Esperó Hawking a estar frente a la Catedral de Santiago para decir que la ciencia deja poco espacio a Dios y anunciarnos un cataclismo antes de cien años. Dicen los reportajes que el estado físico del Físico sólo le permite responder a la velocidad de dos palabras por minuto. Si rectifica habremos de esperar, pero el cataclismo se presentó de inmediato.
El cataclismo es uno, las vorágines son trinas. Los mercados, es decir los hombres en su natural ejercicio del comercio, han sacudido los cimientos tectónicos. Los Gobiernos, o sea, ciertas superestructuras que diría un post marxista, le han añadido tal temblor al terremoto que se puede hablar ya de ‘reterremoto’ o si lo prefieren de un ‘requetemblor’ que queda más lírico. El otro ternario es la vieja Naturaleza que ha zarandeado dos moles flotantes como cáscaras de nuez y una se la ha estrellado a los llanitos en puro peñón. Veremos cómo los graciosos súbditos de su poco graciosa Majestad resuelven sus problemas con las siempre serviciales colaboraciones de Chaves and company.
El cataclismo nos pilló metidos en nuestra bélica ignorancia. Estamos tan incursos en paródica guerra, pero real batalla, que Le Clézio ha caído como esa agua fría que suspende la trabada y recíproca dentellada de perros, hundidos los caninos en carne enemiga hasta morir. Le Clézio es pura metáfora antinacionalista. Bretón, hijo de inglés y de estirpe normanda recreado -tras un remanso mediterráneo en Niza- en las índicas aguas de las Mauricio -africano de juventud y mejicano de vocación-, “voilà un cosmopolite”. Afirma que su patria es el francés, no Francia, clarividencia que quisiésemos tuviesen por aquí los nacionalistas domésticos. Toda la gente hispánica de la “culture” se ha lanzado en “plongeón” a las fuentes que ilustrasen sobre el mejor escritor francés del siglo XX. Y eso que lo teníamos ahí al lado.
El cataclismo económico, el que nos vacía los ahorros de toda una vida, no se compadece con las letras como no sean las del Tesoro. Los que controlaban a los controladores se han percatado que no controlaban lo suficiente. Paulson y Bush han izado el bacalao de Terranova, Brown le echa tomate, Sarkozy y Merkel pimienta y sal. La duda está en que nadie asegura saber el paladar del mercado y ahí puede residir que el cataclismo se convierta en caos. Es el más rico, rico, de los socialismos. Con nuestro dinero una de dos: o adquirimos las acciones a los grandes bancos o les compramos sus activos. O el Estado, con mi dinero, compra bancos; o el Estado, con mi dinero, adquiere sus pufos, finamente llamados activos tóxicos. Hay dos reiteraciones, una es el Estado, otra es mi dinero –es decir, nuestro dinero-. Pleonasmo por un lado, ausencia por otro: la del dinero de Zapatero y Solbes; también del de Felipe González que, confesión propia, aún no ha perdido un duro con la crisis. Qué bien se vive a la sombra de Slim.
Zapatero y Mari Tere como son más listos aún que Felipe van a comprar los activos bancarios no venenosos. Nosotros siempre a la cabeza de Europa. Así que los banqueros del país van a recibir 30.000 millones de euros y les van a dar al gobierno los activos buenos y ellos se quedan con los malos. No se lo creen, pero intentan que los espectadores de todas las salsas televisivas se lo traguen y hasta puede ser que tengan suerte y cuele. Cosas más gordas han pasado y la gente digiere hasta sapos.
El espectáculo tiene una cara patética y otra poco edificante. Por un lado Demócratas y Republicanos haciendo cirugía de urgencia. Del otro, todos los “caps” de la vieja Europa proponiendo distintas medicinas. ¿Y es este anciano agregado de cincuenta reinos medievales el que camina hacia el liderazgo mundial sustituyendo a cincuenta estados dieciochescos, devenidos en USA? Viendo el tejemaneje que se traen Alemania, Francia, Inglaterra, Italia… con sus recaditos y componendas con el resto de socios liliputienses, el imperio del siglo vigésimo primero no puede quedar más lejos de aquí. Una asamblea de ratones chillones siempre será incapaz de elegir al valiente que le encasquete el cascabel al gato. Los americanos saldrán de esto más tarde o más temprano, mientras por aquí aún no habremos levantado acta de la reunión.
América no es tanto una tradición que continuar como un futuro que realizar, dice Octavio Paz. Cierto, no sé si su América engloba lo indio, lo criollo y lo anglo-sajón; No parecen tres futuros homogéneos, aunque sí son proyectos de un porvenir que aquí, en Eurabia, es tiempo que no se conjuga, ensimismados en un pasado que nos emparenta más con Cromagnon que con Carlomagno.
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Imagen: Batiburrillo
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Escrito por Firmas invitadas en: 13 de Octubre 2008 a las 09:40 AM Archivado en Firmas invitadas
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