Perdida toda esperanza de que el calentamiento global sembrara el planeta Tierra de millones y millones de Sarhapovas, Kournicovas y de todas las otras “ovas” que pululan por ahí, acelerando la circulación de la sangre de los miembros de número del sexo masculino, andaba el que suscribe por su domicilio, comprobando el funcionamiento de las dobles ventanas, fuente de alegría para la industria del PVC y de tristeza para la del gas de calefacción.
Y en ésas estaba, cuando me adentro en la “solución habitacional informática” de mi casa, o sea, el cuarto donde está instalado el ordenador, y me encuentro de bruces frente al crimen: Mi niña de doce años, ignorando los principios más elementales de la propiedad intelectual, desatendiendo al sufrimiento por hambre de la progenie del sector “creativo” en España, andaba entreteniéndose bajándose una película española, de las de ahora.

Mi primer pensamiento fue para el RIP del cavernícola 154 del Código civil español. Y el segundo para los suficiente y convenientemente motivados creadores españoles, que andan por el mundo progresando adecuadamente en el arte del robo sin violencia, pero con mucha intimidación. Sin escalo, pero con escuela, mucha escuela de Educación para la (Ciu…) Villanía.

Y así, desprovisto de medios expeditivos de convencimiento de lo bueno y conveniente, me dispongo a persuadir a mi hija de la inconveniencia de su comportamiento, provisto de la última versión de la Ley de Propiedad Intelectual, Código Penal, Código civil y diversos tratados al respecto de la lucrativa relación del No a la Guerra con el Sí al Canon.
Como lo leen, ¡cuatro horas de conferencia paterno-filial! Y todo para que mi niña asimilara una ligera idea de la diferencia entre comprar y alquilar. Ni que decir tiene, que durante la exposición del monólogo por parte de quien suscribe a mi niña le dio tiempo de bajarse hasta las obras completas de Suso de Toro, lo que por sí mismo la colocaba en posición acreedora de un cachete y dos capones.
Visto el magnífico y esplendoroso resultado de esa curiosa forma de reprensión, en acto de desagravio para con los coleguis de Su Exzelencia, me fui al video club con ánimo de alquilar una película española de los años cincuenta, remasterizada, por supuesto.
Advertencia del autor: Ni se les ocurra copiar este engendro en su disco duro. Luego no se me quejen de que viene Teddy y les da por el canon.
Autor: Carlos Javier Muñoz de Morales

Los editores de Batiburrillo no comparten necesariamente la opinión de los articulistas cuyos trabajos se insertan en el apartado “Firmas Invitadas”. Dichos trabajos se publican como un ejercicio de libertad individual.
Escrito por Firmas invitadas en: 22 de Diciembre 2007 a las 11:38 AM Archivado en Asuntos legales | Firmas invitadas
Ya que somos predelincuentes, seamoslo con todas las consecuencias. ¡Viva la Pirateria!
Predelincuentes, manirrotos y tontos del euro. Dos miembros cualificados de esa nueve especie protegida me acaban de cantar un villancico en la puerta de mi casa. Presto les doy un euro a cada uno, en concepto de pago de aguinaldo, reteniéndoles, faltaría más, un doce por ciento para la ZGAE. La BISA con B, Brigada Intervención Solbes Antiinflacíón me ha propinado un buen rapapolvo.
Pués yo si mi hija lo hace le doy un par de hostias por tener tan mal gusto: mira que bajarse una pelicula española
Tenga cuidado Carlos Javier, publicar según qué cosas, hay a quien le pone nervioso, a estas horas temo que el despacho de Farré esté averiguando su domicilio.
Y no sólo para comprobar que ha pagado usted el canon. Por otra parte, coincido con JFM bajarse una película española tiene delito. Y si es de Bardem, mayor pena.
Saludos.
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