(El escenario estará dispuesto en dos cuadros. El situado a la izquierda del espectador, más pequeño, representa una terraza sobre la cubierta del lupanar que, discretamente, se encuentra doscientos metros fuera, propiamente, de la ciudad de Pompeya, al borde de una de las vías empedradas que se dirige al norte. El emplazado a la derecha, es una esquina abrigada bajo los arcos porticados del Foro. Entre ambos cuadros una escalerita estrecha, de cuatro palmos, que desciende hasta el proscenio.
El director de escena habrá de poner especial celo en reflejar el clima agónico y el aliento elegíaco del último día de la ciudad. La función empezará en semipenumbra para terminar, gradualmente, en la oscuridad total. En el interregno, repetidos estruendos llegan desde el Vesubio; cenizas y polvo negro de carbón y blanco de pómez, partículas chamuscadas y un insufrible hedor a azufre. En el foso tañerán algunas liras o cítaras y el clima de letal languidez se acentuará con el sonido de flautas percibidas desde el fondo del decorado.
La primera frase del primer declamante será pronunciada, obligatoriamente, en latín, aún siguiendo su traducción, al objeto de que el espectador se sienta transportado al clima de la época y del momento. Aunque los actores dirijan su mirada y parezca que se comunican con el cuadro contiguo, ello sólo es una ilusión. Cuando la acción cese en uno de los cuadros, aquellos simularán seguir la conversación sin emitir voz alguna.)
Los tribunos Filipo Hispalense, Chaves el Viejo y Alfonsus Bellum acceden a la terraza que cubre el prostíbulo y que ejerce de solarium para altas dignidades. Desahogados tras el completo servicio cumplido en las habitaciones del primer piso, sus rostros van mudando la satisfacción de un principio, tornándose molestos y preocupados al contemplar la negra nube cernirse sobre ellos y el asfixiante calor y chamusquina que les invade.
FILIPO.- “Dulce puella malum est” (la mujer es un dulce amargo) que decía Ovidio. Y cuanta razón, queridos Spurius y Alfonsus. Del fragor del placer a este vacío, sino amargo sí desencantado, que todo término lleva consigo.
SPURIUS CHAVES.- (Entre sus manías, la más notable era iniciar o intercalar su fraseo con aires folclóricos de la vieja Tartessos) Lailo, larailo, lailo. La razón te asiste Filipo, pero si quieres oír mi verdad, me molesta más este irrespirable y ponzoñento aire que va a impedir la tranquila siesta al sol de mediodía, que el fin de un placer que, siendo fuente inagotable, nos hará sentir de nuevo sed mañana y para saciarla prestas están estas bellas griegas que lo harán gustosas una vez y mil.
CAIUS ALFONSUS.- Estoy contigo, Spurius. Hace un instante, abrazándola y asiéndola por el talle, le decía al oído a mi bella esclava las palabras de Cátulo, “da mi basia mille, deinde centum, deinde mille altera” (dame mil besos, después un ciento, después mil otra vez).
SPURIUS CHAVES.- Cierto y bello. Pero volviendo al asunto de esta terrible erupción que nos amenaza, supongo que Pepino y Rub Al Kabar habrán echado a rodar los rumores de que esta desgracia como todas aquellas que han sucedido en esta década de temblores no son culpa ni de Júpiter ni de Vulcano ni, aún menos, de la virtud y la moderación de nosotros los plebeyos, sino de los viciosos patricios y sus turbios manejos. Lailo, larailo, lailo. Por cierto, ¿sabéis donde está metido Marianus?
CAIUS ALFONSUS.- (Una carcajada inunda su rostro anguloso. Los gruesos labios, de indudable progenie bárbara, dejan ver unos dientes descomunales) ¡Ja, ja, ja, jo, jo...! Me dijo Mesquidus, el jefe de los gladiadores, que cuando estos hacen gimnasia a primera hora de la mañana, a las afueras de Puerta Neptuno, lo ven pasar muy temprano haciendo carreras por la vía Herculano, vestido de centurión ¡ja, ja, ja, jo, jo...! Habré de decírselo a Zapatus y nos reiremos francamente... Los comicios están próximos y nuestro Sandalio debería aprovecharse de estas debilidades.
