Cuando uno es consciente de vivir al amparo/desamparo esquilmador de este nuestro estadito pesebre de los ricos por su casa y auxiliador de “pobres” asesores diputacionales con carné y aderezado todo ello con el pretendido juicio virtual al dictador que dio de comer al noventa por ciento de las familias que conforman el nuevo régimen oligárquico, no tengo por menos que pensar en la necesidad de una rebelión ciudadana, que necesariamente debería comenzar con una rebelión fiscal.
Si no hay constitución sin división de poderes, no hay democracia que valga si los poderes públicos no dan cumplida cuenta de lo que hace, y como lo hace, con el fruto de nuestros esfuerzos.
Si los impuestos que pagamos religiosamente no dan para pagar pensiones decentes a nuestros mayores, ni tampoco para atender como se merecen a los que padecen enfermedades que necesitan una atención constante, ni tampoco para evitar la auténtica vergüenza judicial que supone los millones de casos atrasados sin resolver o ejecutar que esperan en nuestros juzgados. Si no dan para pergeñar y mantener un sistema público de educación que merezca tal nombre, ni tampoco para la creación de redes asistenciales de mujeres desesperadas y abocadas a perpetrar ese horrible crimen que constituye el aborto, es un criminal despropósito que se utilicen en beneficiar a los que hicieron de la codicia desmedida su profesión habitual, y además, sin dar puntual explicaciones y echándole la culpa de la situación al maestro armero.
Y si nuestros políticos en defensa de sus intereses bastardos pretenden justificar la adopción de medidas excepcionales en una supuesta situación de excepcionalidad, los ciudadanos también tenemos derecho a reaccionar ante esas medidas, dizque excepcionales, pero curiosamente habituales en los profesionales de la indecencia, utilizando el único instrumento eficaz con el que contamos: la desobediencia, visto que el voto cada cuatro años se ha mostrado, por sí solo, absolutamente ineficaz para acabar con este indecente estado de cosas.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 17 de Octubre 2008 a las 07:39 AM Archivado en Corrupción | Economía
Y si vemos que ese dinero se le regala a dictaduras que apoyan a bandas terroristas como ETA, pues se acabo el pagar impuestos.
Esto cada vez se parece más a una república bananera. Con Rey incluida.
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