Que bien se han aprendido los piji-progres y nazionalsocialistas que nos mal gobiernan, conocidos igualmente como los firmantes del B.O.E., el orden adecuado para comerse una tabla de quesos. Tan bien lo han aprendido, aun siendo casi todos ellos hijos de los vencedores de la Guerra de nuestras desgracias, que nos la van a dar con queso incluso si el común ciudadano celtibérico se empeña en “otra de gambas”. “Oremus porque no se caiga la Sagrada Familia”. Amén y denuncio el Concordato.
Bien principia la cosa con un tierno de tetilla gallego, omito su origen por no darle mayor publicidad, que será suave, semi-sabrosón y con poco juego, eso sí, susceptible de untar si se sabe sacar a tiempo de la nevera o quesera. Lo mismo admite en compañía un tinto joven con gas, cual saludo afectuoso de Don Juan Carlos I de España con el tal Revilla. Lo de “a un tal” me parecería poco respetuoso para con la grandeza del chorizo del mismo nombre. Que todo hay que decirlo.
Cumplido el trámite, hay que atreverse con uno de cabra, de más cuerpo, pastoso y un punto picante. Éste ya merece un crianza, aunque sin alharacas. Carácter de Zeta, levantador de sonrisas y bajador de ínfimas pasiones. Nos pone, pero menos.
Hora es ya de un manchego recio, aturdidor del paladar, bravucón, y mejor si es en aceite. Acompañado de una pizca de pan tipo “Gran Hermano”, que es el modo como lo gasta ese espía y charlatán originario de “La Pampa”, “independiente de la mañana” hasta no hace mucho. El manchego deberá regarse con un consistente aragonés que, por no dar nombres, ni siquiera diré que se llama... Cariñena.
Y en la cumbre nos espera lo mejor, como diría mi señor padre: el queso podrío. A elegir: Roquefort o Cabrales. Cualquiera de ellos servirá para disimular el sabor amargo de la derrota. Mientras el “hijo del falangista” de Arenas de San Pedro (Ávila), Excelentísimo Señor Ministro de Justicia del Reino de España, Don Mariano Fernández Bermejo, pregona la conveniencia de que el Dioni presida de por vida el Tribunal Supremo, al fondo se observa la llegada de unos personajes: Josu Ternera y otros dadores de queso, todos ellos dispuestos a ejercer funciones co-negociadoras con los del grupo ministerial. En tal circunstancia, el queso debe ser ingerido a palo seco, o a lo sumo con unos tragos cortos de otro tipo de aceite: pongamos de ricino.
Autor: Carlos J.
Escrito por Firmas invitadas en: 24 de Octubre 2007 a las 04:37 PM Archivado en Firmas invitadas
Muy a propósito, he de confesar que me repugna el queso en general... ;-)
Bien `Carlosjota´, como dirían en Jabugo, tu artículo es la "envidia cochina" de los au-ténticos sánchez-romero.-
¡Pata negra¡
El Sr. Bermejo, como buen abulense, bien sabe que el mejor queso, el pata de mulo, debe consumirse con un buen tinto de Ribera o, a todo lo más, con uno de Toro.
Y en cuanto a queso podrido, le recomiendo el picón de Valdeón, leones, como dice ser el marido de Sonsoles. Acompañado de un buen Toro.
En cualquier caso, todo ha de tomarse acompañado de un buen vino. Que la digestión va a ser pesada y hay que alegrar el cuerpo.
No puedo evitarlo, es oír hablar del Cariñena y ponerme sentimental ¡Qué gran vino, qué vinazo, qué cosa!
El Toro, sí. Grande, enorme el Ribera de Duero. Apoteósico cualquier Rioja, Albariño o Rueda, Bierzo o Cigalés. Lo que sea. Pero el Cariñena... ¡y con un manchego en aceite!
Carlos J., fundemos el partido del Cariñena con Manchego, en clara oposición al Gambas con Cerveza, esa horterada pro-socialista. Y que ahí nos las den todas.
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