Sonaron los clarines, se encendieron los focos y tremolaron ligeramente las bambalinas. El espigado presidente apareció por fin, con su gesto habitual (‘Zapatero’ y ‘sonrisa’ es un matrimonio de palabras, avalado por 41.000 millones de citas en Internet y me niego a seguir emparejándolas). Escotadas ministras y tapados ministros, ceremoniosos, no ocultan una satisfacción ignota para el resto de los presentes.
-¿Qué es, una boda?
-Que va, hija, son los cien días
Esta revolución cultural imparable, profunda como raíz de secuoya, insondable como el universo mismo, transformará nuestras identidades y nos hará sentir hombres nuevos en tiempos nuevos. Hasta ahora en los regímenes caducos, los cien días de cortesía parlamentaria era tradición para opositores, e incluso analistas, enguantar la garra crítica y ceder el paso al gobierno en los asuntos de su competencia, dejando que la administración encontrase ajuste y rodaje, pero no que ésta se tomase alcanzar el plazo como aniversario jubiloso. Pero ya no. La tradición que trata de instaurar el régimen democrático-beijinés de Zapatero es la celebración del primer centenar de días de gobierno por la banda de los veinte (¿son diecinueve ministros, no?) lo que representa una alarma social porque si se celebran cien, con mayor motivo festejarán doscientos y, en progresión aritmética, trescientos, etc. ¿Va a acabar sobria esta gente con tanto brindis, tanto copicheo, tanto huevo de esturión?
Así que aprovechando las cien hojitas del taco se solazan, se besan y se abrazan; incluso alguna varonil mano se desliza peligrosamente, más allá de la prudente marca de una faja. ¿Y qué celebran estos indocumentados, aparte del implacable paso de Cronos? ¿De qué acciones de gobierno presumen? ¿Cuántas medallas se reparten y quién las otorga? Una noche de insomnio me ha ayudado a un acercamiento. Veamos.
Estarán muy contentos porque el aspirante Obama, probable presidente de Usa, ni se ha dignado pasar por España para tomar un cafelito con Zapatero. También porque Chávez no se ha sentido aludido por el proyecto ‘Gran Simio’ y viene a pedirle explicaciones al Rey por el incidente. Serán felices porque aún no pudiendo atender a Obiang, que no cuenta un chiste medianamente bueno, les ha prometido que, en próxima visita, explicará a nuestro presi como se consiguen noventa y nueve parlamentarios sobre cien. Y mucho más felices por los cien telegramas, uno por día, enviados a Fidel reflejando anhelos y ansias por que recupere su puesto cuando cumpla cien años, de paso que aplauden a Raúl por dirigir tan bien la delantera cubana.
En política económica el regocijo depara una francachela desmadrada. Aquello de que la inflación iba a bajar en Marzo, el ‘euroibor’ en Abril, el paro en Mayo, el PIB subiría en Junio y el siete de Julio, San Fermín, es para celebrarlo en Pamplona y en Madrid aunque hayan sido tantas mentiras como las sardinas de monte que cazó Bermejo. En la segunda copa se enteraron por Solbes que el superávit de las cuentas del estado había pasado a mejor vida gracias a cien días inolvidables. ¡Qué bello es vivir!, otra copichuela. Las nacionalidades legendarias, las históricas y las neo-emergentes piden más dinero del que hay y no piensan devolver el cambio. Risas, otra copichuela. No me digan que no es para estar como unas castañuelas. Suben las deudas y los que tienen hipotecas es como si hubiesen tenido trillizos tontos. Cómo no reírse del precio de la gasolina que en estos cien días memorables ha subido cinco céntimos por jornada. Por favor, una columna que me caigo.
