para convencerlos de que su objetivo debía ser el mío. Ilusos… Era halagador pertenecer al círculo de los elegidos, y me valí de ello para distraerlos y dominarlos.
La otra cara de la moneda era mi aterradora capacidad para enfurecerme. Todo el que me hizo quedar en mal lugar, vivió para lamentarlo. Cuando mi instinto de autoconservación se disparaba, me convertía en un volcán. Esta combinación de furia y encanto me hizo invencible, y dóciles a los peones.
También fue la explicación de mi aislamiento. La indeferencia me distanció de quienes de verdad me importaban y, al final, esa falta de proximidad terminé por interiorizarla. Emocional, espiritualmente abandoné toda intimidad o sensibilidad: la casa estaba vacía y no era un lugar muy agradable al que regresar.
No creí en Dios, me parecía un personaje cargante y nenaza, y lo reemplacé por mi propio dogma extremista. Con él justificaba mis acciones y me defendía del miedo a perder el control de mi vida. Pero había dos cosas que no podía controlar: el amor y la muerte. El amor era irracional y la muerte me parecía impredecible.
La muerte fue a lo que más miedo tuve, lo que más me asustó. Me había pasado la vida huyendo del dolor y sus consecuencias. El juicio final me obsesionaba. El rostro del fresco de Miguel Ángel se me convertía en el de mi padre. Mi poder, mi importancia me ayudaron a reafirmarme en lo peor de todo.
Como dijo el conocido progresista Jesús de la Morena (SER, PRISA) tras la muerte del inolvidable Antonio Herrero...
"no voy a decir que lo siento"
Habiendo abandonado el sacrosanto derecho, de cuando había hombres, de matar al tirano, la muerte natural o por larga enfermedad de los Jefes por la Gracia de Dios no puede traer sino alegría y regocijo a las almas en pena de los, consulto los cánones, "liberales-conservadores-amantes de la Ley y el Orden, la propiedad y el derecho a la vida". Como estoy en régimen prevacacional y no son horas, lo voy a celebrar a base de zumo de tomate, acompañado de un melocotón.
Y que se fastidie zETAp y demás calaña.
| Acerca de... |
|---|
|
| Batiusuarios en línea |
| Contra la censura | |
|---|---|
|
| Recomendados | |
|---|---|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| Vídeos interesantes | |
|---|---|
|
|
|
|
|
|
| Campañas | |
|---|---|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| Nuestros objetivos |
|---|
|
|
|
|
Escribe un comentario