Cuando aquella selección española tenía en su delantera a Ufarte, Amancio, Marcelino y Luís Suárez, solo le faltaba la punta izquierda para integrar una vanguardia de fiereza céltica cien por cien finisterrana. Le sirvió a España para ganar su única Eurocopa y al nacionalismo gallego para ignorarlo, porque Franco lo tenía, en esqueje, en los invernaderos del Pardo.

El resultado del titular les parecerá más raro que aburrido, pero todo se andará porque las fuerzas de las esencias dispersas de una España que nunca existió se están empleando a fondo y ahora quieren meter el gol de Marcelino en otra portería. Si proliferan, si se oficializan, si compiten, aunque no marquen goles sonados pueden hermanarse en Cracovia con la Galitzia polaca y correr la banda de Laíño, la banda de Lestrove. Seguro que otras “naciones” aunque menos poéticas tendrán bandas, hasta de música.
Pero el título remite a otros enfrentamientos con aristas internas y arrebatos identitarios del estilo: “yo soy yo y tu no tienes ni idea”. Ocurre que la Historia, hasta ahora la sufríamos, la estudiábamos y hasta la construíamos; ardua labor. Ahora está en marcha una operación inversa: se reconstruye hasta no reconocerla ni el padre de la criatura; no se estudia -¿para qué? la estamos haciendo- y, sacada del horno, ¡oh placer! ¿por qué la vamos a sufrir si está hecha a nuestro refinado paladar?
Galiza, según tengo entendido, sería el nombre medieval de la tierra que habito. Veinte años no es nada, según el tango, pero quinientos deberían ser suficientes y, sin embargo, desaparecen en manos de estos “legoconstructores” de naciones de sobremesa, con sus casitas, sus ríos, sus banderitas y hasta el pequeño futbolín. Hecho el empalme, mis remotísimos tatarabuelos se convierten en mi papá y mi mamá con quienes pasar estas fiestas de invierno juntos. Así que la cosa está entre nacionalistas “galizistas”, por un lado, y otros, algo menos radicales, “galicistas”, por otro. Aquí, la Z de Zapatero no juega a nada.
En estos grandes dilemas y con los petardos no muy a trasmano, se enfrascan estos escolásticos breogánicos más orgullosos de su construcción que de su tradición, creyéndose que Alfonso X fue su rey autonomista e Isabel la Católica la reina imperialista, que las mesnadas castellanas cruzaron el Sil para ahorcar a quien osara hablar en gallego y otras lindezas.
Pero volviendo al fútbol; aunque Fran, último héroe de la pelota doméstica, ya se retiró y a Michel Salgado poco le queda, somos muy buenos. Entre el Porriño Industrial, el Arosa, el Celanovense y otros equipos de solera, hay una rapazada muy prometedora. Así que ¡Brasil, vete preparando!
Vds. ya saben lo que cuesta la alta competición, de modo que los gallegos, aunque no gustemos de este excelente fútbol, habremos de ir metiendo mano al bolsillo. Una nación, incluso una “nazón”, no sale de premio en las tómbolas.
Autor: Carlos Vilas Nogueira
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Escrito por Firmas invitadas en: 29 de Diciembre 2007 a las 12:15 AM Archivado en Firmas invitadas | Galicia
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