Como un modesto pero sentido homenaje al bicentenario de una de las gestas patrióticas más gloriosas de nuestra larga historia, quiero traer hoy a Batiburrillo, en palabras del más significado escritor de todos los tiempos junto a Miguel de Cervantes, unos párrafos escogidos al azar y creados nada menos que por Benito Pérez Galdós, el insigne autor de los Episodios Nacionales. En el tercero de esos Episodios, compuesto en 1873 y titulado “El 19 de marzo y el 2 de mayo”, se narran pormenorizados los sucesos del alzamiento del pueblo de Madrid contra las tropas francesas.
El trasfondo de cuanto Galdós nos legó para la posteridad en sus Episodios, además de una crítica feroz a la época que rememora, constituye una de las muestras más sublimes de patriotismo, único sentimiento que a lo largo de los siglos, cuando ha prevalecido entre nosotros, ha logrado galvanizar a España y la ha engrandecido. Muy al contrario de lo que sucede ahora, que el patriotismo se considera más bien, por decisión propagandística de quienes ostentan el poder y desean conservarlo a toda costa, una emoción trasnochada que debe serles recriminada a los españoles que la posean. ¡Pobres diablos los que ahora mandan, menosprecian el patriotismo y lo combaten como si de un gesto ajeno a la modernidad se tratase! Mientras, en la periferia de nuestra patria multicentenaria, otro tipo de sentimiento alejado del patriotismo, de raíz excluyente y codiciosa: el nacionalismo disgregador, permanece enaltecido y agazapado en espera impaciente de su “dos de mayo”.
Veamos que nos dijo don Benito:
“Durante nuestra conversación advertí que la multitud aumentaba, apretándose más. Componíanla personas de ambos sexos y de todas las clases de la sociedad, espontáneamente venidas por uno de esos llamamientos morales, íntimos, misteriosos, informulados, que no parten de ninguna voz oficial, y resuenan de improviso en los oídos de un pueblo entero, hablándole el balbuciente lenguaje de la inspiración. La campana de ese arrebato glorioso no suena sino cuando son muchos los corazones dispuestos a palpitar en concordancia con su anhelante ritmo, y raras veces presenta la historia ejemplos como aquel, porque el sentimiento patrio no hace milagros sino cuando es una condensación colosal, una unidad sin discrepancias de ningún género, y por lo tanto una fuerza irresistible y superior a cuantos obstáculos pueden oponerle los recursos materiales, el genio militar y la muchedumbre de enemigos. El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional, y la disciplina que da más cohesión el patriotismo.
El primer movimiento hostil del pueblo reunido fue rodear a un oficial francés que a la sazón atravesó por la plaza de la Armería. Bien pronto se unió a aquél otro oficial español que acudía como en auxilio del primero. Contra ambos se dirigió el furor de hombres y mujeres, siendo estas las que con más denuedo les hostilizaban; pero al poco rato una pequeña fuerza francesa puso fin a aquel incidente. Como avanzaba la mañana, no quise ya perder más tiempo, y traté de seguir mi camino; mas no había pasado aún el arco de la Armería, cuando sentí un ruido que me pareció cureñas en acelerado rodar por calles inmediatas.
-¡Que viene la artillería! -clamaron algunos.
Pero lejos de determinar la presencia de los artilleros una dispersión general, casi toda la multitud corría hacia la calle Nueva. La curiosidad pudo en mí más que el deseo de llegar pronto al fin de mi viaje, y corrí allá también; pero una detonación espantosa heló la sangre en mis venas; y vi caer no lejos de mí algunas personas, heridas por la metralla. Aquel fue uno de los cuadros más terribles que he presenciado en mi vida. La ira estalló en boca del pueblo de un modo tan formidable, que causaba tanto espanto como la artillería enemiga. Ataque tan imprevisto y tan rudo había aterrado a muchos que huían con pavor, y al mismo tiempo acaloraba la ira de otros, que parecían dispuestos a arrojarse sobre los artilleros; mas en aquel choque entre los fugitivos y los sorprendidos, entre los que rugían como fieras y los que se lamentaban heridos o moribundos bajo las pisadas de la multitud, predominó al fin el movimiento de dispersión, y corrieron todos hacia la calle Mayor. No se oían más voces que «armas, armas, armas». Los que no vociferaban en las calles, vociferaban en los balcones, y si un momento antes la mitad de los madrileños eran simplemente curiosos, después de la aparición de la artillería todos fueron actores. Cada cual corría a su casa, a la ajena o a la más cercana en busca de un arma, y no encontrándola, echaba mano de cualquier herramienta. Todo servía con tal que sirviera para matar.
El resultado era asombroso. Yo no sé de dónde salía tanta gente armada. Cualquiera habría creído en la existencia de una conjuración silenciosamente preparada; pero el arsenal de aquella guerra imprevista y sin plan, movida por la inspiración de cada uno, estaba en las cocinas, en los bodegones, en los almacenes al por menor, en las salas y tiendas de armas, en las posadas y en las herrerías.
La calle Mayor y las contiguas ofrecían el aspecto de un hervidero de rabia imposible de describir por medio del lenguaje. El que no lo vio, renuncie a tener idea de semejante levantamiento. Después me dijeron que entre 9 y 11 todas las calles de Madrid presentaban el mismo aspecto; habíase propagado la insurrección como se propaga la llama en el bosque seco azotado por impetuosos vientos”.
