El mejor argumento del bueno de Saramago en apoyo del “calentamiento climático” (sic) lo he descubierto a través de un artículo de mi colega Carlos J., que es el guasón más rápido y cachondo a este lado del río Pecos —espera, Carlos J., que me río un poco con lo que se te ha ocurrido escribir y ahora vuelvo: ¡ja, ja, ja!—. Bien, pues el enlace del artículo de Carlos J. me ha llevado a leer otro de Saramago (paso de poner el enlace), que en su deseo de afear lo que él considera la incredulidad de algunos —no se priva de dar nombres y apellidos de gente del PP— respecto a la doctrina oficial de la izquierda sarmentosa, que es la suya, nos ofrece el razonamiento definitivo para que aceptemos su postura: “No importa que un día de estos comiencen a nacer flores en el Ártico”.
Sabes qué, so Nobel, ¡ya nacen flores en el Ártico!, sucede desde hace siglos. Cada año florecen rosas y magnolias en Groenlandia y buena parte del Canadá, entre otros países cuyos territorios se encuentran total o parcialmente dentro del Círculo Polar Ártico. ¡Ah!, ¿que te referías al polo polo por la gloria de tu madre? Pues no, ahí jamás nacerán flores, al menos terrestres, porque si se llegara a derretir el hielo del Polo lo que quedase sería puritito mar. No, ahí, en medio del mar no nacerán flores, nacerán alcornoques, una especie que es poco probable sea catalogada como en extinción, a juzgar por su abundancia vegetal y a veces animal. No sé si se me entiende bien el “piropo” que te dedico.

Al efecto, recordemos que la ideología de Saramago es la misma de los izquierdistas de siempre, la marxista, solo que sus interesados adeptos de hoy —de algo tienen que vivir sin trabajar, ¿no, Llamazares?— han cambiado un ismo por otro y lo que antes era comunismo ahora es ecologismo, que al fin y al cabo es una excusa tan idónea como cualquiera, en versión de los totalitarios, para meternos el miedo en el cuerpo a fin de que nos estemos quietecitos y nos dejemos robar la libertad, única meta que siempre han pretendido los marxistas de todos los tiempos.
Con una particularidad, antes, en cada uno de sus planes quinquenales, los soviéticos aseguraban que al finalizar tal o cual año superarían en bienestar a los Estados Unidos, lo que no sólo se incumplía invariablemente ante la desesperación del dictador de turno, sino que la brecha iba haciéndose más profunda entre la miseria del socialismo real y la riqueza de las naciones libres. Hasta que llegó un momento en que a los del Poliburó se les vio demasiado el plumero y encima la gente comenzó a pedir pan. Y claro, el Muro a tomar por saco, con perdón.
Pero a grandes males… grandes remedios neomarxistas, de modo que si el “paraíso” comunista prometido llevaba implícita una fecha de caducidad relativamente breve, que se alcanzó a principios de los 90 con la desaparición de esa URSS que no logró sacar el pie del lodo, y que apenas supuso 70 años de mamandurria izquierdosa para sus liberticidas dirigentes, de lo que ahora se trata es de usar la misma y farsante lucha de clases, si bien añadiéndole el temor que supone el fin del mundo como consecuencia de nuestros graves pecados ecológicos, lo que permite desplazar esa meta a varios siglos vista para seguir viviendo del cuento. “Haced lo que nosotros decimos o el mundo perecerá antes de 500 años”. Póngase la cifra que se quiera, es igual, se manejan docenas de ellas. “El efecto invernadero hace subir la temperatura del aire en 0,2 grados centígrados cada lustro”. ¿Dónde, cómo se ha medido, con qué instrumentos, son de la misma precisión, qué ciclo climático contempla esas mediciones?
Pues mirad, monines, cualquier profesional de la Meteorología con dos dedos de frente sabe de sobras que el clima de la tierra tiene un único motor: la actividad solar, que dependiendo de sus ciclos más o menos activos determina, a su vez, episodios igualmente cíclicos de frío o calor, de humedad o sequedad, en zonas concretas de nuestro planeta. Lo demás, son teorías destinadas a los crédulos. Suerte que en el Sol aún no podéis hincar vuestras zarpas, de lo contrario aviados estábamos.
