22 de Diciembre 2007

Crónicas Monclovitas

Eran una cascada de parpadeos multicolores las luces del árbol cuando ya, noche cerrada, llegó José Luís a la Moncloa, despidió al teniente y al resto de la escolta motorizada y se introdujo en palacio.

La música ambiente no era navideña; le pareció un fragmento de “Late at night” de Dover y pensó: “cosa de mis hijas, se están haciendo clásicas” y se encaminó a su gabinete. Estaba satisfecho de su última actuación del año en el Congreso, “Mariano es previsible, ya me esperaba su alusión a Eta y el colofón que puse a mi intervención fue cojonudo. A Pepiño le gustó más que a Diego; pero ambos me felicitaron. Ya quisieran tener el aplomo, mi gesto, mi estilo… Tendrán que nacer de nuevo, los maricones”.

Bombones.jpg

Se sentó en la mullida silla de tijera y fue entonces cuando advirtió el cestillo, grande y hermosamente decorado con cintas plateadas, en el que rebosaban bombones del tamaño de huevos. Se fijó en la tarjeta: Emilio Botín. “¡Ah!, el puñetero, cómo sabe mis debilidades”. Los convolutos eran del pâtisseur Euler, de la Messeplatz de Basilea y seguía curioseando, con ojos golosos, otros detalles cuando se abrió la puerta y una figura de hombre, de considerable estatura, con ropas amplias y un bigote negro, tan bien pintado que parecía de verdad, entró súbitamente. El sombrero de tela de gabardina y ala estrecha, marcadamente ladeado a lo Bogart, era el único detalle de coquetería.

-Vengo de El Corte inglés -dijo Sonsoles-.
-Sabes, cariño, que cualquier otro disfraz me gusta más que ése. Prefiero que te vistas de lagarterana.
-No seas tonto. Tengo un éxito de muerte; las mujeres me miran con un descaro al que yo no estaba acostumbrada. ¡Cuánto cambiaron las cosas!, a buenas horas desafiábamos así en el Hostal o en la cafetería del Conde Luna.
-Pues las chicas de León son desinhibidas –dijo José Luís bajando los ojos-

Zeta quería llamar a Clotilde. Era la única leonesa que trabajaba en Moncloa y, aunque no ocupaba un puesto de gran responsabilidad, merecía a los presis confianza acreditada. Se la había recomendado Martín Villa en 2004 y era, como el ex ministro, de Santa María del Páramo. Le pidió el favor a Sonso:

-Llama a la leonesa

Pese a que en la lavandería estaban a tope de trabajo, Clotilde no tardó en aparecer.

-¿Qué tal vas con Eutimio? Ya sabes que los de León tenemos que dejar el pabellón alto.
-Bien, presi. El, aunque no es de León, hizo la mili en Astorga. Es buen chico.
-Mira, ya sabes que para trabajar aquí se necesita un currículo impecable y, aunque enviudó dos veces, creo que hiciste una buena elección. Y como profesional, crème de la crème. Quiero que le preguntes, ahora mismo, que bebida puede ir mejor con estos bombones. Yo pensé en un Oporto, un Jerez o un Marsala. No le digas que he sido yo quien te ha hecho la pregunta. A ver qué dice el sumiller.

Sonsoles se marchó, pero antes le recomendó que no se pusiese morado.

-Mañana viene mamá; espero que no te des el atracón, Jóse, déjale alguno. Por cierto me dijo la mujer de Vegara que lo que más le gusta de ti, es el tipo. Y la Cabrera no lo dice, pero solo basta ver la forma como te mira. Mucho señorío, pero, creo, es una desvergonzada indecente. Una fresca.

-Sonso, amor, cuando te pones celosa estás hermosísima, incluso con bigote.

Cuando Sonsoles salió, José Luís quedó pensativo. Emilio nunca había tenido el detalle y, quizá, a cambio, querría alguna cosa. Salió de su estado absorto (el teléfono interior sonaba):

-Don José Luís, dice Eutimio que no hay color, el Marsala. Según él, el maridaje con el cacao de este vino es perfecto.

Marsala.jpg

Zeta se quedó solo. Empezó a desnudar los bombones, despojándolos de su vestidura dorada y a paladearlos con delectación. El marsala bajaba el nivel a ritmo frenético. Y ya estaba en la tercera botella, cuando su cabeza se desplomó sobre la escribanía. Hasta aquel entonces había cantado “Asturias, patria querida”, le habían seguido vivas entusiastas a Sicilia y a Suiza y, antes de derrumbarse, le entró un llanto inconsolable.

A las dos de la mañana, Sonsoles mandó que lo fuesen a buscar y se lo llevasen a la cama. Entre dos ayudantes lo arrastraron como un bulto, los pies a ras de la moqueta. Uno de ellos, del CNI, guardó celosamente un papel que José Luís había dejado escrito encima de la mesa. En el camino a la alcoba, Zeta, lloraba desconsoladamente:

-Papá, Mariano habla mejor que yo. ¡Alfredo! ¡Alfredo!, haz algo, porfa…

Sonsoles que tenía puesto un camisón negro transparente, inapropiado para el momento lo acogió entre sus brazos y aún pudo oírle:

-Hay que hacer algo, Mariano me va a ganar.

A Sonsoles solo le preocupaba que el asunto pudiese llegar a oídos de la Salgado y, antes de volver a quedarse dormida, exclamó: ¡Bruja! ¡Socialista de mierda!

P/d.- Aunque los protagonistas del relato se llamen José Luís y Sonsoles y vivan en La Moncloa, cualquier parecido con la realidad es fruto de la más azarosa casualidad. Lo juro.

Autor: Cástor Beiro
FN.JPG

Los editores de Batiburrillo no comparten necesariamente la opinión de los articulistas cuyos trabajos se insertan en el apartado “Firmas Invitadas”. Dichos trabajos se publican como un ejercicio de libertad individual.

Escrito por Firmas invitadas en: 22 de Diciembre 2007 a las 10:21 AM Archivado en Firmas invitadas | ZP

Comentarios

1 | vetton   22 de Diciembre 2007 a las 11:13 AM

Aunque tus contactos te han informado bien, en realidad doña Sonsoles no vestía un camisón transparente negro.
Era un ceñido traje de cuero negro que resaltaba su figura. Sus botas, también de cuero negro, tenían unos infinitos y plateados tacones de aguja. Una correa de cuero con remaches del que colgaba una fina cadena de plata decoraba su esbelta garganta. Y mientras miraba a su marido con expresión fría, se golpeaba suavemente la enguantada mano izquierda con la fusta que portaba en su derecha.

2 | Luis   23 de Diciembre 2007 a las 02:05 PM

Todo lo que has escrito, desde la primera letra hasta la última, es mentira podrida.

Es absolutamente imposible, que una persona que habla francés como ZP pueda pronunciar las palabras que le adjudicas de: "crème de la crème".

¡IMPOSIBLE!

3 | Castor Beiro   23 de Diciembre 2007 a las 04:25 PM


Cierto, Luís. Son tan apócrifas, tan rotundamente falsas que nada es verdad. Pero la mentira más grande entre las grandes es que Zeta pueda pronunciar algún día "crème de la crème".

Procuraré en el futuro ficciones menos disparatadas.


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