Puede leer aquí, completo, el Episodio: El 19 de Marzo y el 2 de Mayo.doc
Escrito por Policronio en: 2 de Mayo 2008 a las 12:37 PM Archivado en España | Históricos | Madrid
Si "EL PAIS" hubiese existido hace doscientos años, hubiese titulado : "Alzamiento contra el orden establecido por grupos ultraderechistas".
Así están las cosas en estos tiempos que vivimos, nada proclives a la épica, y mucho menos a gestas heróicas, cuando lo políticamente correcto es bajarse los gallumbos y poner el orto, no ante el ejercito más poderoso de la época ni ante los dragones de Murat, si no incluso ante cuatro piratas somalíes muertos de hambre con chancletas,
Por que lo que aconteció el 2 de mayo de 1808, fue el Alzamiento de pueblo de Madrid (siempre Madrid...), contra el opresor e invasor francés, y un llamamiento a salvar a la patria, como reclamaba en su bando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón
Fue el levantamiento de un pueblo, de una nación, que a puro huevo, armados con todo tipo de utensilios, con cuchillos y navajas, con garfios y estiletes, con tijeras, defendieron el honor,la dignidad de todos y cada uno de los españoles.
Allí se unieron mujeres y niños, ancianos, carpinteros y presidiarios que pidieron permiso para salir de la cárcel y luchar, matarifes, rufianes, mancebos, mujeres de mala vida y peor reputación, funcionarios, tenderos, escribientes.....españoles todos.
Sangre que derramaron desde Manuela Malasaña a Luis Daoíz, o Pedro Velarde en el Parque de Artillería de Monteleón.
Aquel 2 de mayo de 1808, fue el grito de una nación que jamás se rinde.
Esa nación, sobre la que muchos ahoran cuestionan su existencia y pretenden enfrentar a unas regiones con otras.
Por que este bicentenario que ahora se celebra, es un aldabonazo en las conciencias de tanto mercachifle timorato como pulula por ahí, de tanto pacifista cobarde de salón, de tanta mugre separatista y rencorosa, de tanto ganado lanar estabulado que es pastoreado cada cuatro años para que deposite la papeleta en al urna como un "buen ciudadano", y que no es otra cosa que un borrego silente.
Ese es el mensaje.
Esa es la lección.
Somos un pueblo y una nación.
Una.
Gran post y comentario nº1. En este día poco más cabe decir que:
¡Viva España Libre!
No sólo El País, Guti. Seguro que también algún bloguero de la Red Jacobina.
En fin, enhorabuena por la entrada, Policronio, te la enlazo desde Contando Estrelas.
¡Feliz 2 de mayo a todos!
¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA LA LIBERTAD!
Lei esta mañana el artículo de Policronio y hace un rato el del otro. O sea, que es como leer a Galdós por la mañana y por la tarde a Hitler redivivo. Vamos, que ahora vamos a tener que pedir perdón por amar la tierra de nuestros padres y procurarle el mejor futuro a nuestros hijos en la tierra de sus padres. Por amar la tierra de nuestros padres y procurar que sea Nación de hombres libres e iguales. Verdaderamente libres y verdaderamente iguales. La peor forma de despotismo ilustrado se piensa que los patriotas, o que pretendemos serlo, vamos por ahí con navaja y pistolón matando viejecitas francesas a la hora del croissant. En fin,
¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA LA LIBERTAD! y que sea lo que Dios quiera, aunque les fastidie.
Lo has expresado muy bien, Carlos.
Por cierto, que al otro acabo de contestarle yo:
http://www.outono.net/elentir/?p=2925
No quiero seguir cayándome ante tales salvajadas.
Después de tantos países, continentes, gentes, idiomas... he vuelto a mi España que siempre llevaba dentro, en las nieves de Moscú y los rascacielos de Nueva York, en los pinares suecos y la selva tailandesa. Soy patriota, amo a mi patria la cual nunca renuncié; no puedo vivir sin ella, y cuando llegue mi hora, espero ser enterrado en esta tierra que siempre ha sido mía. . El 11S en NY rezaba al Señor que no me dejara morir debajo de aquel cielo gris, en el país que no era mío -¡después de tantos años ahí vividos!-
Que ganas tengo de empezar "Los Episodios Nacionales". En su día hice caso a Aznar y leí a Azaña, ahora se lo voy a hacer a vetton que me los recomendó, que creo que me irá mejor.
Total: ese niñato mocoso que se llama Iracundo que quizá nunca ha estado más allá de Cuenca no es quien para decirme si el amor a la patria es legítimo o no. Cuando tenga mi edad y haya recorrido tantos países como yo ya me contará. Por ahora, mejor que se calle y aprenda.
Gran entrada, da envidia ver el valor de aquella época y como en aquel momento ser español era un orgullo, mientras que ahora a duras penas se puede decir en voz alta
PD: Tienes un premio Dardos en mi blog: puedes recogerlo aquí
Así está Murcia: Muchas gracias por tu anotación y por tu premio. Ya dejé al respecto un comentario en tu blog.
Un saludo cordial, apreciado paisano.
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