22 de Septiembre 2007

Pisando charcos

Tengo que reconocer que mi último artículo, “De la virilidad”, fue una provocación. Provocación intencionada, por supuesto. Y por supuesto, como sea cual sea mi personalidad y me conduzca en la vida le importan bien poco al respetable, no voy a pedir excusas haciéndome “el bueno” o el “justiciero de las mujeres”, ni voy a mover una coma de lo escrito.

Y digo que fue una provocación intencionada, porque el fin último del referido artículo era, ni más ni menos, que llamar la atención con escándalo sobre un aspecto del camino de servidumbre en que nos ha embarcado el “pensamiento ambiente”: la anulación de la diferencia de sexos, por vía de su criminal ignorancia. Y cuando digo criminal sé lo que me digo. Se confunde la igualdad ante la ley con la igualdad de trato, cuando interesa, y con la desigualdad positiva, cuando corresponde.

Pero de lo que yo quiero hablar hoy comienza antes de vérnosla con el Código Penal. Comienza en la escuela. Menos en la familia. Afortunadamente, el reparto artificioso de roles clásicos o, en rigor, tradicionales en el ámbito familiar va desapareciendo, salvo excepciones dignas de tenerse en cuenta, pero marginales.

Y digo que comienza en la escuela, como todos los experimentos de “ingeniería social”, los cuales les ha costado a la Humanidad unas cuantas decenas de millones de muertos. Y lo que caerá, al paso que vamos.

Podría echar mano de unos cuantos manuales y ensayos al respecto, pero ya que están más o menos en la quinta estantería de la biblioteca, inalcanzable sin escalera, me voy a ayudar de la casuística del entorno.

Y en consecuencia, habrá que empezar a pensar en separar a los chicos y las chicas en primero de ESO. Hasta cuarto, más o menos.

No sé o no sabemos, aunque nos las imaginemos, las razones que tuvieron nuestros sabios del Ministerio de Educación de finales de los años setenta para mezclar a nuestros chicos y chicas en todas las fases de la Instrucción. Lo que sí sé es que a estas alturas, sabiendo como sabemos que las chicas entre los once años, aproximadamente, y los dieciséis alcanzan un grado de madurez muy superior en todos lo órdenes a los chicos de esa misma edad, es de una estupidez supina mezclarlos durante el tiempo de la instrucción, con desprecio de sus diferencias naturales. El recreo es otra cosa. Resultado: niños rencorosos, niñas envalentonadas.

Y si los titulares del sitio me lo permiten, seguiré pisando charcos.
Autor: Carlos J.

Los editores de Batiburrillo no comparten necesariamente la opinión de los articulistas cuyos trabajos se insertan en el apartado “Firmas Invitadas”. Dichos trabajos se publican como un ejercicio de libertad individual.

Escrito por Firmas invitadas en: 22 de Septiembre 2007 a las 08:41 AM Archivado en Firmas invitadas

Comentarios

1 | Mónica   22 de Septiembre 2007 a las 12:49 PM

Pues no te creas que estoy yo del todo en desacuerdo con lo que planteas, precisamente por las razones que dices.

Lo que pasa es que eso ni tampoco es tan así ni es tan sencillo. Porque sucede que incluso en clases de sólo niñas te puedes encontrar que mientras unas aprendieron a leer prácticamente solas a los tres años (en casa, con unas maravillosas cartitas que no sé si las seguirán vendiendo, pero que eran un juguete fantástico), otras todavía lo hacen con dificultad a los ocho; y que, mientras las segundas todavía están leyendo cuentos, resulta que las primeras, a base de marinear por su cuenta por las estanterías de casa, sin que nadie las induzca a ello, ya han leído a Sheakespeare, razón por la cual se aburren como ostras en clase y hasta en el recreo estando con niñas de su edad. Y me imagino que el mismo fenómeno se debe de dar entre los niños. Es decir, que el grado de madurez intelectiva, psicológica, etcétera puede que varíe algo/bastante en función de los sexos –eso sí, qué descanso ver que por lo menos hay alguien que sigue llamando sexos a los sexos, y que aún no se ha dejado llevar por esa moda políticamente correcta del género, que parece ser el resultado del curioso tabú de las feminazis (comprensible en el caso de algunas escasísimamente agraciadas, véase Rosa Regás, por ejemplo) hacia esa palabra y todo lo que significa– pero a mí me parece que la variación realmente significativa no es es la que se establece entre sexos sino entre los individuos.

Por todo ello, opino que ésta es una más de las razones innúmeras que existen para ver y demostrar que lo suyo es arrebatar a los políticos (a todos, desde la Cabrera a Ana Pastor, pasando por aspirantes a ministros sin cartera como Savater) la potestad para poder inmiscuirse coactivamente en la educación y para, con sus ridículas leyes, con sus consejos escolares y demás mandangas corporativo-colectivizantes, estar paralizando la evolución de lo que debiera ser dinámico y uniformando lo que por naturaleza es diverso y proteico. Exijamos que sean los propios centros –la que la lleva la entiende, que decía mi abuela- los que, descentralizadamente, en competencia y enfrentados al veredicto libérrimo y directo de los padres, tengan libertad para poner en marcha distintos métodos de agrupamiento de los alumnos, como distintos métodos pedagógicos, que será la única fórmula para que, entre unos y otros, vayamos descubriendo qué es mejor... o incluso qué es mejor en cada caso. O, al menos, para impedir que suceda lo que está sucediendo: que, con nuestro propio dinero y sin que podamos evitarlo, unos liantes desde el gobierno se empeñen en llevarnos justamente hacia lo peor. Y lo consigan.

