30 de Abril 2008

Las cenizas de Pompeya (III)

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Acto I (y único)
CUADRO 2º

(Como queda dicho, la escena representa una esquina porticada del Foro. En distintos curules, no muy alejados los unos de los otros, están sentados Zapatus Sandalio, imperator, popularmente llamado el Circunflejo y más cercanos entre ellos, Pepino Albus y Teresiaca. Inquieto, haciendo varios mutis a lo largo de la acción, Rub Al Kabar. Cada uno tiene tras si, al menos, un esclavo negro; alguno dotado de ágiles astiles empenachados de plumas de avestruz y pavo real; otros, agitando finas esteras de cáñamo, se empeñan en ventilar el entorno de los magistrados que respiran dificultosamente. Los esclavos los ha enviado Zerolus, a cuyas órdenes están. Son efebos negros, de cuerpos esbeltos y ebúrneos (naturalmente, no por su color sino por lo firmes y musculados) -algunos de hermosos ojos verdes- que fueron comprados en una de las innumerables incursiones del general Solano Madariagicus en Egipto. De su patria, Nubia, conservan la costumbre de su mínima indumentaria, apenas un exiguo delantal que cubre sus atributos viriles. Su fama de bisexuales ha llegado hasta el último recodo de la ciudad e incluso hay aurigas que los llevan y traen en sospechosos viajes a Herculano.)

Decorado romano.jpg

TERESIACA.- (Su esclavo se arrima sin disimulo a su espalda que su túnica deja desnuda. Ella le mira a los ojos) ¿Cómo te llamas?

ESCLAVO NUBIO.- ¡Ave, dómina! Soy Shabako, de Qertassi,

TERESIACA.- Pues pon más diligencia con tu abaniqueo y digo diligencia y no celo, porque de calentura no andas escaso. No creo que el día se preste para ludibrios. Si no lo sabes te diré que “diem vesper commendat”, la noche recomienda al día y éste no tiene seguro un buen acabamiento.

PEPINO.- (Se acerca al oído de Teresiaca y le dice en voz baja) ¿Te fijas, Teresiaca, en la actitud de Sandalio? Tenemos ante nosotros una prueba de tal magnitud que, además de encomendarnos a todos los dioses, habría que aplicarse con presteza a tomar las medidas para ponernos a salvo con nuestros tesoros y enseres. Ha llegado de Sorrento un correo marítimo que con lágrimas en los ojos explicaba la sórdida bañera de negrura y ceniza en que se ha convertido la bahía. Ahora mismo no se ve un pollino a tres pasos.

TERESIACA.- El dolor oprime mi pecho. Dile tu a Zapatus las mismas palabras que acabas de pronunciarme y llama a Rub, cuya ausencia aún más acrece mi angustia.

RUB AL KABAR.- (Llega precipitadamente) ¡Zapatus! ¡Sandalio! Ignoro si has oído mis juramentos antes de entrar ¡por Júpiter! Tenemos que hacer algo…

ZAPATUS CIRCUNFLEJO.- Os molestáis en demasía y os preocupáis como niños pequeños. No hay en el horizonte sino un negro nubarrón que en vez de agua descarga polvo blanco. Hoy es día adecuado para ir a las termas y bañarse en el frigidarium para deshacerse de esta costra repugnante y, de paso, mi mujer y mis hijas podrán hacerlo en el tepidarium que ellas, como los gatos, no son amigas de agua fría. (Intenta adoptar un porte mayestático, pero tropieza torpemente con una columna y, finalmente, sale)

RUB AL KABAR.- (Echándose las manos a la cabeza) Este “Circunflexus” patético, que Saturno confunda, nos lleva al infierno. ¡Diespiter te perdat! He pronunciado contra él los mayores dicterios en sirio y en árabe que jamás me había atrevido, pero todo ha sido inútil. El pueblo huye despavorido; uno de los nuestros me ha arrebatado del cuello mi bolsa con sesenta ases que tenía para gastar con la muchacha tártara, recién llegada, y en vino de Rodas. No me ha quedado ni un miserable as. (Vuelve a salir)

PEPINO GALAICO.- (Saca con delicado cuidado un envoltorio pequeño, oculto en los pliegues de su toga. Es un veneno mortal que le ha suministrado su amigo Eutanasius Móntico. Por sus mejillas resbalan dos lagrimones) ¡Teresiaca, ha llegado mi momento! ¡Dies venit!

