6 de Octubre 2008

Crónicas de la crisis: De infinitos y otras agonías

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Así, de bote pronto, conozco, al menos, dos infinitos: el cuento de la buena pipa y la numeración, sea esta arábiga o azteca. La crisis, por definición y gracias a Dios, no es infinita, pero el hambre si dura más de un día no es que nos parezca infinita, es que acaba con nosotros de tan finitos que nos va dejando, que somos ya puro perfil.

De modo que en el pecado de cronificar la crisis tengo mi penitencia. Iba por el capítulo VII y mi finitud no garantizaba llegar a su término por lo que parece prudente dejar los números romanos. No fuese a ser que ya instalado en el otro barrio, quedase hipotecado con la serie y hubiese de seguir allí, este cronista, dándole a la tecla. El descanso es el descanso.

Solbes admitió la crisis; luego dijo que desde bebé (por lo visto llegó a serlo; en aquellos tiempos no se abortaba) nunca le había asustado una tan horripilante como ésta y ahora, añade que nuestro sistema financiero no es el primo ese de la bebida refrescante y mucha gimnasia. Es tan atacable por el reuma y la artrosis fiduciarios como cualquier sistema sano hasta que deja de serlo. Lo cual, visto que los ladrillos estaban en paro, el alicantino les ha encontrado el viejo empleo: meter los euros bien enrolladitos en los agujeros y ponerlos luego “cara vista” (los ladrillos) en la chimenea si la cerámica es refractaria, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad. Y las fábricas de colchones bien pueden ir pensando en ese bolsillo secreto que aparte de ser experto en ayes y otras confidencias sirva para un descanso perfecto. No saben Vds. lo cómodo que es para la columna un lecho de eurodólares con algún que otro brillante por medio, incluso siendo algo picudo.

Desde que cerró una castañera que estaba frente a El Corte Inglés no se hablaba de tantos cierres en negocios seguros, de los que te solían quitar las castañas del fuego. Ahora las llamas purificadoras arrasan la California del glamour y el cartón piedra, Wall Street, las subprimes y al euribor lo tenemos instalado en la azotea de la casa, al lado de la antena. Y como siga subiendo o lo alcanza Mary Poppins o te tiras por la ventana.

La progresía parece más interesada en buscarle la etiología a la crisis que la solución. El neoliberalismo con su avaricia y la falta de control cabalga como dos caballos negros montados por Bush y McCain y, de palafreneros vienen, echando la lengua fuera, Rajoy y Aznar, habiéndose perdido el resto en el polvo de los caminos. Ellos, más negros que los caballos, son los culpables. Obama, en comparación, es tan blanco como Mari Tere o Pepiño que en ratos libres calcetan los patucos para el retoño de Carme (léase Carma, sea amable con los catalanes que estas cosas no cuestan). Casi todo el mundo, menos los economistas del Juan de Mariana, está convencido que la socialdemocracia la inventó Dios en el paraíso y Noé la metió en el arca hasta encontrar la pareja que siglos después, oh dicha, es nuestro Zapatero, por la gracia de EpC.

Los parados de otros tiempos se movían mucho. A Felipe González le movieron el sillón y le cavaron la primera palada de su desgracia, pero ahora los parados son de verdad: quietos como muertos, cremados en los hornos que Fidalgo ha puesto a dos metros de altura para no doblarse el espinazo y Méndez con ese su semblante tan luciferino, por allá abajo, entre las cuevas de Atapuerca. El de Comisiones, él tan didáctico que hasta sabe sacarte una piedra de un riñón, lo explica: “Está el país como para poner los sindicatos a movilizarse”. Pero qué buenos y que cándidos (¿) son los fidalgos y los zapateros de este país. Cuando leí eso, les aseguro, mis mejillas se humedecieron. La primera vez en la Historia de España que los famélicos, los parados, los currantes precarios y los expectantes del primer empleo no protestan, se callan y van, todos en procesión, a la novena de Santa Rita. Este sí que es un episodio nacional merecedor de que Almodóvar haga una película en serio con Bardem o sin Bardem, pero con Banderas agitando las siglas sindicales. Son epopéyicos.

Autor texto: Carlos Vilas Nogueira
Imagen: Batiburrillo

Escrito por Firmas invitadas en: 6 de Octubre 2008 a las 09:38 AM Archivado en Economía | Firmas invitadas

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