No sé si es la crisis del partido Popular o la económica lo que me ha dejado sin voz. Esta afonía escrita se me curaría en Batiburrillo si pudiésemos hablar de fútbol porque en esta materia siempre la inspiración sobrenada a cualquier desgracia o éxito. El mostrenco Luís Aragonés siempre da que hablar, hasta cuando calla.
Lo cierto es que el nacionalismo aún no ha atinado en la línea de flotación de la nave hispano-futbolera. Es de las poquitas cosas que le quedan y el día que lo logren –y es cosa en la que están haciendo continuas mejoras de puntería- lo poco que resta de identificación nacional se sumergirá. Un santo y seña popular y callejero, para gente sencilla que aunque vote socialista tiene algunas certidumbres por debajo de la piel, que se sumará a las ruinas del fondo del mar.
El caso es que José Manuel Zapatero le lleva la contraria a Trichet. Las dos tardes de Sevilla resultaron como esas de la Maestranza con vuelta al ruedo y salida en hombros. Nunca un ignaro aprendió tanto en tan poco tiempo para llevar la contraria a los maestros. José Manuel, o Luís –lo sustantivo es Zapatero- intenta exportar su cinismo. El rey está vestido, cómo se le ocurre al gabacho ponerlo en discusión. Los nacionalistas están con la “construcción nacional” y José Carlos está en la deconstrucción de la nación virtual que exige de sus reglamentos pasar por su boca de oráculo: la verdad interpretada, la verdad proyectada del líder al pueblo. Cuando José Enrique o José Manuel o cualquier otro ninot al mando dice lo que diga, la realidad sobrevenida ha de coincidir. Sólo hay una verdad, la que diga Zapatero. Las que diga Pepiño son emanaciones de la verdad verdadera.
Habíamos quedado en que no hay crisis, hay de-sa-ce-le-ra-ción. Tampoco es tan difícil, son solo seis o siete sílabas y aunque el heptasílabo no es fruto de Gamoneda, la economía florece, especialmente si se le antepone ligera. Es así señor Trichet, tenemos una ligera desaceleración que se traduce en cierto mosqueo de agricultores y pescadores; una cierta desazón de los que no siendo ni una cosa ni la otra pasan por la gasolinera a medio llenar el depósito. También están preocupados los emigrantes -legales, ilegales y los que habitan la raya entre Pinto y Valdemoro-, los hoteleros, pescaderos y fruteros. Los grandes y los pequeños almacenes, las superficies grandes y las diminutas como las casas de muñecas. Item más, el resto.
Pero José Fernando, o José Manuel, no quiere que la gente se cabree y de aquellas dos tardes recuerda que los humanos antes de caer por un precipicio cierran los ojos. Y esa auto-ayuda es milagrosa: cierras los ojos, luego no ves el precipicio, ergo no existe precipicio. José Ángel o José Luís reprocha al franchute su falta de discreción y su exceso de precipicios.
Así estamos, la Eurocopa a las puertas y los futbolistas desacelerados se han ido a comer pescado a Suiza que en España está en veda. José Ramón, o José Manuel les ha pedido, especialmente si andan lucidos en esas cosas de los goles, que le traigan de obsequio unas carpas frías de los ríos suizos y algunas explicaciones sobre esas cosas de cantones incomunicados que pueden servir aquí, muy prontito, antes de que Ibarreche gane la Vuelta al País Vasco.
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Escrito por Firmas invitadas en: 8 de Junio 2008 a las 09:17 AM Archivado en Firmas invitadas | Nacionalismos | ZP
ZP o el gato de Schródinger. La realidad no existe hasta que no la observamos. ¿Socialismo cuantico?
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