(Atropelladamente, entra de nuevo Zapatus, su rostro demudado aún mantiene una sonrisa bobalicona. Desde el centro del Foro llega la voz tronante de Marianus de Pontesvetera que como un profeta clama en un espacio semidesierto).

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MARIANUS.- (Al principio sólo su voz) Yo os avisé, pompeyanos. Yo os dije que el insensato Zapatus nos llevaba a la perdición. Yo clamé por trasladar la ciudad cien millas más al sur. Yo grité demandando desviar los acueductos. Yo pedí que los esclavos negros habrían de venir en la medida de nuestras necesidades y no multiplicando nuestros dispendios. Yo imploré por frenar el vicio y la corrupción de esta casta plebeya que, ahora, asiste de brazos cruzados a este Apocalipsis sin remedio. Yo quise que tuviésemos relaciones con esa secta cristiana que en Roma y Palestina está predicando una doctrina, unos principios morales, de los que aquí carecemos… (Su voz se va entrecortando. Entra a trompicones en el lugar donde están los jerarcas plebeyos, se trastabilla y cae ruidosamente por la estrecha escalera. Los esclavos nubios intentan ayudarle, pero también se precipitan, muertos, por los escalones. Teresiaca, Pepino, Rub Al les siguen. También desde el otro cuadro caen desvanecidos por el mismo sitio Filipo, Chaves y Alfonsus. Sólo queda Zapatus Sandalio, erguido un momento, con una horrible mueca, pronuncia una extraña invocación que parece aludir a los soles y cae pesadamente como un costal de legumbres, desde el escenario al proscenio, con gran estrépito. Una tremenda explosión pone fin al acto).

(Pero no es un fin definitivo. Pompeya y Herculano desaparecieron de la región que aún hoy se llama “la Campania” y casi sobre sus mismas cenizas se erigió la ciudad de Nápoles y como una metáfora de la Historia, en el escenario comienza a oírse una alegre tarantela. A medida que se afianzan sus alegres compases, a modo de zombis, todos los actores se van levantando pausadamente y comienzan a bailar, semiinconscientes, con lentos movimientos. Antes de que caiga el telón invitarán a cantar y danzar a los espectadores que lo harán salvo que la conmoción de los trágicos momentos recién vividos les haya dejado paralizados.)

Fin del Acto I
Continuará

Autor: Carlos Vilas Nogueira

Las cenizas de Pompeya I
Las cenizas de Pompeya II

Escrito por Firmas invitadas en: 30 de Abril 2008 a las 11:55 AM Archivado en Firmas invitadas | Marxismo, socialismo, socialdemocracia, progresismo, izquierda

Comentarios

1 | THARSESSOS   30 de Abril 2008 a las 04:50 PM

Don Carlos su cuidado relato de la Hispania imperial, está impregnado de inconfundible acento de la senatorial Baetica, quizas incluso con aires de levante de la sin par Bahía de Gades.-
¡Será posible que hasta mis oidos llegan ya los originales sones de los crotalos de las puellae¡...
¡Por Jupiter si es la misma Teleusa la que hace su entrada.-
Una maravilla don Carlos.-

2 | vetton   30 de Abril 2008 a las 06:35 PM

¡Qué coño Hispania!.
Tharsessos que se le va la olla. Estamos hablando de Pompeya. De Italia.

(Si es que los turdetanos siempre quieren que se hable de su oro y sus relaciones con los focenses.)

No me ha gustado la facilidad con la que han muerto... Sobre todo por Teresiaca y el ebúrneo esclavo Shabako; ¿hubo feeling?, ¿miró el esclavo el inicio de todas las perdiciones?, ¿lo acarició?, ¿mordió sensualmente el cuelllo de Teresiaca?.

