Se dice en Cocaína respecto a la polémica de El Jueves, que "Lo que está en el fondo es la cuestión de la libertad de expresión, no que esto sea una monarquía o una república. La cuestión de fondo es que podamos decir cualquier cosa o no". Afortunadamente, la libertad de expresión tiene límites. La democracia liberal pone límites a la gente y no se puede decir lo que a uno le venga en gana en todo lugar y momento.
Lo estamos viendo a diario en múltiples juicios. Dentro de las salas se retira la palabra por orden judicial a reos y abogados ¿Es esto antiliberal? Según el escritor de Cocaína, sí, puesto que habría que dejar hablar a todo el mundo hasta desgañitarse. Vamos, que los juicios debieran ser eteeeeernos. Que nadie interrumpa las peroratas de los etarras ni los rollos de los camellos ni los cuentos chinos de Olga Sánchez, por favor. Dejen a todo el mundo explayarse.
Lo vemos igualmente en sentencias favorables a famosos sobre los que se miente, calumnia, difama o se quebranta su honor o intimidad. Por lo tanto, desde el momento en el que se afirma alegremente que "la cuestión de fondo es que podamos decir cualquier cosa o no", hemos de decir que no. Que la cuestión de fondo es otra. Es el derecho a que a uno le respeten, el derecho al honor, a la intimidad y a la libertad, no de expresión, sino a la libertad de que a uno le dejen en paz. Preguntemos si no a Ana Obregón, Isabel Preysler o Isabel Pantoja cuántas sentencias van ganando al respecto. Los paparazzis dirán lo que quieran, pero a continuación llega un juez y los pone en su sitio. Si es que han cometido algún delito tipificado en el Código Penal. Las cosas, en democracia liberal, funcionan así. Hay jueces y hay justicia. O, al menos, teóricamente.
Escrito por en: 23 de Julio 2007 a las 03:17 PM Archivado en Justicia
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