Y finalmente, claro está, los malditos capitalistas no tienen otro empeño que ser las personas más ricas del cementerio, de ahí su deseo fervoroso de acabar a toda costa con el planeta sin tener la más pequeña consideración hacia sus propios hijos.
Escrito por Policronio en: 25 de Septiembre 2008 a las 03:33 AM Archivado en Catrastofismo climático, ecologistas
Je.
Te puedo adelantar que los expertos de la NASA acaban de decir que el Sol no tiene nada que ver con el clima. Has leído bien. (Sí, todo el mundo está aluicinado con el asunto) No sé si tendré tiempo de preparar un artículo sobre la rueda de prensa que dieron ayer los bienpagados de la NASA, pero por si a alguien le interesa saber qué dijeron estos "científicos" y qué opinan otros científicos que no parecen estar subvencionados por la ONU, lo mejor es leerse tanto la entrada como los comentarios a la misma en el blog Watts up with that. Ya sé que es largo, pero merece la pena. Y si se quiere saber lo que realmente está pasando, no queda otra que leer.
Luis, pues suma otro más a los que están alucinados ante esas declaraciones de "expertos" de la nasa. Yo mismo.
negar el cambio climatico a estas alturas es una patologia comun de la ignoriancia y la necedad. desconozco cual de ellos es su caso.
y dicho sea de paso, nada tiene que ver el comunismo con el ecologismo.
Alice, creo que se ha pasado tres pueblos al llamarme(nos) ignorante y necio. No me esperaba de usted que a su habitual falta de argumentos le sumase el insulto. Créame, no es el mejor camino para seguir anotando en este blog. Espero que se dé por avisada.
Nadie niega que el clima, obedeciendo a determinados ciclos naturales, cuyos máximos exponentes han sido las glaciaciones y los períodos interglaciares, no haya ido variando gradualmente (de forma progresiva y regresiva en su aspecto térmico) y afectando a amplias zonas del planeta. Ahora bien, de ahí a que cualquier cambio que hoy se advierta sea responsabilidad exclusiva de la actividad humana, como quieren hacernos creer los catastrofistas, hay una gran diferencia y es lo que se cuestiona.
Si el comunismo, según usted, no tiene nada que ver con el ecologismo, qué explicación le da a que buena parte de los movimientos verdes se integren en las listas electorales de Izquierda Unida (Iniciativa en el caso de Cataluña), por ejemplo. ¿Cómo justifica, además, que todas las asociaciones ecologistas que no concurren directamente a las urnas (quizá en espera de la ocasión propicia) se declaren de ideología izquierdista?
Tome nota, amiga: El referente ideológico de la izquierda contemporánea (evidentemente no hablo de la Revolución francesa) siempre ha sido el marxismo, de donde se deduce que los sedicentes izquierdistas, en una de cuyas ramas se declaran al mismo tiempo ecologistas, no carecen de la condición marxistoide, díganse comunistas o no, lo reconozcan abiertamente o se disfracen de otra cosa.
Porque el abandono u ocultación de las tradicionales siglas comunistas, especialmente ante las elecciones, al fin y al cabo no es más que un disfraz para que no se les identifique con el fracaso de la URSS y la caída del Muro. Pero las ideas de fondo permanecen. ¡Vaya si permanecen!
Esto es lo que dice la página de ecologistas en acción, en su apartado "antiglobalización"
"Pero trabajamos construyendo. Proponemos un anticapitalismo transformador y dialéctico, que apuesta por la crítica inteligente y contextualizada a la par que propone alternativas de sociedad, que por reales no dejan de ser justas, solidarias, equitativas, respetuosas y, por supuesto, sostenibles. No hay sostenibilidad sin justicia, ni habrá sociedad justa si no es ecológica y ecologista"
Alice, los únicos anticapitalistas que conozco son marxistas o son falangistas, o sea, que usted misma.
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