Ummm. El tema de Teresiaca me ha puesto celosón....

3 | THARSESSOS   30 de Abril 2008 a las 09:44 PM

Vetton:

¡ Vetton, no, Vetton ¡. Que lo de Pompeya, en esta segunda entrega, sólo está en el título.-

El relato que sigue las reglas del teatro clásico: unidad, personajes y ambiente,y es la Hispania Imperial; el título sólo es algo metafórico.-

En fín, que está a la vista el gran poscenio del teatro de Emeritas Augusta, y vá ilustrado con el hall de un hotelito gaditano, que reproduce el impluvium, a la postre convertido en algibe, de una domus romana.-

Vetton, está Vd. demasiado en el asunto y poco en el atrezo, hay que fijarse en los detalles.-

¡Señor, si, Señor¡... ¡¡Más fuerte¡¡...¡¡¡ Señor, si, señor¡¡¡.-

4 | Carlos Vilas Nogueira   30 de Abril 2008 a las 10:13 PM

Tharsessos: Gracias por su comentario. Reconozco que a los actores se les notan mucho las prendas interiores que son hispánicas 100%. Incluso el acento de algunos no pueden disimularlo: unos béticos, otros célticos. Pero, como dice Vetton, el escenario se intentó que fuese lo más parecido a la Pompeya enterrada.

Vetton, estoy totalmente contigo. A mi me interesan más las historias íntimas de Filipo y Teresiaca, entre otros, que el coñazo político. Pero hay dos problemas; uno, es que este es un espacio político, de gente seria. Bien que me permitan una broma, pero si me pongo en plan salsa-rosa romana ya creo que por ahí no pasarían. Otro, el más importante, es el económico. Vetton, ¿cuanto crees que me paga Policronio por cada entrega? pues la irrisoria cantidad de 1.000 euros, con la excusa de que no tiene publicidad. Y claro, así que puedo hacer yo.

El caso es que en Pompeya trabaja una investigadora, bastante maciza, que no mira con malos ojos a los sexagenarios, lo que hoy en día es un hallazgo. Pues bien con un adelanto satisfactorio de euros yo me iba para allá de inmediato a trabajar al par de la muchacha (bueno, ya tiene cuarenta) y allí estudiaríamos todas las derivaciones de la historia. Después lo de menos sería que tuviese forma dramática o se plasmase en culebrón seudo-culto.

Así que, querido Vetton, si tienes alguna influencia sobre el "jefe", hazselo ver. Lo de beca Erasmus me daría un poco de corte y lo de hablar con Berlusconi, ahora que le absorbe el seso la cuestión de Ronaldinho, pues qué quieres, me parece inoportuno. Saludos.

5 | vetton   1 de Mayo 2008 a las 12:19 AM

Estimado Carlos Vilas. Así siga Ud con esta obra mucho tiempo que nos permite sonreir, y reir, de lo que se nos viene encima gracias al gran Sandalius.

Si el tal Policronio le paga menos de mil ases, conozco otros blogs que le pagarían algo mas, no mucho, pero algo más. que eso de ser milasesino esta mal visto. Y en cuanto a las cuarentonas... ¡¡ah domine!!, que guapas son.. mejor que las treinteañeras (que son bien guapas y mejor que las veinteañeras).. En fin que no es el momento de hablar de temas chechuales.

Sigo diciendo que mantenga el ritmo y la serie... Pero no haga caso a los turdetanos, que se creen el ombligo del mundo porque los descubrieron los focenses. Hable de Pompeya.... ¿Qué le paso a Rub- al-Kabar? ¿Y a Filipo?. ¿Escaparon?.
Y tenga en cuenta que la tarantela nos lleva al gran Fernando, esposo que fue de la Gran Isabel.

Paso...Que la mente se disloca y comenzamos a escribir tonterias... Me gusta Pompeya. Seguiremos atentos la serie.


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