La carretera sigue produciendo muertos. Son nuestros muertos: conciudadanos, vecinos, amigos o familiares. Son muertes producidas por accidentes y fallos en la conducción, algunas como resultado de una inexistente educación, ni vial ni de ningún tipo, pero también a causa de situaciones lamentables que se producen por la suma de incompetencias y afán recaudatorio de los que deben velar por la seguridad.
No creo que el carné por puntos haya sido ni sea efectivo en un mar de circunstancias que dificultan la normal circulación del tráfico rodado, algunas de ellas ajenas al conductor y que determinan que éste pase a ser un objeto de represión. Especialmente degradante podría considerarse el uso autoritario y a menudo arbitrario de los ayuntamientos, que utilizan el control sobre sus conciudadanos más “rebeldes” y los cazan con frecuencia en las numerosas trampas que se generan en las deficientes infraestructuras, lo que a veces hace imposible el cumplimiento de unas normas que además les sirven para justificar el esquilmo, como sucede en el ayuntamiento de Madrid. La gente acata para evitar el abuso de poder, la represión y el expolio, pero no porque acepte la humillante sumisión a ciertas reglas.
Es tradicional que la DGT presione y dañe al conductor en su dignidad, derechos y patrimonio, lo que le permite dejar las cosas como estaban y justificar otro 'apretón' al año siguiente. Para ello utiliza a los muertos, restregándoselos bien y a menudo a todo el mundo. En lugar de aplicar medidas y formar agentes para evitar accidentes, mejorando el trafico y la seguridad, perpetúa el coto de caza con agentes 'camuflados' o 'furtivos' solo útiles para multar o para recoger las chatarras y/o los cadáveres. Absolutamente para nada más. Y con radares situados estratégicamente para la única utilidad de sancionar, en lugar de situar agentes bien visibles, que salven vidas controlando el tráfico en los puntos negros, hasta que Fomento, las comunidades o los ayuntamientos decidan eliminarlos.
No se puede acabar con las muertes en la carretera incriminando y cargando toda la responsabilidad sobre el conductor. Solo usan el expolio y la amenaza, sin gastar las ganancias que estas generan en aumentar, formar y equipar a los efectivos policiales para regular el tráfico, y la velocidad, según lo permitan las circunstancias. Por mucho que repriman y saqueen al conductor —los vehículos están sujetos a una serie de impuestos que van desde la matriculación inicial, el de circulación anual y acaba en esa parte del león que se recarga en el combustible—, éste no podrá evitar ni asumir las muertes que se producen como consecuencia de la omisión y la ineptitud del Estado, a cuyos sucesivos gobiernos no cabe aplicarles —no por falta de ganas— ni la retirada de puntos ni ningún otro tipo de sanción que no pase por las urnas. Así, pues, no es posible acabar con los accidentes imponiendo solamente normas que al conductor le anulen su criterio, sus conocimientos y su libre albedrío.
Con reglamentos creados desde una mentalidad que trata al ciudadano como ganado al que encima hay que rentabilizar, está claro que no se pueden reducir los accidentes sin controlar ni mejorar, sobre todo, una red vial secundaria en estado penoso. Es una lástima que miles de conductores paguen puntos y sanciones económicas por circular a 142 Km/h en autopistas o autovías despejadas y con buen tiempo, por ejemplo, mientras la mayoría de accidentes mortales se producen en carreteras imposibles y olvidadas. Frente a tal desastre, lo que más chirría es la rígida eficacia de multar y recaudar, y además mediante amenazas y extorsión legal. "Pague ahora y reclame después, o le serán embargados sus bienes", es una frase que ilustraría perfectamente este simulacro “democrático” cargado de incompetencia.
¿Por qué no incluyen entre sus macabros ‘spots’ publicitarios que la plantilla de agentes es casi la misma, en número, que la que dejó la dictadura? ¿Cómo se explica que una red vial que ha aumentado varias veces su kilometraje, y un parque móvil agrandado veinte veces, no merezcan al menos duplicar la plantilla de agentes dedicada a su control y seguridad? ¿Cómo se explica algo así, y más cuando es muy posible que el volumen de la recaudación se haya multiplicado por decenas de veces? ¿Cuántas vidas se salvarían si en lugar de ocho mil agentes, buena parte de ellos camuflados y en labor de recaudadores furtivos, hubiera más del doble o el triple, con la consigna de priorizar la ayuda al conductor y facilitar el tráfico fluido? ¿Han pensado los de la DGT en el uso de abundante señalización vial, visible de forma ostentosa, que convierta a la sanción en una excepción de su labor habitual?
Autor: Clandestino8
Escrito por Firmas invitadas en: 17 de Agosto 2007 a las 07:28 PM Archivado en Firmas invitadas | Gobierno
Difícil solución parece tener esto de los accidentes de tráfico. Cierto es, lo que bien has expuesto. Sin embargo, aumentar el número de efectivos, a priori, puede no ser suficiente. Viendo el caos que impera en la DGT a la hora de gestionar las multas.
No cabe duda, que aumentando, no se en que proporción, la presencia en las carreteras de agentes del orden, estos disminuirán, por el efecto disuasorio que estos producen, aunque poco avanzaríamos, si estos están estáticos. Recuerdo, cuando de joven, viajábamos por la nacional, en la época de franco. Como los conductores que circulaban en sentido contrario, nos hacían el cambio de luces para avisar la presencia de la guardia civil. En eso somos solidarios.