FILIPO.- Sabéis que, terminado mi mandato, he sido cónsul en las Galias y también de las legiones que se infiltraron en Mesopotamia. ¿No sería mejor que en lugar de hostigar a Marianus, ansioso de disfrutar de legados y privilegios, se le nombrase procónsul en lejanas tierras, descabezando de paso a los patricios que habrían de tener que buscarle sustituto? Podría ser en Libia, en Hispania, incluso en la Britania meridional...
SPURIUS CHAVES.- Estarás en lo cierto, Filipo; pero, la cuestión principal es que los patricios quieren descabalgarnos, ansían nuestro poder. Recordad, amigos, su conspiración para hacernos culpables del terremoto del 62, pero, ah, no pudieron probarlo –ole, lailo, larailo, lailo-. Yo bien sé lo que quieren: iniciar una era que bajo la égida patricia instaure una democracia platónica, arrancando los principios cínicos que hemos establecido. Júpiter no lo permitirá...
(El aire viciado y tóxico y el sofocante calor van postrando a los tribunos en sus sillas reclinatorias de bronce, mientras sus bocas se abren buscando avidamente un oxígeno que entra escaso en sus pulmones)
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Escrito por Firmas invitadas en: 28 de Abril 2008 a las 07:40 PM Archivado en Firmas invitadas
En tono provocador y jocoso. Addendas de lo escrito.
¿Es cierto que los pocos pompeyanos que se salvaron estaban alrededor de la estatua de Cibeles?. Tengo entendido que Zapatus se quemó las alpargatas al huir de la Fuentus Canaletus...
Claro, que mi fuente es más tardía y muy tendenciosa. En ella se indica que algunos patricios, deseando disfrutar de muchas plebeyas, llegaron a ciertos acuerdos con los demagógos plebeyos. Y que unas cuantas patricias, como una tal Sor Ayun, hermosa nieta de un rey germano, casada con un diletante patricio, visitaban ciertos barrios cercanos al Tiber, donde los lideres plebeyos tenían una de sus fuentes de poder.
Ya lo se Carlos Vilas... Pero es que no podía reprimirme.
Amigo Vetton: Haces bien, no te reprimas; además das opción para seguir por el camino del disparate, a veces tan saludable.
Si Soraya deriva de Zoraida o cualquier nombre árabo-pérsico no hay latinización que valga. Estaríamos en un escenario evocado por "Las mil y una noches". Rajoyan se ha creído el sultán cuando sólo es el visir; ha metido en palacio a su hija para que cuente cuentos, pero padre e hija tienen pocas noches para ser decapitados. Una pena, el monumental error de Rajoy, puramente estratégico, pero imperdonable que perdiendo la batalla no sepa organizar la retirada.
Otra sugestión que me has inducido. Madrid con su Cibeles y su Neptuno, etc, siendo manzanárica es más romana que Barcelona siendo mediterránea.
Y de pedem-pelotaris, por favor no hablemos. Gracias, por tu comentario.
Es cierto. Trataba de jugar con el Sor pero no salió la cosa.
Y no. del druida ese que mencionas.. Si ese tal nosequé Pelotaríx, ese que vive de las sobras del pueblo de Roma.... ese eremita que habita en los montes Cantabricus.. Mejor no hablar. Aunque, según mis fuentes, el tal Sandalius, el mismo que huyó corriendo sin sandalias de Manchesrtum, suele acudir a su gruta buscando ayuda.
Pero ya te digo que mi fuente es muy tardía y podemos estar hablando de un tal Sandalius y un tal Filipo Magno distintos... Que el Imperio Romano duró muchos siglos.
Que espero, Carlos Vilas, que sigas... Espero ansioso el siguiente acto... Sobre todo lo que diga Caius Alphonsus.
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