¿Y la igualdad? Cada veinticuatro horas nos hemos hecho más iguales como no se había visto nunca. Los padres son iguales a los hijos –o al revés-; antes no, pero ahora soy igual a mi cuñado y mi mujer es exactamente igual a la vecina del segundo. Dónde van aquellos tiempos de desigualdad. Pues ya ven, cien días han bastado. La Carma ha tenido su retoño dentro de los cien días y es igualito a su mamá. Somos todos igual de felices. Feliz igualdad. Igual felicidad.
Otro serio motivo para estar de broma es el asunto de los idiomas. Aquí la Cabrera emulando a su colega contempla la igualdad conmutativa que están engarzando como joyeros finos las nacionalidades legendarias, históricas y neo-natas. Los vascos quieren que se estudie euskera en Andalucía y los andaluces que se hable flamenco en Navarra; los chinos españoles ansían que se hable el catalán en Shangai y el cantonés en todos los pueblos de menos de mil habitantes de España. Los valencianos reclaman el ladino y prestarían a los rabinos sefardíes su lengua para que se estudie la Thorah como Dios manda. Los de Madrid a la vista de que el castellano no interesa a nadie proponen exportar el cheli, pero como, a cambio, tienen que tragar tantas lenguas solicitan todas compactadas en una sola, cosa que ahora con los ordenadores es posible. El castellano solo se estudiará en Portugal pues aparte de ayudar a los intercambio futbolísticos, hay investigadores que dicen era el idioma propio de Camoens antes de nacionalizarse portugués. La Cabrera está encantada, por un lado cree que los rizos la favorecen un montón y por otro que ser tan polígloto-domésticos es sabiduría de amplio espectro, como algunos antibióticos.
Esta conmemoración centenaria da para mucho más que los motivos enunciados, pero, como se decía antes, se me está agotando el papel. Sólo comentar que los nuevos tiempos lo son para todas y todos, también para la oposición que no diría que lo celebra tanto como el gobierno, pero sí lo encaja con una impasibilidad solo explicable por su ingreso colectivo en la orden de Asís. Celebrar cien días mientras se te derrumba la casa y te roban el ganado parece inverosímil, pero lo de Rajoy tiene su busilis. No se les ha ocurrido otra cosa que con sus ropones de frailes y monjas irse a la puerta del guateque del rico epulón sociata. La mirada baja, humildes ellos: “Hermana vice”, “hermano presi”, “hermano lobo”, musitaban. ¡Ni mendrugos de pan les tiraron!
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Escrito por Firmas invitadas en: 26 de Julio 2008 a las 01:29 PM Archivado en Firmas invitadas | Gobierno
Nunca se explicaron mejor cien días de desgobierno. Me quito el sombrero.
Pues ya somos dos los "desombrerados".
...pues aunque las señoras no tengamos por costumbre quitarnos nada, ¡no se interprete que no quedamos admiradas!
Comparto con Carlos J, al menos, nombre, cúpula ideológica y arena periodística, lo que no es poco. Me diferencio de él en que soy poco dado al elogio, lo que habla muy a su favor y poco al mío, pero no quiere decir que no le admire sino todo lo contrario.
Por esas casualidades que el azar depara, estaba viendo esos magníficos reportajes turísticos de la 2, tan literarios y tan bien fotografiados y tocaba hoy, por ese azar citado, paladear La Mancha y sus vinos, evocar Argamasilla, Ciudad Real y las lagunas, Toboso y toda la ruta del caballero ingenioso. Fue terminar e hilar a continuación con Vigo, Tuy, las rías y las armas del Conde de Gondomar. Un casual. Por cierto, mejórate.
De Policronio puedo hasta decir aquello de amor reñido... Nos hemos permitido discrepar amistosamente alguna vez.
A ambos, gracias.
Cristina: Lamento no haber leído su comentario antes por lo que la englobaría en el mío reciente. No quiero seguir ocupando espacio.
Hace bien en no quitarse nada o no decir lo que se quita para no torturar la imaginación. Con todo le agradezco que le haya gustado lo de los cien días. Sinceramente, gracias.
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