Dejé estas crónicas de la crisis cuando la crisis no parecía tan crónica. Cualquier tiempo pasado fue mejor, incluso el de ayer por la tarde y ahora la innombrable es como una múltiple explosión de fuegos reales que antes de extinguirse da paso a otros cohetes más altos y desparramados y ya solo vemos estruendo y chisporroteo de dólares fundidos y euros chamuscados.
Zeta es la última letra del abecedario, lo que explica que la crisis le llegara a él cuando todo el mundo estaba enterado. Se adorna el maestro con el capote y anda por las Américas presumiendo de sistema financiero como de buenos mozos de estoques, pero él no entra a matar. Seguimos avanzando, sino en términos absolutos nos consuela con los progresos en los relativos; sólo le faltó decir: estamos arruinados pero Sarkozy y Berlusconi mucho más. Eso no se lo dice mirándoles a los ojos, pero ya sabemos qué clase de valentía tiene el matador de moscas cojas. Valentía negativa con algo parecido a pañales como forro en el pantalón.
Solbes en sus 66 años no había visto cosa peor. Dramática confesión de tan duro diagnóstico; cuatro meses viendo la lagartija por una lente del catalejo y un día que le dio la vuelta, el caimán que nos está comiendo. Es un cinismo escandaloso porque sus tres pensiones multimillonarias son colchón a prueba de bocado de saurio.
A medida que se acerca el debate de los presupuestos los nudos en nuestra garganta nos delatan la procedencia de las glándulas. Cómo siempre y por no variar, tendremos la ley más importante del año plantada en el centro del patio de Monipodio con los delincuentes, como amigos de Zapo, a acuchillarla para quitarle peso. Tendremos a los secesionistas confesados del PNV y Esquerra y los vergonzantes del BNG agarrándole por el cuello y a Rodríguez del Pisuerga asegurándoles con un hilo de voz que mejor repartir el botín que llamar a la policía. Y en esas vamos a estar. La sombra de la Eta, que sigue matando, en el Congreso como una foto de un calabrés mafioso con pistola al cinto.
Mientras, Garzón echa su cuarto a espadas y ha empezado a revolver la sopa de culebras y sapos de su mazmorra. Hay que hacer listas de desaparecidos, después de amnistías y leyes de reparación y cuenta nueva. Es curioso esto de la historia y la política: quizá el único asesino vivo y masivo está ahí mismito con todas las medallas colgadas por esta sedicente ‘nomenklatura’ y andan buscando a los responsables muertos, exiliados en los cielos.
Especialmente necrofágico el caso de Federico. La tierra, la retama, los olivos que haya en el bosquecillo de Víznar son ya la sangre y el corazón del poeta, y su familia entiende que no hay mejor homenaje que esa fusión panteísta de Lorca y su Granada. Pero esa amortización no es del gusto de la corte togada ni de las puñetas ministriles. Hay que buscar los huesos, esa calavera risueña en la que acabamos todos, y retratarse con ellos para la posteridad y que los teletipos del mundo entero, que no saben de detalles, se reconforten con el afán justiciero de Garzón y Zetape.
No es el primero que, bien incinerado, es desparramado desde una avioneta sobre la ría de Vigo. Dicen que el amor, que la voluntad póstuma, que el deseo de sus deudos… Difícil trabajo para garzones futuros, escrutar en las tripas de un mújel la última partícula de algo que un día fuimos.
García Lorca no sabría, supongo, escribir un romancero de la crisis, pero le sirve la oportunidad al gobierno para borrarla. Algunos ganan las batallas después de muertos y otros, vivos, se reparten los despojos y, no contentos, las mortajas.
Autor texto: Carlos Vilas Nogueira
Imagen: Batiburrillo
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Escrito por Firmas invitadas en: 1 de Octubre 2008 a las 10:20 AM Archivado en Economía | Firmas invitadas
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