Los cito en El nomadismo de Falange (IV). Respecto a ellos, deseo hacer constar que eran anarquistas y algo radicales, sobre todo la mujer, que se llamaba Teresa y solía exaltarse en sus manifestaciones. Por mi parte nada tengo que reprocharles: hicieron lo que pudieron por mi familia. Y eso que apenas nos conocían, pues llevábamos viviendo en aquella casa desde abril del mismo año: unos tres o cuatro meses. A los milicianos les decían que a mi hermano Rafael y a mí nos había sorprendido la guerra con los “facciosos” —lo mismo que hacía mi madre—, aunque bien me habían visto, sobre todo los días 18, 19 y 20 de julio, entrar y salir de casa con alguna frecuencia y a horas inusuales
Los porteros acabaron acusados de haber denunciado a cuatro vecinos, asesinados por los milicianos rojos. Uno de ellos era hermano de Delgado Barreto, el director del diario La Nación. Otro, que vivía puerta con puerta con nosotros, don Vicente de la Vega, director de La Papelera Española. De los otros dos no sé su nombre, pues no los conocía. Al terminar la guerra, los porteros estuvieron dos años presos hasta que se depuraron sus responsabilidades, quizá un tiempo excesivo, pero en parte justificado como consecuencia de la abundante población que en Madrid había cometido infinidad de delitos que no podían quedar impunes. Ahora bien, lo cierto es que al final salieron sin consecuencias de la cárcel, lo que me afirma en su inocencia respecto a la complicidad con las referidas muertes.
También menciono que fui detenido dos veces. Sin consecuencias graves por mi edad, pues tenía 15 años cuando sucedieron ambas. Una de ellas, la de más duración, lo fue junto a otros dos falangistas: Carlos Montero Ponce de León, de la escuadra 24, asesinado el 01-10-36 en el cementerio de Vallecas y el otro cuyo nombre de pila era Agripino, del cual, aunque tuve mucho, muchísimo trato con él, no recuerdo su apellido o, tal vez, nunca lo supe. Para todos era: Agripino, un fotógrafo cubano, mulato, de la 4ª Centuria, pero de otra escuadra, al que le faltaba un brazo. Sobrevivió a la guerra.
Los tres estuvimos detenidos, el primer día juntos, en la Dirección General de Seguridad, entonces en la calle de la Reina, donde nos alojaron en un calabozo de un lóbrego sótano de piso de cemento, con un asiento del mismo material a lo largo de la pared, sin otro mobiliario y con una luz en el centro de la sala exterior. Sin chinches, pues el escenario hacía imposible su presencia. Sí ratas. Fuimos tratados con una corrección extrema por los guardias de asalto de servicio. Al día siguiente, Carlos y Agripino fueron trasladados a la Cárcel Modelo y a mí me llevaron, por razón de mi edad, al Tribunal de Menores, que estaba situado en la calle de Bárbara de Braganza, a espaldas del Tribunal Supremo. En él permanecí dos días, en una habitación con ventana enrejada, cristales velados, cama vestida, lavabo, water y dos millones de chinches. No vi ratas.
El Juez de Menores resultó ser una maravillosa persona, encantadora. Siempre pedí a Dios que la guerra le hubiera pillado fuera de Madrid. En otro caso, estoy seguro que los rojos le habrían dado el “paseo”. Estuvo verdaderamente cordial con mi madre y conmigo. Tras los trámites a que hubiese lugar, mi madre se responsabilizó de mí (era viuda) y nos fuimos a casa. Mi madre no me hizo la más mínima reprensión por mi aventura. Lo consideró un hecho natural. Era consciente de que se estaba jugando el destino de España.
Autor: Rogelio Latorre Silva
Los editores de Batiburrillo no comparten necesariamente la opinión de los articulistas cuyos trabajos se insertan en el apartado “Firmas Invitadas”. Dichos trabajos se publican como un ejercicio de libertad individual.
Escrito por Firmas invitadas en: 3 de Octubre 2007 a las 12:56 PM Archivado en Firmas invitadas | Memoria histórica para todos
Que si un amigo de un amigo que si un pariente que si un portero de la abuela de un amigo.........
Muy bien con un par de historietas personales y de rumores ya se puede llegar a la conclusión de que los rojos son unos ogros y la falange eran los españoles de bien.
Dejaros ya de lavar la imagen de la falange y haced un homenaje al glorioso!!!!
Señor "inmundo":
Entiendo que no le guste a usted lo que escribe el señor Latorre:pero deberá usted respetar el gusto de algunos, como yo, que si me gusta... Y no lo digo porque aprecie la ideologia que el manifiesta, sino porque creo que en la España actual, sobran escritores e historiadores retóricos, que lo único que hacen es consultar libros escritos por otros historiadores y sacar consecuencias interesadas.
Creo sinceramente que el señor Latorre es correcto escribiendo, y aunque indudablemente mantiene su ideologia, no ataca desmesuradamente a los contrarios.
Lo que pasa es que, despues de la muerte de Franco, salieron una cantidad de escritores que sólo hicieron criticar al Bando Nacional y a la política franquista ( y es hasta cierto punto lógico por la gran presión que había ejercido la dictadura sobre las ideas contrarias a ella)... Pero eso nos ha hecho perder la realidad histórica; y si alguno sale hablando de cosas que no cuadran. con la idea que se tiene, por ejemplo de la Falange, ya es criticado.
Amigo "inmundo", es muy fácil decirse democrata, pero luego habrá que demostrarlo... Y en mi modesta opinión, usted no lo ha demostrado.
Alucinante. Ese Carlos Montero Ponce de Léon era el hermano de mi abuelo José Luis. Que en paz descansen los dos.
Qué cosas te ofrece la red.
Bueno, ya sé dónde y cuándo murio mi tio abuelo, en el cementerio de Vallecas.
Desde Jaén, un saludo aséptico en ideología.
Bernardo M. Montero.
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