12 de Julio 2008
Crónicas de la crisis
Monclovia, el pequeño país que dirige el Príncipe Zapatero, no sufre crisis, que sólo afecta a su entorno. El príncipe es feliz y hasta Hacienda le devuelve dinero. Había dicho que de crisis nada, pero como la gente se puso pesada ha acabado por admitir no que haya o no crisis, sino que él puede pronunciar la palabra e incluso alguna otra de tres sílabas porque fue al Colegio Leonés que es colegio de pago. Su afición a la sonrisa le va retirando las mejillas hacia atrás y los ojillos alcanzan con dificultad la redondez de cuando nació. Ocurren estas cosas, con lo cual Sonsoles sigue cantando en el coro y llegará a solista un día de estos.
En política internacional, Monclovia no ha sido invitada a la cumbre del G-8 y el príncipe ha amonestado a los grandes por un menú demasiado surtido de delicadezas, cuando Zapatero es incapaz de coger un avión para ir a Inglaterra, por ejemplo. El príncipe es un modelo de sobriedad y ahorro; cada noche va a la hucha del cerdito y mete mil euritos para las niñas. Ciertamente su patrimonio anda por el millón de euros, pero como la inflación encoge los billetes teme que no le lleguen para el retiro. En Irán, el mustafá que lo preside, pese a su pinta de albañil en paro, anda enredado en construir artefactos capaces de lanzar chupinazos que lleguen hasta Israel, por lo menos. Es decir, que los ultra-orientales y los ultra-occidentales, léanse Ahmadineyad por un lado y Chávez por el otro, empiezan a ponernos por nudo de corbata glándulas que guardamos para mejores misiones. Desde que Sebastián se hizo militante del anticorbatismo las que tengo las voy a usar para sujetar al perro. Si yo fuese Zapatero, con lo íntimo que es del gorila, ya estaría enterado del sandwich en el que nos quieren meter y le llamaría la atención aprovechando que habla español, sin ningún intérprete que cambie la z por la s. Si la Chacón manda poner firmes qué no podría hacer el príncipe, nieto de capitán extremeño. Mi madrina, que de pequeño me llevaba a las novenas de Santa Rita, ahora quiere enterarse de estas cosas de Alá para ver en qué consisten. Yo ya soy mayor, pero el otro día la acompañé y, la verdad, dentro de la mezquita tuvimos que separarnos. Arrodillado en una tercera fila, con las posaderas mahometanas tan delante de mis narices no estaba cómodo. Sé que no toman cerdo, pero a los callos no creo que les hagan ascos; de modo que estaba intranquilo.
Así que la inflación por las nubes, la bolsa por el suelo y la balanza que no tiene fiel. Atribulados, menesterosos, creo que deberíamos acercarnos a los muros de Monclovia para protestar por el estado de nuestras colonias. Botín andaba de farol con los diez mil millones de beneficio. Es lo bueno de los banqueros, lo bien que saben sumar teniendo en cuenta la cantidad de billetes y monedas que componen diez mil millones. Aquel niño de las historias de Castelao decía que si le tocase la lotería compraría pan y yo en su caso lo gastaría en gasolina. Menuda jartá.
El príncipe es laico, pero a un tiempo episcopaliano civil. Está a fabricar una religión antirreligiosa en la que las sacerdotisas cortan el bacalao. Estas vestales de nueva planta también sirven en las ceremonias de la oposición ladeada a Zapatero. La oposición de refilón, intermitente y blanda como una margarina, tiene a la corte monclovita en un estado de satisfacción exultante. En cuanto se celebre la fiesta de la empanada, Pepiño y Rajoy irán del ganchete y si sus barrigas se lo permiten puntearán una muiñeira de un minutito; lo que se dice, un rato que la danza regional es muy cansada.
Bibiana viene, Bibiana va. Quien le diría a Manolo-Bibiana que iba a haber otra más famosa, menos alta, menos hermosa, pero más flamenca. Como no tiene competencias, al levantarse por la mañana piensa en las competencias de los demás. Ya ha ido a la Academia de la Lengua para que le den un papel, dispuesta a igualar a todos los académicos por el mismo rasero. Los más altos se ausentaron por si acaso. Ella salió en una foto al lado de Fidalgo que le quita metro y medio; tan pequeñita, en el extremo de un grupo de sólo hombres se la veía muy desigual. De momento las mujeres en gobiernos y parlamentos están logrando una penosa igualdad: son tan ineficaces e ineptas como los hombres. Los primeros feministas creían que mandando las mujeres se acababan los problemas, pero a la vista de la desaceleración sólo vemos lo acelerado que marcha el autobús, lleno de hembras. El chofer sigue siendo un varón que semeja llevarlas secuestradas, pero en Monclovia las cosas no son lo que parecen.
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Escrito por Firmas invitadas en: 12 de Julio 2008 a las 12:17 PM
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