Yo lo considero más efectivo, es hacer útil a los agentes. Cada población debería aportar, al menos, dos vehículos a la red de carreteras que se encuentren dentro de su zona. Que estos estuviesen circulando continuamente por ellas, con la capacidad de emitir multas-recibo, pagaderas en cualquiera entidad bancaria. Y prestando ayuda o socorro, a los conductores que la necesiten, o bien por avería de sus vehículos, o retenciones en las entradas de las capitales. Gestionado todo por la capital de provincia, nada de gobierno central, ni autonomías.
No es una medida que genere costes excesivos. Se podría paliar con la retirada de los anuncios chorras de la DGT. Deseados tanto por la sociedad, como la canción del verano o el posado de la Obregón.
Soluciones hay, otra cosa es que interese.
No se cómo te lo miras atroma, pero cuando hacíamos señales con las luces todos reducíamos velocidad y nos andábamos con ojo, con lo que no se producían los accidentes, por tanto la medida del policía estático era buena si estaba en punto negro.
Por otra parte una buena medida de aquella época era la señalización, que se repetía varias veces y siempre antes del cruce con lo que tenías tiempo de pensártelo. Ahora te lo anuncian unos metros antes, por tanto un solo aviso y en muchas ocasiones el aviso está unos metros después del cruce.
Otro problema que veo es que en algunas vías de varios carriles, cuando se produce un giro a la derecha, éste es obligado y no se permite continuar recto el sentido de la marcha con lo que te obligan a cambiar de carril a la izquierda precisamente donde están circulando más rápido que tu, puesto que estos carriles están reservados a mayores velocidades que el de la derecha, lo cual te obliga a hacer una maniobra precipitada, incómoda y peligrosa si no quieres desviarte de tu camino y dar una vuelta que a saber cuándo podrás dar la vuelta de nuevo porque a veces te encuentras con klms y klms de carretera o avenida sin poder cambiar el sentido de la marcha.
Y otro gran problema son los camiones, pues ya vemos que en cada accidente suele estar implicado uno de ellos y supongo que no soy el único que le pasa continuamente que en las autopistas los camiones se ponen a adelantarse entre ellos sin importarles una higa si tu les estás adelantando a ellos con lo que te sacan literalmente de tu carril o te obligan a frenar si a la vez te están adelantando a ti.
Así que amigos automovilistas y moteros; no nos sintamos culpables como pretende la DGT. A manifestarnos contra la ineptitud del ministerio de turno que ELLOS SON LOS CULPABLES.
Creo que el viejo adagio marxista rezaba algo así como que el parasito-liberalismo lo que hace es privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. En su versión más extrema exime de toda responsabilidad a los individuos por sus actos culpabilizando al Estado hasta de los cortes de digestión.
La conclusión que yo saco es que hace falta más Estado que eduque, administre, construya, repare, vigile y sancione; por el bien de todos. La sociedad de consumo está creando un modelo de individuo como el que Aznar caricaturizaba en su propia persona; ese que rumia: "a mi no me gusta que me digan lo que tengo que hacer y si tengo que beber o cuanto a la hora de conducir". La peligrosidad de esa opinión es manifiesta cuando de manejar un arma mortal (para los demás) se trata. Todos entendemos mejor lo bárbaro del exabrupto si el que pretende libertad para ingerir drogas es al controlador aéreo o al piloto sobre quienes recae la gobernación del avión en el que nos encontramos viajando.
Pero este tío ¿de dónde ha salido?
¿Alguien puede meterlo otra vez en el huevo y cocerlo media hora más?
Pues yo estoy con él. Quiero un Estado que me de mil ochocientos euros al mes más otros ochocientos euros de la próxima hipoteca y trescientos más para el buga que me voy a comprar. Y juro por Dios que con el buga que me paga el estado no me voy a emborrachar ni a tomar sustancias prohibidas cuando conduzca. Y si no cumplo mi palabra, que papa estado me eduque, administre, construya, repare, vigile y sancione (pero solo lo justito, que la culpa no es mía sino de la sociedad capitalista y liberal en la que vivo)
"hace falta más Estado que eduque, administre, construya, repare, vigile y sancione..." ... y que imponga el carnet por puntos para que muera más gente que antes de implantarlo. Amen.
Pues a mi me parece que centrarse en la velocidad máxima es un error de bulto, creo que proporcionalmente hay muchos más accidentes a 100 que a 200 y es que el efecto zoombie que provoca rodar a 110 en autopistas no es para tomarselo a broma, duerme por aburrimiento al "amigo conductor" y tienes accidente asegurado.
Por otra parte, el estado de las carreteras (que es resposabilidad de la Administración) deja mucho que desear y sería inaceptable en paises que, como Alemania, no necesitan cargar sobre el conductor resposabilidades que son exclusivas de los/las ministros de cuota.
Pues a mi me parece que centrarse en la velocidad máxima es un error de bulto, creo que proporcionalmente hay muchos más accidentes a 100 que a 200 y es que el efecto zoombie que provoca rodar a 110 en autopistas no es para tomarselo a broma, duerme por aburrimiento al "amigo conductor" y tienes accidente asegurado.
Por otra parte, el estado de las carreteras (que es resposabilidad de la Administración) deja mucho que desear y sería inaceptable en paises que, como Alemania, no necesitan cargar sobre el conductor resposabilidades que son exclusivas de los/las ministros de cuota.
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