Por cierto que esto de ser de natural katiuskero a mí no me parece mal. Al revés. Incluyendo a Savater. El problema comienza –y entiendo que no es tu caso, aunque sí el de Savater- cuando la gente se empecina en querer imponernos a los demás su katiuska particular, ya sea una fórmula concreta de agrupamientos, ya sea la EpC dichosa o lo que sea.

2 | Smith   22 de Septiembre 2007 a las 07:47 PM

No me parece mal la separación entre chicos y chicas. Lo mejor sería que los padres eligieran el modelo educativo (separado o mixto) y que hubiera ofertas de todo tipo. Y luego, que triunfe la mejor de todas. O todas, si son válidas.

3 | Carlos J.   22 de Septiembre 2007 a las 08:31 PM

Gracias por vuestros comentarios y sólo un apunte. Se trata de que los padres elijan el modelo educativo que quieren para sus hijos. De eso se trata. Pero no sólo de eso. Para que la elección sea como es debido, los padres necesitamos información y confrontación de opiniones. Y aquí soy pesimista. El mismo hecho de plantear la separación de los chicos en la ESO, a más de un funcionario le puede costar le puede costar un expediente disciplinario. Y no digamos si un jurista meapilas, hay unos cuantos, le da por leerse alguna vez el artículo 14 de la Constitución Española, ignorando el 27, que es lo que suele suceder. No obstante, con katiuskas, hacía mucho tiempo que no leía esa palabra, gracias Mónica, o sin ellas, hay que seguir machacando.

4 | Pablo el herrero   23 de Septiembre 2007 a las 12:55 AM


Pues sigue provocando Carlos J. Ahí estaremos contigo, refutando las sacrosantas (es decir, creacionistas) verdades del feminismo de género.

Mónica, gracias por tu clara crítica al feminismo y aunque yo no utilizo la palabra feminazismo para definirlo, creo que estamos bastante cercanos en el concepto que tenemos de esta ideología. Cada vez hay más mujeres en tu onda. Por otra parte, en lo que a la educación se refiere, me alegra que hables con claridad a la hora de criticar por igual a las feministas de izquierda (Cabrera) y derecha (Ana Pastor). Al respecto de la EpC, ambas sabían lo que se estaba haciendo... y ha tenido que responder la sociedad, para que el PP en parte comience a echar marcha atrás. ¡Cómo para fiarse del PP si llega al poder al respecto de la educación en feminismo de género. Unas porque creen en dicha ideología (la mayoría), y otras porque están acomplejadas, si el PP gana, aunque quiten la EpC, nuestros hijos seguirán siendo educados en los principios del feminismo de género (¡claro que se hará a lo “Camps”, en inglés!). Al tiempo.

En cuanto a las formas de educación, me parece muy bien el planteamiento de Smith. ¡Ojala! las ayudas para la educación se la diesen a las familias y no a los colegios, y que los padres decidieran entre una ámplia oferta educativa donde llevar a sus hijos. Pero eso no ocurrirá, aún ganando el PP por mayoría absoluta.

En lo que refiere a la educación por sexos, ¿te imaginas Smith a una feminista de género en un colegio con educación diferencia dando clase de feminismo en un aula sólo de chicos adolescentes pregonando su concepto de igualdad feminista al estilo de:

“Hola, hoy toca clase de feminismo de género. Sabed chicos, que si os casais, vuestras mujeres podrán echaros de vuestra propias casas cuando ellas quieran; quitaros a vuestros hijos cuando ellas quieran; abortar a vuestros hijos cuando ellas quieran, o muy al contrario, si han quedado embarzadas de vosotros, aunque vosotros no queraris tenerlo, si ellas quieren, tendreis sobre esos hijos todas las obligaciones y ningún derecho; y por supuesto, si os denuncian falsamente de maltrato, a ellas no les pasará nada al tiempo que vosotros quedareis estigmatizados socialmente. A la inversa nunca podreis hacerles lo mismo a ellas... simplemente hay una razón: sois hombres”. Eso es jurisprudencia de género”.

¿Será por eso por lo que las feministas se niegan a la educación diferenciada? Incluso para las mujeres más misoándricamente feministas, les debe ser muy duro imaginarse como mujer enfrentándose solitas a una clase de treinta varones adolescentes? ¡¡Valientes hembristas!!

Bueno, yo a estos discursos feministas no los llamo feminizismo, simplemente fascismo... pero es la educación que las feministas con poder quieren dar a nuestros hijos, sobre todo si son varones.

Un saludo para los tres

Pablo el herrero


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